Jansenismo, El

Fue una doctrina cristiana, emanada del pensamiento del teólogo neerlandés Jansenius (1585-1638). Fenómeno que, de aparente naturaleza estrictamente religiosa (visión pesimista del mundo, considerado como algo absurdo; miseria del hombre sin Dios; rechazo de cualquier optimismo racionalista), pronto iba a adquirir tintes políticos.

Jansenius había conocido en París, en 1609, a J. Duvergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran, con quien se vino a retirar cerca de Bayonna en 1611-1616, para estudiar juntos a los Padres y los escritos eclesiásticos. Luego fue rector de la Universidad de Lovaina y será obispo de Ypres en 1636, ciudad donde morirá de la peste. Sostuvo controversias contra los protestantes y contra la política de Richelieu, aliado de los reformados holandeses. Pero a Jansenius se le conoce, sobre todo, por ser el autor del Augustinus redactado a partir de 1628 y publicado tras su muerte en 1640, obra en la que daba su interpretación de la doctrina de San Agustín referida a la gracia y la predestinación, y que la teología de los jesuítas (Lessius, Molina), suavizaban en beneficio del libre albedrio y de los propios méritos del hombre.

Ya el s. XVI había conocido debates sobre la gracia. A pesar de la condena por Pío V, en 1567, de Michel Baius, profesor de Santas Escrituras, canciller que llegó a ser de la Universidad de Lovaina e inquisidor general de los Países Bajos, aquel centro lovaniense continuaba siendo un foco de agustinismo. En el lado opuesto, la obra de  ese enemigo del determinismo que fue Luis de Molina, Concordia liberi arbitrii… (Concordia del libre albedrío…”), de 1588, había provocado fuertes reacciones, y poco faltó para que los jesuítas fueran condenados, tras la reunión de una comisión de teólogos (Congregatio de auxiliis, 1598-1607). La prohibición emanada de Roma de publicar nada sobre esas materias (1611 y luego 1625), no consiguió poner coto a la querella, cada vez más cargada de connotaciones políticas.

En Francia, el partido devoto, en contacto con Jansenius, acabó provocando la animadversión de Richelieu: el cardenal Pierre de Bérulle -introductor que había sido en Francia de los carmelitas en 1604, y fundador del Oratorio en 1611- cayó en desgracia, y Saint-Cyran, que había adoptado las tesis más rigurosas del agustinismo, detenido en 1638, deberá esperar la muerte del cardenal para verse de nuevo libre.

Pero Saint-Cyran ya tenía discípulos, en particular los Arnauld: la madre Angélique, reformadora de Port-Royal y su hermano Antoine (1612-1694) -el Grand Arnauld-, que se convertirá en el jefe del partido jansenista.

La publicación del Augustinus vino a relanzar la batalla. Los jesuítas obtuvieron la condena de la obra por la Inquisición (1641) y luego por la bula In Eminenti (1642, Urbano VIII), mientras Arnauld llevaba sus ataques a terrenos anexos: De la fréquente communion, (1643), y contra el laxismo de los casuístas. En 1653, la bula Cum ocasione (Inocencio X) condenó cinco proposiciones atribuídas a Jansenius; Arnauld reconoció las proposiciones como heréticas (cuestión de derecho), pero negó que figurasen, con ese sentido, en Jansenius (cuestión de hecho). La bula Ad sacram de Alejandro VII (1656) se pronunció contra él, lo cual parecía decidir definitivamente la condena romana, que el contraataque de Pascal con sus Provinciales (1656/57), no pudo impedir.

Y resulta digno de encomio constatar como aquella gran inteligencia que era el Grand Arnauld tuvo aún tiempo y ocasión para posar sus cuidados en la lógica y filosofía del lenguaje, y en la exaltante aventura que constituía entonces el estudio y fijación de la lengua francesa, en esta época clásica que se abría y que pronto va a inspirar el monarca de Versalles: Grammaire générale et raisonnée, llamada también “Grammaire de Port-Royal”, escrita en colaboración con otro religioso de Port-Royal, el gramático Lancelot, y que data de 1660.

Reclutados sobre todo –aunque no exclusivamente-, en los sectores de la burguesía parlamentaria, y en cuyo seno cohabitaban diversas sensibilidades y acomodamientos (llegando, incluso al retiro del mundo y al rechazo de cualquier compromiso con el poder), los jansenistas formaban un partido hostil a diversos aspectos del entorno político-social de su tiempo, como eran: el absolutismo y la centralización como forma de gobernar, que socavaba la preeminencia de aquellos magistrados; las pretensiones de la clase aristocrática (sus competidores directos en el dominio social); y la estrecha alianza entre poder político e Iglesia Católica (corriente que, soterradamente, llegará hasta el s. XIX con los Lamennais, Lacordaire, Montalembert…). De ese medio social procedían Antoine Le Maître, pariente de los Arnauld, Antoine Arnauld, Blaise Pascal, Pierre Nicole…

Louis XIV emprendió, pues, el proyecto de someterlos haciéndoles firmar un formulario en el que reconocían todas las condenas que habían recaído sobre el movimiento (1661). En 1664 fueron tomadas medidas vejatorias contra las religiosas de Port-Royal, que se venían negando a firmar aquel formulario y continuarán en su actitud incluso después de la bula Regiminis Apostolici (1665, Alejandro VII).

El problema se hallaba en un callejón sin salida, y las necesidades políticas llevaron al rey a buscar un compromiso: fue la “paz clementina” (1669, Clemente IX). Pero llegó el caso de la Regalía (affaire de la Régale, 1673-1693), y los jansenistas se situaron del lado de la Santa Sede contra el rey de Francia y la Iglesia galicana, por lo que las persecuciones contra Port-Royal vinieron a reanudarse en 1679. Arnauld decidió, finalmente, tomar el camino del exilio: fue primero Flandes y luego los Países Bajos. Nicole (1625-1695), exiliado también, regresará en 1683 y abandonará el jansenismo.

Las controversias continuaron y, en 1705, la bula Vineam domini condenó el “silencio respetuoso” que utilizaban los jansenistas en relación con los textos que les habían condenado. Las últimas religiosas de Port-Royal se negaron a obedecer y a inclinarse ante los hechos, lo cual acarreó su expulsión en 1709 y la destrucción de la abadía dos años después.

Con la muerte de Arnauld en Bruselas, en 1694, la jefatura pasó a Pasquier Quesnel (1634-1719). Y el nuevo organizador del partido jansenista conocerá prisión en Malinas en 1703, de donde conseguirá evadirse para pasar a Lieja y luego a Utrecht; la condena de sus Réflexions morales sur le Nouveau Testament, -obra publicada en 1699-, por la bula de Clemente XI Unigenitus Dei Filius (sept. de 1713) vino a dividir ahora al clero francés en acceptants y appelants (partidarios de apelar a un concilio general, considerado como superior al papa), hasta el punto de que, para controlar la situación, la bula Unigenitus fue erigida en ley del Estado (1730).

Un último rebrote imprevisto tendrá lugar con los llamados “convulsionarios” del cementerio Saint-Médard, donde ciertas “curas milagrosas” venían teniendo lugar sobre la tumba del diácono appelant François de Pâris, primogénito de un consejero del Parlamento, y fallecido en 1727 después de una corta y edificante vida. Hasta que el gobierno del cardenal de Fleury hubo de cerrar el cementerio en 1732.

El jansenismo continuó a lo largo del s. XVIII, ya sin verdadero norte religioso y con un carácter marcadamente político, convertido ahora en galicano y parlamentario y extendido por gran parte del tejido de la burguesía francesa; su contribución a la supresión de la Compañía de Jesus –¡sus viejos enemigos!- no fue tampoco desdeñable. En sus grandes líneas, sus seguidores aceptarán, llegada la Revolución, la Constitución Civil del Clero, aun oponiéndose al espíritu irreligioso de los revolucionarios.

Una pequeña iglesia jansenista, fundada en Utrecht en 1724, ha venido persistiendo en los Países Bajos.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BÉNICHOU, Paul: Morales du Grand Siècle; París, Gallimard, 1948 y posteriores ediciones.
COGNET, Louis: Le Jansénisme; 6ª ed. Presses Universitaires de France, 1991.
DELUMEAU, Jean: Le Catholicisme entre Luther et Voltaire; 4ª ed. actualizada, PUF, 1992.
DIEUDONNÉ, Philippe: La paix clémentine; défaite et victoire du premier jansénisme français sous le pontificat de Clément IX (1667-1669);Leuven University Press, 2003.
GOLDMANN, Lucien: Le Dieu caché: étude sur la vision tragique dans les “Pensées” de Pascal et dans le théâtre de Racine; Gallimard, 1959.
KOLAKOWSKI, Leszec: God owes us nothing; versión española: “Dios no nos debe nada” (breve comentario sobre la religión de Pascal y el espíritu del jansenismo); Barcelona, Herder, 1994.
PASCAL, Blaise: Cartas provinciales; versiones españolas: Barcelona, 1999; y Madrid, La crítica literaria,  D.L., 2011.
PIC, Emmanuel: Les filles de Dieu; aux origines de Port-Royal; París, Descleé de Brouwer, 2015.

Deja un comentario