Riccoboni, madame – (1713-1792)

Marie-Jeanne de Heurles de Laboras de Mézières nació en octubre de 1713 de la unión de un burgués medio de Troyes, Christophe-Nicolas de Heurles (casado ya en su ciudad desde 1690 y acusado muy pronto de bigamia) y de una parisiense, Marie-Marguerite Dujac con la que vino a casarse en toda nulidad en la primavera de 1710.

Habiendo perdido su padre el proceso que le enfrentaba a su primera esposa cuando ella tenía seis años, hija ilegítima, pues, y sin familia legal, quiso su progenitora darle uno de los pocos destinos que le quedaban entonces a la criatura: la educación religiosa y luego el convento. Pero, llegada a la adolescencia, Marie-Jeanne se resistió, su madre la retiró y la joven seguirá otro camino, más libre y brillante.

Será novelista, autora de una interesante correspondencia, traductora de literatura y teatro inglés, y conocida luego bajo el nombre de madame Riccoboni, por matrimonio en agosto de 1734 con un Antoine-François (hijo del célebre Luigi Riccoboni de la Comedia Italiana del Hôtel de Bourgogne, ya retirado), diez años mayor y de prometedor futuro, cuyo oficio -entre desavenencias conyugales que pronto llegaron-, iba ella a abrazar hasta 1760, al parecer, sin mucho talento (Diderot la tilda, en su Paradoxe sur le comédien, como une des plus mauvaises actrices de son temps); y ella misma lo reconocerá más tarde en carta al actor Garrick, diciendo de sí misma: “artista inteligente y fría, yo no he brillado en el arte en el que vos sois un maestro”.

Fallecida su madre en 1762 (que ella había recogido en su hogar), y su marido también en 1772 (a quien, aun separados, vino ella a ayudar en sus últimos años de degradación personal), ya para entonces madame Riccoboni se había convertido en apreciada escritora.

Sin que casi nadie supiera el secreto de su nacimiento, se la había visto por un momento en casa de madame d’Holbach y de madame Helvétius, donde tuvo ocasión de conocer a los filósofos ingleses Smith y Hume, de paso por París, o al célebre actor británico David Garrick, con quienes iba a mantener correspondencia. Pero lo suyo no era “la filosofía”, los sistemas, ni las discusiones de los salones, cuyo apasionamiento y sectarismo llegará a comparar al de aquellos que allí se atacaba, sino el mundo literario de sus heroinas, y acabó retirándose a un pequeño apartamento, rue Poissonnière, para consagrarse a la literatura.

Aunque deudora de madame de La Fayette y su Princesse de Clèves, de Marivaux y del estilo epistolar de Richardson, ya traducido por Prévost, el éxito no tardará en llegarle, sancionado por la autorizada apreciación de Diderot: Cette femme écrit comme un ange. De su pluma saldrán, entre otras producciones, diez novelas sentimentales o “sensibles”, y algunas novelas cortas “medievales”, en las que pretendía desarrollar la tesis de que la naturaleza del sentimiento amoroso en la mujer es diferente a aquel que el hombre experimenta: porque ella se da, se entrega, y él tiende a conquistar y a poseer; ¿es, pues, posible la felicidad en el amor? –parece interrogarse siempre la novelista, con pesimismo-.

En 1757 había dado su primera novela epistolar, Lettres de mistriss Fanni Butlerd; y continuó en 1761 con una Suite de la vie de Marianne, continuación de la inconclusa de Marivaux; luego vendrán Ernestine en 1762, Histoire de miss Jenny Level en 1764, Lettres de la comtesse de Sancerre (publicadas primero en un periódico y luego en edición separada en 1766), Lettres d’Élisabeth-Sophie de Vallière en 1772 (en la tradición de la novela genealógica del siglo), y Lettres de Milord Rivers en 1777, entre otras.

Con algún amor desgraciado o imposible del que tal vez alguna de sus novelas por cartas pudo haber sido el eco fiel, su nombre ha quedado ligado a la célebre obra Les Laisons Dangereuses, con cuyo autor Choderlos de Laclos polemizó ella en 1782, respecto al carácter, inverosimil, a su juicio, de la protagonista madame de Merteuil; y su correspondencia con ese autor es conocida.

La prolífica madame Riccoboni –una buena persona, en definitiva-, cuyo nombre había sido conocido y celebrado en Alemania, en Inglaterra, y en Italia, desaparecidos ya casi todos sus amigos, morirá prácticamente en la miseria en diciembre de 1792, cuando Francia tenía ahora otras cosas en qué pensar, y privada de aquella pensión real con la que había venido viviendo.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

Madame Riccoboni, romancière, épistolière, traductrice: “Actes du Colloque Intenational Leuen-Anvers”; mayo, 2006. Estudios reunidos y presentados por Jan HERMAN, Kris PEETERS y Paul PELCKMANS; Lovaina, París, Dudley; Peeters, 2007.

BOSTIC, Heidi: The fiction of Enlightenment: women of reason in the French Eighteenth century; University of Delaware Press; 2010.

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