Luis XIII – (1601-1643)

Luis XIII, nacido en Fontainebleau en 1601, sólo tenía nueve años cuando su padre Enrique IV caía asesinado aquel 14 de mayo de 1610; y María de Médicis, con 37 años entonces y madre de otros cuatro hijos, asumió la Regencia. Pero la florentina, no sobrada de luces y capacidad política, se convirtió pronto en juguete de su entorno, y en particular de aquellos compatriotas italianos que la habían seguido a Francia con ocasión de su matrimonio, diez años antes: la poco agraciada Leonora Galigai, dotada de la inteligencia de la que su señora carecía y sobre la que ejercía ya poderosa influencia, y su marido el aventurero florentino Concini (1569-1617).


Mientras los antiguos ministros de Enrique IV, como Sully, iban dejando el gobierno o siendo apartados, Concini, con el título ahora de maréchal d’Ancre, empezaba a acumular cargos y honores y parecía el jefe de un gobierno ávido y despótico.
Tal situación no podía dejar de suscitar gran tensión y nuevas perturbaciones políticas; y María de Médicis hubo de enfrentarse enseguida a las reclamaciones de los Grandes que, con el debilitamiento de la corona, pretendían compartir el poder y sus beneficios; también a las agitaciones de los protestantes, a quienes las disposiciones de la Regencia hacia ellos inquietaban ya.

La convocatoria en París de los Estados Generales en 1614, con la fuerte oposición de la nobleza, no aportó ningún resultado concreto, y esta será la última vez que se convoque aquella asamblea, antes de 1789.

En 1615 llegaba a Francia Ana de Austria (Anne d’Autriche en su nuevo país), hija de Felipe III de España, para ser casada con el regio adolescente; era de su misma edad y sobrevivirá a su marido hasta 1662, después de una ejecutoria digna de comentario.
Y no cesaba la agitación de la alta nobleza -en cuyas filas destacaba el 3er. príncipe de Condé -padre del que conoceremos por Grand Condé-; con ellos hubo de firmar la Regente el tratado de Loudun de 1616.

Pero Luis, siempre de frágil salud y de carácter desconfiado, sombrío y taciturno, venía sufriendo el desdén y la humillante situación en la que se le tenía confinado (personalidad reforzada por el convencimiento de que su madre prefería a su hermano Gastón). Incitado por su confidente Charles d’Albert de Luynes, el joven rey acabó haciendo saber que había decidido asumir enteramente el poder en adelante.

El 24 de abril de 1617, Concini era mortalmente apuñalado en el patio del Louvre, por el capitán de la guardia Vitry y algunos conjurados; su mujer fue detenida también, acusada de hechicería y decapitada en julio de ese mismo año en place de Grève. No es necesario precisar que buena parte de los bienes de los favoritos ahora desaparecidos pasaron legalmente a la tranquila posesión de Luynes.

Había sido una revolución de palacio aquella por la que Luis XIII había recuperado su legítima autoridad; pero, con dieciséis años, el rey carecía de la experiencia y la audacia necesarias para gobernar solo. Llamó en un primer momento a los viejos consejeros de su padre, a los que llamaban barbons, pero también él dejará hacer a su favorito, que no conseguirá mejores resultados que su predecesor.

Ultrajada, la reina madre había dejado el Louvre para instalarse en Blois, a partir de donde empezará a complotar contra el gobierno de su hijo, en intensa correspondencia con España e Italia. Confinada en aquel château por orden de Luynes, no iba a tardar en evadirse hacia Angulema y a levantar un ejército, encabezando ahora la rebelión de los Grandes. Porque la nobleza continuaba agitándose, y con ella hubo de negociar la corona (tratados de Angulema de abril 1619, y de Angers de agosto de 1620 que parecían traer la reconciliación entre María y su hijo Luis).

No fue así, la reina madre se alzó de nuevo poco después, contando con muchos señores descontentos de Luynes, pero no con el príncipe de Condé que se había pasado al rey; y la Médicis fue definitivamente derrotada en Les Ponts-de-Cé, a orillas del Loira, en 1620.

También los protestantes del Mediodía retomaron las armas; y contra ellos tuvo Luynes que luchar en Bearn en 1620. Fue en el transcurso de una de estas campaña, cuando el favorito vino a morir en 1621 ante Montauban.

Luis XIII pareció quedar desamparado, y a aquella muerte siguió un período confuso de varios años, entre vacilaciones del joven monarca, durante el cual empezó a emerger la sólida figura del obispo de Luçon Richelieu, que se había movido, hasta entonces, en el entorno de la regente y que había pretendido reconciliar madre e hijo. Luis XIII acabó confiandole el poder.

La temperamental María de Médicis terminará exiliándose a Bruselas primero, a Londres luego y, finalmente a Colonia donde morirá en 1642.
Y su papel en aquel intento de reconciliación le había valido a Richelieu en 1622 el capelo de cardenal.

En adelante, la historia del reinado de Luis XIII va a confundirse con la acción de gobierno de su primer ministro, al que sostendrá, hasta la muerte de este, en todas las circunstancias políticas que el cardenal habrá de afrontar, y en las diversas cábalas y conspiraciones incitadas por su madre, su hermano Gastón, o su esposa en favor de la política española.

Porque aquellas persistentes perturbaciones venían siendo alentadas por la ausencia de heredero, hasta que en 1638 vino al mundo el tardío delfin (le dauphin), después de muchos años de matrimonio escasamente feliz, y Felipe de Orleáns en 1640.

Luis XIII hubo de decidir su política exterior entre las dos opciones que se le ofrecían: la vía fácil y pacifista de acercarse a España y correr el riesgo de ser anulada, o la áspera de enfrentarse a la campeona del catolicismo en Europa, en aras de una cierta idea de la grandeza de Francia, pero en contradicción con el sentir religioso de la mayoría de la población y la política represiva contra los reformados en el interior.

Ni fue el hijo de Enrique IV -siempre celoso de su autoridad-, el rey marioneta que cierta tradición ha pretendido, porque ninguna gran decisión tomada por su primer ministro pudo llevarse a cabo sin su activo consentimiento, y el cardenal tuvo el buen sentido de comprender su personalidad, y ambos lo entendieron siempre así en su fructuosa colaboración.

Un año después de la desaparición del cardenal en 1642, Luis XIII iba morir en Saint Germain-en-Laye el 14 de mayo de 1643, dejando para sucederle a un niño de cinco años, el pequeño Luis XIV. Y el 19 iba a darse en Rocroi, allá en la frontera NE, la importante victoria de las armas francesas sobre los españoles, que Luis XIII no conoció
Su esposa Ana de Austria será regente del Reino hasta 1661, y el incesante revoltoso que siempre había sido Gastón de Orleáns (1608-1660) fue nombrado Teniente General del Reino.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO
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