Borgoña

No es una región natural, sino histórica del centro este de Francia. La provincia correspondía aproximadamente a los actuales departamentos de la Côte-d’Or y de Saône-et-Loire, y a una parte del Yonne (el Avalonnais y el Auxerrois). La Bresse de Bourg y el Bugey añadidos en 1601, no pueden ser considerados como burguiñones.

A pesar de la presencia de altas tierras (Morvan), Borgoña es, ante todo, zona de paso entre las llanuras del río Saône por un lado, y los valles del Loira, del Sena y de sus afluentes, por otro. Y este cruce de caminos ha servido de base, desde tiempo inmemorial, a dominaciones políticas de límites variables.

En la época de los Galos, dos grandes pueblos se repartían lo esencial de lo que un día será Borgoña: los Lingones al norte y, sobre todo, los Eduenos al sur, en torno a su oppidum de Bibracte (sobre el monte Beuvray, cumbre del Morvan). Después de la conquista por los romanos -marcada en el 52 a. C. por el episodio decisivo del asedio a Alesia-, Langres y Autun (Augustodunum, que sustituyó a Bibracte después del 12 a. C.), son a la vez capitales administrativas, centros comerciales (gracia a una excelente red viaria), y el punto de partida de un proceso de romanización, y luego de evangelización precoz por San Benigno.

El hecho decisivo va a ser, a partir de mediados del s. V, la llegada de los burgundios, germanos originarios del sur de Escandinavia. Instalados primero en los Alpes del norte, irán extendiendo paulatinamente su dominación al conjunto de las tierras del Ródano y del Saona, asi como al SE. de la cuenca parisiense. Su rey Gondebaud (480-526, aprox.) promulgó su primer código de leyes.

Su reino es conquistado en el año 534 por los francos pero, después de la muerte de Clotario I en 561, un segundo reino de los burgundios recayó sobre uno de sus hijos, Gontran (545-593), a partir del 563, extendiéndose entonces desde Orleáns –de donde también era rey-, hasta el valle de Aosta, y desde Sens (Yonne) hasta cerca de Arles en Provenza. Merovingios y Carolingios le respetarán una cierta independencia, aun sufriendo diversos repartos0.

Dominado por una aristocracia salida, tanto de los grandes propietarios galoromanos como de los jefes bárbaros, este vasto territorio constituirá una de las subdivisiones del estado merovingio, y luego del imperio carolingio. El tratado de Verdun (843) vendrá a escindirlo en dos partes muy desiguales: únicamente las tierras entre los ríos Loira y Saona, recaen sobre Carlos el Calvo (Charles le Chauve), rey de la “Francia” occidental; el resto pronto iba a formar un reino, adscrito luego al Imperio germánico.

Colocados a la cabeza de pagi, subdivisiones de los antiguos centros administrativos y comerciales, los condes, cada vez más independientes del poder real, van a esforzarse por combatir a los invasores normandos y húngaros; como el conde de Autun, Ricardo el Justiciero (Richard II le Justicier, 880-921), al que podemos considerar primer duque de la Borgoña occidental, es decir “francesa”.

Cuando -ya en tiempo de los Capetos- Robert le Pieux (Roberto el Piadoso), casado con Berta de Borgoña, muere en 1031 habiendo anexionado Borgoña, el territorio volvió a separarse, convertido en ducado hereditario, en beneficio de Robert de Francia (1011-1076), hijo menor del fallecido y hermano del nuevo rey Henri I. Y el joven Robert se vió duque de unos extensos dominios que corresponderían al núcleo de la futura provincia, en torno a Autun y Dijon (que se convierte en capital), y que no incluyen Macon, Nevers, Auxerre, Sens, Troyes y Langres (que habían pertenecido a la antigua Burgundia).

Los duques capetos que se suceden hasta 1361 (en que se extingue la rama primogénita, con la muerte sin descendencia del joven Philippe I de Rouvres), se aplican en extender sus dominios, como hacen sus primos de Francia, y en someter a sus vasallos más turbulentos, y van esbozando un modelo de estado nombrando prebostes, gobernadores de castillos (châtelains) y bailes jueces. Y sacan partido del crecimiento demográfico, del avance en las roturaciones y del progreso general agrícola; también pueden apoyarse en las ciudades que el renacimiento del comercio ha venido a reanimar (la gran ruta desde Italia a las ferias de Champaña pasa por Borgoña), a las que concede cartas de franquicia o de comuna.  Y se erigen como los grandes protectores de una Iglesia en plena renovación; del siglo X al siglo XII, gracias a la fundación y a la irradiación europea de las abadías de Cluny (909) y de Cîteaux (1098), Borgoña se halla en el  corazón de la Cristiandad occidental y se convierte en uno de los lugares principales del arte románico, como de ello dan testimonio las iglesias de Cluny, Paray-le-Monial, Tournus, Vézelay, Saint-Lazare d’Autun, Fontenay…Aun siendo menos original y prestigioso, el gótico borgoñón producirá igualmente algunas obras maestras como Saint-Étienne d’Auxerre o Notre-Dame de Dijon, con dos niveles de arquerías.

El apogeo en tiempos de los duques de Valois-Borgoña – Con la muerte del duque capeto Philippe I sin descendencia en 1363, aquellas tierras habían vuelto al dominio real. Muy poco después, el rey Jean II le Bon (Juan II el Bueno) concedía en infantado y patrimonio (apanage) el ducado de Borgoña, a su hijo menor y preferido suyo Philippe II le Hardi (el Atrevido, 1342-1404, primero de los Valois de Borgoña), que recibió el ducado de manos de su hermano mayor, el futuro Charles V.

Sus herederos Jean sans Peur (Juan sin Miedo, 1371 [1404-1419]), Philippe III le Bon (1396 [1419-1467]) y Charles le Témeraire (1433 [1467-1477], lo mantendrán hasta la muerte de este.

El Atrevido casó en 1369 con Margarita de Flandes, la viuda de Philippe de Rouvres, lo que le permitirá  recoger en 1384, a la muerte de su suegro el conde de Flandes, el importante legado flamenco. Porque una hábil política matrimonial iba a permitir a esta familia, efectivmente, a partir de esa fecha, extender su autoridad paulatinamente sobre un vasto conjunto de territorios a ambos lados de la frontera entre Francia y el Imperio germánico. Dicho conjunto comprendía, además del ducado (aumentado en 1435 con los condados de Bar-sur-Seine, Auxerre y Mâcon), el condado de Borgoña (Franco Condado) y, sobre todo, gran parte de los Países Bajos, del Artois a la Holanda, y de Flandes a Luxemburgo.

Era una de las regiones más ricas de Europa. De ahí venía lo esencial del poderío de estos “Grandes duques de Occidente”. Jean sans Peur impondrá durante un tiempo en Francia la hegemonía del “partido borgoñón” contra los Armagnac; Philippe le Bon podrá practicar una política de equilibrio entre los ingleses y Charles VII (1403-1461), y obtendrá en 1435 la ruptura del lazo de vasallaje que le unía a Francia; fue Philippe le Bon el creador en Brujas de la orden del Toison de Oro en 1430 para unificar a la nobleza en torno a él (antes de que la orden pasara a los Habsburgo). Finalmente, Carlos el Temerario soñará con una corona real que habría de conferirle el emperador Federico III; pero su muerte en el asedio a Nancy, el 5 de enero de 1477, luchando contra Lorena, vendrá a frustrar sus sueños.

Último duque de Borgoña de la rama Capetos-Valois, el Temerario dejaba una hija, María de Borgoña (1457-1482).

            La Borgoña propiamente dicha, desfavorecida por el desplazamiento hacia el Este de las principales rutas comerciales, y debilitada por las operaciones militares y los pasos de tropas relacionados con la Guerra de los Cien Años (1337-1453), aparece como un elemento secundario del vasto conjunto burgundo-flamenco. La práctica del mecenazgo por los príncipes y su entorno le permite, sin embargo, convertirse en uno de los lugares privilegiados de los últimos fulgores de la civilización medieval. Poetas y cronistas escribían en francés, pero la influencia del arte del norte se ejerce plenamente en la cartuja de Champmol (el “Sant-Denis” de los duques, que Philippe le Hardi fundaba en 1383 a las puertas de Dijon, y que el vandalismo de la Revolución destruirá en gran parte), donde trabajaron el escultor Claus Sluter y sus discípulos; y en el hôtel-Dieu de Beaune, creación de Nicolas Rolin, canciller de Philippe le Bon.

            Las instituciones del ducado fueron evolucionando paralelamente a las del reino de Francia. Una Cámara del Consejo secundaba al duque y actuaba como tribunal supremo, concomitantemente con los Jours généraux de Beaune. Una cámara de cuentas controlaba a los gobernadores de los castillos (châtelains), a los recaudadores (receveurs) y a los bailes o jueces (baillis), nombrados por el duque, quien recibía, periódicamente, de los diputados de los tres estamentos, derecho de recaudar los impuestos necesarios para el sostenimiento de su corte y una política exterior activa.

            Pero la construcción geopolítica de los duques Valois-Borgoña era frágil y artificial: la unidad de estos territorios dispersos y heterogéneos descansaba sobre todo, en la persona del príncipe. Cuando Carlos el Temerario muere, Luis XI, su principal adversario, anexiona el ducado e invade Picardía, el Artois y el Boulonnais, con la pretensión (frustrada luego), de casar a María de Borgoña con el delfín de Francia.

Unos meses después de la muerte de su padre el Temerario, María de Borgoña se desposaba con Maximiliano de Austria, pero Luis XI de Francia decidió apoderarse de la Borgoña ducal y, muy poco después(1480), establecía en Dijon un parlamento. Y aquella reintegración a los dominios reales consiguió hacerse sin dificultades mayores.

La anexión no fue admitida, inicialmente, por los legítimos herederos del último duque:  Borgoña fue reivindicada por Maximiliano de Habsburgo, que recibía, no obstante, el resto de la herencia borgoñona, y lo será luego por su nieto Carlos V de Alemania, hasta 1544 en que hubo de renunciar definitivamente a ello por el tratado de Crépy. Localmente, las pretensiones habsburguesas no suscitaron prácticamente ningún eco.

Borgoña permanece, por otro lado, a resguardo de las operaciones  militares, gracias al tratado de neutralidad firmado en 1508 con el Franco Condado habsburgués, luego renovado. Vendrá la paz y una relativa prosperidad durante la primera mitad del s. XVI. Pero volverá a verse severamente afectada por las guerras de Religión (1562-1598, cabalgadas de los reitres protestantes, y luego luchas entre partidarios de la Liga y los realistas); y, sobre todo, tras la ruptura del tratado de neutralidad durante la guerra de los Treinta Años, entre 1636 y 1648. Y aún deberá sufrir los efectos de la Fronda y las terribles hambrunas del final del reinado de Luis XIV, en torno a 1700.

A partir de 1646, la provincia constituye un gobierno militar confiado a los príncipes de Condé, poco presentes allí, pero influyentes; y una generalidad, cuyo intendente, instalado en Dijon, es, aquí como en otros lugares, el más fiel agente del rey. Dos instituciones tradicionales continuaron resistiendo, dominadas por la aristocracia de la provincia, de la cuyas libertades pretendían erigirse en defensores: por un lado los llamados “états” (dominados por el alto clero, la nobleza y estrechas oligarquías urbanas), y el parlamento, heredero de los Jours generales, cuyos oficiales, salidos de viejas estirpes burguesas, eran casi todos nobles y grandes propietarios. Reducidos a la obediencia, bajo el régimen personal de Luis XIV, la alta magistratura parlamentaria dijonesa –al igual que sus homólogos parisienses-, recuperaron a lo largo del siglo XVIII reflejos de opositores, y su denuncia del “despotismo”, era, a menudo, únicamente la defensa de sus privilegios.

            La época de las Luces supuso para Borgoña una época de relativa prosperidad, pero a finales del Antiguo Régimen, el panorama general ofrecía disparidades. el lento crecimiento de la producción agrícola, metalúrgica y comercial (los grandes vinos de Borgoña se exportaban a toda Europa) y una cierta brillantez de la vida intelectual y artística en las ciudades, contrastaban con el arcaísmo de la sociedad rural (un tercio de las comunidades eran aún de mainmorte o manos muertas), el peso de los derechos señoriales y la insatisfacción de la gente de talento del estado llano, privada de  influencia y perspectivas.

La acción de burgueses emprendedores y el malestar de la masa campesina hicieron que los acontecimientos de 1789 encontrara en estas tierras amplia adhesión; y la Borgoña del s. XIX será mayoritariamente “patriótica” (en la acepción política de la Revolución), liberal y republicana. En 1790 el territorio de la provincia fue dividido en tres departamentos, que ninguna institución común vendrá a reunir antes de 1960. La actual RÉGION DE BOURGOGNE, con cuatro departamentos, que incluye hoy el Nivernais, corressponde a una parte importante de la antigua provincia, pero excede los límites de la zona dijonesa, próxima al ducado del siglo XI.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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En español:

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