Beauvoir, Simone de (1908-1996)

Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir, escritora y filósofa nació en París el 9 de enero de 1908, en el seno de una familia de buena burguesía, venida a menos por los azares de la Primera guerra mundial. Tendrá una hermana, Hélène.

Después de haber cursado sus estudios secundarios, en 1925 decide estudiar matemáticas y filosofía, y ya en su ánimo parecía inscrita la firme determinación de convertirse un día en escritora célebre.

Concluyò sus estudios de filosofía con notable aplicación, para, a continuación, disponerse a preparar su cátedra de Enseñanza Media, o agrégation. Fue allí donde conoció a un grupo de brillantes normaliens (alumnos como ella, de la prestigiosa École Normale Supérieure); eran, entre otros, Paul Nizan, Jean Maheu y, sobre todo, Jean-Paul Sartre, que la llamará “ Castor”, al que ella admira y de quien se va a convertir en compañera privilegiada y cómplice de una aventura intelectual que durará cincuenta años. Ella era, para él, compendio perfecto de sensibilidad e inteligencia, y ella se sintió intelectualmente subyugada. La seducción fue recíproca.

Recibidos ambos en 1929 en l’agrégation, con el número 1 Sartre y ella el número 2, se disponían a iniciar su carrera docente. Él tenía 23 años y ella 21. Y él  emprendió la tarea entonces de revelarle la filosofía; “À partir de maintenant –parece que dijo-, je vous prends en main!”.

Al poco tiempo Simone era nombrada para el lycée Montgrand de Marsella; y Sartre partía para Le Havre en 1931, después de un breve servicio militar. A fin de evitar las separaciones, él le propuso matrimonio, lo cual rechazó ella, según contará en La Force de l’âge. Luego Simone obtendrá un puesto en Rouen, ya mas cerca uno del otro, y allí conocerá a la también profesora Colette Audry, militante sindicalista y luego conocida como novelista y activista de izquierda, con quien mantendrá amistad el resto de su vida.

Y mantuvo en Rouen (lo cual caía bajo las previsiones del código penal como abuso de autoridad y corrupción de menores), amores lésbicos con algunas alumnas como Olga Kosakiewicz, de origen ucraniano-polaco, que luego compartía con Sartre.

Olga tenía una hermana, Wanda, que conocerá igualmente el lecho de Sartre, mientras Beauvoir llevaba al suyo durante un tiempo, a partir del verano 1938, a Jacques-Laurent Bost, “le petit Bost” (ex-alumno que había sido de Sartre en Le Havre, y luego autor de guiones y periodista), que acabará casando con Olga Kosakiewicz. Pero, en aquella intrincada red, siempre permanecerán ellos dos, a lo largo de los años, como el núcleo inalterable.

Y es que Sartre y Beauvoir, ya de desde 1929, habían pactado una vida de pareja muy poco convencional: sin fidelidad convenida, ni matrimonio, ni hijos, ni amor, lo que se dice amor, ¡ese sentimiento tan burgués, que lo da todo y pide exclusividad! “Nuestro amor ‘necesario’ –decía él-, no debería ser obstáculo a otros amores ‘contigentes’”. Se conoce la  relación que ella tendrá luego con el novelista estadounidense, judío y comunista, Nelson Algren, o con Richard Wright, negro y comunista activo, que morirá en París en 1960; o con Claude Lanzmann, ya en la posguerra, un joven filósofo por aquel entonces, redactor en Les Temps Modernes y luego cineasta; o con el húngaro-británico ex-comunista Arthur Koestler.

Pero escritos póstumos vendrán a dar luz a sombras oscuras de aquella relación y a cuestionar seriamente tan armoniosa construcción.

Sartre y Beauvoir consiguieron ambos, finalmente, puesto docente en París, ella en el lycée Molière de 1936 a 1939, donde volvió a reproducir el mismo comportamiento con alguna alumna como Bianca Bienenfeld (luego Lamblin por matrimonio), judía de 16/17 años entonces y autora un día de Mémoires d’une fille dérangée (1993), muertos ya los otros dos elementos del trío. Era “de la chair fraîche” para Sartre -según la expresión de Bianca.

            Bianca llegó a provocar celos en Beauvoir, y, entre febrero y octubre de 1940, primero Sartre y luego Simone rompen con ella, dejándola, como judía, a la mortal intemperie social y política de aquel momento, aun cuando una cierta relación entre ambas venga a recomponerse después de la guerra.

            Es por esta época cuando Beauvoir presenta a Gallimard y luego a Grasset cierta novela que fue rechazada, y que solo verá la luz con Gallimard en 1979, con el título Quand prime le spirituel.

Cuando Sartre empieza a publicar, ella le lee y le aconseja. Y su unión fue cimentándose con el tiempo hasta el final, constituyendo eminentemente una asociación intelectual y de trabajo.

Hasta que llegó la guerra, ambos llevaban una vida de jóvenes profesores intelectuales, aparentemente poco interesados por la política, pasando el tiempo en los cafés y viviendo de hotel.

Su padre Georges de Beauvoir moría en julio de 1941.

Llegado el conflicto, no puede decirse que ninguno de estos dos apóstoles del compromiso participaran en la heroica resistencia contra el nazismo y la ocupación de Francia. Ella lo confesará cándidamente en La Force de l’âge: “Me hubiera gustado hacer algo [faire quelque chose], pero la idea de una simple participación simbólica me repugnaba, y me quedé en casa”. Lo cierto es que, por mediación de René Delange, director de un semanario cultural y partidario de una “colaboracionismo sutil” (ver Galster, Ingrid) Beauvoir presenta hacia 1944 una inofensiva emisión musical, cohabitando en la parrilla, ¡eso sí! con las sañudas diatribas de Philippe Henriot, colaboracionista activo y uno de los jefes de la  milicia, o con el espacio “La milice française vous parle”. Resultaba más fácil, probablemente, plantar a personajes literarios debatiéndose con aquello que ni ella ni Sartre afrontaban directamente; será, poco después, Le Sang des autres.

Es en el París aún ocupado cuando ambos conocen a Jean Genet. Beauvoir lo contará en La Force de l’âge en 1960:

“Una tarde de mayo, hallándome en el café Flore con Sartre y Camus, él se acercó a nuestra mesa: ‘¿Usted es Sartre?’, preguntó bruscamente. El pelo raso, los labios apretados, con una mirada desconfiada y casi agresiva, tenía todo el aspecto de un duro, de un chico malo. Se sentó, pero sólo se quedó un momento. Luego volvió y nos vimos con frecuencia”

Después de la Liberación, Sartre se hace inmediatamente celebre, mientras Simone, comprometida ya ideológicamente con la izquierda, continuaba con sus clases de liceo y trabajando al lado de su compañero.

En 1942, Beauvoir se instala en el “piojoso” –como ella lo califica- hotelucho La Louisiane, de muy rudimentario confort, en la rue de la Seine; pero eran los tiempos de la guerra y la ocupación…

Tanto consecuencia de sus problemas administrativos con Educación Nacional -después de algunas quejas derivadas de su comportamiento con alumnas-, como a su éxito editorial, en 1943 Beauvoir decide abandonar la enseñanza de la filosofía, tras la aparición en librería de  su primera novela L’Invitée, que fue recibida positivamente; era la transposición literaria y psicológica, a través de los personajes Pierre, Françoise et Xavière, de las relaciones Sartre-Simone-Olga, en que “Beauvoir” acaba matando a su rival.

Será luego Pyrrhus et Cinéas en 1944; y, aun habiendo sido reintegrada a la docencia activa a la Liberación –fuertemente representada la izquierda en el gobierno-, Beauvoir quiere consagrarse, en adelante, a escribir, afirmando ya, en el plano filosófico, un existencialismo riguroso.

Porque su vida y su pensamiento estaban ligados a la figura de Sartre, y a su lado permanecerá en adelante como intelectual comprometida.  En 1945, participa en la aventura de la creación de les Temps modernes.

Y, en agosto de este año, publica en Gallimard la novela Le Sang des autres: deliberación y cuestionamiento de nuestra relación con los demás y con la sociedad, en un contexto en que había que elegir entre la Resistencia y la colaboración.

Será seguida en 1946 de Tous les hommes sont mortels; y luego el ensayo Pour une morale de l’ambigüité de 1947.

Invitada dar una serie de conferencias en universidades americanas, a principios de 1947 -al igual que Sartre lo había hecho dos años antes-, visita los EE.UU., particularmente Chicago, cuyos bajos fondos y zonas depauperadas recorre y le va mostrando Nelson Algren intelectual de la izquierda americana que se convirtió inmediatamente en su amante. Ella lo contará en 1948 en L’Amérique au jour le jour. Allá en París, entretanto, Sartre pasaba días aparentemente felices con Dolores Vanetti, sabiéndolo ambas partes.

En lo inmediato, ella volvió a Chicago al final del verano de ese año, y la relación Algren-Beauvoir, a partir de entonces, será durable, yendo ella o viniendo él a Europa, sin que faltase alguna ruptura y diversos malentendidos debidos, en parte, a la precariedad del inglés de ella y que él no hablaba francés, pero, sobre todo, cansado de pasar siempre después de Sartre.

Aquella doble aventura duró hasta 1950: Beauvoir “rompíó” con Algren y Sartre con Dolores. Y ella que, más allá de la libérrima fachada ideológica, buscaba la posesiva preferencia y tenía los celos a flor de piel, le escribirá aludiendo a su ruptura americana:

“Ha sido una estupidez que hayamos ido cada uno de los dos a meternos en un montón de líos y problemas (emmerdements), cuando estábamos tan felices juntos”

Y, en cuanto a Dolores:

“Has hecho muy bien en lo de Dolores; ¡estamos ya hartos que los demás nos anden jodiendo! (…que les gens nous fassent chier!)

(Lettres à Sartre de julio y septiembre de 1950, respectivamente)

Ella quería escribir obras filosóficamente “significantes”, intentando definir una relación auténtica entre hombre y mujer, de quienes afirmaba, independientemente de su sexualidad y de la situación social privilegiada del varón, “la estructura ontológica común”. Su libro Le Deuxième sexe, de 1949 le aportó una brusca celebridad y lanzó definitivamente su carrera literaria en el mundo entero.

Con ese ensayo vino también un notable escándalo; atacando el mito de una “esencia” femenina y el matrimonio (¡esa “repugnante” institución burguesa!), y, a vueltas con la maternidad, el lesbianismo y el aborto, en él afirmaba su autora (en las antípodas del “esencialismo”), que la mujer no nace mujer, sino que se hace; y así vino a convertirse en una relevante teórica y gran sacerdotisa del feminismo.

Desmoronada ya su relación sentimental con el novelista Algren, Beauvoir habia comenzado cierta aventura amorosa con Claude Lanzmann, un joven filósofo, redactor en Les Temps Modernes, que durará hasta 1959. Y el 3 de agosto de 1952, le escribía al americano:

“Pues bien, Nelson, me está ocurriendo la cosa más increíble existe alguien que acepta amarme, y amarme de amor, lo cual me hace feliz y me pone triste al mismo tiempo; feliz porque resulta árido vivir sin amor, y triste porque me hubiera gustado no haber sido amada por nadie más que por ti…”

(Cartas a Nelson Algren; traducidas del inglés al francés por Sylvie Le Bon; Gallimard, 1999)

Era la época en que Albert Camus rompía sus relaciones con Sartre y el equipo de Les Temps Modernes. “Su anticomunismo ya había suscitado entre nosotros disensiones –dice S. de Beauvoir en La Force des choses-, Sartre le había reprochado que Combat hacía demasiada moral y no suficiente política; y Camus lo había rechazado airadamente. Y en otro lugar: “Camus era idealista, moralista, anticomunista (…), luchaba por grandes principios (…) y cada vez defendía más los valores burgueses, sobre todo en L’Homme révolté (…). Y esas disensiones eran demasiado serias como para que pudiera durar una amistad”.

Su novela Les Mandarins de 1954 donde también abordaba su aventura sentimental con Algren a través de sus personajes, era la crónica de los intelectuales de su generación, la de posguerra, y en ella planteaba el problema del compromiso, afirmando que, en política como en moral, hay que “confrontar el sentido del acto con su contenido”.  Con ella obtuvo el premio Goncourt, y fue también un éxito mundial.

Es en ese año de 1954 cuando emprende un viaje a la URSS de Kruschef, acompañando a Sartre; era una de aquellas visitas que Moscú organizaba para intelectuales favorablemente predispuestos, a los que, férreamente encuadrados, paseaba por la gran capital y llevaba luego a Kazakstán, a Leningrado y a algunos koljozes y universidades. “El viaje había sido agotador –dirá ella  luego en La Force des choses, en 1963-; desde la mañana hasta la noche, todo eran encuentros, coloquios, visitas, desplazamientos y banquetes”. Pero la visita que hicieron al Instituto de psiquiatría de Moscú, donde se “reeducaba” a los que pensaban mal, no le suscitó mayores comentarios.

Y en 1957, visita la China de Mao, que le inspirará a su regreso un ensayo, La Longue marche.

Esa proclamada búsqueda de una moral auténtica a la que aludía en Les Mandarins, se expresa igualmente en un ciclo de narraciones autobiográficas, a partir de 1958, donde la autora describe su “proyecto de englobar el mundo en la experiencia de [su] vida”: Son, de momento, Mémoires d’une jeune fille rangée (“Memorias de una chica formal”), en 1958 -evocación de los días felices de su infancia, en compañía de su hermana Hélène, y de sus vacaciones de verano en Meyrignac en Corrèze-.

Y luego La Force de l’âge (1960).

En este año de 1960, se adhiere también ella al “manifiesto de los 121”, aquella declaración sobre el derecho a la insumisión,  que intelectuales, artistas y universitarios vinieron a firmar en el marco de la guerra argelina.

En 1963 vendrá La Force des choses, de 1963, donde evocaba de nuevo su poco apacible relación con Algren; y en 1964 Une mort très douce, para referir, con críticas acerbas al ensañamiento terapéutico, los penosos meses que precedieron a la muerte de su madre. Saldrá luego su novela  La Femme rompue, que fue un fracaso y que también publica Gallimard en 1968.

Aun manteniendo siempre los fuertes lazos afectivos e intelectuales, quedaba atrás, ya por esta época, su relación de pareja con Sartre, en el sentido sexual de la expresión; era ya, ante todo, entre los dos, fraternidad intelectual. A Nelson Algren le confesará:

“[Sartre] es un hombre cálido y lleno de vida, salvo en la cama. De eso, pronto tuve la intuición, a pesar de mi falta de experiencia, y, poco a poco, nos pareció inútil e incluso indecente, continuar acostándonos juntos. Y lo dejamos, al cabo de ocho o diez años, más o menos, escasamente coronados de éxito”

(Lettres à Nelson Algren; Gallimard, 1997)

A partir de los años 60’ anima un feminismo que la hará célebre en el mundo entero. Preside asociaciones feministas y mantiene, a partir de 1970, lazos estrechos con el movimiento Mouvement de Libération des Femmes (MLF) -nacido de mayo del 68 y de polémico itinerario posterior entre sus propias componentes-, en cuyo marco redacta ella misma y firma, en abril de 1971, el que luego llamarán  “Manifeste des 343”, reivindicando el derecho a abortar, libre y gratuítamente, que será publicado en Le Nouvel Observateur del 5 de abril.

En La Vieillesse, de enero de 1970, a partir de algunos ejemplos, proponía la entrega a los demás, en proyectos o combates políticos, a fin de escapar a lo absurdo de la vida en esa edad caduca en que el resto de la sociedad parece despreciar a los viejos, en los que ve no a  semejantes sino a ”otros”, condenándolos a un exilio interior.

Luego vendrán Tout compte fait (“En resumidas cuentas”), de sept. de 1972, donde expone cómo encontró, allá por los años 60’, a Sylvie Le Bon-Bertrand, nacida en 1941, joven estudiante de filosofía entonces y luego agrégée, que se iba a convertir, unos años después, en su hija adoptiva.

En 1980 moría Sartre, y la septuagenaria “viuda” Beauvoir (aun con una hermana menor de dos años, pintora medianamente conocida y con la que las relaciones fueron siempre agridulces), sintió de repente toda la soledad, el cansancio acumulado y las servidumbres de la precaria salud que declinaba; hacia el final de su vida, el alcohol había hecho ya mella en su estado general, casi no comía y tenía dificultades para subir una escalera. Es entonces cuando decide adoptar a Sylvie, ahora Le Bon de Beauvoir, que se convertirá en su heredera universal.

La Cérémonie des adieux (Gallimard, noviembre de 1981), es la última narración autobiográfica de Beauvoir, donde cuenta los últimos diez años de Sartre con alguna emoción y con chocante crudeza, sin soslayar (algunos se lo han reprochado) la degradación física del filósofo-escritor en sus últimos años. Con alusiones veladas poco afables a la hija adoptiva de Sartre:

“…[la muerte de Sartre] nos separa, la mía no nos reunirá; y es así. Ya resulta demasiado hermoso que nuestras vidas hayan podido concordar durante tanto tiempo”

Mencionaba también a numerosas mujeres que desfilan por el libro y cuya relación exacta con Sartre permanece ambigua. Aquella Cérémonie iba seguida de la transcripción de sus Entretiens con el filósofo, grabados en Roma entre agosto y septiembre de 1974, y la voz imaginada de su compañero parecía surgir de ultratumba.

            Tras su muerte en París, el 14 de abril de 1986, Simone de Beauvoir, la Grande Sartreuse, dirán algunos despectivamente-, fue inhumada al lado de Sartre, en aquel cementerio de Montparnasse, del que ella era vecina desde 1955, en el 11bis de la rue Victor Schoelcher.

            De ella, su hija adoptiva ha publicado póstumamente el Journal de guerre, Lettres à Sartre, y Lettres à Nelson Algren, en las que, entre otras amenidades, hablaba del escaso talento de su hermana Hélène.

Sylvie Le Bon preside hoy un “Prix Simone de Beauvoir pour la liberté des femmes”, creado en su honor en 2008.

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

ALBISTUR, Maite, y ARMOGATHE, Daniel: Histoire du féminisme français, du Moyen-Àge à nos jours; ed. Des femmes; Paris, 1977.
BEAUVOIR, Simone de: La Céremonie des Adieux (seguido de) Entretiens avec Jean-Paul Sartre
BONNET, Marie-Jo: Simone de Beauvoir et les femmes; Albin Michel, 2015.
CAVALLARO, Dani: French feminist thought: an introduction;  Nueva York, Continuum, 2003.
FAUTRIER, Pascale: Le Paris de Sartre et Beauvoir;  Paris, Ed. Alexandrines, 2015.
GALSTER, Ingrid: Simone de Beauvoir: “Le Deuxième sexe”, le livre fondateur du féminisme moderne en situation; obra dirigida por –; Honoré. Champion, 2004.
 “             “     : Beauvoir dans tous ses états; CNRS editions, 2016.

KAIL, Michel: Simone de Beauvoir, philosophe; Paris, Presses Universitaires de France, 2006.
MÄMMÄDXNOVA, Naidä: Le roman français existentialiste moderne; Bakou, Azernest, 2001.
PIVANO, Fernando: Lo scrittore americano e la ragazza perbene: storia di un amore, Nelson Algren e Simone de Beauvoir; Napoli, T. Pironti,. 2007.
ROWLY, Hazel: Tête à tête: Beauvoir et Sartre, un pacte d’amour; B. Grasset, 2006.
STJEPANOVIC-PAULY, Marianne: Simone de Beauvoir, une femme engagée;  Ed. du Jasmin, 2007.

Deja un comentario