Gréco, Juliette (1927-2020)

          Juliette Gréco nacía en Montpellier, el 7 de febrero de 1927, en el 2 de la rue Doria (donde un placa, a la derecha de la puerta del inmeuble lo recuerda hoy). Su padre, Louis  Gérard Gréco, de origen  corso, era comisario de policía, a menudo ausente del hogar por razón de su actividad; y fue su madre Juliette Lafeychine (1899-1978), que tampoco la tendrá, precisamente, en el centro de su vida. Instalada la familia en la rue de Seine de París, sus progenitores no tardan en separarse y la niña Juliette crece en Talance/Burdeos con sus abuelos maternos, al lado de su hermana Charlotte, tres años mayor, hasta la muerte de ellos en 1936. Su propia madre –con la que Juliette mantendrá siempre unas difíciles relaciones-, se hace cargo de ellas entonces y la pequeña Juliette se encuentra en París ya desde los seis años.

          Apasionada de danza, se la ve en 1939, joven alumna, petit rat, en la ópera Garnier.

Estalla la guerra y la familia regresa al Suroeste para instalarse en Dordogne. Y las niñas recomienzan su escolaridad en Montauban (Tarn-et-Garonne).

Es aquí desde donde su madre Juliette Lafeychine organiza vías de evasión por Burdeos hacia España y Gibraltar, hasta ser detenida en 1943; ella y su hija Charlotte, comprometida también cn la Resistencia acabarán deportadas a Ravensbrück (NE de Alemania) de donde podrán regresar milagrosamente en 1945.

Es el caso que la joven Juliette se ve ahora sola en París, con 16 años, y recurre a una amiga de su madre, a la espera de que termine la ocupación alemana y la guerra misma.

          Sigue clases de arte dramático, se introduce ya tímidamente en los medios teatrales y frecuenta entonces aquel inicial ambiente intelectual de Saint-Germain-des-Près, donde entra en relación con J.P. Sartre, Merleau Ponty, Boris Vian y Anne-Marie Cazalis reciente ganadora, en 1943, del premio de poesía  “Paul Valéry”., entre sus primeras aventuras sentimentales con algún joven pintor o músico.

Juliette Gréco - La fête... (BnF)

La fête… (BnF)

Y debuta en la canción en 1946, animando el cabaret Le Tabou de la rue Dauphine, junto a Anne Marie Cazalis, en este Saint-Germain-des-Près de posguerra, entre música, existencialismo y ese jazz que aportaban por entonces los negros estadounidenses, llegados a Europa huyendo del racismo ambiental de su país…

“Alain Quercy, hijo del ministro socialista Christian Pineau, aporreaba allí música americana –cuenta Marc Doelnitz- y, al poco tiempo de la apertura, Anne-Marie Cazalis, Juliette Gréco y un servidor, fuimos contratados para ocuparnos de los consumidores, aupados en equilibrio sobre taburetes medio cojos o hundidos en banquetas bajas…”

Y en sus canciones arrastraba Juliette cadenciosamente aquellos versos que Sartre le había pasado con música de Joseph Kosma:

 

Dans la rue des Blancs-Manteaux
Ils ont élevé des tréteaux
Et mis du son dans un seau
Et c’était un échaffaud
Dans la rue des Blancs-Manteaux
(…)

 

          Es la época en que conoce a Jean-Pierre Wimille, piloto automovilístico, venido de la Resistencia, ya él cerca de los 40, casado y con un hijo recién nacido, con quien Juliette vive un primer amor que un trágico accidente en Buenos Aires vendrá a truncar tres año después.

          En 1947 Gréco ha lanzado “Si tu t’imagines”, en torno al carpe diem latino, poema original de Raymond Queneau que le ha entregado Sartre y al que Kosma ha puesto música:

Si tu t’imagines, si tu t’imagines,
Fillette, fillette, si tu t’imagines
Qu’ ça va, qu’ ça va, qu’ ça va durer toujours
La saison des za, la saison des za,
Saison des amours, ce que tu te goures,
Fillette, fillette, ce que tu te goures!
(…)

Mais toi, ma petite,
tu marches tout droit
Vers c’ que tu vois pas;
Très sournois s’approchent
La ride véloce,
la pesante graisse,
le menton triplé,
le muscle avachi,
Allons cueille, cueille
Les roses, les roses,
Roses de la vie
Et que leurs pétales
soient la mer étale
De tous les bonheurs,
Allons, cueille, cueille,
Si tu le fais pas,
Ce que tu te goures,
fillette, fillette,
Ce que tu te goures!

(Si te imaginas, niña, si te imaginas, que el tiempo de los amores va a durar siempre, ¡qué equivocada estás, qué equivocada! (…). Pero tú, pequeña, sigues hacia adelante, hacia lo que no ves. Muy solapados, se acercan, la rápida arruga, la pesada grasa, la triple barbilla y el músculo gastado y decaído. ¡Vamos, corta, corta las rosas de la vida! Y que sus pétalos sean la mar en calma de todas las dichas. ¡Vamos, córtalas! Y si no lo haces, cuánto te equivocas, niña, cuánto te equivocas!)

 

            Y su madre Juliette Lafeychine (que ahora parece adoptar el apellido Gaubry de su familia materna), después de sus años de resistencia y luego deportación, se alista en los Services Féminins de la Flotte pour l’Indochine en este 1947, como deseando poner tierra de por medio. A su regreso en 1954, publicará “Tricornes et bérets”, reflejo de su experiencia, que le prefaciará un almirante.

 

          En 1949 Juliette tiene 22 años, y participa en la reapertura del cabaret “Le Boeuf sur le toit”, contando ya en su haber con un no desdeñable repertorio, en cuyos ambientes conoce al joven trompetista de jazz afroamericano Miles Davis, llegado a Francia para participar en un festival de jazz, salle Pleyel, y con él vuelve a vivir un efímero amor -sin futuro, al menos en tierra americana-.

          Y en 1950 -año en que graba “Dans la rue des Blancs-Manteaux”, le conceden el premio de la SACEM (Société des Auteurs, Compositeur et Éditeurs de Musique), por “Je hais les dimanches”. Los éxitos vienen para Juliette uno tras otro, y ella va  ser la primera cantante francesa en presentarse como artista en Alemania.

          En 1952, parte de gira para el Brasil y actúa en los Estados Unidos, en el anual acontecimiento neoyorkino titulado “April in Paris” del Waldorf Astoria.

En 1954 canta en la aún no muy conocida sala de “L’Olympia” de París, que empieza ahora a dirigir Bruno Coquatrix; y se casa con el actor Philippe Lemaire, al que ha conocido rodando “Quand tu liras cette lettre”,  de J.-P. Melville, de cuya unión nace Laurence-Marie en marzo de 1954. Y en 1956 ya estaban divorciados.

Vuelve a Nueva York, y sus interpretaciones de los grandes creadores franceses entusiasman al público americano.

Pero Gréco sigue, al mismo tiempo, una carrera de actriz en el cine: Rueda “Elena et les hommes” (1956), de Jean Renoir, al lado del americano Mel Ferrer. Y en 1957 conoce al importante productor, actor y director Darryl Francis Zanuck (1902-1979), rodando la película “Le Soleil se lève aussi” (“The sun also rises”, adaptación de “Fiesta” de E. Hemingway), de Henri King (1886-1982), donde ella tiene un pequeño papel. Darryl F. Zanuck y Juliette entablan una singular y agitada relación amorosa, a pesar de la notable diferencia de edad y de carácter entre ambos. Y aparece en algunas de sus producciones como“The Roots of Heaven” (“Las raíces del cielo”), de John  Huston (1958), “Crack in the miror” (“Un grieta en el espejo”, 1960), y “The big Gamble” (“La gran apuesta”, 1961), estas dos últimas de de Richard Fleicher.

          A partir de ese momento y durante cuatro años, habiendo terminado la aventura Zanuck, Juliette Gréco se consagra a la canción y en torno a ella surgen cantantes como Serge Gainsbourg, Guy Béart, Léo Ferré y Jacques Brel.

          Esa otra gran figura de la canción que había sido Edith Piaf había muerto recientemente en 1962, y entre ellas dos no había circulado, precisamente, una natural simpatía.

          En marzo de 1963, adaptaba para sí “la Javanaise” (alusión a cierta jerga codificada, hablada durante un tiempo en ciertos medios “branchés” o iniciados), que Serge Gainsbourg acababa de escribir para ella y que el autor había grabado él mismo tres meses antes; y empezó a cantarla en el elitista y refinado cabaret “La Tête de l’art”, del 5, av. de l’Opera…

(…)
Ne vous déplaise
En chantant la Javanaise,
Nous nous aimions
Le temps d’une chanson…

 

          Era la época en que Juliette vivía en el 33 de la rue Verneuil (París VIIe)

          En 1965, desempeña un papel importante en la serie de televisión “Belphégor ou Le fantôme du Louvre” .

          Y en un estilo argótico y popular (larga retahila deslavazada de atributos del objeto sensual, ofrecido para ser gozado o violentado), lanza en 1966 su propia interpretación de “Jolie môme“, aquella canción compuesta, escrita, e interpretada ya, desde 1960, por su autor, Léo Ferré, y también por Catherine Sauvage.

 

 

T’es toute nue sous ton pull
Y a la rue
qu’est maboule
Jolie môme.

T’as ton cœur à ton cou
Et l’bonheur par en d’ssous
Jolie môme.

T’as l’rimmel qui fout l’camp
C’est l’dégel des amants
Jolie môme

Ta prairie ça sent bon
Fais-en don aux amis
Jolie môme

T’es qu’une fleur de printemps
Qui s’fout d’l’heure et du temps,
T’es qu’une rose éclatée
Que l’on pose à côté
Jolie môme.
(…)

Ta violette est l’violon
Qu’on violente et c’est bon
Jolie môme.

T’es qu’une fleur de passe-temps
Qui s’ fout d’ l’heure et du temps
T’es qu’une étoile d’amour
Qu’on entoile aux beaux jours
Jolie môme.

T’es qu’un point sur les  i
Du chagrin de la vie
Qu’on arrose, qu’on oublie
Jolie môme.

T’es qu’une paire de mirettes
Au poker des conquêtes
Jolie môme.

T’es qu’une rime
Au bonheur
Faut qu’ ça rime
Ou qu’ ça pleure
Jolie môme.
(…)

T’es qu’une feuille de l’automne
Qu’on effeuille monotone
T’es qu’une joie en allée
Viens chez moi la r’trouver
Jolie môme

T’es tout’ nue sous ton pull
Y a la rue
Qu’est maboule

JOLIE MÔME

 

Estás desnuda, debajo de tu jersey.
Y ahí está la calle
enloquecida
Preciosa chiquilla.

Llevas el corazón en el cuello
Y por debajo la felicidad
Preciosa chiquilla.

Y tu rimel que se corre
Es el deshielo de los amantes
Preciosa chiquilla.

Tu pradera huele bien
Ofrécesela a los amigos
Preciosa chiquilla.

No eres más que flor de primavera
Indiferente a la hora y al tiempo,
Una rosa abierta y radiante
Que ponemos al lado
Preciosa chiquilla
(…)

Tu violeta es el violín
Que violentamos, y está bien
Preciosa chiquilla.

Solo eres flor de pasatiempo
Indiferente a la hora y al tiempo,
Solo eres una estrella de amor
Que cubrimos llegado el buen tiempo
Preciosa chiquilla.

Solo eres un punto en las ies
De los sinsabores de la vida
Que regamos y olvidamos
Preciosa chiquilla.

Solo eres un par de clisos
En el poker de las conquistas
Preciosa chiquilla.

Solo eres una rima
En la felicidad
Y tiene que rimar
O llorar
Preciosa chiquilla.
(…)

No eres más que una hoja otoñal
Que arrancamos monótonamente,
Una alegría desvanecida.
Ven conmigo para reencontrarla,
Preciosa chiquilla.

Estás desnuda bajo tu jersey
Y ahí está la calle
Enloquecida

PRECIOSA CHIQUILLA

 

          Es el año en que formaliza su relación con el actor Michel Piccoli, al que ha conocido meses antes y que se convertirá poco después en su marido.

Gréco y Michel Piccoli (Le Progrès de Lyon)

Gréco y Michel Piccoli (Le Progrès de Lyon)

Y con G. Brassens se presenta en el Théâtre National Populaire, que dirige entonces Georges Wilson, en el otoño de este 1966 y durante cinco semanas (lo que era, para este TNP, una novedad).

          Y en octubre de 1967 lanza su audaz “Déshabillez-moi”, de sensual contenido, grabada ya en junio anterior, cuya letra era de Robert Nyel y música de la compositora y cantante Gaby Verlor (pareja artística autora de notables creaciones en el panorama de la canción francesa). Y llevará esa canción a su repertorio en el marco de esa novedosa fórmula que era por entonces la sesión de las 18h30, en el “Théâtre de la Ville” (ex-“Sarah Bernhardt”), tras su restructuración, que ella inaugura.

Y “Déshabillez-moi” conoce, inicialmente, no poca resistencia a ser emitida en las grandes cadenas de radio de la época, hasta acabar convirtiéndose en su “tube”, más popular.

          El repertorio de Juliette Gréco, ácido y desenvuelto, venía evocando ya, ayudándose con una técnica escénica muy suya (vestido de terciopelo negro, cuerpo inmóvil, juego de manos y brazos, y ese hermoso rostro con sus ojos maquillados con un largo rasgo,…), la sensualidad asociada a un realismo, con frecuencia voluntariamente cínico.

            A principios de los años 70 –rebasados ya los desordenados acontecimientos de mayo del ’68,  Gréco decide efectuar diversas giras por el extranjero: Italia, Alemania, Canadá, Japón (1986), en un momento en que su figura representaba uno de los puntales del panorama artístico francés.

            Llegan las elecciones presidenciales de 1974 y Juliette Gréco apoya públicamente al candidado François Mitterrand.

Y volviendo sobre alguna experiencia aislada como letrista allá por 1969, escribe por estos años  “Fleur d’orange”, “Le Mal du temps”, “L’Enfant”, “Pays de déraison” y “L’Amour trompe la mort”.

            Ya divorciada de Michel Piccoli en 1977, en junio de 1978 moria en París su madre Juliette Lafeychine, a los 79 años de edad.

          Es ahora, en 1982, cuando redacta y publica unas memorias que titula Jujube, según un apelativo de infancia. Y hace una recopilación antológica de su mejor producción hasta el momento, entre cambios de casas discográficas, de Philips a Barclay, a RCA Victor, a Meys y a Polydor…y nuevos aportes que le aseguran buenos autores que escriben y componen pensando en ella, como aquella canción de “Les Années d’autrefois”, de Richard Cannavo…

Un pont sur la Seine,
Nos pas sur les pavés,
Une chambre d’hôtel,
Nos passions apaisées,Ta main sur mon coeur,
La pluie sur nos matins,
Le goût du bonheur,
Ma peur des lendemains…Dis, t’en souviens-tu
Des années d’autrefois,
Des années perdues,
Où nous ne dormions pas?
Un puente sobre el Sena,
Nuestros pasos sobre el empedrado,
Una habitación de hotel,
Nuestras pasiones ya calmadas,Tu mano sobre mi pecho,
Y lloviendo en nuestras mañanas.
Las ganas de ser felices,
Y mis miedos del mañana…Di, ¿te acuerdas
De los años de antaño,
De los años perdidos,
Y de las noches en vela?
(…).

 

          En 1988 Juliette Gréco se casaba con el músico Gérard Jouannest, su pianista y acompañante desde hacía veinte años; era su tercer matrimonio. Y, sin embargo, “je suis un animal impropre au dressage”, difícil de domesticar ´-dirá ella un día de 2009, ante los micrófonos de France-Inter.

 

          Y en 1991 volvía a pisar el escenario del Olympia, y a encontrarse con aquellas lejanas sensaciones, después de tantos años, con canciones que Philips editará.Y volverá allí de nuevo en octubre de 1993, y en 2004.

          Y en el verano de 2005 participaba en el 39º Festival de Jazz de Montreux, en Suiza.

          En 2006 efectúa un viaje a Nueva York para hacer un disco con músicos de jazz, contenido que saldrá en Francia con el título “Le Temps d’une chanson” y que ella presenta en París en el Théâtre du ChâteletMathilde, Né quelque part, Sycacuse, Les Amants d’un jour, la Folle complainte, o La Chanson de Prévert…, ce poeta Prévert, fallecido ya en 1977:

Oh, je voudrais tant que tu te souviennes
Cette chanson était la tienne
(…)
Et chaque fois les feuilles mortes
Te rappellent à mon souvenir,
Jour après jour les amours mortes
N’en finissent pas de mourir
(…)

 

            El renombre y prestigio de Juliette Gréco –ahora con 82 años-, hacía tiempo que había trascendido las fronteras de Francia y de Europa; y en esa réplica de Francia, de algún modo, que es Québec (Montreal, place des Arts), se exhibía en marzo de 2010 y en su presencia, “Je suis comme je suis”, un documental intimista sobre su figura -ya conocido en Francia meses antes-, de la autoría de la cineasta Brigitte Huault-Delannoy y de Bertrand Dicale, donde la cantante evocaba su niñez, pasada con sus abuelos, lejos de su madre, hasta los 8 o 9 años (“ma mère ne s’est jamais occupée de nous vraiment”), su agitada juventud en el ambiente de Saint-Germain-des-Près, de aquellos años ’50 y la inestable IV República, sus amores, su hija y sesenta años de canciones, entre documentos inestimables rescatados del mundo audiovisual.

          Y seguía ofreciéndose, con 85 años,  en nuevos discos y renovados escenarios: en enero de 2012, sacaba un nuevo album titulado “Ça se traverse et c’est beau”, dedicado a Paris y a sus puentes, donde aparecian textos musicalizados de nuevos nombres del mundo de la escritura y de la canción.

O se exhibía durante varios días, después de seis  años, en el Théâtre du Châtelet; o en el Theaterhaus de Stutttgart, en la primavera de este 2012, siempre con un público nostálgicos unos, apasionados de buen arte otros, y seducidos todos por esta gran dama de increíble vitalidad e inagotable talento.

Y continuaba bien presente en la pequeña pantalla, el petit écran, como aquella escogida emisión en la cadena cultura francoalemana Arte, en abril de 2012: “Juliette Gréco, l’insoumise”, otro documental de más de una hora, esta vez a cargo de Yves Riou y Philippe Pouchain

          En marzo de 2016, hallándose por entonces en Lyon, Juliette Gréco sufría un accidente vascular cerebral –después de algunos síntomas inquietantes que ya venía sufriendo de un tiempo a esta parte-, que la obligaba a acortar brutalmente aquella gira diseñada para despedirse de su público (Grecia, Israel, Canada, Bélgica, Alemania, Francia…), iniciada en abril de 2015, en la que se hallaba comprometida, y a la que había querido titular “Merci”.  Pero, si bien parecía haber salido de aquel trance indemne, la cantante iba a quedar muy afectada. Y, habiendo perdido en parte el uso de la palabra, la decidía a cancelar todos sus compromisos y a retirarse definitivamente a su casa de Ramatuelle (dep. del Var, muy cerca de Saint-Tropez).

Juliette Gréco - (foto de Victor Díaz Lamich, Canadá)

Gréco (foto de Victor Díaz Lamich, Canadá)

En agosto de este mismo 2016 un cáncer contra el que venía luchando desde hacía años terminaba también con la vida de su hija Laurence Lemaire, de 62 años.

          Y en 2018 perdía a su marido Gérard Jouannest, después de treinta años de vida en común.

          En Ramatuelle  morirá “Jujube”, la môme Juliette, el miércoles 23 de septiembre de 2020, a la edad de 93 años. Razonablemente, no se podía pedir mucho más a la vida. “Morir en escena es de mala educación –había dicho en alguna ocasión, viéndose ya envejecer. Uno muere entre bastidores, pero no en escena”.

          Y fue trasladada a París, ella que había dicho en alguna ocasión: “Je ne suis pas née à Paris. j’ai vu le jour à Montpellier, mais j’ai été mise au monde ici”. Será enterrada el 5 de octubre siguiente -con un rosario entre las manos y después de una ceremonia religiosa querida por su nieta Juliette Amour Rossini-Chardronet-, al lado de su último marido Jouannest, en el cementerio de Montparnasse, y en presencia de lo más granado del mundo artístico y social.

          Figura emblemática e icónica durante setenta años –cuando la canción tenía textos que merecían la pena ser escuchados-  y decana ahora de la canción francesa (desde la desaparición de Charles Aznavour), Juliette Greco era sobre todo célebre por haber sido intérprete de autores como Raymond Queneau, Jacques Prévert, Léo Ferré, Boris Vian o Serge Gainsbourg. “Je suis là pour servir, …soy intérprete, porque la canción es un arte extremadamente difícil, contrariamente a lo que se pudiera pensar”.

A lo largo de su dilatada carrera, Gréco había sido condecorada con la Legión de Honor (1984, 2002, hasta el grado de Commandeur en 2012), Gran Oficial del Ordre National du Mérite, también en sus tres escalas (1999, 2006, 2015), Commandeur de l’Ordre des Arts et des Lettres (2016)…, entre otros diversos homenajes y recompensas.

“Se os ha presentado siempre como musa del Existencialismo –habia dicho la joven ministra de Cultura Aurélie Filippetti, al concederle el máximo honor de Commandeur-, pero, hasta el último momento, os habéis negado a convertiros en mausoleo vivo d’un temps qui n’est plus”.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

GRÉCO, Juliette: Jujube (memorias) París, Stock, 1982 y otras ediciones.
      “             “     : Je suis faite comme  ça; Flammarion, 2011 y otras ediciones. 
      “             “     : De Saint-Germain-des-Près à Saint-Tropez (contado por –); Flammarion, 2013.

DICALE, Bertrand: Juliette Gréco. Les vies d’une chanteuse; Le Grand livre du mois, 2001; también: Juliette Gréco. Une vie en liberté; Perrin, 2011.
PIAZZA, Françoise: De Juliette à Gréco; C. de Bartillat, 1993; también: Juliette Gréco: Merci!; D. Carpentier, 2009. y Juliette Gréco: Entrer dans la lumière; L’Archipel, 2020.
RUBIO Salva : Miles et Juliette; París, Delcourt, 2019.

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