Fénelon – (1651-1715)

          Fénelon – (1651-1715). Ver también Quietismo. François de Salignac de la Mothe-Fénelon (otros escriben Fénélon), nacía el 6 de agosto de 1651 en la mansión señorial (château) de Fénelon, en Périgord. Sus estudios, comenzados en la casa paterna y luego en la universidad de Cahors, concluirán en París, en el collège de Plessis y luego en el Seminario de Saint-Sulpice (tan cercano a Roma contra la tradición galicana, y al que, por familia y educación, estaba ligado).

          Ordenado sacerdote a los 24 años, el joven François se entusiasma con las perspectiva de una misión a Levante y Grecia, pero pronto su ardor de misionero encontrará donde aplicarse en su propio país.

Fénelon

Retrato de Fenelon por Joseph Vivien en 1713 (Munich, Alte Pinakothek)

En efecto, en 1678, Fénelon era nombrado superior de la congregación de Nouvelles Catholiques, jóvenes protestantes recientemente convertidas, a las que había que dirigir y mantener en la fe. Y en esta misión desplegará la flexibilidad de un verdadero director de conciencia.

Pero Bossuet ya se ha fijado en la elocuencia y la altura intelectual del joven eclesiástico, y le propone asumir la difícil tarea de dirigir una misión cerca de los protestantes de Saintonge, en el oeste de Francia (sólo exteriormente sometidos al catolicismo, tras la revocación del Edicto de Nantes, en este 1685). Sin ser un apóstol de la tolerancia, a la manera de los “filósofos” de unos decenios posteriores, Fénelon prefiere seguir la vía de la seducción, de la suavidad y el tacto.

Buscado ya por sus brillantes cualidades, se ha convertido en el verdadero director espiritual del partido devoto (las hijas de Colbert, las duquesas de Beauvillier y de Chevreuse, e incluso madame de Maintenon, reciente y discreta esposa morganática del rey Sol).

A su regreso de Saintonge en 1687, Fénelon hace imprimir su “Traité de l’Éducation des Filles”, escrito tiempo atrás para la duquesa de Beauvillier. Así, en 1689, cuando el duque de Beauvillier fue designado como gobernador de Luis de Francia (1682-1712), duque de Borgoña, y nieto de Luis XIV, Fénelon es nombrado su preceptor. El alumno se revela orgulloso y violento, pero ea sensible e inteligente. Y, siguiendo el ejemplo de Bossuet, también Fénelon quiere redactar algunas obras pedagógicas, adaptadas a la mente de un niño: serán las Fables, los Dialogues des Morts y, sobre todo, Télémaque.

Es aproximadamente en la época en que se convierte en preceptor del duque de Borgoña –Luis de Francia, nieto de Luis XIV (1682-1712)-, cuando Fénelon conoce a madame Guyon (nacida en Montargis en 1648-1717), en cuya enseñanza aprecia la dulzura del “estado de oración”, y la introduce en la pequeña sociedad religiosa de las duquesas de Beauvillier y de Chevreuse, y de madame de Maintenon. Con ella mantendrá, a partir de entonces, un intercambio epistolar que nos revela la armonía de esas dos almas.

Texto manuscrito de Fenelon de su famosa carta al rey de 1694

(De una larga y crítica carta autógrafa de Fénelon a Luis XIV, escrita hacia 1694, año de penurias y de revueltas. Le llegará anónimamente al Soberano, a través de madame de Maintenon). BNF.

…[El pueblo mismo, -hay que decirlo-, que os ha amado tanto] que ha confiado tanto en Vos, comienza a perder la amistad, la confianza e incluso el respeto. Y vuestras victorias y conquistas ya no le alegran; todo es en él acritud y desesperación. La sedición se enciende poco a poco por todas partes. Creen que no sentís ninguna conmiseración de sus males, y que sólo amáis vuestra autoridad y vuestra gloria. Si el Rey –dicen-, tuviera un corazón de padre hacia su pueblo, ¿no pondría, al contrario, su gloria en darle pan y en dejarle respirar después de tantos males, en vez de en mantener algunas plazas de la frontera que causan la guerra? Y cuál es la respuesta a eso, SIRE? Las emociones populares, desconocidas desde hacía tanto tiempo, se hacen frecuentes, de lo cual ni París, tan cerca de Vos, está exento. Los magistrados se ven obligados a tolerar la insolencia de los revoltosos…

Fénelon se siente atraído naturalmente por el quietismo y por ese amor puro del que la mística habla, despojado de ataduras terrestres, donde la adoración, depurada ahora del deseo de recompensas y del temor al castigo, es desinteresada. Y madame de Maintenon -a quien él dirige a partir del otoño de 1689-, seducida a su vez, le abre la “Maison royale de Saint-Louis” (Saint-Cyr), pour demoiselles pauvres de la nobleza, que Luis XIV ha fundado recientemente a petición suya en 1686. Y, bajo su dirección de conciencia, aquel lugar se hace casi enteramente quietista y recibe a madame Guyon, en estancias cada vez más prolongadas.

Preocupado por esa efervescencia que el quietismo viene provocando en Saint-Cyr y por el misticismo de madame Guyon que comienzan a ver peligroso, el obispo de Chartres y la misma madame de Maintenon -asustada ahora-, ordenan la expulsión de la dama de Montargis, en mayo de 1693.

Fénelon empieza también a percibir frialdad y distanciamiento, y la ruptura entre la esposa del rey y su director espiritual no tarda en llegar.

          Aconsejada por él, madame Guyon acepta someter sus libros al juicio del influyente Bossuet, obispo de Meaux, el cual (después de haber encontrado, meses atrás, su doctrina “plus extravagante que coupable”), acabará haciendo públicas sus negativas conclusiones en marzo de 1694, al ver en aquella corriente una especie de deísmo y una amenaza para la Iglesia en esa doctrina de l’état passif (indiferencia, aniquilamiento de sí mismo, abandono), que podía llevar a desdeñar los dogmas, a desatender las prácticas religiosas y las buenas obras y a desoír a la jerarquía eclesiástica, para comunicar –pretendían sus seguidores-, directamente con Dios.

Fénelon, por su lado, invocaba los precedentes de grandes místicos como Santa Teresa, San Juan de la Cruz o San Francisco de Sales.

          Las diversas “conferences d’Issy” que se abren ese mismo año (con la hostilidad declarada ahora de madame de Maintenon), y terminarán en la primavera de 1695, acabarán condenando treinta y cuatro proposiciones quietistas, y reafirmando las obligaciones positivas del cristiano, aun admitiendo, a solicitud de Fénelon, los principios esenciales de la perfección mística, que algunos grandes santos, alcanzan excepcionalmente. Y ambas partes firmaron el acuerdo alcanzado.

El debate parecía haberse apaciguado, y la carrera de Fénelon seguía mostrándose bajo auspicios prometedores. En febrero de 1695 ha sido nombrado arzobispo de Cambrai en Picardia (que conllevaba el título de príncipe del Santo Imperio), en una ceremonia en Saint-Cyr en la que Bossuet en persona ha querido consagrarle; y continúa con la dirección intelectual de su pupilo. Pero la condena del quietismo va a destruir su futuro.

Para precisar los artículos de Isssy, Bossuet quiso someter a Fénelon, en el verano de 1696, su propia “Instruction sur les États d’oraison”, pero Fénelon se niega a refrendar dicha obra que atacaba con vehemencia a madame Guyon, detenida ya, desde diciembre del año anterior, en la fortaleza de Vincennes, al Este de París.

Y, para demostrar que se atacaba al verdadero misticismo tratando de condenar el falso, publicaba en marzo de 1697 las “Explications des Maximes des Saints”, libro que, curándose en salud, decide someter él mismo a Inocencio XII, con lo que la ruptura entre los dos prelados era ya evidente y la lucha se trasladaba a Roma.

Era más un asunto de influencia y de poder que un estricto asunto teológico lo que se dilucidaba en aquella pugna. Aun cuando los jesuítas parecían plegar velas en París y en Versalles, ante aquella tormenta desatada donde el mismo rey se había implicado, el arzobispo de Cambrai se sabía apoyado en Italia por la Orden, contra la corriente galicana que representaba Bossuet.

Entretanto, madame Guyon había sido trasladada de Vincennes a un convento de Vaugirard primero (fuera de París en esa época) y, en junio de 1698, a la Bastilla, de donde sólo saldrá libre cinco años después.

Mal les iban las cosas a los quietistas y al mismo Fénelon, cuya caída en desgracia precipitó Luis XIV, cerrándole las puertas de la Corte en el verano de 1697, con orden perentoria de que se retirase a su diócesis, y desposeyéndole, esta vez, del preceptorado del duque de Borgoña, “le petit dauphin”. Ni tampoco obtuvo la autorización real que solicitaba para trasladarse a Roma y defender allí personalmente sus posiciones.

En lo que el abate L. Coignet llamará “el crepúsculo de los místicos”, era entonces una guerra de folletos, donde ninguno de los dos intransigentes adversarios ahorrará descalificaciones y calumnias. Bossuet publicaba su “Relation sur le Quiétisme” (1698) y Fénelon su “Réponse à la relation de M. de Meaux”; éste replicaba con “Remarques sur la relation de M. de Cambrai”, y Fénelon volvía con “Réponse aux Remarques…”, y el de Meaux con un “Dernier éclaircissement”.

En Roma, entretanto, el poco dinámico representante de Fénelon, el abate de Chanterac, poco tenía que hacer ante las actuaciones del intrigante abate Bossuet (sobrino del obispo).

Cediendo a una especie de ultimátum, también el papa decidió en 1699 condenar las “Explications des Maximes des Saints”.

Ante lo cual, Fénelon se sometió externamente, con una humildad algo efecticta, que él quería que fuese edificante: aquel que le había hecho frente a Bossuet, aceptaba ahora inclinarse ante la voluntad del pontífice.

La publicación, pocos meses después de la condena papal, consecuencia de la deslealtad de un copista –pretendió él-, de la novela pedagógica y político-moral “Les Aventures de Télémaque” que, bajo la apariencia formal de la epopeya, él venía escribiendo para uso exclusivo de su pupilo, supuso el colmo de su desgracia,. Si bien venían ya circulando retazos, el libro, en una excelente prosa poética y con numerosos recuerdos, dirigidos a su alumno, de Homero y Virgilio, no dejó de ser interpretado como una sátira de la corte y del gobierno de Luis XIV:

          El sabio Mentor preparando a su alumno Telémaco, hijo de Ulises, para el arte de reinar, era Fénelon enseñando al duque de Borgoña el oficio de rey, en una general denuncia del absolutismo: y allí se hablaba contra las detenciones arbitrarias, las guerras que arruinan a los pueblos y el lujo corruptor, y a favor de la agricultura y del comercio. Y Fénelon parecía anunciar, en cien pasajes, a Montesquieu, a Voltaire, a Rousseau…

El libro supuso la desgracia definitiva de su autor, pero también su renombre para la posteridad.

Les Avantures (sic) de Télemaque. Primera edición "legal" en París, de 1718 (BNF)

Les Avantures (sic) de Télemaque. Primera edición “legal” en París, de 1718 (BNF)

Son también de Fénelon las “Fables composées pour l’éducation du Duc de Bourgogne” (1700).

El arzobispo de Cambrai aceptó su apartamiento con dignidad y hasta con cierta grandeza, y rechazó cualquier componenda de reconciliación a cambio de una retractación envilecedora. Se exilió a su diócesis, no volvió a vérsele por Versalles y se consagró a su cometido pastoral: Allí va a sostener una controversia con los jansenistas, con quienes se sentía en gran oposición, a escribir cartas de dirección espiritual, a predicar la Cuaresma con unción profunda y a practicar tan generosamente la caridad que acabará muriendo sin recursos.

La invasión que arrasaba el país (consecuencia de la guerra de la Liga de Augsburgo contra Francia y de las desmesuradas ambiciones de Luis XIV), le proporcionó también la ocasión de venir en auxilio de los campesinos, de los enfermos y los necesitados; y su fama de piedad y de santidad llegó hasta Versalles.

Toda esperanza de recuperar el favor real no se había perdido aún, porque el exiliado de Cambrai –espíritu reformador e ilustrado avant la date, permanecía en relación con el duque de Borgoña y, si éste llegara a ser rey, el preceptor podría convertirse en primer ministro.

Su principal principio de gobierno, del que había imbuído a su discípulo, sería, contra la monarquía absoluta cuya desafortunada deriva venía siendo patente, el poder intermedio y moderador de la aristocracia, a la manera como la propugnará un Montesquieu unos decenios más tarde.

Para prepararle a su futuro cometido, Fénelon redacta el “Examen de conscience d’un roi”, eco de aquella Lettre à Louis XIV, escrita hacia 1694, donde las verdades acerca de la miseria de Francia y la necesidad de reformas eran expuestas con crudeza y valentía.

Y hacia 1710 escribe ocho hermosas y paternales “Lettres sur l’autorité de l’Église”, dirigidas a personas deseosas de regresar al seno de la Iglesia Católica desde el protestantismo. Él mismo consigue ganarse al joven escocés conocido como chevalier de Ramsay -célebre luego-, en Francia por estas fechas.

La muerte del Gran Delfín en 1711, vino, efectivamente, a elevar al alumno de Fénelon al rango de heredero, y todos los ojos se volvieron hacia su preceptor. Tuvo un encuentro con el duque de Chevreuse en Chaulnes (Picardía) y redactó con él las “Tables de Chaulnes”, lista de reformas que deberían corregir errores del absolutismo y recuperar el reino, revigorizando los Estados Generales. Todo fue en balde, porque, meses después (febrero de 1712) moría también el delfín Luis víctima -como su esposa una semana antes-, del sarampión. Y todos los sueños se diluyeron entonces en una inmensa y amarga desolación.

Sin ilusión y sin posibilidad en adelante, de publicar nada tocante a la espiritualidad, Fénelon quiso buscar consuelo en la literatura, y en 1714 redactaba una “Lettre sur les occupations de l’Académie” –noble recinto del que formaba parte desde 1693-,  donde adopta el justo medio en aquella famosa querella finisecular des Anciens et des Modernes.

La Lettre será publicada en 1716, muerto ya su autor el 7 de enero del año anterior.

          Y hasta el último momento había conservado la misma veneración y afecto por madame Guyon, proscrita, ella también, en Diziers, cerca de Blois.

          Y esta figura, cuya prosa poética anunciaba ya la de Rousseau, teórico de la reforma política, aparece, en el tránsito del siglo XVII al siglo de las Luces, como abanderada del nuevo siglo y anunciadora de los utópicos por venir.

“Una figura para redescubrir y para interrogar”  -era el lema del congreso organizado en francés, en noviembre de 2015 por la jesuíta Universidad pontificia gregoriana de Roma (PUG), “la gregoriana”, con ocasión del tricentenario de su muerte, “théologien mystique et héros des lumières”-se proclamaba-.

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO 

CARCASSONNE, Ély: Fénelon, l’homme et l’oeuvre, Boivin, 1946 y 1955.
COGNET, abate Louis: Crépuscule des mystiques: le conflit Fénelon-Bossuet; Desclée, 1958.
HAILLANT, Marguerite: Fénelon et la prédication; Klincksieck, 1969
HAZARD, Paul: La crise de la conscience européenne (1680-1715); París, 1935, diversas ediciones posteriores, Fayard, 1961.
HILLENAAR, Henk: Fénelon et les jésuites; La Haya, 1967.
MELCHIOR-BONNET, Sabine: Fénelon, Perrin, 2008.
REGUIG-NATA, Delphine: Fénelon, les leçons de la fable. Les Aventures de Télémaque; París, Presses Universitaires de France-CNED, 2009.
VARILLON, François: Fénelon et le pur amour; Seuil, 1957.

En español:

ELTON BULNES, María: Amor y reflexión: la teoría del amor puro de Fenelon, en el contexto del pensamiento moderno; Pamplona, EUNSA, 1989.
RENAULT, Jules: Ideas pedagógicas de Fenelon; Mdrid, 1930.
RODRIGUEZ SEDANO, Alfredo: El argumento ontológico en Fenelon; Servicio de publicaciones de la Univ. de Navarra, 1996.

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