Existencialismo

El existencialismo es un complejo movimiento filosófico e intelectual que sostiene la preeminencia de la existencia humana sobre la esencia: yo no soy una substancia de la que se desprenderían propiedades (un en-sí), sino un sujeto en situación (un por-si), viviendo y haciéndome. Tal será el punto de partida del existencialismo ateo de Sartre. Lo cual implica la libertad absoluta del hombre, pero también su responsabilidad en el contexto de “la muerte de Dios”, y privilegia experiencias como el sentimiento de la gratuidad inutil de la vida o la angustia, y cuanto nos pone en relación con los demás: la vergüenza, el amor, la sexualidad y, particularmente la mala fe o engaño a nosotros mismos, pour fuir ce qu’on ne peut pas fuir, pour fuir ce qu’on est, para huir de aquello de lo que no podemos huir, de lo que somos (La Nausée de Sartre; L’Étranger de Camus, e incluso alguna primera novela de S. de Beauvoir).

Naturalmente, existían corrientes filosóficas de la existencia (Existenzphilosophie), antes del existencialismo: Sören Kierkegaard -en cuya fuente, de una manera u otra y en mayor o menor medida, todo beben- Jasper, Heidegger…; de igual manera que existía, ya por los años 30 del s. XX, una conciencia del deber de compromiso del intelectual y del artista; pero, cuando el existencialismo aparece en el otoño de 1945 –fenómeno de moda, objeto de escándalo y de polémica e ingrediente nuevo en un terreno intelectual conturbado por los años de la guerra-, parecia salir ya enteramente configurado de la mente de un genial creador. De repente y un hecho trás de otro, Sartre publicaba en septiembre el inicio de lo que serán Les Chemins de la liberté, pronunciaba en octubre una conferencia: “¿Es el Existencialismo un humanismo?” y en noviembre lanzaba su revista Les Temps modernes.

Así, amplificada por la prensa, quedaba establecida la leyenda “Sartre”, arrastrando con ella a todo Saint-Germain des-Près y a su modo de entender la vida, en un París agitado por el repentino viento de la libertad. La particular aptitud de aquel hombre para ocupar prácticamente todo el terreno intelectual tras la Liberación de Francia, y para dirigirse al mismo tiempo a públicos diferentes (L’Être et le Néant de 1943, para el mundo universitario; Huis clos de 1944, para el gran público), no fueron los únicos elementos que contribuyeron a la rápida difusión del existencialismo, ni lo fue el frívolo anecdotario de los días o las noches pasadas en el Café Flore, o en las caves de jazz y cabarets con Boris Vian (1920-1959), Juliette Gréco (1927-), en su “Tabou” de la rue Dauphine, y luego en “Le Boeuf sur le toit”, y la música de Kosma. Boris Vian hacía de ello, ya en en 1947, una sátira afectuosa en su novela l’Écume des jours.

Aquella filosofía existencial debió, sobre todo, su éxito a que, instalándose en lo cotidiano y, concretamente en Francia, en el clima dramático de la Ocupación y de la Resistencia, exploraba la relación que cada uno de nosotros tiene con este absurdo mundo adonde hemos sido lanzados; y, encontrando la angustia de vivir en la responsabilidad de una libertad incondicional, afirmaba el deber de comprometerse, al margen de cualquier idea de predestinación o determinismo.

El modo de aprehender lo real, la descripción minuciosa y a veces desesperada de lo que perciben los sentidos es uno de los rasgos de la escritura existencial.

Ese rasgo de lo absurdo era ya recogido por Jean Genet en su teatro para reaparecer luego en Ionesco, Beckett…

El pesimista y ateo movimiento encerraba particulares implicaciones políticas y sociales: la proclamación por Simone de Beauvoir en Le Deuxième sexe que no se nace mujer, sino que se llega a serlo (on ne naît pas femme, on le devient) descansaba en el rechazo de atribuir una naturaleza a la mujer (vocación de la maternidad, p. ej.), pábulo de las reivindicaciones feministas.

El existencialismo encontró apoyos conceptuales en la fenomenología de Husserl (1859-1938), cuya teoria de la conciencia como intencionalidad (la conciencia es conciencia de algo) daba prioridad a la relación con el otro y con el mundo; y en su discípulo Heidegger (1889-1976), que reflexionó sobre lo que podria llamarse una ontología de la existencia (Sein und Zeit, “Ser y Tiempo”, de 1927).

El existencialismo, del que la revista de Sartre Les Temps Modernes vino a representar el estandarte, hubo de enfrentarse a un ataque trifronte:

  • Fue violentamente denunciado por los comunistas, llegada la guerra fria, como una muestra más de la podredumbre burguesa. Y en esos ataques se distinguieron nombres como Jean Kanapa y Henri Lefebvre (1901-1991).
  • Existía también lo que se podría llamar un “existencialismo cristiano” que se desprendía de Kierkegaard y de su teoría de la angustia que recordaba a Pascal y su teoría de la misería del Ser humano sin Dios; corriente que en Francia venia representada por Jacques Maritain y, particularmente, por Gabriel Marcel (1889-1973), converso al catolicismo en 1920 que planteaba una filosofía concreta, determinada como la morsure du réel y que, como Sartre, también escribirá para el teatro, con idéntica finalidad.

Entre ambas corrientes se estableció una violenta polémica.

  • La burguesía en tanto que clase social, económica y cultural; atacada e identificada como enemiga y diana constante del pensamiento existencialista, ella misma comenzó a diabolizar a la pareja Sartre-Beauvoir, traidora y renegada, a través de su prensa y sus canales afines.

Para los jóvenes intelectuales y estudiosos de 1945, impacientes de hacer tabla rasa de los valores culturales de antes de la guerra (dadaismo y surrealismo ya habían emprendido un combate similar), el existencialismo parecía la mejor via de arrancar la filosofía de los viejos carriles. Porque privilegiaba la existencia sobre la esencia, y no era percibido como queriendo dar respuesta, también él, a las tradicionales preguntas ontológicas.

Si las cosas son lo que son, la existencia del hombre, por el contrario, es perpetua trascendencia hacia otra cosa, y está en relación con el mundo, que es el que nos da la medida del fenómeno de existir. Por eso, el existencialismo, de ser ontología, sería ontología fenomenológica.

Pero el nuevo pensamiento buscaba, además, rebasar el marco universitario de reproducción de los mismos saberes, porque pretendía dar cuenta de la vida misma en compromiso constante y renovado del hombre agente. Y la nueva doctrina, fue tanto mejor recibida, cuanto que se encontraba con una situación histórica (conmoción de Hiroshima, guerra fría, descolonizacion…), para la que decía aportar un código de lectura.

Finalmente, para la opinión pública nacional e internacional,  el existencialismo vino a constituir una señal de la renovación del pensamiento y la creación francesa, que parecía venir de la mano de una literatura comprometida, ultímísima afirmación de la hegemonía del intelectual maître à penser, teorizante y guía. En su ensayo Qu’est-ce que la littérature? de 1947, Sartre se interrogaba y le planteaba al lector esta cuádruple pregunta: ¿Qué es escribir?, ¿Por qué escribir?, ¿Para quién escribir?, ¿Cuál es la situación del intelectual en la sociedad para la que escribe?

Pero, en sentido estricto, no se puede hablar de literatura existencialista, sino, más bien, de una literatura de la época llamada existencialista, la cual, eso sí, presenta algunos rasgos comunes, que aparecen, sobre todo, en Sastre y Camus: cierto clima filosófico y político, y determinados temas y preocupaciones en un contexto histórico determinado.

Cerca ya de los años 60, se llegar a una creación despolitizada, lejos ya tanto del “compromiso” sartriano, como del “realismo” socialista. “En 1945, los escritores soñaban con ser Dios y diez años después, solo pedían agradar” (Pierre de Boisdeffre: Histoire vivante de la littérature d’aujourd’hui). Bonjour tristesse, de Françoise Sagan, que obtendrá el  premio de la Crítica, aparece en 1954.

El estructuralismo vendrá a representar, en los años 1960, una nueva forma de contestación intelectual de la tradición existencialista. A modo de nostálgica despedida, ya Guy Béart cantaba aquello de que il n’y a plus d’après à Saint-Germain de Prés…, que retomarán Gréco y otros.

 

APUNTE BIBIOGRÁFICO

COLETTE, Jacques: L’Existentialisme;  Presses Universitaires de France, (sucesivas ediciones). 
GUIGOT, André: Sartre et l’Existentialisme; Toulouse, Ed. Milan, cop  2000.
HUISMAN, Denis: Histoire de l’Existentialisme;  Paris, Nathan, 1997.

MÄMMÄDXNOVA, Naidä: Le roman français existentialiste moderne; Bakou, Azernest, 2001.
SANFEDINO, Massimiliano: L’esistenzialismo ateo di J.P. Sartre; Manduria (Tarento), Piero Lacaita, 2005.
SARTRE,Jean-Paul: L’Existentialisme est un humanisme; Paris, Nagel, 1992.
STRALEN. Johannes Jean Marie van: Choices and conflicts: essays on literature and existentialism; Bruselas, Nueva York, PIE-P. Lang, 2005.
STUCKI, Pierre André: Les leçons de l’existentialisme;
VANNIER, Gilles: L’Existentialisme: littérature et philosophie;  L’Harmattan, 2001.

Y en español:

PEÑAS BERMEJO, Francisco Javier: Poesía existencial española del siglo XX; Madrid, ed. Pliegos,1993.
PRINI, Piettro: Historia del Existencialismo, de Kierkegaard a hoy; Barcelona, Herder, 1992.
QUILES, Ismael: El Existencialismo: Sartre, Heidegger, Marcel, Lavelle; Buenos Aires, Depalma, 1988

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