Diderot, Denis (1713-1784)

          Denis Diderot, hermano mayor de lo que será un hogar numeroso, nacía en Langres (Champaña) el 5 de octubre de 1713, en el seno de una familia de pequeña pero sólida burguesía.

          Su padre, Didier Diderot, maestro cuchillero, destinaba el joven Denis a la clericatura, a fin de poder suceder a un tío canónigo en cierto beneficio eclesiástico que poseía, En los jesuítas de su ciudad natal fue alumno brillante pero indisciplinado, hasta acabar huyendo con la complicidad de un joven profesor. El atento y diligente padre de familia Didier consiguió, no obstante, hacerle entrar en otra institución de la compañía en París, el “Louis-le-Grand”, o de Harcourt; y allí proseguirá estudios de humanidades, hasta obtener el título de maître ès-arts, en 1732, con su licencia en el bolsillo.

Ya en 1726, con trece años, había pasado por la primera tonsura, siempre pensando en aquel proyecto familiar.

Y los siguientes diez años su vida resultan poco conocidos; se sabe que trabaja durante dos años en el bufete de un legista, pero aquel mundillo no le interesa y, con la ayuda pecuniaria paterna cada vez más contada, conoce momentos difíciles, hasta pasar hambre. Y fue la bohemia.

Diderot. Óleo sobre lienzo, de L.M. Va Loo (1767). Louvre.

Diderot. Óleo sobre lienzo, de L.M. Va Loo (1767). Louvre.

Intenta entonces otras ocupaciones aquí y allá: redacta sermones religiosos para misioneros, y epitalamios, enseña matemáticas mientras él mismo las va aprendiendo, o se emplea como preceptor en casa de un financiero; ¡incluso ha pensado en hacerse actor, para lo que no le falta temperamento!

Y esa vida parisiense le permite al joven Diderot ir adquiriendo experiencia y todo tipo de conocimientos en autodidacta. Se acerca al excitante mundo de la escena, con sus batallas y sus banderías, y sobre él ejercen influencia algunas obras literarias, como el “Cleveland ou le Philosophe anglais” que el abate Prévost sacaba por estas fechas, a partir de 1731, o las “Lettres philosophiques” de un Voltaire irónico y chispeante, que empiezan a aparecer a partir de 1734.

Es por esta época, 1741 y en adelante, cuando entabla amistad con J. J. Rousseau, con Mably y su hermano Condillac, y luego con el barón Grimm.

Y no tarda en conocer a una bonita lavandera, Antoinette Champion, y a Langres corre Denis para pedirle autorización a su padre; pero el viejo Didier se opone tenazmente, resignado ya a perder aquel destino que él hubiera querido para su vástago -¡pero no era ese el tipo de alianza que él esperaba!- y, para impedirle que pase adelante en su empeño, le hace encerrar en un convento. ¡Ni que decir tiene que el fogoso Denis acaba evadiéndose, para, a finales de noviembre de 1743, casarse en secreto con su Nanette! Pero es el caso que Toinette va a revelarse pronto la mujer menos indicada para compartir su vida con una de las cabezas más brillantes del siglo, y aquella unión acaba en rotundo fracaso; una hija, Angélique, nacerá, sin embargo, en 1753, que vendrá a darle a su padre algún consuelo.

Aunque no fuese más que para asegurarles el sustento a los suyos, Diderot se lanza entonces en todo tipo de trabajos y traducciones del inglés, y así entra en la lucha filosófica: en 1745 sacaba una traducción libre –enriquecida, eso sí, de notas personales-, del “Essai sur le mérite et la vertu”, del inglés Shaftesbury, donde propugnaba una moral independiente de las creencias religiosas. Y al año siguiente, clandestinamente y sin nombre, una obra más audaz: las “Pensées philosophiques”, colección de aforismos donde atacaba al cristianismo y militaba en favor de la “religión natural”, aparentemente en la línea de un Voltaire, aunque más en las fronteras del ateísmo  (y aquellas Pensées, que conocieron gran repercusión, serán completadas en 1770 con una Addition más violenta).

Un acontecimiento va a permitirle fijar su azarosa existencia: y es que en 1746 conoce al librero Le Breton que le va a confiar la dirección de aquel LA ENCICLOPEDIA  -cuyo prospecto aparecerá en 1750- y que va a dar un vuelco a su vida, asegurándole ingresos regulares en adelante.

Todo cuanto el siglo contaba de talentos en literatura y ciencia, Diderot sabrá ponerlo, con su capacidad infatigable y persuasiva, al servicio de aquel formidable y ambicioso proyecto editorial, y D’Alembert le secundará hasta 1758.

Y redacta la “Promenade du sceptique” donde, alegóricamente, se imagina colocado en la encrucijada de tres vías o avenidas: la de las espinas (que representa la religión), la de los frondosos castaños (por donde pasean, debatiendo, los filósofos) y la de las flores (los placeres mundanos). Pero su Promenade no pasa, por el momento, de manuscrito y, denunciado el autor a la policía, esos papeles fueron secuestrados.

Amante ahora de la joven escritora madame Puisieux (Madeleine d’Arsant, casada con un Puisieux y metida también en letras y filosofías), a la que conoce desde 1745 y en cuyas obras probablemente colaboró, de la esa época data una novela filosófica y licenciosa, Les Bijoux indiscrets, publicada en 1748, sin nombre de autor también ella, donde aparecen, en diáfana transposición de época y lugar la Pompadour y Luis XV.

Y “Mémoires sur différents sujets de mathématiques”.

Entretanto, la audacia del pensamiento de Diderot no cesaba de afirmarse; deísta al principio, se orienta hacia el materialismo con la “Lettre sur les aveugles à l’usage de ceux qui voient”, que escribe, esta vez, sin artificios ni ficción y apartándose de las habituales consideraciones de la psicología sensualista:

Dirigiéndose a su amiga madame de Puisieux. Diderot toma como punto de partida cierta operación de cataratas que el naturalista Réaumur acababa de practicar con éxito, para pasar a consideraciones generales en torno a la ceguera; y luego, le presta al matemático inglés Saunderson, que había perdido la visión a la edad de un año, sus propios argumentos en favor del ateísmo. Por lo demás, un ciego se pasaría muy bien sin esa creencia, que para él no tiene mucha importancia, porque todo conocimiento viene de los sentidos.

Para su protagonista Saunderson, la pretendida armonía de ese mundo que él no puede ver, reveladora de la existencia de Dios, no es tal, y él no cree.

Ya incluido en la agenda gubernamental de sospechosos, la publicación de esa obra provoca su detención en la fortaleza de Vincennes (de julio a noviembre de 1749); y aquí es donde viene a recibir las conocidas visitas de Rousseau (a vueltas él con su primer “Discours sur les Sciences et les Arts”).

Pero aquel paso por la cárcel, para perjuicio y preocupación de los libreros-editores de L’ Encyclopédie, iba a obligar a Diderot a mayor prudencia en adelante, si pretendía llevar a término la inmensa tarea que se disponía a emprender. Pero, en Versalles y en el gobierno, Diderot tenía protectores, comenzando por el director de la Librería Malesherbes y la mismísima marquesa de Pompadour.

Durante veinte años, los trabajos de tan ambiciosa empresa van a absorber gran parte de su actividad. Redacta, corrige, revisa, estimula a los colaboradores, y maldice a veces tan abrumadora servidumbre, consolándose siempre con la certeza de que con ello servía a la humanidad.

          De hecho, nunca se dejó Diderot acaparar enteramente por la Enciclopedia, y siempre encontraba tiempo para dedicárselo a sus obras personales y a sus amigos.

Y el principal de ellos era el frío y metódico Melchior Grimm (¡paradojas de la amistad!), al que el antitético Diderot, además de su afecto, daba su prosa, que alimentaba la “Correspondance littéraire”, aquel periódico que el alemán difundía por las cortes de Europa. La amiga era Sophie Volland (1716-1784), que Diderot conoce en 1755 y que se convertirá en su amante y su confidente en adelante; y el escritor experimenta por ella una ternura apasionada que no se desmentirá hasta su muerte en 1784. Las cartas que él le escribirá, entre 1759 y 1774, constituyen una obra maestra del género epistolar. Y luego estaban el barón d’Holbach, Damilaville, Madame d’Épinay, madame d’Houdetot, Saint-Lambert…

Y en diciembre de 1757 estalla la desavenencia definitiva con Rousseau, al que él  perseguirá en adelante con sus sarcasmos. Y entristece ver al “bueno” de Diderot capaz de semejante odio: en el amigo de ayer, ya sólo veía a un traidor.

En el verano de 1759 vuelve a su ciudad natal de Langres con motivo del fallecimiento de su padre; y, con esa desaparición, era un jirón de su propia vida el que se iba, ya él con 46 años.

Sería imposible establecer una clasificación cronológica rigurosa de las obras de Diderot en su época de madurez. Desde la experiencia de Vincennes, si bien escribía mucho, publicaba poco; la mayor parte de sus obras y las más importantes sólo verán la luz tras su muerte; hecho explicable por razones de prudencia, aunque bien pudo deberse también a su gran dispersión temperamental, a sus múltiples ocupaciones y a una completa ausencia de vanidad literaria. La elaboración de algunas de sus obras se extiende a lo largo de años, lo que hace difícil asignarles una fecha precisa.

Y escribe simultáneamente en los más dispares géneros, a través de los cules se perciben  algunas preocupaciones dominantes, pero también un desorden, más aparente que real..

Diderot no olvida nunca que es “filósofo” (a la manera como el vocablo se entendía en el siglo XVIII), pero filósofo radical, materialista y ateo; la naturaleza del hombre, su lugar en el mundo y su destino, y cómo fundar una moral…; si bien algunas obras les son más particularmente consagradas a esos temas: “L’entretien entre D’Alembert et Diderot”, “Le rêve de D’Alembert” (donde, supuestamente, D’Alembert, tras haber estado en animada conversación con el autor, se queda dormido y sueña en alta voz),  la Suite de l’Entretien (1769), el “Supplément au voyage de Bougainville” (1772), y la “Réfutation d’un ouvrage d’Helvétius intitulé L’Homme” (1773-1774) donde pretende marcar el límite que su materialismo no franqueará. Preocupado por instaurar una filosofía positiva, se interesa por los trabajos de los sabios y por el “método experimental” que define en 1753 en sus “Pensées sur l’interprétation de la nature”.

          Como dramaturgo, quiso dotar a la escena francesa de un nuevo género: el drama burgués, o comedia seria (comédie sérieuse); y, para ilustrarlo, conduce paralelamente teoría y práctica, publicando “Le Fils naturel” en 1757, los “Entretiens sur le Fils naturel” (“Dorval et moi”), “Le Père de famille” en 1758, y un “Discours sur la poésie dramatique” (1758):

Dorval, hijo natural y no legítimo, es un joven afectuoso y honrado. Pero, víctima de los prejuicios, se siente socialmente marginado. Es cierto que su austera virtud gusta a las mujeres e inspira una viva pasión a Constance, la hermana de su amigo Clairville, como también a la prometida de éste, Rosalie, de la que Dorval está enamorado. Y se entabla en él una lucha de conciencia: para respetar los deberes que la amistad le impone, decide oponerse a sus sentimientos. Al final, descubre que aquella a la que él creía amar es su propia hermana, por lo que su amigo podra casarse con Rosalie y él, Dorval, con Constance.

Pero la virtud constantemente razonadora y locuaz de los personajes, y su solemnidad, les resta credibilidad y calado humano y, ni Le Fils (en 1771) ni Le Père (en 1758), obtuvieron mucho éxito cuando fueron dados a la escena y ofrecidos a la aprobación del público.

Más adelante, olvidando algo sus principios y el deseo constante de moralizar, escribirá una comedia bastante animada “Est-il bon? est-il méchant?” (acabada en 1781). Finalmente, con su “Paradoxe sur le comédien” (1773), reflexiona acerca del arte del actor y postula la paradógica idea –y más viniendo de él-, de que los grandes actores, lejos de sentir las pasiones que expresan, son cabezas frías:

Paradoxe sur le Comédien. Edición de la BNF (1895)

Paradoxe sur le Comédien. Edición de la BNF (1895)

“Le paradoxe…”, se presenta bajo la forma de un diálogo entre dos personajes, uno de los cuales representa al autor. Y comprende una parte técnica referida a la interpretación en escena, aun esbozando la teoría más general de que toda creación se hace no entusiásticamente, sino con plena lúcidez. Los actores que interpretan “con el corazón” son sublimes un día y tediosos al día siguiente; mientras que los actores que interpretan “reflexivamente” siempre serán perfectos e iguales a sí mismos. Lo mismo sucede en literatura: un poeta no puede componer bajo el efecto de un gran dolor, es necesario que la emoción, amortiguada por el paso del tiempo, exista sólo como recuerdo…

Lector de Richardson, al que consagra en 1761 un Éloge, Diderot narrador no sigue la vía de su ídolo, sino que aparece más bien como el discípulo de los humoristas ingleses, sobre todo Sterne. Pero, entre el cuento filosófico, la novela corta y la novela realista, él encuentra su propio camino; tan pronto son breves relatos o diálogos: “Les Deux Amis de Bourbonne” [Bourbonne-les-Bains], “Entretien d’un père avec ses enfants” (compuestos ambos en 1770), “Ceci n’est pas un conte” (1772), “Regrets sur ma vieille robe de chambre” (publicado en 1772), como lo son también obras más extensas: “La Religieuse” (novela por cartas compuesta en 1760 y publicada en 1796), y sus dos títulos más importantes: “Le Neveu de Rameau” (“El Sobrino de Rameau”) –sus obra maestra, que trata de la moral natural-, y “Jacques le Fataliste et son maître”, donde aborda el problema de la libertad humana (escrito hacia 1773, durante su viaje y estancia en Rusia, y publicada en 1796).

Le Neveu de Rameau. edición de 1884. BnF. Gallica.

Le Neveu de Rameau. edición de 1884. BnF. Gallica.

Aquella sátira contra diversos adversarios y mezcolanza dialogada de materias que constituye el Neveu…(alter ego del autor), había sido comenzada en 1762, y permaneció inédita en vida de su creador; fue primero conocida por la traducción que hizo Goethe al alemán en 1805, y luego a través de malas copias, hasta que un erudito descubrió entre las cajas de un librero de viejo el manuscrito autógrafo en 1891.

“Le Neveu de Rameau” se presenta como un diálogo entre Lui (Jean-François Rameau) y Moi (el autor). Personaje recompuesto a partir de un individuo real, era una “mezcla de altivez y de bajeza, de sentido comun y de desvarío”, parásito melómano, culto y amoral, aunque “profundo, a veces, en su depravación”. Y traducía cinicamente, los íntimos pensamientos y las inquietudes de Diderot, en torno a los diversos problemas morales. Y, a través de este extenso, realista y vivo diálogo el autor ofrece también un cuadro satírico de la vida intelectual en el París de entonces, presentando actitudes y gestos a través de una incontenible y expresiva inspiración y facundia.

          Compuesto en 1773 y también parcialmente dialogado, el cuento filosófico que desarrolla les amores de Jacques (simple pretexto, pues el hilo aparece frecuentemente interrumpido por narraciones secundarias), se inspiraba, como punto de partida, en el Tristram Shandy del inglés Sterne, para plantear el problema general de la libertad.

El protagonista de “Jacques…” (libro de historias paralelas y convergentes), es un tipo dicharachero y y algo borrachín, insolente pero leal, que viaja a caballo acompañando a su amo, a quien intenta contarle sus lances amorosos, por hacer más llevadero el tedio del viaje. Pero su relato se ve alterado por las continuas interrupciones de su amo u otros personajes, o por episodios intercalados: como la historia de los dos capitanes, amigos inseparables y enemigos mortales; la del P. Hudson, nuevo Tartuffe; la de Mme. de Pommeraye, quien, abandonada por su amante, se venga de él, haciendo que se case con una mundana, bajo aires de devota. Y por el camino, Jacques, a quien también le gusta filosofar, se enzarza en reflexiones sobre el arte, la naturaleza, la concatenación de causas y efectos, y otras ocurrencias, para volver al final, a sus amores…

                                                                 *

 

Es verdad que le Mercure de France, l’Année littéraire y el Journal Encyclopédique venían ya publicando no pocos artículos sobre pintura, pero en tanto que crítico de arte y apasionado por los temas de estética, Diderot fue uno de los más brillantes pioneros, imponiendo, en adelante, la vía franca entre artes plásticas y literatura; sus incursiones en este ámbito son casi siempre vehementes, aunque fértiles y pertinentes por lo general. Él redacta en 1751 el artículo BEAU de la Enciclopedia y, en 1759, respondiendo al ofrecimiento de Grimm, aborda la crítica de arte con sus bienales Salons (entre 1759 y 1781, salvo el 1773, que le cogerá en Rusia, 1777 y 1779), destinada a la “Correspondance littéraire” del alemán, donde defiende a artistas como el escultor Falconet, y a los pintores Vernet, Greuze –cuyos estudios frecuenta-, Chardin, y Hubert Robert, que –decía el crítico-, sabían mostrarse auténticos en su personalidad.

Y escribió, como continuación al Salón de 1765,“Essai [o Essais] sur la peinture”(sólo conocido y publicado en 1795).

Esparcido en diversas de sus obras, se pueden encontrar también muchas ideas, a menudo contradictorias, acerca de la belleza artística o literaria.

          Para poder dotar a su hija, Diderot venía buscando vender su biblioteca; y fue en 1765, cuando la emperatriz de Rusia Catalina II -con quien había entrado en relación epistolar dos años antes-, decidió comprársela, dejándole el goce hasta su muerte. Gesto generoso aquel que infundirá profundo agradecimiento en el corazón del filósofo, pero con el que parecía perder una parte de su independencia. “Su soberana” le invitó a San Petersburgo y el sedentario Diderot se decidió, finalmente, a emprender el largo viaje en la primavera de 1773. Se detuvo dos meses en La Haya, permaneció cinco meses en la corte de Rusia y, después de una nueva estancia en Holanda, regresó a Francia en octubre de 1774. Y sus elogios hacia la “Semiramis del Norte” no cesarán desde entonces. ¡Después de Voltaire, también Diderot se había dejado seducir por el despotismo ilustrado!

Con la edad llegaba el cansancio, una menor brillantez y un cierto apaciguamiento. Y, a petición de la zarina, Diderot redacta el Plan d’une université pour le gouvernement de Russie, que contenía alguna audaces sugerencias de cambio; y publica luego l’Entretien d’un philosophe avec la maréchale de *** (profesión de fe materialista, 1776), el “Essai sur les règnes de Claude et Néron” (1778) -donde examinaba algunas cuestiones de moral-, y reúne “Éléments de Physiologie” (1774-1778).

Diderot, el pensador más audaz de su tiempo, moría en París el 30 de julio de 1784, a la edad de 70 años, de una apoplegía cerebral.

Privilegiado corresponsal de Catalina II de Rusia, su gran benefactora; aquel que, con su tenacidad, había llegado a simbolizar, más allá del resto de su variada actividad literaria -diálogo constante entre el entusiasmo y la razón, entre el moralismo burgués y el materialismo-, la idea misma de “la Enciclopedia”. Su programa vital, no finalista ni cristiano, estaba constituido por la búsqueda de la felicidad en la tierra, basada en el legítimo goce de la propiedad y del fruto del trabajo -a través del progreso y la perfectibilidad de la sociedad-, y en los deberes para con la Humanidad; no en vano Diderot había redactado los artículos “Hombre” y “Propiedad”. Ni han de verse en él preocupaciones políticas apriorísticas (su programa osciló, entre el monarca a la inglesa y el príncipe ilustrado); sólo esperaba de los gobiernos estabilidad y seguridad, en una común aversión con el resto de los enciclopedistas por el despotismo y la intolerancia; la única libertad reivindicable era la económica, de la que acabaría derivando la libertad política.

Poco amigo de polémicas, y mal conocido del gran público, su tumba, en la iglesia Saint-Roch de París, será destruída, como otras, llegada la Revolución, y sus restos arrojados a una fosa común, por el populacho violento e ignorante.

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

La Correspondance de DIDEROT ha sido publicada en las Éditions de Minuit, entre 1955 y 1970, a cargo de Georges ROTH y Jean VARLOOT.
DIECKMANN, Herbert: Cinq leçons sur Diderot; Ginebra, Droz; París Minard, 1959.
LEPAPE, Pierre: Diderot; París, France Loisirs, 1992.
LUPPOL, Ivan Kapitonovich: Diderot, ses idées philosophiques (trad. del ruso); París, Ed. Sociales Internationales, 1936.
MÉNIL, Alain: Diderot et le drame: théâtre et politique; Presses Universitaires de France, 1995.
MORNET, Daniel (1878-1954): Les origines intelectuelles de la Révolution française; Armand, Colin, 1933 y posteriores ediciones. También: Diderot, l’homme et l’oeuvre; Boivin, 1941.
POMEAU, René: l’Europe des lumières; París, Stock,1966; nueva edición Stock, 1991. También: Diderot, sa vie et son oeuvre, avec un exposé de sa philosophie; P.U.F., 1967.
PROUST, Jacques: Diderot et l’Encyclopédie; Ginebra, Slatkine, 1982.
QUINTILI, Paolo: Iluminismo ed Enciclopedia: Diderot, d’Alembert; Roma, Carocci, 2003.
VERNIÈRES, P.: Diderot et l’invention littéraire: à propos de Jacques le Fataliste; Revue d’histoire littéraire, 1959.

 En español:

DIDEROT: Cartas à Sophie Volland; Barcelona, Acantilado, 2010.
AZÚA, Felix de –: Algunos aspectos de la estética de Diderot: el doble modelo neoclásico-romántico; Barcelona, 1982. 
LAFARGA, Francisco: Diderot; Barcelona, 1987.
MILANI, Claudia: Diderot: el espíritu de la Ilustración francesa (traducción del italiano); Barcelona, Salvat, 2017.
MOSCOSO, Javier: Diderot y D’Alembert: ciencia y técnica en la Enciclopedia; Tres Cantos, 2005.

Por favor, síguenos y comparte:

Deja un comentario