Roland, Madame – (1754-1793)

Marie-Jeanne Phlipon, a la que llamaban Manon, nació en París en 1754, en el seno de una familia holgada donde su padre era grabador. Fue educada con criterios relativamente liberales, leía con pasión las obras de Plutarco y de Rousseau -bajo cuya influencia ella se deslizará hacia el deísmo-, estudió matemáticas y adquirió prácticamente sola una vasta cultura, mientras frecuentaba a escritores y artistas.

En febrero de 1780 casó con Jean-Marie Roland de la Platière (veinte años mayor), inspector de manufacturas en Amiens (Picardía). Se trataba de una de esas uniones, en voga por entonces en los medios “ilustrados”, basadas en “la confianza y la amistad”. Entre ellos comienza a darse un natural intercambio de colaboración y de estima intelectual, y ella coopera en la redacción de los libros de técnica o economía, o en discursos académicos de su marido, en la línea del enciclopedismo liberal.

Llegó la Revolución –ya él destinado en Lyon desde hacía cinco años-, y Manon se entregó con ardor a las nuevas ideas imperantes de igualdad jurídica y no discriminación social (hija ella de un artesano acomodado y culto, pero plebeyo), colaborando con artículos para el Courrier de Lyon, enviando otros, no firmados, al Patriote Français de Brissot, y volcando su entusiasmo en la correspondencia con amigos de ideario.

El matrimonio vino a instalarse en París y entre ambos abrieron en 1791 un salón político en la rue Guénégaud, frente al Pont-Neuf y la isla de la Cité, donde ella va a revelarse alma y consejera de los girondinos. Allí aparecían, al lado de su marido, señalados miembros de la Gironda como Buzot, Brissot, Pétion de Villeneuve…

La influencia de la vehemente (y, en ocasiones, algo fanática) madame Roland -con su marido ahora ministro- resultó importante mientras duró el gobierno girondino, en la primavera de 1792; ella fue quien redactó la carta que su marido dirigió a Luis XVI aquel 10 de junio, e hizo pública, instándole en destemplados términos a renunciar a su veto; lo cual acarreó la exoneración de su gobierno.

Su consorte y ella misma habían ayudado, mientras pudieron, al escritor Chamfort, escaso de recursos en estos tiempos aleatorios, facilitándole un puesto de administrador de la Biblioteca Nacional.

Y, cuando esta fuerza política cayó y fue perseguida entre el 31 de mayo y el 2 de junio de 1793, también ella se vio presa.

Durante su estancia en la cárcel, ella que no había publicado casi nada con su propio nombre, redactó unas Memorias, en las que entrelazaba recuerdos personales y políticos, tanto para ocupar su forzado tiempo libre como para justificar su conducta. Sería inútil buscar en esta obra póstuma penetración y gusto literario, pero alcanza cierto interés por la pureza de su ideal político y la energía que sostienen sus últimos días: “Detrás de estos barrotes gozo de la independencia del pensamiento –le escribía a Buzot desde su prisión de l’Abbaye– y me siento más tranquila con mi conciencia de lo que pueden estarlo mis opresores con su dominación. ¡Podrán oprimirme los tiranos, pero envilecerme, nunca, nunca!”

Cinco meses después era condenada a muerte por el Tribunal revolucionario, y guillotinada al mismo tiempo que los miembros de la corriente a la que había servido, el 8 de noviembre de 1793. “Oh, Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!” –parece que exclamó camino del suplicio, cuando la carreta que la conducía pasó por delante de una estatua que la representaba-. Tenía 39 años.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

CORNEVIN, Marianne: “Liberté, que de crimes on commet en ton nom!”. Vie de madame Roland, guillotinée le 8 novembre, 1793. París, Maisonneuve et Larose, 2002.

CRAMPON, Michel: Liberté, ou la Vie de Madame Roland; Amiens, Bibliothèque Municipale, 1989; 48 págs.

GRÉGOIRE, Ménie: Madame Roland; París, De Fallois, 2014.

Deja un comentario