Pagnol, Marcel (1895-1974)

          El que será célebre dramaturgo, escritor regionalista francés, director de cine y guionista   Marcel Paul Pagnol, nacía el 28 de febrero de 1895, en Aubagne,  cerca de Marsella (Bouches-du-Rhône), donde su padre Joseph Pagnol (1869-1951, descendiente de una vieja familia española, establecida en el Midi francés a principios del s. XVII), ejercía como maestro de escuela primaría desde hacía seis años, y su madre, Augustine Lansot (1873-1910) de familia católica practicante, siempre de fragil salud, ayudaba a la economía doméstica como costurera. Serán en casa cuatro hermanos: Marcel, Paul, nacido en 1898 y que morirá joven, Germaine (1902-1993), y el benjamín René Pagnol 1909-1997).

          Su padre -republicano racionalista y laico a ultranza-, era desde 1889, uno de esos “hussards noir” como los había llamado Jules Ferry, en su proyecto de extensión de la enseñaza primaria y secundaria en los inicios de la III República. Y sus dos tías y tío paternos eran también instituteurs.

Marcel Pagnol

La enseñanza pública era, pues, tradicional en la familia de Joseph Pagnol, formado, por lo demás, en esas escuelas normales donde se había sustituido ahora la enseñanza de la teología por el anticlericalismo militante, y la familia materna hubo de bautizar al pequeño Marcel casi a escondidas.

En 1897, cuando apenas tenía él tres años, Joseph Pagnol consigue traslado al pueblecito de Saint-Loup (hoy X distrito de Marsella), para luego ir mejorando, él su posición y la familia en comodidad, dentro de la gran ciudad.

Pero su madre viene a morir tempranamente en junio de 1910, a los 37 años, y aquella pérdida supone un profundo desgarro en el corazón del adolescente Marcel, sentimiento agravado aún más cuando su padre contraiga nuevo matrimonio, dos años después, con una joven de 24 años. La relación con su progenitor no volverá a ser la misma en adelante.

 

          Llegado el momento, el adolescente Pagnol prepara el concours des bourses, que le abrirá las puertas de un prestigioso centro, el lycée Thiers de Marsella. Son tiempos de previsibilidad y de estabilidad social, época en que el individuo encontraba la vía del ascenso en la formaciòn, la cultura y los estudios, y, en ella, reconocimiento y respeto de sus semejantes. Y allí va a seguir con gran aprovechamiento, a partir de 1905, sus estudios de enseñanza secundaria, para concluir su baccalauréat en 1913. No tardará en adentrarse en la creación personal con poemas que publica por estos años. Y entre sus condiscípulos conocerá a un joven judío, nacido allá en Corfú, Albert Cohen, un dia autor de “Le Livre de ma mère” (1954) y “Belle du Seigneur” (1968), y que se mantendrá toda la vida su fiel amigo. Una brillante escolaridad lleva al joven Marcel hasta el nivel de “khâgne” en 1914, en vísperas del Gran conflicto.

 Y funda (19 años tiene entonces), una revista “littéraire, artistique et théâtrale”, a la que llama “Fortunio” y que desaparecerá durante la Primera Guerra Mundial para volver en los años 20’, bajo el nombre de “Cahiers du Sud” y la dirección de Jean Ballard; allí coincidirán las plumas más prestigiosas de Francia hasta finales de los años ‘60 del s. XX.

          Estalló, pues, la guerra de 1914 y, como muchos de sus amigos de escolaridad y estudios, Marcel Pagnol fue mobilizado también él, para ser rechazado poco después por debilidad de constitución. Licenciado, finalmente, en filología inglesa, por la universidad de Aix-en-Provence, en 1916, Pagnol será nombrado en sucesivos puestos docentes:
Dignes, Aix, Marsella, y en el “lycée Condorcet” de París en 1922.

Es por esta época cuando se afirma en él su vocación literaria y escribe para el teatro, siguiendo la huella de ese otro marsellés que fue Edmond Rostand. En 1922 crea “Catulle”, drama en verso en cuatro actos, que no encontrará editor. Por el contrario, “les Marchands de gloire” (1925), -ácida sátira en la línea de Becque o de Mirbeau, acerca de los explotadores de la memoria de los soldados caídos en la Gran Guerra, y escrita el año anterior en colaboración con su amigo Paul Nivoix-, empieza a dar a conocer a este joven marsellés, recientemente instalado en París.

Seguirá “Jazz” en cuatro actos (representada con éxito primero en Montecarlo, en diciembre de 1926, y luego en París), orientada hacia la vanguardia, cuyo protagonista es un profesor universitario; antes de volverse, finalmente, hacia el naturalismo de aquella sátira de la corrupción política que era “Topaze”, representada en 1928 en el Théâtre des Variétés y que supuso su verdadero primer éxito, con más de 800 representaciones: “Topaze” exponía la historia de un modesto profesor expulsado por una fruslería, para convertirse luego en uno de los caballeros de industria y timadores más voraces de la “Belle Époque”.

Marcel Pagnol - Topaze. Cartel de teatro

Marcel Pagnol – Topaze. Cartel de teatro

Fueron aquellos inicios prometedores que movieron ya a Pagnol a renunciar a la actividad docente, para dedicarse a la literatura en adelante.

          Rebasados ya los 30, ahí concluye la que podría considerarse fase anticonformista de Pagnol. Al año siguiente, su “Marius” (1929) evoca brillantemente, en un modo campechano, tierno pero melodramático, el folkore y vida de Marsella, particularmente su Vieux-Port; y conoce un inmenso éxito en el Théâtre de Paris (a él contribuirá no poco Raimu, interpretando a César, lo que será el inicio de una larga colaboración entre autor y actor). Pagnol parecía haber encontrado su verdadero camino y un auténtico filón en el tratamiento del localismo provenzal, donde no estaba ausente, de cuando en cuando, el melodrama, como en “Fanny” (1931), continuación de “Marius”.

 

Marcel Pagnol - Marius, cartel de cine

Marcel Pagnol – Marius, cartel de cine

          Entretanto, en lo personal, el teatro había acarreado ya cambios profundos en la vida de Pagnol: casado en marzo de 1916 con Simone Colin, cuando aún tenía él veintiún años (¡y por la Iglesia!, para rabieta de su progenitor), acaban separados de hecho en 1926 -sin que ella venga a aceptar el divorcio durante mucho tiempo-. Porque, trasladado ya a París, Marcel ha conocido en 1923, montando “Jazz”, a Orane Demazis, una joven actriz de talento de 19 años que aparecerá, posteriormente en muchas de sus películas.

Pero no había tardado en sucumbir a los encantos de la también joven bailarina inglesa Kitty Murphy, de  18 años entonces; con ella tendrá a Jacques Pagnol en 1930, que secundará a su padre después de la guerra y seguirá a profesión de cameraman.

          Y llegará el cine sonoro, que Pagnol descubre en una sala londinense en 1926, y en el que pone grandes esperanzas: “El cine será en adelante asunto de dramaturgos, se trata de un nuevo arte, un arte completo. No volveré a escribir obras de teatro, sino peliculas”.

Su irrupción en ese nuevo arte, a principio de los años ’30, sera, efectivamente, rompedora. El resto de su carrera, puede decirse que se repartirá entre el teatro y el cine, convirtiéndole en el teórico y maestro del teatro filmado. Y, sin embargo, va a hacer prácticamente lo mismo como realizador que aquello que había hecho como autor dramático, y firmará obras de gran habilidad en el arte del diálogo. Ese será su gran mérito, tanto en los años ‘30 del siglo XX, como en las reposiciones en TV de los años ‘70 u ‘80 que volverán a recordar a aquellos grandes actores Raimu o Fernandel.

 

          En un primer momento fue guionista. Bob Kane, director de Paramount-France, confía al director anglo-húngaro Alexandre Korda (Sándor Laszlo Kellner) la adaptación de “Marius” a la pantalla en 1931; y Korda impone a su producción el equipo de la obra y, particularmente,  a ese Pierre Fresnay ¡alsaciano de origen que imitaba el acento marsellés como un meridional! Y el cine venía ahora a perennizar ciertas escenas como aquella partida de cartas entre los personajes Marius, Panisse, Brun y Escartefigue, que no hubiera podido retener el teatro. Fue ese, también, uno de los grandes méritos de Pagnol: inmortalizar intrascendentes digresiones de café-bar en torno a un “pastis” (“Mourir ça m’est égal, c’est quitter la vie qui me fait de la peine!” –decía Panisse con ese inefable “assent” provenzal), o las encantadoras fanfarronadas, muy marsellesas, de algunos personajes que Pagnol sabrá elevar a la categoría de tipos.

Pagnol, Marcel. Fotograma de Marius.

Pagnol, Marcel. Fotograma de Marius.

Y se adapta también “Topaze”, con Louis Jouvet y la joven Edwige Feuillère; y luego “Fanny”, que dirige en 1932 Marc Allegret.

Paul Pagnol, que había querido hacerse cabrero y sufría una epilepsia que irá agravándose, moría, finalmente, en una mesa de operaciones de Courtrai (Bélgica), el 28 de julio de este año de 1932, pese a todo el interés que su hermano Marcel había puesto en su restablecimiento, costeándole el mejor tratamiento disponible entonces.

Pagnol, entretanto, se ejercita en el nuevo arte. Hombre con recursos ya, abandona el teatro y crea él su propia productora, con estudios en París y Marsella, y con ella realizará más de veinte de películas. Dirige “L’Article 330” que Courteline escribiera allá por 1900, crea “Les Cahiers du film” como un lugar donde exponer sus ideas, y rueda en medio metraje por primera vez (lo que repetirá en “Cigalon et Merlusse”), y al aire libre, no en estudio, una adaptación del “Jofroi” de Giono -otro gran provenzal, cuyas relaciones con Pagnol tuvieron altos y bajos-, lo cual era vanguardista por entonces.

Improvisación en los diálogos, exteriores, libertad y autenticidad…, no faltarán quienes atribuyan a Pagnol los méritos innovadores de lo que podría ser la vanguardia del neorrealismo.

Ya con el oficio bien aprendido, gracias a sus mediometrajes, y, basándose en la novela de Giono “Un de Baumugnes”, en 1934 rueda “Angèle”, donde brilla Orane Demazis (madre, unos meses antes, de Jean-Pierre, apellidado Burgart, su apellido real),  y donde aparece por primera vez Fernandel.

          En 1936, Pagnol se lanza en un nuevo largometraje, realizando el tercer título, “César”, de su tríptico marsellés, para volver a Giono y a Fernandel, al año siguiente, con “Regain” (mejor película extranjera en los premios New York Film Critics Circle Awards, 1940). Seguirán “Schpountz” (reflexiòn sobre el cine y los mecanismos de la risa, también con Fernandel), y la historia cómico-trágica y mítica, impregnada de emoción, que transcurrre en un pueblecito de Provenza, “la Femme du boulanger” de 1938 (“The Baker’s Wife”, mejor película extranjera en New York Film Critics Circle Awards, 1950); era la cumbre del arte de Pagnol, que combina un breve episodio de la novela de Giono, “Jean le Bleu” con, posiblemente, algún recuerdo personal relativo a su propio padre, tratado todo con una sencillez bonachona, popular y encantadora:

          La mujer del nuevo panadero ha huido con un pastor, y el pobre marido, desesperado y deprimido, ha dejado de hacer pan, ¡lo cual suponía todo un problema para este pequeño pueblo provenzal! Las mujeres salen en busca de la infiel, y hasta el descreido maestro de la escuela local coopera con el cura párroco a fin de encontrarle solución a tan espinoso affaire comunitario.

          Destaca aquí, además de Raimu, la sensual presencia de Ginette Leclerc en el papel de la panadera.

          Después de haberse separado de Orane, y de haber tenido relaciones, entretanto, con Yvonne Pouperon, de las que nacerá Francine en 1936, Pagnol conoce en enero de 1939, a Josette Day (1914-1978), ex-amante de Paul Morand, que ya ha trabajado para entonces con los realizadores Julien Duvivier, Abel Gance, Christian Jacques y Maurice Tourneur. Será su compañera durante, prácticamente, todo el período de la Ocupación, refugiados en Marsella y luego en la Gaude; y, como director y productor, rueda con ella “la Fille du puisatier” (“la Hija del pocero”, 1940), con música del prolífico Vincent Scotto (autor de las primeras composiciones de éxito para Tino Rossi y de la mundialmente famosa “Sous les ponts de Paris”). “La Fille…”, obra representativa del estado de ánimo de la época, es también una historia trágico-cómica, suave, tierna y sentimental, llena de valores y más profunda de lo que podría parece, donde la actualidad coincide con la ficción: los personajes, encarnados por Raimu (en el papel del pocero Pascal Amoretti), Josette Day (su hija mayor), Fernandel (Felipe) y Fernand Charpin (Jacques Mazel) oyen por la radio al mariscal Pétain, aquel 17 de junio, que decía dar su persona por el bien de Francia… Fernandel (reunido a Raimu por la única vez bajo la dirección de Pagnol), vuelve a su figura de cómico, si bien, esta vez, en un papel y circunstancias trágicas.

          Es la historia de un humilde pocero viudo, que vive en un pueblecito provenzal, entre su hija Patricia Amoretti  (encinta de Jacques Mazel partido para el frente de guerra, que se viene ocupando de sus cinco hermanas pequeñas), y su asistente Felipe. Nada parece poder librarla de un oscuro destino de madre soltera, cuando llega el armisticio y el discurso de Pétain con su proyecto de regeneración nacional y sufrimiento redentor, en el que muchos quieren creer entonces, porque, al menos, traía la paz, y las ilusiones familiares podrían seguir su curso: vuelve el padre de la criatura (hijo único de un rico comerciante), y la moral patriarcal acaba triunfando, con los eternos valores de Travail, Famille, Patrie que propugnaba Pétain.

          Y la moral patriarcal, tradicional y campesina de Pascal/Raimu triunfa.

Pero, de hecho, aquel 18 de junio, también el general De Gaulle había hablado desde Londres para los franceses, aunque en la película no aparece mención de ello, porque nunca el ocupante alemán lo hubieran permitido. Explicación verosímil que quiso darse a posteriori. Daniel Auteuil firmará una nueva versión en 2011 y el discurso de Pétain fue sustituido por el de De Gaulle (lo que hacía incomprensible la  base misma de la película).

La división de Francia en dos zonas, después de la Ocupación, lleva a Pagnol a crear un embrión de productora cinematográfica (“les Films Marcel Pagnol”) en Marsella, en el Prado (estudios) y en el château de la Buzine, que compra en 1941 y donde vive con Josette. Y rueda con ella y Pierre Blanchard la inconclusa “Prière aux étoiles” (“Plegaria a las estrellas”), historia de un loco amor.

          Tras haberse conocido en la Foire du Trône, Florence y Pierre parten para Cassis en la Provenza para vivir su amor; pero ella oculta un agitado pasado de mujer mantenida, si bien, al final la dulzura de ella, hace triunfar aquel amor.

          Y Pagnol rueda también en 1943 “Arlette et l’amour”.

Separado ya de Josette Day a principios de 1944, y llegada la Liberación, Pagnol parece querer dar un cambio profundo a su vida:

Pronunciado su divorcio de Simone Colin bajo la Ocupación, en 1945 se casa con Jacqueline Bouvier, a la que, si bien conocía ya, ha tenido de frecuentar ocasión del rodaje de “Naïs” -según la novela de Zola-, y de la que no se separará más el resto de su vida; ambos se retiran a la Sarthe (a medio camino entre París y la Bretaña), a la espera del desembarco y con ella tendrá Pagnol dos hijos: Frédéric en 1946, y Estelle en 1951, que morirá antes de los cuatro años, de una crisis de acetonemia en la sangre.

Y es recibido en la Academia Francesa en 1947, a la edad de cincuenta y dos años, noble recinto donde ingresaba por primera vez un cineasta (doblado, cierto es, de un dramaturgo).

Poco tiempo antes (septiembre de 1946) había fallecido Raimu.

          Frecuenta, entonces, cada vez más, a gente de la pluma y del teatro (Marcel Achard, Anouilh, Cocteau, Charles Dullin, André Maurois, Joseph Kessel…)  y a todos seduce con su encanto personal, su humor de provenzal y su inteligencia, y se lanza él también en la escritura en prosa, de donde saldrán “Cinematurgie de Paris”(comentarios cinematográficos, recuerdos del rodaje de algunas peliculas y un homenaje a Raimu); o “Critique des critiques”, de 1948, ataque contra los críticos literarios, en la mayoria de los cuales veía ignorancia, celos y esnobismo.

Marcel Pagnol – Critique des critiques

          Nada sería como antes. Porque a Pagnol no le gusta el ambiente de revanchas, ajusticiamientos y depuraciones en el que se ha instalado la Francia de la IV República; y abandona Marsella para instalarse en Mónaco, donde adquiere una hermosa mansión y donde se convierte en familiar de Rainiero. Y para su esposa Jacqueline y el teatro de Montecarlo, traduce y adapta en 1947, sin mucho éxito, “El Sueño de una noche de verano”, y vuelve por ella a ponerse detrás de la cámara para rodar, inspirándose en los románticos Franz Schubert y Wilhelm Müller, “La Belle Meunière” (“la Bella molinera”), historia bucólica y de  montaña, inicialmente con Vincent Scotto (1876-1952) en la música y el popular Tino Rossi en el papel de Schubert. Pero un Tony Aubin -ex-alumno suyo que fuera en el lycée Condorcet y que ya ha demostrado talento-, acaba sustituyendo en la música a Scotto enfermo.

          Su pade muere en 1951, viudo ya, para entonces, de su segunda mujer Madeleine.

En el cine Marcel Pagnol ya no crea, prácticamente, porque siente que su estética pertenece a la época anterior a la guerra; readapta, ahora, con Fernandel, el “Topaze” al que tanto brillo había dado Jouvet.. Y el público no responde a la propuesta de “Manon des sources” de 1952, como tampoco a los dos tímidos reintentos en el teatro de “Judas” (1955) y “Fabien” (1956).

Y la reciente pérdida, en 1954, de su hija Estelle, siendo aún muy niña, vendrán a ensombrecer también los últimos años de un Pagnol cada vez más triste y escéptico respecto a lo que podemos esperar de la existencia: “unas cuantas alegrías, enseguida arruinadas por penas inolvidables”.

Y, dejando atrás su Provenza natal, regresa a París, huyendo de los recuerdos

          Visto lo cual Pagnol se lanza ahora en diversas labores literarias:

  • redacta sus recuerdos de infancia.
  • de su película “Manon des sources”, acaba sacando dos novelas bajo el título genérico de “L’Eau des collines”: “Jean de Florette” y “Manon” (1963), que no tienen mayor éxito.
  • traduce las “Bucólicas” de Virgilio y, de Shakespeare, el “Sueño de una noche de verano” y “Hamlet”.

          Y es presidente, por estos años, del jurado del festival de Cannes (1955) y luego miembro de dicho jurado en 1957, 1961 y 1966.

Y con su asistencia personal, se abría un nuevo lycée que lleva su nombre, en el Saint-Loup de su infancia –hoy X distrito de la ciudad de Marsella-.

Quedaba el último Pagnol. Poco antes de que la televisión volviera a dar nueva vida a sus antiguas películas, presentadas ahora bajo el ángulo de la nostalgia, y a traernos de nuevo a aquellos grandes Raimu y Fernandel, Pagnol escribía –decíamos-, sus recuerdos de infancia y adolescencia provenzal (donde la figura de su hermano Paul es evocada recurrentemente): “la Gloire de mon père” y “le Château de ma mère” (de 1957, himno al amor filial), a los que seguirán “le Temps des secrets” (1960); y andará enfrascado en la redacción de “Le Temps des amours” cuando le venga a muerte (saldrá póstumo en 1977).

Toda la obra de Pagnol está impregnada de nostalgia y de una implícita ternura, y sus personajes parecen gozar de una comprensión a priori, sólo por su simple y exaltante cualidad de seres humanos. Pagnol ni condena ni juzga, porque el ser humano nunca es enteramente dueño de su destino. El guionista y director Jean-Charles Tacchella, en su “Les années ébolouissantes: Le cinéma qu’on aime (1945-1952)” définía así el cine de Pagnol:“C’est cela la leçon de Pagnol : en sortant d’un de ses films, on était heureux. Parfois même on se croyait meilleur.”

La publicación de aquellos recuerdos de infancia, la Gloire… y le Château…,  constituyeron, esta vez, un inmenso éxito: el turbio contexto de los años de la guerra fría, con Occidente enfrentado al bloque comunista, o el riesgo de guerra civil en Francia derivado de la descolonización de Argelia, incitaban al lector a buscar otros refugios e identificarse con aquel tiempo pasado de l’entre-deux-guerres, de los felices veinte. Pero en ese regreso a sus vivencias personales ¡siempre inevitablemente embellecidas!, Pagnol evitaba la trampa del estereotipo. La adaptación que el guionista y director Yves Robert hará de “la Gloire de mon père” y de “le Château de ma mère” (ambos de 1990), vendrán a ofrecerle otro nuevo éxito cinematográfico, post-morten, a este gran provenzal, autor de una obra clara y soleada, en definitiva, como su tierra.

Autor él de 35 películas, 24 libros y 13 obras de teatro, uno de los grandes novelistas y cineastas franceses del siglo XX,  había muerto ya para entonces, de un cáncer, el jueves 18 de abril de 1974, en su domicilio parisiense del 16 square lAvenue Foch. Tenía 79 años. El escritor y diplomático Paul Morand –ya él con 82 años-, consignaba en su Journal, con fecha del 23 siguiente, los funerales de Pagnol:  “Avant-hier, place Victor Hugo déserte, le corbillard au centre, tout l’Institut. J’étais à coté de Palewski, derrière Leprince-Ringuet. Josette Solvay [Josette Day], qui, après moi, a appartenu dix ans à Pagnol”

Marcel Pagnol

Y su cuerpo reposa hoy, junto al resto de su familia (particularmente de su madre Augustine y de su hija Estelle Pagnol, transferidos allí en este mismo 1974), en el cementerio de La Treille (Marsella).

Marcel Pagnol fue Académico de la lengua (1946), Comendador de la Orden de las Artes y de las Letras (1961), Comendador de la Orden de las Palmas Académicas (1962) y Gran Oficial de la Legión de Honor (1971), entre otras ilustres distinciones.

 y sobre su lápida se lee aquel verso virgiliano de “Fontes, amicos, uxorem dilexit”

Marcel Pagnol

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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BORILU, Catherine: Le petit monde de Marcel Pagnol; Sers, Catherine Borilu, 2015.
CASTANS, Raymond: Il était une fois Marcel Pagnol, Julliard, 1978 y de Fallois, 1995. También Marcel Pagnol: biographie; E. de la Seine, 1987, luego, París, J. C. Lattès, 1987; Librairie Générale Française, 1988, 1995; France-Loisirs, 1991.
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