Gaulle, Charles De – (1890-1970)

Aquel que iba a erigirse como una de las personalidades de más relieve en la Francia del siglo XX, nació en Lille el 22 de noviembre de 1890, siendo el tercero de los que serán cinco hermanos (cuatro varones y una mujer), y en el seno de una familia de vieja tradición monárquica. Influenciado por su padre, el parisiense Henri De Gaulle –funcionario y luego sólido y eficiente profesor en la enseñanza privada-, pronto se sintió atraído por la lectura de escritores como Barrès, Péguy y filósofos como Bergson y el espiritualista Boutroux.

Decidió orientarse hacia la carrera militar y, a su salida de Saint-Cyr a los veintidós años, el teniente De Gaulle fue destinado al 33º regimiento de infantería en Arras, que mandaba el coronel Pétain, el cual tuvo ocasión de apreciarle ya entonces, a pesar de las diferencias ideológicas entre ambos: de tradición católica, liberal y culta el joven oficial, y agnóstico y un punto anticlerical el curtido militar.

Ya capitán, herido y prisionero en Douaumont en 1916, después de varios intentos de evasión, se vió internado en el campo para oficiales de Ingolstadt. Y aquí va a comenzar la redacción de su obra La Discorde chez l’ennemi, que verá la luz en 1924.

Liberado ya y frustrado por la inacción de su internamiento anterior, Charles De Gaulle quiso participar en el marco de una misión al lado de los generales Henrys y Weygand, en la guerra que el polaco Józef Pilsudski libraba contra la Rusia Soviética en 1920.

Y fue a su regreso cuando conoció a la que iba a ser su esposa, Yvonne Charlotte Anne Marie Vendroux, joven de buena familia de industriales y notarios de Calais, de veinte años entonces, con la que se casará en abril de 1921; y el 28 de diciembre siguiente nacía su hijo primogénito Philippe que será oficial de marina y entrará un día en la política.

Muy interesado por los temas de estrategia, De Gaulle enseñó la historia militar en Saint-Cyr y fue nombrado oficial de estado mayor del ejército del Rin, llegando a formar parte del entorno de Pétain, el vencedor de Verdun (por entonces vicepresidente del Consejo Superior de la Guerra).

Su hija Élisabeth habia nacido en noviembre de 1924, y en 1927 fue nombrado, con el grado de comandante, para ponerse al frente de un batallón de cazadores a pie en Trèves (Alemania), donde, el 1 de enero del año siguiente nacerá su hija Anne, desgraciadamente afectada de síndrome de Down y por la que, durante su corta vida, sentirá su padre una infinita ternura; y fue luego miembro del E.M. francés en Beirut, adonde se trasladó con su familia en 1929 y donde permanecerá hasta 1931.

Charles De Gaulle era un apasionado de la escritura, y se daba a conocer por estos años con algunos buenos trabajos de historia política y de estrategia militar, como La Discorde chez l’ennemi, 1924 ya mencionado, o Le Fil de l’épée, Plon 1932, refundición de sus conferencia en la Escuela de Guerra. En Vers l’armée de métier (1934), preconizaba un ejército motorizado y blindado que la aviación apoyaría, y servido por militares profesionales, lo que venía defendiendo en Francia algún alto oficial, y en Alemania los generales Hans von Seeckt (1866-1936) y, sobre todo, Heins Guderian (1888-1954); pero tales ideas chocaban con la incomprensión de los dirigentes militares de la época como Pétain, y de organizaciones y notorios políticos como la SFIO y Léon Blum, (que no querían oir hablar de un ejército de profesionales y que, como toda la izquierda, seguían anclados en los intocables postulados de 1792, en cuanto a conscripción y “ejército nacional”), pero contaron enseguida con el apoyo del ministro Paul Reynaud, figura de notable influencia entonces en la vida política nacional, pronto presidente del Consejo. Su ensayo histórico del ejército francés La France et son armée, de 1938, vendrá a sancionar su definitivo distanciamiento de Pétain.

Cuando estalla lo que acabará siendo la Segunda guerra mundial, De Gaulle Oficial era ya bien conocido. En mayo de 1940, fue nombrado jefe de la 4ª división acorazada, cuando hubo comenzado la ofensiva alemana, y, entre los días 17 y 30 de este mes, protagonizaba una contraofensiva (Montcornet cerca de Laon, Abbeville); días después era ascendido a general de brigada, a título temporal.

Paul Reynaud, que ha accedido a la presidencia del Consejo en marzo anterior y ha asumido la cartera de Defensa, nombra a Pétain vicepresidente y sustituye a Gamelin por Weygand a la cabeza del ejército el 19 de mayo, cuando ya los Países Bajos han capitulado, precediendo a lo que Bélgica hará el 28; y el cuerpo expedicionario británico comienza su repatriación a partir del 27 de mayo. Y el 6 de junio de este 1940, llama a De Gaulle como subsecretario de Defensa, puesto desde donde este va a mostrarse inmediatamente firme defensor de la prosecución de la guerra, aun debiendo replegarse el gobierno, en caso necesario, hacia el Imperio francés.

Pero Weygand, Pétain y todos aquellos partidarios del armisticio y la paz con el enemigo, no lo entendían así; Reynaud –ya su gobierno retirado a Burdeos-, hubo de dimitir el 16 de junio, al verse en minoría parlamentaria; y el que será último presidente de la IIIª República, Albert Lebrun, llamó al mariscal Pétain para formar gobierno.

Francia había sido derrotada, y su ejército, hundido, acababa de mostrar su cruel carencia en blindados, según el certero análisis que De Gaulle venía haciendo.

El “socialista independiente” Pierre Laval, que había accedido a la presidencia del Consejo por segunda vez en 1935-1936 (ilustrando, en política exterior, un pacto de asistencia mutua con la URSS que, ni había dado satisfacción a los soviéticos, ni había evitado la guerra al Oeste), se había visto obligado a dimitir en enero de 1936, en vísperas de la llegada del frente popular en junio siguiente; y ahora volvía al poder, como ministro de Estado de Pétain, para comprometer a su país en la política colaboracionista con la Alemania nazi.

Pétain formó su gabinete en Burdeos y, la misma noche del 16 al 17 de junio pedía un armisticio, que será firmado el 22 y que creaba en Francia una zona “libre” y otra ocupada.
Ante la situación creada y en radical desacuerdo con el curso de los inmediatos acontecimientos, De Gaulle partía en avión para Londres, para entrar así directamente en la política activa, a sus cincuenta años. Y, enfrentándose a su gobierno, lanzaba desde allí su famosa llamada (Appel du 18 juin), invitando a todos los franceses, “allá donde se encuentren”,  a rechazar la situación en la que “los jefes que, desde hace muchos años, están al frente de los ejércitos de Francia” habían sumido al país, y a reunirse con él “en la acción, el sacrificio y la esperanza”, para continuar la lucha contra las fuerzas del Eje, al lado de Gran Bretaña: ¿Estaba dicha la última palabra? ¿Había de desaparecer la esperanza? ¿Era definitiva la derrota? ¡No! Y concluía: “La flamme de la résistance française ne doit pas s’éteindre et ne s’éteindra pas!” Y en cierto cartel aparecido en los muros de Londres en francés: “Nuestra patria está en peligro de muerte, luchemos todos para salvarla. General De Gaulle”.

Mientras Pétain se instalaba en Vichy con su État Français, De Gaulle había recibido en Inglaterra una minoritaria respuesta a su llamada; pero el tenaz general no cejaba en su empeñó, considerando que él personificaba la legitimidad de la Francia libre en esos dramáticos momentos de la Historia, y organizaba las Forces Françaises Libres (FFL), para continuar la guerra al lado de los Aliados, que combatirán luego en Libia y Siria y estarán presentes en los desembarcos de Normandía y Provenza (junio y agosto de 1944). Fracasó inicialmente en la expedición de Dakar (finales de septiembre de 1940), pero conseguirá atraer para la Francia libre los territorios de Chad, África Ecuatorial Francesa, Madagascar y La Reunión, y constituir el Consejo de Defensa del Imperio, desde la temprana fecha de octubre de 1940, al tiempo que buscaba dirigir y coordinar la acción de la resistencia francesa del interior (FFI).

En la Francia metropolitana, Pétain acababa de entrevistarse con Hitler en Montoire, en este octubre de 1940; y, en diciembre, tratará de sustituir a Laval por el almirante Darlan; pero, en abril de 1942, deberá reponerle, con amplios poderes esta vez, bajo la presión de los alemanes.

Entretanto, los esfuerzos de De Gaulle acabaron desembocando, en la primavera de 1943, en la creación del Conseil National de la Résistence (CNR), a instigación de Jean Moulin que había conocido al general en Londres y que, pocas semanas después, iba a caer en la red de la Gestapo.

Pero, aunque sostenido por Estalin a partir de 1942 (después del ataque alemán a Rusia de junio de 1941), De Gaulle tuvo que contar, desde el principio, con la suspicacia del presidente Roosevelt y las reservas del premier británico Winston Churchill, que no olvidaban la atipicidad de la representación que aquel francés se arrogaba. Y fue mantenido al margen del desembarco aliado en África del norte de noviembre de 1942, donde los angloamericanos reconocían la autoridad del general Henri Giraud (prisionero de los alemanes, evadido en abril de 1942 y poco amigo de De Gaulle).

Los acontecimientos se trasladaban ahora a otro escenario, y el autor del Appel pasó de Londres a Argel en mayo de 1943. Después de la conferencia de Casablanca entre Roosevelt y Churchill, un encuentro entre Giraud y De Gaulle conseguía en junio siguiente la creación del Comité francés de liberación nacional (CFLN), copresidido por ambos, hasta la práctica evicción del primero en favor del segundo, meses después, para desagrado de Roosevelt.

Ya desde esta época -a pesar de ciertas afirmaciones contenidas en su Vers l’armée de métier, diez años antes-, De Gaulle definía la nueva orientación a dar a la política colonial, preconizando el desarrollo autónomo y la integración de las poblaciones de los territorios franceses de ultramar en el marco, eso sí, de la Union française, ya no “Imperio colonial” (conferencia de Brazzaville del  30 de enero de 1944); vendrán posteriormente sus discursos, también en Brazzaville, de 1946 y 1958, anunciadores de la independencia africana.

Después del desembarco aliado de Normandía (ya el gobierno de Vichy en Belfort y después en Sigmaringen), aquel militar de alta silueta, aspecto sólido y mirada dura, que muchos franceses veían por primera vez,  pero que había alzado su voz imperiosa y patriótica desde Londres cuatro años antes, llegaba a Bayeux y luego a un París liberado y delirante -tras la 2ª división blindada del general Leclerc-, el 26 de agosto de 1944. Y se impuso enseguida como jefe político, restableciendo la autoridad del poder central con un gouvernement provisoire, que sustituía al CFLN, ordenando disolver las milicias de obediencia comunista y reconstituyendo el ejército francés, a fin de seguir participando en los combates de liberación al lado de los anglo-americanos, y procediendo, finalmente, a la severa depuración de los partidarios de la colaboración con los nazis: hubo “justicia del pueblo”, linchamientos, tribunales de excepción y asesinatos sin más, por todas partes

En el mundo de posguerra que empezaba a dibujarse, con la amenaza real del comunismo al este, De Gaulle quiso distanciarse, en materia económica y social, de soluciones puramente liberales, en beneficio del dirigismo estatal y la planificación, sin excluir, por ello “la iniciativa de los hombres y el justo beneficio” (discurso de Lille del 1 de octubre de  1944).

Elegido unánimemente, en noviembre de 1945, por la primera Asamblea nacional constituyente como Presidente del gobierno provisional de la República, pronto entrará en conflicto con ella; porque él temía el regreso a las instituciones y a las prácticas de la III República, y a sus consecuencias sobre la vida nacional: fragmentación de los partidos, parlamentarismo, inestabilidad ministerial. Y, el 20 de enero de 1946, presentaba su dimisión para retirarse a su propiedad familiar de la Boisserie en Colombey-les-Deux-Églises (Champaña).

Ya la nueva Organización de las Naciones Unidas (ONU) comenzaba a ponerse en marcha en este 1946, después de aquella Carta de San Francisco de junio del  año anterior, y, aun nación vencida, la constancia y obstinación del general había conseguido para Francia un puesto permanente en el Consejo de Seguridad, al lado de los vencedores.

Concluído el período transitorio, la IV República comenzaba su verdadera andadura en enero de 1947 con la elección del socialista Vincent Oriol como primer presidente y el también socialista Ramadier de presidente del Consejo.

Aun apartado ahora de la vida política oficial, y entre diversos viajes que emprenderá  por la Unión francesa, De Gaulle multiplicaba sus declaraciones contra las nuevas instituciones, adelantando (Bayeux, junio de 1946), lo que, a su entender, debería ser una constitución para Francia, con un ejecutivo fuerte, y creando el Rassemblement du peuple français (RPF) en 1947, con André Malraux de portavoz, para concurrir a las elecciones.

La orientación general del régimen, en adelante, apartados ya los comunistas del poder directo (lo que dará lugar a numerosas huelgas entre 1947 y 1948), será de gobiernos fluctuando entre cristiano-democrata (MRP), radicales y socialistas, con el RPF de un lado y la presión del PCF del otro.

Y, el 6 de febrero de este 1948, para gran dolor de sus padres, moría Anne, que fue enterrada en Colombey-les-Deux-Églises.

En la escena internacional la tensión crecía, la OTAN se creaba en 1949 y Alemania recibía autorización para rearmarse, mientras Francia comenzaba a encontrar (entre muchas dificultades derivadas de la crisis financiera, la guerra de Indochina y las sucesivas crisis ministeriales), el camino de la recuperación económica y financiera, con Jean Monnet (1947-1952), Antoine Pinay (1952), y el programa de reconstrucción europea conocido por plan Marshall, con la oposición de los comunistas.

Aquella experiencia del RPF no fue más allá de 1955 y De Gaulle parecía haberse retirado de la vida pública. Entre 1954 y 1959, va a redactar y publicar su libro de combate Mémoires de guerre, en tres partes (L’Appel (1940-1942), L’Unité (1942-1944), Le Salut (1944-1946)), obra documentada y de notable valor patriótico y literario: “Toute ma vie me je suis fait une certaine idée de la France” –dice al principio-.

Ello, mientras Francia salía de Indochina (derrota de Dien-Bien-Phu, en mayo de 1954) y concedía la autonomía a Túnez (julio de 1954), antes de reconocer su independencia en mayo de 1956, tras la de Marruecos en enero anterior. Y el gobierno del socialista Guy Mollet (1956-1957), sufría un grave fracaso en la expedición franco-británica e israelí, de Suez del otoño de 1956.

La ausencia de una verdadera mayoría de gobierno entre 1956 y 1958 iba minando las posibilidades de supervivencia del régimen, y su descomposición se aceleraba, aun cuando en marzo de 1957 se había firmado el prometedor Tratado de Roma que creaba la CEE, a partir de una conciencia generalizada entre los franceses de la necesaria reconciliación con los vecinos del Este, sus enemigos de ayer.

Porque, mientras se iba concediendo una relativa autonomía al África Negra, el avispero argelino se había ido envenenando, con una creciente tensión en el ejército y en los medios políticos (principios de 1958); y una campaña a favor del regreso del general, se vino a desarrollar entre abril y mayo, con el apoyo de los partidarios de la Argelia francesa. Poco después de la sedición político-militar del 13 de mayo de este 1958 en Argel, De Gaulle fue llamado por el presidente de la República René Coty para “redresser la situation”, e investido como jefe del gobierno el 1 de junio. Para De Gaulle, no era cuestión de “restablecer”, sino de “rectificar”.

Formado ya gobierno con alguna de las personalidades que le habían llamado (entre ellas Debré, o Guy Mollet, que no durará), la primera tarea a la que se consagró iba a ser la reforma de las instituciones. Aprobada por referéndum de 28 de septiembre de 1958, la nueva constitución iba a instaurar en Francia un régimen de tipo presidencial, marcado por un notable reforzamiento del poder personal del jefe del Estado, que sería elegido para un mandato de siete años, no responsable ante el parlamento y apoyado por relaciones más directas con el pueblo, a través de un frecuente recurso al referéndum. Pero, donde los partidarios de estas reformas veían una llamada a la soberana voluntad popular, parte de la izquierda quiso ver un sistema plebiscitario donde la autoridad del ejecutivo vendría a limitar estrechamente los mecanismos del parlamentarismo democrático.

La Union pour la Nouvelle République (UNR), que había venido a sustituir al RPF, salió vencedora en las elecciones legislativas de noviembre siguiente, y Charles De Gaulle fue elegido en diciembre presidente de la nueva Vª República, a cuya redacción había contribuido notablemente Michel Debré, entrando en funciones en enero de 1959, con este último como Primer Ministro (1959-1962).

De Gaulle fijó entonces las grandes líneas de lo que sería su política en el plano interior: recuperación económica y creación de un nuevo franco; en cuanto a las colonias: nuevo tipo de asociación con los territorios de Ultramar en el marco de la Unión francesa y pacificación de Argelia; y en política exterior: devolverle a Francia su lugar y su prestigio en el mundo.

El difícil arreglo del contencioso argelino iba a marcar los inicios del régimen gaullista, porque, después de haber significado su apoyo a los franceses de Argelia (el 4 de junio de 1958, había exclamado en Argel: Je vous ai compris!, y en Mostaganem el 7: Vive l’Algérie française!), De Gaulle cambió aquella política, para acabar desembocando, a través de represión, terrorismo, tentativa de golpe y asesinatos políticos, con algo de diplomacia soterrada, en los acuerdos de Evian de 18 de marzo de 1962 y el alto el fuego, lo que llevó a la inmediata independencia de Argelia y a la salida precipitada y dramática de los colonos franceses (pieds-noirs) y de aquellos argelinos que habían luchado del lado francés (harkis), que empezaban a ser perseguidos y liquidados físicamente, y llamados ahora en su tierra “colaboracionistas” (¡que así es la vida!). Michel Debré, gran partidario de la Argelia francesa, salió del gobierno y fue sustituido en abril por Pompidou, un ex-profesor de letras metido luego a banquero.

El proceso no se había desarrollado sin graves tensiones en la escena nacional. Poco después, el general-Presidente salía vivo de un atentado (Petit Clamart, 22 de agosto de 1962).

El primer presidente de la Vª República había sido elegido por un amplio colegio electoral; a modo de desafío contra sus enemigos y por adaptarse a los tiempos, De Gaulle hizo  introducir una enmienda constitucional (referéndum de 28 de octubre de 1962) por la que, en adelante, el jefe del Estado habría de elegirse por sufragio universal, lo que venía a reforzar aún más su peso institucional.

Solucionado así el problema argelino, De Gaulle trató de practicar, con el gobierno de Georges Pompidou (1962-1968), una política exterior que expresara la independencia de Francia, preconizando el acercamiento entre el Oeste y el bloque del Este, y la reconciliación con Alemania (tratado de cooperación franco-alemán de 1963), retirando al ejército francés de los organismos integrados de la OTAN en 1966 (aun manteniendo a Francia como miembro de la Alianza) y, finalmente, prosiguiendo la creación de una fuerza nuclear propia, force de frappe, llamada de disuasión; llevados el régimen y el país entero por el relativo optimismo de la prosperidad y el baby-boum de estos años.

Favorable a una Europa unida en lo económico, aunque formada de Estados soberanos, De Gaulle se mostró enseguida hostil a la entrada de Gran Bretaña en el Mercado Común y, en una política muy personalista (era su domaine réservé), tomó posición en todos los grandes problemas internacionales de entonces: Vietnam, China, Biafra, Oriente Próximo; en 1967 condenaba a Israel en la guerra de los Seis Días, y en julio de ese mismo año gritaba Vive le Québec libre! en el Canadá francófono.

Política de prestigio y de desarrollo industrial y técnico del país, que no iba sin dificultades sociales, económicas y financieras: la inflación de 1962 vino después de la relativa estabilidad consecutiva a la devaluación de finales de 1958 y a la creación del nouveau franc (NF) a partir del 1 de enero de 1960. Y así, el régimen gaullista acabó enfrentándose a una oposición política y sindical que se expresó una primera vez con ocasión de la elección presidencial por sufragio universal, cuando el general fue puesto en ballottage por el candidato de la izquierda François Mitterrand (1965), antes de ser, finalmente, reelegido en la segunda vuelta. En las elecciones legislativas de 1967, a las que había concurrido bajo el nombre de Union des Démocrates pour la Ve République (UD-Ve),  la mayoría gaullista perdió muchos votos en beneficio de la izquierda, y a punto estuvo de perder la mayoría.

El malestar económico, social y cultural vino a estallar brutalmente en mayo de 1968, con barricadas y violentos alborotos estudiantiles, relevados enseguida por huelgas generalizadas en el mundo del trabajo (diez años después de su popular regreso al poder), y De Gaulle sólo consiguió detener la crisis con los accords de Grenelle (que el gabinete Pompidou firmaba, a finales de mayo, con las principales centrales sindicales), y el aplastante resultado obtenido en las elecciones legislativas de junio –tras la disolución de la Asamblea-, a las que se presentó con el nombre, esta vez, de Union pour la Défense de la République (UDR), tras una campaña en la que había invocado el peligro del caos y del comunismo totalitario.

Pompidou fue sustituído en julio de 1968 por Couve de Murville; pero ya el sólido régimen personalista comenzaba a vacilar. Después de la derrota sufrida con ocasión del referéndum sobre el doble proyecto de “regionalización” y de reforma del Senado (abril de 1969), rechazado por 52,5% de noes, Charles De Gaulle, el hombre que había elevado su voz potente y clara, y representado a Francia en los días negros de la derrota, dimitía (no sin cierta altivez), y abandonaba el poder definitivamente aquel 27 de abril.

Así concluía la carrera política de una figura singular e imprevisible siempre, que venía a inscribirse en la lista de grandes hombres de la historia de Francia, persuadido él de haber sido investido de una misión excepcional (“C’était à moi d’assumer la France”) y que, durante treinta años había dominado la vida política francesa. Su obra escrita, donde expone y justifica su acción, revela notables cualidades de escritor, de las que dan prueba, en particular, Mémoires de guerre y Mémoires d’Espoir (Le Renouveau, 1970; L’Effort, 1971).

Charles De Gaulle, Grand Maître de l’Ordre de la Libération, Grand Maître de l’Ordre de la Légion d’Honneur, moría en su salón de Colombey-les-Deux Églises, el lunes 9 de noviembre de 1970, sobre las ocho de la tarde, víctima de un repentino aneurisma abdominal, cuando iba a cumplir ochenta años, y año y medio después de haber dimitido de la presidencia de la República. Y allí fue enterrado en la tarde del 12, al lado de su hija Anne, con la sola presencia de su familia, de algunos íntimos, de los Compagnons de la Libération y de sus vecinos colombinos. Su testamento prescribía la no celebración en su honor de funerales nacionales, pero, en la mañana de ese mismo día, una solemne ceremonia en Notre-Dame de París vino a reunir a decenas de jefes de Estado -con los presidentes de EE.UU. y de la Rusia soviética-, y seis mil fieles que abarrotaban la catedral.

En Colombey existe hoy un museo y un memorial. Su esposa Yvonne morirá diez años después, y allí será enterrada también ella.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

Además del resto de su obra:

GAULLE, Charles De — : Mémoires de Guerre. L’Appel (1940-1942), 1954;  L’Unité, (1942-1944), 1956;  Le Salut (1944-1946), 1959; publicadas en su momento por Plon, y con nuevas reediciones hasta los tiempos actuales.
ANDRIEU Claire, BRAUD Philippe, PIKETTY Guillaume: Dictionnaire De Gaulle, bajo la dirección de; R. Laffont, 2006.
CAZENAVE, Michel y GERMAIN-THOMAS, Olivier, obra colectiva dirigida por –: Charles De Gaulle;  L’Herne-Fayard; París, 2000.
CLERC, Christine: Les De Gaulle, una famille française; France Loisirs, 2001.
GALLO, Max:  De Gaulle 1, L’Appel du destin; y 2, La Solitude du combattant;  France Loisirs, 1999.
LACOUTURE: De Gaulle, Seuil, 1965; France Loisirs, 1986; nueva edición: Seuil, 2010.
NOIL, Léon: Charles De Gaulle et Chateaubriand: rapprochement; “La Revue des Deux Mondes”, abril 1971, pp. 120-135.

Y dos obras en español, entre otras:

BALLESTER, José María: Una biografía completa de Charles De Gaulle (algo envejecida, pero útil en sus grandes rasgos); Ibérico Europea de Ediciones, 1968.
PÉREZ LÓPEZ, Pablo: Charles De Gaulle: una idea de Francia; Boadilla, Madrid, 2003.

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