Mazarino – (1602-1661)

          Mazarino – (1602-1661) – Giulio Mazarini, llamado en francés Jules Mazarin, nacía en Pescina (reino de Nápoles entonces) el 14 de julio de 1602. Al servicio su padre de los Colonna, que protegieron sus inicios, siguió brillantes estudios con los jesuítas de Roma y creció con los hijos de aquella familia, al servicio de la cual pasó a la España de Felipe III hacia 1619/21. Apretado por alguna urgencia pecuniaria y ciertos problemas que su padre hubo de afrontar, Giulio deja definitivamente el mundo de la diletancia juvenil -habiendo ya terminado sus estudios de derecho civil y canónico-, e ingresa en el ejército pontifical de Urbano VIII (un Barberini), y de alli, luego, a la diplomacia.

Será una misión a Francia la que le permitirá conocer personalmente a Richelieu en 1630, antes de pasar, poco después, a su servicio; así contribuirá a asegurarle a Luis XIII la posesión de la piamontesa Pinerolo en 1631.

Vicelegado en Aviñón en 1634, Mazarini es nombrado nuncio en París en 1635/36, al término de cuya representación, vuelve a la Ciudad Eterna y, ya de regreso en Francia -después de alguna misión que le fue encomendada-, se hace definitivamente merecedor del aprecio de Richelieu, que hará de él uno de sus principales colaboradores.

          Ya para entonces, allá en Roma, su padre y sus hermanas venían recibiendo frutos contantes y sonantes de los éxitos de su hijo y hermano en la corte de Francia.

Pero Mazarini desesperaba, en su ambición, por obtener la púrpura cardenalicia y, a pesar del gran favor en que Richelieu le tenía, resuelve volver a Roma para ponerse al servicio de Antonio Barberini, sobrino del papa y cardenal él mismo desde 1627.

El padre Joseph, éminence grise de Richelieu, viene a morir en diciembre de 1638, y llamado por Richelieu, Mazarini regresa en abril siguiente, se naturaliza francés, se hace llamar ahora Mazarin y se pone, esta vez, al servicio incondicional del rey de Francia.

Cardenal Mazarino (julio de 1602-1661)

Cardenal Mazarino (julio de 1602-1661)

Habiendo recibido únicamente la tonsura, sin llegar a las órdenes menores, el valido de Luis XIII solicita y consigue ahora que Urbano VIII nombre cardenal a su protegido a finales de 1641.

Inteligente, hábil y seductor hasta la obsequiosidad, eran cualidades más que suficientes para que Luis XIIIl, por recomendación de su principal ministro, en su lecho de muerte aquel 4 de diciembre de 1642, le confie la dirección del Consejo. Y, al día siguiente, Jules Mazarin era nombrado principal ministro de Estado del rey de Francia.

Uno de sus no menores cometidos será la formación política del heredero, para cuya alta función, llegado el momento, será nombrado “Surintendant au gouvernement et à la conduite de la personne du roi et de celle de Monsieur le duc d’Anjou” (1646).

          Cuando unos meses después, el 14 de mayo de 1643, vino a morir el rey, Mazarino continuó siendo, para estupor de la corte, el principal ministro de la regente (española ella, y que hasta entonces, no había mostrado particular simpatía por aquel arribista italiano). La hostilidad contra la católica España y la guerra que se le hacía no eran comprendidas por una parte importante de la opinión; pero, sopesando los inconvenientes que se derivarían de un acercamiento a la política de Felipe IV y la necesidad en que se encontraba de reforzar, para el futuro, la posición política del delfín, la regente reina madre optó por sostener la presencia en el gobierno de quien había gozado de la estima y la confianza del difunto rey.

Mazarino se quedó, pues, para convertirse, verosímilmente, en amante y luego tal vez en marido de Ana de Austria.

          Jules Mazarin (1602-1661). Óleo sobre lienzo, (1658-1660), por Pierre Mignard (1612-1695). Museo Condé. Château de Chantilly.

          No ello fue sin consecuencias: porque, inmediatamente, hubo de hacer frente a la hostilidad de los Grandes en la llamada Cabale des Importants, intriga dirigida por una facción compuesta de víctimas de Richelieu, grandes señores y parlamentarios que esperaban tomar ahora su revancha; y era Châteauneuf, ex-Garde des Sceaux (ministro de la Justicia del rey) el sustituto que esperaba en la sombra.

Mazarino logró sobreponerse a aquella oposición, ordenó encerrar en Vincennes al duque de Beaufort –uno de los cabecilla del movimiento y luego de la Fronda- y mandó lejos de París a otros significados miembros.

          Y allá en Roma, moría en 1644 la madre del cardenal, Hortensia Buffalini; en su matrimonio había dado a luz a siete hijos (dos varones y cinco mujeres), de los que sobrevivieron seis.

          El período de tregua que siguió a aquella Cabale, y que duró hasta 1648, le permitirían a Francia algunos éxitos exteriores: después de las victorias de Rocroi en 1643, de Nördlingen en 1645, y de Lens en 1648, se llegó a los tratados de Westfalia, por los que se concluía la guerra de los Treinta Años.

Pero el largo conflicto había agravado las dificultades financieras y Mazarino se vio forzado a multiplicar las medidas para acrecentar los ingresos, en el momento, precisamente, en que las malas cosechas venían mermando las disponibilidades fiscales. Fue una de aquellas decisiones (affaire de la Paulette, a vueltas con la oportunidad o no de hacer vitalicios los cargos y oficios, mediante pago), la que vino a desencadenar la Fronda parlamentaria, que duró unos meses. En medio de panfletos, libelos y canciones afrentosas y denigrantes (las mazarinades) el cardenal resistió y consiguió dividir a sus adversarios, llegándose así a la paz de Rueil de 11 de marzo de 1649, entre la regente Ana de Austria y el presidente del Parlamento de París Mathieu Molé, a pesar de la aversión que a sus colegas de magistratura les inspiraba el poderoso cardenal.

          El ambicioso Condé, el vencedor de Rocroi, cambió de posición para acercarse a los revoltosos, después de haber tomado partido por la Corona, descontento ahora del mantenimiento en el poder del italiano; y su detención vendrá a provocar un recrudecimiento de las hostilidades (con Gastón de Orleáns, hermano del difunto Luis XIII, a la cabeza de la revuelta, y de Gondi otra vez en sus filas).

Hubo de exiliarse dos veces durante esta Fronda de los prìncipes (1650-1652), aun continuando ejerciendo el poder a través de la Regente y sus colaboradores (Servien en Finanzas, Lionne en Exteriores, Le Tellier en la Guerra, y un Colbert con gran futuro). Pero de la espinosa prueba de la Fronda Mazarino saldrá, finalmente, engrandecido.

          Con el príncipe de Condé condenado en rebeldía y exiliado, y Turenne descarriado por un momento y vuelto al redil de la sensatez, Mazarino regresaba en vencedor en 1653 -ya rotas todas las oposiciones a su persona-, para quedar, esta vez, único dueño del poder real, con la total aquiescencia de Ana de Austria y también la del joven rey.

Y, allá en Roma, moría en noviembre de 1654, el padre de Giulio, Pietro Mazzarini.

El tratado de los Pirineos –sus obra maestra diplomática-, que el ministro pudo firmar en noviembre de 1659 con don Luis de Haro, y que contemplaba la unión de Luis XIV con la infanta María Teresa, hija de Felipe IV de España, ponía fin a la guerra entre los dos países, que duraba desde 1635.

También concertó la boda del hermano del rey Felipe de Orleáns con Henriette de Inglaterra, unión que la muerte de la joven y espiritual hermana de Carlos II Estuardo vendrá a truncar en 1670.

          Mazarino fue un entendido mecenas, en pintura y música particularmente; e introdujo en Francia la ópera italiana, llamando a coreógrafos y compositores; pero también protegió al florentino Giovanni Battista Lully, creador luego de la ópera francesa, que le debe los inicios de su carrera en Francia.

Desde sus primeros tiempos en el poder, había comenzado a sentar las bases de lo que acabaría siendo su valiosa colección de tapices, pinturas y antigüedades, y una no menos importante biblioteca personal, la bibliothèque Mazarine, que donará al Estado, viendo venir la muerte. Porque, codicioso hasta la rapacidad –de él se podrá decir que fue el mayor ladrón de la monarquía francesa-, había amasado una inimaginable riqueza en poco tiempo con el tráfico de influencias y la especulación en el abastecimiento a los ejércitos a través de hombres de paja, con las extorsiones institucionalizadas, las rentas para sí de numerosas abadías y la continuada generosidad de la corona; fortuna que acabarán gestionando para él Fouquet y luego Colbert, supeditada siempre a una caída en desgracia o apartamiento por el joven rey; ya al poco tiempo de acceder al poder, había empezado a comprar terrenos y se mandará luego construir un hotel particular, el llamado palais Mazarin -a partir de un hotel Tubeuf inacabado-, en la rue de Richelieu (hoy Biblioteca Nacional de Francia).

Mazarino está en el origen, igualmente, de la Academia de pintura y escultura, y del Collège des Quatre-Nations (origen del Institut), cuya fundación dejó dispuesta en su testamento, destinado a la acogida académica de sesenta hidalgos sin fortuna de cuatro “naciones” u orígenes, ahora bajo soberanía francesa, después de Westfalia (1648) y Pirineos (1659); inteligente política de asimilación que repetirá Luis XVI con la pequeña nobleza corsa y de la que los Buonaparte beneficiarán andando el tiempo.

Y -en el sentido más cabalmente etimológico de la palabra- incurrió en desatado nepotismo, asegurando igualmente la notable elevación económica y social de su familia y de sus numerosos sobrinos, particularmente Hortensia Mancini, casada con un sobrino de Richelieu e hija de su hermana Gerónima Mazzarini.

Torturado por sus diversos achaques, el cardenal Mazarino expiraba el 9 de marzo de 1661, a los 59 años, en la fortaleza de Vincennes, de la que, en previsión de azares de política interior, se había nombrado a sí mismo gobernador, allá por 1652.

A pesar de las sombras tocantes a la economía del reino, el cardenal-diácono Mazarino dejaba una Europa pacificada y un país más extenso; y pudo consolidar aquella obra comenzada por Richelieu, asentando la posición de Francia en Europa –que era tanto como decir en el mundo de su tiempo-, reafirmando en el interior la autoridad del rey y preparando, sobre todo, el reinado del que llamarán Roi Soleil, al que él mismo había formado políticamente.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BERTIÈRE, Simone: Mazarin, le maître du jeu; Le Grand Livre du mois, 2007.
BORDONOVE, Georges: Mazarin, le pouvoir et l’argent; Paris, Pygmalion/Gérard Vatelet, 1996.
DETHAN, Georges: Mazarin. Un homme de paix à l’âge baroque (1602-1661); Imprimerie Nationale, 1981.
DULONG, Claude : Mazarin; Perrin, 1999.
GOUBERT, Pierre: Mazarin; Fayard, 1990.
GUTH, Paul: Mazarin, Flammarion, 1999. Del mismo: Splendeurs et misères du XVIIe. siècle; Fayard, 2005. 
MICHEL, Patrick: Mazarin, prince des collectionneurs. Les collections et l’ameublement du Cardinal Mazarin (1602-1661); Réunion des Musées nationaux, 1999.
ROBIQUET, Paul: Le Coeur d’une reine. Anne d’Autriche, Louis XIII et Mazarin; Ed. Frédéric Patat, 2013.

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