Condorcet, marqués de – (1743-1794)

          Maríe Jean Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet nació en Ribemont (Aisne), en septiembre de 1743, en el seno de una familia de antigua nobleza del Delfinado (Dauphiné). Educado por los jesuítas, alumno luego del collège de Navarre de París, comienza imponiéndose con un Essai sur le calcul intégral, en 1765.

          En 1769 ingresa en la Académie Royale des Sciences. Y cuatro años después llegará a ser secretario perpetuo en survivance; y en 1776, Secretario perpetuo titular. Es a principios de 1773 cuando hace publicar un volumen con trece Éloges de los sabios desaparecidos entre 1666 y 1699, una especie de historia de las ciencias.

Nombrado en 1774 por el ministro Turgot inspector general de la moneda, Condorcet se traslada a un gran apartamento que, por su cargo, le ofrecía el gobierno en el quai Conti. Y su centro de interés va a pasar, a partir de entonces, de las intemporales matemáticas donde se había complacido su inteligencia (él, que representará durante casi veinte años uno de los cualificados portavoces de la ciencia oficial en Francia), a la contigencia del pensamiento político reformista. Y empieza a relacionarse con los fisiócratas (Quenay), a escribir panfletos en defensa de los amigos de Julie Lespinasse, cuyo salón frecuenta y donde tiene ocasión de conocer a d’Alembert, Voltaire…, y a redactar para la Enciclopedia artículos de economía política.

Destituido Turgot de su cargo de Controleur Général en 1776, Condorcet pretendió cesar también como Inspecteur Général de la Monnaie, lo que no le fue aceptado; y en su puesto permanecerá hasta 1791.

En 1782 ingresa en la Academia Francesa y comienza a participar en los debates y campañas de ideas que precedieron a la Revolución, relacionados con la libertad económica, la tolerancia, los derechos humanos, la esclavitud o la igualdad de las mujeres.

Y es el 28 de diciembre de 1786 cuando se casa con Sophie de Grouchy (1764-1822), que tendrá salón.

Es en este año de 1786, cuando escribe una Vie de Monsieur de Turgot, el admirado ministro muerto en 1781, con el propósito de ensalzar su política y el programa reformista y liberal que había animado, y aquella idea de que “el interés particular tiende siempre al interés general de la sociedad”, y que, en consecuencia, la libertad de acción de los individuos, mientras no perjudique a los demás, no ha de ser coaccionada ni restringida.

Llegó la Revolución, que él y su esposa Sophie recibieron con entusiasmo, y fue miembro de la Municipalidad parisiense en 1790. Y, desde sus latentes y teóricos ideales republicanos, elegido diputado a la Legislativa en septiembre de 1791, tras aquel lamentable episodio conocido por fuite de Varennes, el 21 de junio anterior, que conllevará la caída de la monarquía, quince meses después.

Porque, en octubre de 1790, se había dado nuevo impulso a un denominado Cercle Social, creado meses antes, donde se propugnaba la abolición progresiva de la esclavitud, una democracia con mandato imperativo y la república universal que los intelectuales habrían de dirigir. Entre los animadores habituales de aquel Círculo, figuraba Condorcet, y allí había pronunciado, el 12 de julio de 1791, un desafiante discurso en favor de la República, llamado a tener enorme resonancia y que iba a crear la crispación política que, posiblemente, llevó a la fusillade du champ de Mars, del 17 de julio siguiente.

Luego saldrá diputado por el departamento del Aisne a la Convención, dentro de la corriente girondina.

Y es en 1792 cuando publica cinco Mémoires sur l’instruction publique y un Rapport sur le projet de décret sur l’organisation générale de l’instruction publique

Detenido el rey con su familia, Condorcet no votó la muerte de Luis XVI cuando llegó su juicio y, tras la proscripción de sus correligionarios y amigos, en junio de 1793, que no le alcanzaba, alzó la voz con vehemencia para denunciar la dictadura y la política de Robespierre y de la Comuna, hasta acabar siendo perseguido, también él, a partir de julio. Los jefes girondinos serán ejecutados en octubre.

Y, gracias a la generosidad de madame Helvétius, pudo de ocultarse durante ocho meses, cerca de París. Durante ese tiempo, va a escribir una Esquisse d’un Tableau des progrès de l’esprit humain, brillante apología de las Luces de su siglo, que será publicada en 1795, gracias al médico y filósofo Cabanis, su amigo: Después de haber expuesto el progreso de las ciencias y de la civilización, desde la Edad primitiva, el autor se entusiasmaba ante la obra del siglo XVIII y el ideal de los filósofos, que él resumía en tres palabras: raison, tolérance, humanité. La última parte del libro exponía su confianza en las realizaciones que el futuro pueda deparar, como la igualdad entre los hombres y entre las naciones, y en el progreso indefinido de la especie humana, gracias a la educación y a las conquistas de la ciencia.

Fue una cruel paradoja la que acabó con la vida de este soñador: No deseando exponer por más tiempo a quien tan heroicamente le venía acogiendo, decidió abandonar su escondite.  Pero fue reconocido, finalmente, en una posada de Clamart, detenido y conducido a la prisión de Bourg-la-Reine (¡llamada entonces Bourg-Égalité!), en una de cuyas celdas aparecerá muerto al día siguiente, tal vez de agotamiento o, más probablemente, por ingestión de algún veneno que llevaba oculto y que habría tomado para escapar al patíbulo. Fue el 29 de marzo de 1794.

Este sabio matemático y político, que iba a aparecer como uno de los últimos filósofos enciclopedistas, había colaborado también en la edición de Kehl de las obras de Voltaire, como de su correspondencia con d’Alembert.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BADINTER, Élisabeth: Condorcet, un intellectuel en politique; Fayard, 1988.
BERNON, Olivier de –: Condorcet, raison et connaissance; París, Riveneuve éd., 2009.
BOUISSOUNOUSE, Janine: Condorcet, le philosophe dans la Révolution; Hachette, 1962
COUTEL, Charles: Condorcet, instituer le citoyen; París, Michalon, 1999.

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