Courbet, Gustave

          Gustave Courbet (1819-1877) – Pintor, litógrafo y dibujante, Jean-Désiré Gustave Courbet, aquel que será considerado en pintura como el jefe de la nueva escuela realista, con Daumier y Millet, nacía en Ornans (localidad natal de su padre, entre Besançon y Pontarlier, en el Franco-Condado) el 10 de junio de 1819.

Era hijo de Régis Courbet y de Sylvie Oudot, campesinos acomodados, orgullosos de su pasado jacobino con el que habían medrado unos años atrás, comprando a vil precio “bienes nacionales”, antes comunales -a expensas del humilde labriego, que allí había encontrado secularmente leña y algo de caza que llevar al puchero- (¡y viva la Revolución!).

Tendrá cuatro hermanas menores que él, de las que sólo le sobrevivirán Zoé (1824-1905) y Juliette (1831-1915).

          Caída ya la Restauración e iniciándose el reinado de la nueva monarquía de Julio, el joven Courbet sigue, a partir de los once años, las primeras enseñanzas en el pequeño seminario de Ornans, donde recibe también sus primeras clases de arte y dibujo -disciplinas para las que mostraba buena disposición-, pero mostrando ya su temperamento rebelde.

En 1837, en medio de las luchas y tensiones politicas que venían caracterizando su infancia y adolescencia (jornadas de las “Trois Glorieuses”, de julio de 1830, insurrección de los “canuts” de la seda de Lyon en 1831; oleadas de paro y represión…) es enviado al viejo Collège royal de Besançon (establecimiento donde, de 1839 a 1842, entre medidas disciplinarias de cuando en cuando, va a formar parte del alumnado de terminale); alli sigue las enseñanzas de dibujo de Charles-Antoine Flajoulot, un discípulo de David, director por entonces de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad.

Courbet, l’atelier du peintre (1855).

Courbet, l’atelier du peintre (1855).

Y, después de los Saint-Simon y Charles Fourier de veinte años antes, el pensamiento socialista comenzaba a difundirse definitivamente entre el proletariado y, en particular, en aquel activo foco que era el Franco-Condado, donde era cuestión de ligues mutualistes venidas de Proudhon, y de compagnonnage.

          En el otoño de 1839, el joven Courbet se traslada a París, con la probable intención de iniciar Derecho, pero su irrefrenable vocación le empujaba ya hacia la pintura. Frecuenta entonces  diversos estudios y, en particular, la Academia de Charles Suisse, en l’Île de la Cîté.  “Republicano de nacimiento” –como él gustaba decir de sí mismo-, de personalidad anticonformista y algo fanfarrón por lo demás, prefería copiar en soledad a los maestros del Louvre, sobre todo a los españoles del s. XVII, o pintar paisajes en el bosque de Fontainebleau.

Courbet, foto de Nadar (BNF)

Courbet, foto de Nadar (BNF)

Admira a Géricault y a Delacroix, y sus primeras obras responden a la temática y los modelos románticos: “Odalisque” (1840), “La Nuit de Walpurgis” (h. 1841, luego destruida por su autor); y daba a sus autorretratos –tema frecuentado por el pintor entre 1842 y 1849- un carácter apasionado y soñador, de acuerdo con el tipo de héroe byroniano: “Autoportrait au chien noir” (1842, museo de Pontarlier), “Les Amants dans la campagne” (1844), “L’Homme blessé” (de 1844, en el museo del Louvre). Tardará más de diez años en romper con las recetas románticas, y sin embargo, algunos retratos, sobre todo los paisajes de su tierra natal, venían ya a revelar un acercamiento a la naturaleza, más cercano y directo.

Lo había intentado antes, pero es en 1844 cuando Courbet entra por primera vez en el Salón con su Autoportrait au chien noir.

En 1846 viaja a los Países Bajos, donde tiene ocasión de reafirmar su interés por los maestros holandeses (Rembrandt, Hals), y a Inglaterra; y, conoce en 1847 a su compatriota del Franco-Condado Joseph Proudhon (1809-1865) -que acaba de romper con Marx y sus teorías comunistas en su “Philosophie de la misère” de 1846-, y cuyas ideas políticas compartirá en lo fundamental; y a Champfleury (1821-1889), y a Baudelaire (1821-1867), cuyo retrato ejecuta en 1848.

Ha de decirse, sin embargo, que las relaciones de Courbet con el poeta, a pesar de su admiración mutua, nunca llegarán a ser fluídas. El autor de las “Fleurs du Mal” no tomaba en serio a este “predicador social de los pinceles” (al que algún informe de policía tildaba de “tapageur, mais peu dangereux”, ruidoso pero poco peligroso). Ni el pintor entendía ciertas originalidades en la existencia de Baudelaire.

          Bajo la influencia de las teorías socialistas, Courbet empieza a orientarse hacia una concepción del arte más popular, tratando de inspirarse en los acontecimientos contemporáneos y de dar cuenta de la realidad social.

Es en septiembre de 1847 cuando nace Alfred-Émile (1847-1872), el hijo que el pintor acaba de tener con Virginie Binet (once años mayor que él y a menudo su modelo), y que no reconocerá legalmente, aun guardando siempre por él un gran afecto; el niño aparecerá luego en algunos lienzos como “Les Cribleuses” y en “L’Atelier”, viendo como su padre pinta.

Llegó la revolución de febrero de 1848 que derrocaba a la Monarquía burguesa louis-philipparde (según el término al uso despectivo del momento), en la cual Courbet no participa: “No tengo fe en la guerra con fusiles y cañones –les escribía a sus padres-, no está en mis principios; desde hace diez años, hago la guerra de la inteligencia”. Aunque realiza una ilustración para el “Salut Public” (gaceta que empiezan a editar Champfleury y Baudelaire y que no irá más allá del segundo número).

Y, mientras frecuentaba las ruidosas reuniones de aquel lugar de encuentro de escritores y artistas, de periodistas y críticos, que era la cervecería Andler, cercana a su taller/estudio, se mostraba ya decidido a derribar la pintura de historia como el gran género pictórico culmen de todos los géneros. Y pretendía hacerlo a través del realismo, de cuya vía artística quería hacerse ardiente defensor. Su realismo pictórico, por el que va a apostar decididamente, parecía así clausurar la aventura romántica, proponiendo una nueva estética para una sociedad nueva. Y en ello va a coincidir, en una especie de acción común, con un nutrido número de pensadores de la labor creativa: “El arte deberá ser actual si quiere ser comprendido” –había dicho Gabriel Laviron, otro franc-comtois, crítico de arte de la época, ya en 1833-.

¿Qué habían hecho, sino, o estaban haciendo en literatura, referido a la clase burguesa, a campesinos y aldeanos, Balzac, George Sand o Flaubert?

Este año de revolución, el Salón de pintura abre sin jurado y todas las obras enviadas son expuestas, entre ellas diez de Courbet.

Courbet. Regreso de la feria de Flagey

Courbet. Regreso de la feria de Flagey

A esta etapa corresponden las tres obras monumentales “L’Après-dînée à Ornans” (por la que obtendrá una medalla de oro en el Salón de 1849, impregnada de ruralidad y cierta nostalgia, que compra el Estado y hoy en el palacio de Bellas Artes de Lille), “Le casseur de pierres” (1849, obra destruída tras un bombardeo de la ciudad de Dresde en febrero de 1945), “Les Paysans de Flagey revenant de la foire” de 1850, presentada en el Salón de 1851 (206 x 275,5 cms., museo de Beaux-Arts de Besançon), donde aparece representado el padre del pintor Régis Courbet. Y, sobre todo, “Un enterrement à Ornans” de 1849-1850 (óleo sobre lienzo en el formato de la pintura de historia, de 315 x 668 cms., que ponía en escena a campesinos y pequeños burgueses locales, y acontecimiento del Salón de 1850) –él que siempre conservará gran apego por la localidad y la región de su infancia-.

Courbet. Entierro en Ornans (1849), detalle

Courbet. Entierro en Ornans (1849), detalle

Pinturas, todas ellas, que evocaban la realidad cotidiana sin pintoresquismo ni recurso a la fácil emoción, y que se abrían enteramente a la noción de peinture de genre. Conocidas del público, las obras de Courbet comenzaron a suscitar violentos debates en la opinión especializada.

Y Courbet fue igualmente mal recibido con “Les Demoiselles du village” (de 1851, en el Metropolitan Museum), para cuyo cuadro posaron las hermanas del pintor.

En este 1852 Virginie Binet parecía haberse cansado de aquella absurda vida al lado de Courbet, y acaba trasladándose a Dieppe con el hijo de ambos:  “Echo mucho de menos a ni niño –le escribía entonces a Champfleury-.

Y ya trataban a Courbet como jefe de “l’école du laid” (la “escuela de lo feo”, de lo sucio y lo vulgar). Lo cual no supuso óbice para que el nuevo ministro del Interior Morny comprara una de sus obras que será vista en el Salón.

La dinámica estaba lanzada, y vendrán pronto clientes como el refinado Alfred Bruyas, hijo de un rico banquero, que se convertirá en señalado mecenas suyo, o el dandy Étienne Baudry, protector de las letras y las artes.

En el Salón de 1853, va más lejos, llevando a su propia manera los cánones de la pintura académica con “Les Baigneuses” de 1853 (227 x 193 cms., en el museo Fabre de Montpellier), consideradas indecentes porque intentaba liberar el desnudo de convenciones estéticas idealistas.

Y en el otoño de este año, viaja por Suiza, región de Berna y Friburgo.

No obtuvieron mejor acogida “Les Cribleuses de blé” (“Las cribadoras de trigo”, 1854, museo de Nantes), “La rencontre”, o Bonjour, Monsieur Courbet (óleo de 1854 sobre lienzo de 129 x 149 cms. en el museo Fabre de Montpellier), que pinta en Montpellier en el curso de una invitación de Bruyas.

Uno de los más frecuentes temas de escándalo en las pinturas de Courbet era la “vulgaridad” de las figuras femeninas, pero es que el artista, al contrario, se vanagloriaba de elegirlas entre las  simples campesinas.

En 1854 Courbet empieza a construir el plan de un gran fresco que se convertirá en “L’Atelier du peintre” (“El estudio/taller del pintor”, 361 x 598 cms., hoy el museo d’Orsay). El gigantesco Atelier… (“allégorie réelle, déterminant una phase de sept années de ma vie artistique et morale”), fue rechazado –dijeron que por sus dimensiones- en la Exposición Universal de 1855, en la cual su autor pretendía presentarlo con una docena de otros cuadros que sí pudo exponer. En él representaba a personas corrientes, donde, en otro contexto, hubieran aparecido héroes y personajes históricos., y al hijo habido en su relación con Virginie Binet, curioseando por el taller y viendo cómo su padre pinta (ficción sentimental, pues el niño ya no vivía con él).

Frente a aquel rechazo, y con ayuda de su amigo el mecenas Alfred Bruyas, Courbet decidió presentar una buena representación de sus propias obras con “l’Atelier”, en un pabellón de hierro y madera –su “Pavillon du Réalisme”- que hizo construir en un pequeño terreno alquilado en lo que era el nº 7 de la rue de Montaigne (place de l’Alma) no lejos de la Exposición, afirmando en el prefacio del catálogo (texto que aparece hoy como “manifiesto del realismo”), su voluntad de hacer arte vivo.

Gustara o no a la crítica oficial, Courbet se había convertido ya en una personalidad artística ineludible

En 1857, se le señala en Bruselas, antes de pasar a Francfort. El jurado del Salón acepta los lienzos que ha enviado.

Y en Francfort permanecerá hasta la primavera de 1859.

En 1860, su amigo el novelista Champfleury (eminente representante, él mismo, de la escuela realista), publicaba un artículo “Wagner y Courbet”, que publicaba en el Courrier de París.

Al Salón de 1861 ha enviado escenas de cacería y cuadros de animales y paisajes que le valen nuevo reconocimiento. Y forma parte del comité de selección para la contribución francesa a la futura Exhibición Internacional de Londres, donde él mismo estará representado por dos lienzos.

Siguiendo el deseo de algunos alumnos, abre un estudio de enseñanza que solo irá hasta el año siguiente.

En 1862 pasa el verano en Saintonge,  y allí realiza, sobre todo, naturalezas muertas de flores y paisajes.

Y en su tierra natal de Ornans, la mayor parte del año 1664, donde pintará numerosos paisajes.

Y en 1865 muere Proudhon. En homenaje a su amigo y al teórico anarcosindicalista que había sido, Courbet da al Salón un retrato suyo (basándose en fotografías), presentándole en la apacible intimidad del jardín familiar –vestido con la blusa del obrero y con los libros del intelectual a su lado; es “Proudhon et ses enfants en 1853”, hoy en el Petit Palais de París (óleo sobre lienzo de 147 x 198 cms); y la fecha que el pintor le atribuye corresponde a la  reciente salida de prisión, entonces, del retratado, después de cuatro años de cárcel.

En el otoño de este año, pasa unas semanas en Trouville y conoce por esta época al joven Claude Monet (1840-1826) y al americano James Abbott Mcneill Whistler (1834-1903) con su compañera Joanna Hiffernan, de la que pintará varios retratos, y frecuenta allí a la sociedad mundana.

Atento a los gustos de su clientela, el artista ejecuta paisajes y retratos por encargo, pero también algunas obras atrevidas como “Le Sommeil”, o Les Deux amies, óleo sobre lienzo (de 1866, de 135 x 200 cms.), para el embajador turco en París Khalil-Bey (hoy en el Petit Palais de París)  en el que, bajo un título trivial, aparecen representadas dos mujeres dormidas, desnudas y entrelazadas. Otra obra de parecida inspiración y para el mismo cliente será “L’origine du monde”, más audaz aún e igualmente de 1866 (pequeño óleo sobre lienzo, hoy discretamente expuesta en el musée d’Orsay de París)

Courbet se va haciendo célebre por toda Europa, hasta obtener un sonado éxito en el Salón de 1866 con “La Remise des chevreuils en hiver” (hoy en el Musée des Beaux Arts de Lyon)

Y en 1867 monta una nueva exposición personal, más importante que la precedente de 1855, en paralelo a la Exposición universal de Arte y de Industria (la segunda que organizaba Napoleón III), en la que presenta más de cien obras, comparadas con las cuatro que acepta dar para la exposición oficial.

En el verano de 1869, año en que, allá en Egipto, se inauguraba el canal de Suez, Courbet vuelve a Normandía con Whistler  para trabajar allí; y serán “La Vague” de 1869 (“La Ola”, entre diversas otras “Vagues”, pintadas en esta época; hoy en el museo de Arte occidental de Tokio) y “Falaise d’Étretat”, 1870. Porque et tema del mar siempre le apasionó.

Y, con ocasión de la internacional Kunstausstellung de Munich, donde una sala le es reservada a él, Luis II le concede este año la cruz de Caballero de la Orden de San Miguel (¡que el “republicano” militante y filoanarquista Courbet acepta sin parpadear de las manos de un rey!); y en esa ciudad bávara pinta cinco lienzos y conoce al joven Wilhem Leibl que ha optado también por la inspiración realista y es invitado a París.

Courbet parecía por entonces en la cumbre de su fama y su prestigio. Señalado ya como gran contestatario en lo artístico y lo político, quiso, sin embargo, Napoleón III concederles a él y a Daumier, la Legión de Honor en 1870, ya en vísperas de la apertura de hostilidades, pero ambos la rechazaron. Courbet lo hizo a través de una carta abierta, y en aquel provocador desaire iba todo su repudio del Segundo Imperio, ese régimen que había modernizado Francia en profundidad y que había mejorado la suerte de los trabajadores a la espera de nuevas realizaciones, pero que ahora iba a hundirse ridículamente, en el descrédito de una torpe y contradictoria política exterior.

El 19 de julio, Francia declaraba la guerra a Prusia, y el 1 de septiembre Napoleón III caía prisionero, después de la derrota de Sedan, en esta guerra franco-prusiana. Tres días después, en París era proclamada la República.

Anticlerical, amigo de Proudhon y cercano a los anarquistas, Courbet va a participar activamente en los trágicos acontecimientos que seguirán a la derrota y a la caída del Segundo Imperio.

Después de unas elecciones perfectamente libres en febrero de 1871 (¡más referéndum sobre la guerra o la paz que otra cosa!), un gobierno representativo de la opinión francesa, presidido por Thiers, había acabado firmando la paz con Bismarck, disponiéndose sin tardanza, a la urgente labor de reconstruir Francia. Y la cuestión institucional, ¿monarquía o republica? quedó sensatamente aplazada.

Pero en la primavera vino a estallar el gravísimo problema suscitado por la Comuna de Paris, tras las elecciones municipales del 26 de marzo de 1871 (con una participación de menos del 50% y un importante abandono de la Capital del funcionariado y de las clases media y alta de la burguesía). Y quedó constituído el “Conseil de la Commune” con la heteróclita participación de socialistas de la Internacional, viejos jacobinos, discipulos del revolucionario Blanqui decididos a la acción violenta, e independientes anarquistas como Jules Vallès, proclamando su “autonomía absoluta” y pretendiendo, de nuevo, gobernar desde el albedrío de los faubourgs para toda Francia, según el precedente de la Gran Revolución, ochenta años antes.

Un segundo asedio de París comenzaba, esta vez franceses contra franceses. Gustave Courbet era concejal del 6º distrito, presidente de la Fédération des Artistes, y de la Comisión por la protección de las Bellas Artes (Beaux Arts), desde septiembre del año anterior, delegado en la Instrucción Pública y miembro de la Comuna desde este abril de 1871. “Paris est un paradis! –les había escrito el 30 de abril, a sus padres-…

“…no hay policía, ni tonterías, no hay exacciones de ningún tipo, ni disputas, París funciona como sobre patines; tendría que continuar así, en una palabra, un verdadero encanto (…). Os doy un abrazo, y podéis estar tranquilos sobre mí; cuidaos y dormid a pierna suelta”.

El 16 de mayo, la columna Vendôme -testimonio del régimen napoleónico y símbolo del poder imperial-, era derribada.

Pero llegaron los violentos sucesos de la “Semana sangrienta”, sañudo enfrentamiento a muerte a partir del lunes 22, entre Communards y Versaillais, bajo la socarrona mirada de los prusianos, hasta el domingo 28 de mayo en que la Comuna terminó rindiéndose, en medio del repudio no sólo de la burguesía –incluso la más liberal-, sino también de la generalidad de intelectuales y escritores de Francia (Alphonse Daudet, Alexandre Dumas hijo, Edmond Goncourt, pero también los Gustave Flaubert, Victor Hugo, Georges Sand, Émile Zola, Anatole France…). Sin duda, la protección de las Tullerías y otros monumentos no entraba en el programa de aquella “Fédération des Artistes”, pues, además de otros importantes edificios, como l’Hôtel-de-Ville, los Communards arrasaron e incendiaron, en su vandálica retirada final, aquel viejo palacio de los reyes y del Imperio, y privaron a la posteridad de su memoria y goce; desmanes contra los que –al parecer-, Courbet decía haber alzado su voz para oponerse.

Detenido el 7 de junio de 1871, el pintor fue recluído primero en Versalles, luego en la  prisión de Sainte-Pêlagie y trasladado en diciembre a una clínica de Neuilly, a causa de algunos problemas de salud; y allí permanecerá hasta abril de 1872. Entre rejas le llega la noticia del fallecimiento de su madre Sylvie Oudot de Courbet, ocurrido el 3 de junio anterior.

Excarcelado ya, descubre entonces que su estudio ha sido saqueado.

Y la muerte prematura de su hijo en Dieppe, en este 1872, a los veinticinco años, vino a afectarle tambien profundamente.

Entretanto, su obstinación y la rigidez de sus ideas le situaban al margen de la vida artística a su salida de la cárcel, y parecería obvio señalar que sus propuestas para el Salón de 1872 y siguientes fueron rechazadas.

Vuelve entonces a su localidad natal. Y en Ornans, donde aún vivía su padre de 73 años en su propiedad de Flagey, quiso reiniciar, por un momento, su actividad artística, ante el incremento de encargos que le llegaban, rodeándose de algunos alumnos. Pinta entonces también paisajes y réplicas de sus marinas anteriores.

          Pero el gobierno de Mac-Mahon abrió el examen general de los trágicos y recientes  acontecimientos y el expediente de Courbet fue reexaminado. Acusado entonces por las nuevas autoridades de haber sido el instigador –lo cual no quedó nunca probado-, del derribo de la Colonne Vendôme dos años antes, fue condenado al pago de una importante suma de cerca de 300.000 frcs., como resarcimiento por los gastos de su restauración, y los bienes y cuadros de su estudio de la rue Hautefeuille, embargados como aval, hasta sentencia firme que acabará recayendo en agosto de 1875, tras lo cual serán vendidos en subasta pública.

Prácticamente en la ruina, resentido, desmoralizado y temiendo ser prendido de nuevo, Courbet decide pasar a Suiza clandestinamente en el verano de 1873. Y, con ocasión de la Exposición universal de Viena,          que tiene lugar por estos meses, expone en el Kunstverein una selección de obras entre las que se encontraba L’Atelier, respondiendo a una invitación de artistas austríacos.

          En el país alpino irá de acá para allá y frecuentará a artistas locales y la compañía también de exiliados, proscritos y activistas. Y allí pintará ahora naturalezas muertas, flores, retratos de notabilidades locales, autorretratos y paisajes de desigual valor, en cuya realización parecía ir decayendo su destreza técnica.

          Su hermana preferida, Zélie, moría en mayo de 1875.

Y esculpe este año un busto representando la libertad, al que llama Helvetia en homenaje a Suiza (hoy en el museo Gustave Courbet).

          En este año, también, de 1875, propone en su casa una última exposición de sus obras. Pero su salud declinaba, muy afectado por la muerte de su hijo y de su hermana; hasta el otoño de 1877, en que da ya alarmantes señales de inequívoco deterioro, a causa de una cirrosis hepática terminal.

Morirá en su casa de Bon-Port, en La Tour de Peilz, cantón de Vaud, a orillas del lago Lemán, cuando celebraba el paso de año, aquel 31 de diciembre de 1877. Tenía cincuenta y ocho años de edad.

Al haber expresado en vida no querer regresar a Francia sino cuando todos los exiliados pudieran hacerlo, al amparo de una amnistía general, l’éternel rouspéteur, (“l’homme de paix” como le calificará su correligionario de ideología Julés Vallès), fue enterrado por el momento en la Tour. Y sus restos trasladados a Ornans en junio de 2019.

          Gran transgresor en la línea realista, Gustave Courbet se mostró siempre hostil al academicismo vigente, en lo tocante, particularmente, a la jerarquía de géneros pictóricos y al pretendido beau idéal, concepto que tanto infringió en sus cuadros.

Le gustaban las composiciones frontales, a las que daba un carácter monumental; empleaba pastas espesas y tonos sombríos donde dominan los verdes y pardos; y, pesar de algunas obras con audaces intenciones plásticas, como el “Portrait de Baudelaire(1848), permanecía fiel a concepciones técnicas venidas de la tradición de los maestros españoles y holandeses del siglo XVII.

Courbet. Retrato de Baudelaire (1848)

Courbet. Retrato de Baudelaire (1848)

También sufrió la influencia de la fotografía que daba por entonces prometedores pasos, en su preocupación por la descripción precisa. Pero, aun manteniéndose fiel, grosso modo, a las técnicas convencionales en pintura, se mostró revolucionario por los temas que llevó a sus lienzos, y supo impregnar sus obras de una gran fuerza expresiva, oponiéndolas a las convenciones académicas y orientando la pintura hacia nuevas vías.

          De cara al bicentenario del nacimiento del pintor, que habría de tener lugar en 2020, se constituía en Ornans, en octubre de 2017 un club o asociación llamada “Nouveaux mécènes de Courbet” (por referencia a aquel gran protector que había sido Bruyas, que aparece en el cuadro “Bonjour, monsieur Courbet”), cuya primera vocación habrá de ser la de consolidar el museo Courbet -ya existente en su ciudad natal-,  a través de nuevas adquisiciones de obras suyas y la restauración del taller/estudio del pintor en esa localidad.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

CORRESPONDANCE DE COURBET, a cargo de Petra Ten-Toesschate Chu, Paris, Flammarion, 1996.
MUSEO GUSTAVE COURBET, abierto en julio de 2011; place Robert Fernier, en Ornans.
BRUYERON, Roger: Écrits, propos, lettres et témoignages; edición presentada por –; Hermann, “Savoir Arts”, 2011.
COURTHION, Pierre: Tout l’oeuvre peint de Courbet, “Les classiques de l‘Art”; París, Flammarion, 1987.
FOUCART, Bruno: Courbet; Paris, Flammarion, “Les maîtres de la peinture moderne”, 1967.
FRIED, Michael: Le réalisme de Courbet (trad. del inglés americano), Gallimard, 1993.
LE MEN, Ségolène: Courbet: Citadelles et Mazenod, 2007.
LIDSKY, Paul: Les écrivains contre la Commune; Fr. Maspéro, 1970.

RAGON, Michel: Gustave Courbet, peintre de la liberté; Paris, Fayard, 2004.

En español:

FERNIER, Jean-Jacques: Courbet; Planeta-Agostini, 1998.
FRIED, Michael: El realismo de Courbet (trad. del inglés americano), Boadilla, Madrid, A. Machado libros, 2003.
PARADELO NUÑEZ, Martín: Gustave Courbet, Una pintura de clase; Jean, Piedra, Papel Libros,2019

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