Tencin, madame – (1682-1749)

Claudine Alexandrine Guérin de Tencin (1682-1749), baronesa de Saint Martin de l’Isle de Ré, nació en Grenoble en 1682 en el seno de una familia de pequeña nobleza parlamentaria. Religiosa dispensada en 1712 de sus votos, tras años pasados sin vocación en un convento, se instala en París en las postrimerías del reinado de Luis XIV, y comienza entonces a vivir agitadamente lo que le quedaba de juventud, entre el agiotage, el dinero y los amores y aventuras galantes que se sucederán a lo largo de su vida, a menudo con fines interesados o de intriga: primero, el más público y conocido, con el llamado “abate” Dubois, que será ministro (sólo tonsurado, sin votos y antes de alcanzar el cardenalato); luego el Regente, el financiero Law, el canciller d’Argenson, el duque de Richelieu… y alguna escandalosa como la que tuvo con aquel La Fresnaye que le valdrá a ella, por tres meses, prisión en la Bastilla en 1726 (¡en cuya desacreditada hospedería coincidirá con Voltaire!).

La ambiciosa y amoral, la belle et scélérate chanoinesse Tencin -como la llama Diderot en su Entretien con d’Alembert-, había acabado abriendo, con el correr del tiempo, salón en la rue Saint Honoré, y que -con labores de información a favor del Regente y de Dubois, hasta la muerte de este en 1723-, tendrá marcado carácter político e intrigante hasta 1733, siempre bajo la suspicaz vigilancia del ministro de Estado, el cardenal de Fleury; luego –después de un breve exilio, y habiendo aprendido la lección-, aquel salón se hará más literario y conversacional, hasta el final en 1740. Allí acogía (sin aquel buen tono algo rebuscado que se respiraba en casa de madame Lambert), a una numerosa sociedad donde magistrados, financieros, abates mundanos, se codeaban con cortesanos, militares y eclesiásticos. De hecho, la Tencin valía más que la fama que la precedía, y así parecía reconocerlo la presencia de los Fontenelle, Marivaux, Prévost, o de filósofos como Duclos, Marmontel, Mably, Helvétius, y los antiguos parroquianos de los martes de la marquesa de Lambert que allí se veían, y comentaban o leían trozos de las obras de cada cual, en un ambiente cordial a partir, sobre todo, de 1733, junto a señalados extranjeros de paso por París, que llevarán su nombre fuera de las fronteras de Francia, como Tronchon, el afamado médico ginebrino, lord Bolingbroke, lord Chesterfield…

Pero madame Tencin seguía intrigando a favor de los suyos (¡consiguió hacer un cardenal del mediocre de su hermano, el abate Pierre-Paul Guérin de Tencin, en 1740!), y también apoyando a sus amigos, a Marmontel en sus inicios en la capital, sosteniendo la candidatura a la Academia de Marivaux en 1742, o favoreciendo, como un combate final, la publicación de la obra De l’Esprit des Lois de Montesquieu en 1748. También se preparaban allí -en lo que la Tencin empezó a llamar “conversaciones filosóficas”- las luchas por venir, con el estímulo y la instigación de la anfitriona.

Pero la Tencin pierde prácticamente su influencia en la corte, a partir de 1744 -desaparecidos ya Fleury y su amiga la duquesa de Châteauroux- y, muy a su pesar, prácticamente ya su relevancia social.

De su relación con uno de sus amantes, el holandés príncipe Leopoldo-Felipe d’Arenberg, había nacido, a finales de 1717, el luego bien conocido matemático y enciclopedista Jean d’Alembert, del que ella no se ocupó.

También Alexandrine de Tencin será la autora de novelas de éxito como Mémoires du comte de Comminge en 1735, Le siège de Calais en 1739 y Les malheurs de l’amour en 1747 (probablemente acta del fracaso y desilusión final de su propia existencia).

Muy degradada ahora su siempre frágil salud, morirá en París en diciembre de 1749, y su imagen, ya castigada en su época por memorialistas como Saint Simon, no mejorará posteriormente, pese al testimonio contrario de Marivaux y algunos otros.

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