Eiffel, Alexandre Gustave (1832-1923)

          El que será celebre ingeniero, científico y capitán de industria Alexandre Gustave Boenickhausen, conocido por Eiffel, nacía en Dijon (Borgoña) el 15 de diciembre de 1832, con los primeros pasos de la monarquía de Julio de Luis-Felipe, en el seno de una familia de origen renano, los Boenickhausen (de Eifel), instalada en Francia desde principios del siglo XVIII, a cuyo hogar vendrán luego dos hermanas: Catherine Marie (1834) y Laure Alexandrine (1836). Sus padres, François Alexandre, húsar que había sido de los ejércitos de Napoleón, y Catherine Mélanie Moneuse -mujer avispada en el negocio de la madera, como su propio padre- han dado a la casa un notable desahogo económico.

          Aun guardando un gran respeto hacia su madre, con quien mantendrá hasta su muerte una interesante correspondencia, absorbidos sur progenitores por el negocio familiar, Alexandre Gustave es criado en parte por su abuela materna, casi ciega y de no muy buen carácter, para quien la escoba y unos buenos azotes en las nalgas, de vez en cuando, formaban parte de su panoplia educativa.

Después de sus estudios secundarios, entre 1843 y 1850,  en el Collège Sainte-Barbe de su ciudad natal, el joven Gustave -después de haber suspendido en el oral de ingreso para la Escuela Politécnica-,  prosigue brillantemente su formación en la Escuela Central de Artes y Manufacturas de París, entre los años 1852 y 1855, eligiendo como especialidad la química, con la idea de asumir en el futuro la fábrica propiedad de un tío suyo por parte materna, pero una agria disputa entre el recalcitrante bonapartista de su padre y este Jean-Baptiste Mollerat, no menos convencido- republicano, hace naufragar aquel proyecto.

Pero, ya ingeniero, el joven Eiffel no tardará en darse a conocer.

Eiffel, Gustave (Atelier Nadar, 1900)

Eiffel, Gustave (Atelier Nadar, 1900)

          En 1856 comienza a trabajar con Charles Nepveu quien, a la sazón, atravesaba dificultades financieras; pero Eiffel decide permanecer a su lado incluso sin sueldo, hasta que su empresa de construcciones metálicas, acaba siendo absorbida por la Compagnie Générale des Chemins de Fer. Y es trabajando en el seno de esta sociedad cuando, de 1858 a 1860 asume, con 26 años, la dirección de las importantes obras de la construcción del puente ferroviario metálico de Burdeos sobre el río Garona, diseñado por Stanislas Laroche-Tolay (monument historique desde 2010 y en desuso, después de haber sido doblado, en 2008, por otro moderno de cuatro vías, pero en ese tiempo de alto valor estratégico), y particularmente de los cimientos de los pilares, donde aplica el novedoso procedimiento de aire comprimido, recurso técnico que utilizará en adelante.

Alexandre Gustave, ya en sus 30 años, contrae matrimonio con Marguerite Gaudelet, de diecisiete, hija de unos amigos de sus padres allá en Dijon, que le dará cinco hijos (Claire, Laure, Édouard, Valentine y Albert).

          En 1866, apasionado por los progresos de la metalurgia y contando ya con positivas experiencias en la construcción de puentes en el suroeste de Francia, Eiffel se establece por su cuenta y conoce unos inicios difíciles. Pero, en vísperas de la Exposición universal de 1867, que se abrirá bajo Napoleón III, obtiene el contrato para la realización del armazón metálico de la galerie des machines, además de otras obras menores. Su actividad profesional y empresarial parecía muy prometedora y ese año de 1867 funda los Ateliers de constructions métalliques de Levallois Perret, al noreste de París, para asociarse al año siguiente con Théophile Seyrig, un joven ingeniero alemán que aportaba competencia e importante capital nuevo, asociación que no irá mas allá de 1878 o 1879. Si bien, entretanto, Eiffel et Cie. ha conseguido ya importantes emprendimientos como los viaductos de Rouzat sobre el río Sioule, y de Neuvial  -para la nueva línea de ferrocarril Commentry-Gannat-, ambos en el departamento del Allier (Auvernia), o la pasarela de Salemleck en Egipto.

Brillante comienzo en la vida profesional de Gustave, al que todavía sus padres pudieron asistir; Mélanie morirá en 1878 y François en 1879.

Porque Eiffel se muestra enseguida superior a sus competidores por el rigor de sus proyectos. Por un procedimiento novedoso para la época, él concibe y fabrica pieza a pieza en sus talleres cada uno de los elementos, que habrán de ser luego ensamblados y montados sobre el terreno.

Y, después de la guerra franco-prusiana de 1870 y la caída del Segundo Imperio,  los años que van hasta 1890 serán los de su consagración personal y la consolidación mundial de la sociedad Eiffel et Cie.

Y, entre otras muchas, son obras salidas de sus talleres el puente de María Pía sobre el Duero en Oporto en 1876/77 (de 353 m de largo, 160 m en su unico y atrevido vano y 61 m de alto), que diseña Seyrig; el viaducto de Garabit en Auvernia, de una longitud de 564 metros y 165 de luz -para salvar la profunda garganta del río Truyère y permitir el paso del ferrocarril de Béziers a Clermont-Ferrand-, construido entre 1882 y 1884 según planos del malogrado Léon Boyer; la estación de Pest en Hungría en 1878 (de 145 m de largo y 25 m de alto); la cúpula movible de 22 m de diámetro del observatorio de Niza, realizada en 1885; o la estructura interna de 120 tn de la Estatua de la Libertad  de N.Y, para el centenario de la independencia de los EE.UU., del escultor Bartholdi (1886), las cuales dan testimonio del éxito de una empresa que trabajaba tanto en China como en Perú, en Madagascar, en Rusia, Rumanía, España, Portugal…

Eiffel: Viaducto de Garabit en construcción (BnF).

Eiffel: Viaducto de Garabit en construcción (BnF).

Y un gran hallazgo de Eiffel fue la sustitución del hierro fundido por la solución más ligera del hierro láminado y dispuesto en entramados, muy adecuada  para responder al reto de lanzar puentes sobre gargantas de cierta profundidad o relativa distancia entre sus orillas, y también al desafío que en este tipo de construcciones representaba el viento.

Y en su haber, aliando siempre la ciencia de la ingeniería con la innovación y la audacia técnica, se cuentan numerosos realizaciones en estructuras metalicas para viaductos y puentes, galerías de exposiciones, armazones de fábricas y mercados, etc., muchos de cuyos elementos normalizados y prefabricados –decíamos-, salían de sus talleres de Levallois-Perret.

Gustave ha perdido ya a su esposa Marguerite en 1877, a los 32 años, suceso que ha supuesto para él un duro choque sentimental, y su hija mayor Clara Eiffel –con 14 años entonces-, asumirá la cercanía afectiva con sus hermanos primero, y luego las riendas de la familia y una presencia callada y eficiente, durante cuarenta años e incluso después de su matrimonio, en el trabajo de su padre.

Pero el mayor éxito de aquel que llamaban ya “el mago del hierro” fue, sin duda, la construcción de la torre que, posiblemente de manera injusta, lleva únicamente su nombre, con la cual el ingeniero pretendía resumir  la alianza “de la industria y de la ciencia”, en este siglo de Lesseps y de Julio Verne. Era una audaz realización de 300 metros de altura y un peso total de unas 10.000 toneladas, diseñada, de hecho, por los ingenieros Maurice Koechlin de quien fue la concepción primera, y Émile Nouguier.

Torre Eiffel

Eiffel les compró la patente de invención en el otoño de 1884, con todos los derechos que pudieran derivarse, con lo que se convertía en el único propietario y, una vez que su empresa hubo ganado el concurso, asumía el proyecto en sus talleres de Levallois, donde Koechlin entrará como jefe de producción, para desarrollar allí su actividad profesional en adelante. Y el arquitecto Stephen Sauvestre asociará también su nombre a la realización de la torre.

Quedaba consignado en el contrato de construcción que Gustave Eiffel ausumiría hasta el 80% de su coste, con la condicion expresa de que él gozaría de la explotación de la torre durante veinte años.

Pero, desde el momento en que fue firmado el acuerdo definitivo, en enero de 1887, la torre vino a provocar indignación por parte de las celebridades y figurones de la época, y encendidas polémicas en la opinión, que se prolongará cuando sea cuestión de desmontarla o no:

El 14 de febrero siguiente aparecía en Le Temps un manifiesto de detractores contra esa torre “vertiginosamente ridícula, dominando París cual gigantesca y negra chimenea industrial”, que vendría a subrayar el “deshonor” de la ciudad; protesta en la que quisieron involucrarse nombres relevantes de la pintura, de la literatura y de la música, como  William Bouguereau, Ernest Meissonier, Maupassant, Dumas hijo, Leconte de Lisle, François Coppée, Sully Prudhomme, Charles Gounod; y otros como Paul Verlaine, Huysmans, Leon Bloy todos pretendidos pontífices del buen gusto para siempre jamás.

Construido en dos años y dos meses en la gran explanada del Champs-de-Mars, entre enero de 1887 y marzo de 1889, en forma de esbelta piramide, con cuatro patas formando una base cuadrangular, y tres plataformas (la primera a 57 m del suelo, la segunda a 115 y la tercera a 276 m), y entre dificultades técnicas derivadas de la proximidad del curso del Sena, el monumento (aun hoy impresionante y de una altura total dos veces superior al más alto monumento erigido hasta entonces: el obelisco a Washington de Robert Mills, con 169 metros), fue inaugurado el 31 de marzo de 1889, para la apertura de la Exposición Universal de París de ese año, centenario de la Revolución francesa, que el Presidente del Consejo Jules Ferry quería celebrar por todo lo alto y con gran pompa.

La revolucionaria construcción iba a convertirse así en la gran sensación, con dos millones de visitantes que subieron hasta lo alto durante aquellos días, por escalera o ascensores (proeza técnica para la época).

Amenazada la torre de desaparición, al término de la concesión de veinte años con la que contaba, Eiffel la utilizará para proceder él mismo -de manera loablemente altruísta-, o permitir en ella experiencias científicas (generalmente a sus expensas), en meteorología y en aerodinámica, disciplina esta para cuyo estudio mandará construir expresamente en 1909, en el mismo Champ de Mars, una soufflerie, ventilador aerodinámico o rudimentario “tunel del viento”, cuyas primeras conclusiones fueron aplicadas a las alas de los aeroplanos y luego a los aviones;  (soufflerie, más grande y perfeccionada  ahora, que Eiffel trasladará en 1912 al 67 de la rue Boileau (en Auteuil, XVI distrito), y que aún hoy sigue en servicio –bajo el nombre de “Laboratoire aérodynamique Eiffel”  aplicada a la industria automovilística, la arquitectura e ingeniería civil, etc.

También servirá la elevada torre -que todos llaman ya Tour Eiffel-, para efectuar desde allí las pruebas experimentales de radio que el general e ingeniero Gustave Ferrié, adelantado de la radiodifusión, se disponía a desarrollar, lo cual vino a salvarla de su previsto desarme en lo inmediato: ¡y en 1910, las autoridades prolongaban la concesión por 70 años más!  Resultó aquella una buena decisión, pues, llegada la Primera Guerra mundial, servirá como estación de radiotelegrafía militar. Y allí se inauguraban en 1921 las primeras emisiones regulares de T.S.F. (telefonía sin hilos), para los parisienses de Radio Tour Eiffel.

La Société d’encouragement pour l’industrie nationale concedía a Gustave Eiffel en 1887 el premio quinquenal “Elphège Baude”, y el prestigioso Institut el premio Montyon de mecánica en 1889. Ese mismo año, accedía a la presidencia de la Société des Ingénieurs civils.

Sin embargo, la brillante carrera de Eiffel como empresario constructor se vio empañada por el conocido escándalo o affaire de Panamá. Y es que, habiéndosele atribuido el contrato de las esclusas de aquel canal, él se vio implicado dolosamente, a partir de febrero de 1889, en la bancarrota de Ferdinand de Lesseps y, condenado en 1893 (aunque posteriormente rehabilitado), habrá de ceder la dirección de su empresa, que asumirá Koechlin.

Eiffel, Gustave, a los 78 años (Agence Meurisse). BnF

Eiffel, Gustave, a los 78 años (Agence Meurisse). BnF

Abandonando la construcción, ya Eiffel pensaba en nuevos proyectos acordes con los tiempos y los avances de su época, y en 1912 abría en Auteuil un pionero laboratorio de aerodinámica, lo que vendrá a contribuir a los avances franceses en aviación.

Después de haberle cedido al Estado su laboratorio en 1921, por la suma de 25.000 frcs. anuales, Gustave Eiffel  moría dos años después, en su hotel particular de París del 1 rue Rabelais (hoy desaparecido), aquel 27 de diciembre de 1923, como consecuencia de una congestión cerebral. Tenía 91 años.

Y fue inhumado en el cementerio de Levallois-Perret (Hauts-de-Seine).

          Era titular de catorce condecoraciones francesas y extranjeras y miembro honorario de diversas sociedades científicas, en Inglaterra, Estados Unidos, Holanda, Rusia, España (Asociación de Ingenieros Industriales de Barcelona), Bélgica, Méjico (Sociedad Científica Antonio Alzate), para pasar a convertirse en una de la figuras  relevantes de la historia tecnológica de Francia.

Llegará la televisión, y en lo alto de la vieille dame, ya símbolo universal de la capital de Francia, serán instaladas en 1957 una antena y una cabina de trabajo, lo que elevaba su altura total hasta los 324 metros actuales; sin contar las diversas instalaciones turísticas y hosteleras -presentes desde el inicio- con las que cuenta hoy día este monumento y que contribuyen a realzar su prestigio y atractivo de primer orden a nivel mundial, con una afluencia media en torno a los siete millones de visitantes anuales

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

L’Histoire de la construction de la Tour pour l’Exposition universelle de 1889.
www.toureiffel.paris
BRESSY, Robert: Le roman de la tour Eiffel; Estrasburgo, ed. du Signe, 2004 y 2013

CARMONA, Michel: Eiffel, Paris, Fayard, 2002.
CROSNIER LECONTE, Marie-Laure: Eiffel; Paris, A. Biro, 1989.
EIFFEL, Gustave: Communication sur les travaux de “la tour de 300 mètres”; París, 1887, in-8º. También: Les grandes constructions métalliques, París, 1888; Les ponts portatifs économiques, en colaboración con J. Collin, París, 1888;  Mémoire présenté à l’appui du projet définitif du viaduc de Garabit, Paris, 1889.
LAPOIX, François: L’oeuvre de Gustave Eiffel; Diapofilm, 1991 (folleto de 20 págs.y 24
diapositivas)
MATHIEU, Caroline: Gustave Eiffel, le magicien du fer; París, Flammarion, 2009.
MARTIN, Peter y CUISINIER, Jean-Pierre: Eiffel, La bataille du vent; Marne-la-Vallée, Centre Scientifique et Technique du Bâtiment, 2007.
MONTARDRE, Hélène: L’Exploit de Gustave Eiffel; Paris, Nathan, 2016.
SEITZ, Frédéric: La tour Eiffel, cent ans de sollicitude; Belin-Herscher, 2001. También:
Gustave Eiffel, le triomphe de l’ingenieur; A. Colin, 2014.

En español:

LEMOINE, Bertrand: Gustave Eiffel; Stylos, 1986; luego Akal, 2002 (trad. de la ed. francesa de 1984 en F. Hazan)
MARCHAL, Éric: Allí donde se construyen los sueños (narración novelada; traducción; título original “Là où rêvent les étoiles”),  Grijalbo, 2018

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