Renoir, Auguste (1841-1919)

Pierre-Auguste Renoir nacía en Limoges el 25 de febrero de 1841, en el
bulevard de Sainte-Catherine, hoy de Gambetta. Y el será, de todos los maestros del Impresionismo, el que mejor va a representar la figura humana y la alegría de vivir en sus obras.

Sexto hijo y penúltimo de Léonard Renoir, cantero de oficio, y de Marguerite Merlet, costurera, sus padres se trasladan a París en 1845, en la perspectiva de encontrar más facilmente trabajo para los dos.

Después de haber seguido su escolaridad elemental y cumplidos ya los trece años, su padre le coloca como aprendiz en un taller de porcelanas, los Lévy frère et Cie., donde permanecerá hasta 1858, en la sección de decoración, al tiempo que seguía cursos de dibujo al finalizar su jornada.

Con una pincelada rápida y segura ya, y el gusto por el trabajo bien hecho (adquirido en estos años de “artesanado” y en diversos otros pequeños trabajos que venía ejerciendo, de colorista de abanicos y heráldica), es ahora admitido, a los veintiún años, en la escuela de Bellas Artes, donde tiene como profesor al pintor suizo Charles Gleyre (1806-1874) –maestro de muchos jóvenes artistas-, cuya academia y taller privado también frecuenta. Y allí conoce a Claude Monet, a Alfred Sisley y al malogrado Jean Bazille, que le hacen descubrir y admirar a Delacroix, a Courbet, a Corot y, sobre todo, a Edouard Manet, más próximo a ellos por edad; y aquella frecuentación será el principio de una sólida relación, no tanto con Gleyre, con el que no parecía congeniar.

Bal au Moulin de la Galette

Sus primeras obras son generalmente subestimadas, tanto por el público como por él mismo; y sin embargo, la obra que presentaba en 1864, inspirada en la Esméralda de la Notre-Dame de Victor Hugo, obtuvo cierto éxito.

Pronto llegarán los primeros pedidos de retratos que se convertirán en la base financiera de toda su carrera.

Influenciado inicialmente por Courbet, por Ingres y por Delacroix –de quien le viene el tema de las mujeres orientales-, admitido unas veces en el Salón anual (retrato de William Sisley y Le Soir), y otras rechazado, Renoir conoce por primera vez un cierto éxito con ocasión del certamen de 1868, con Lise à l’ombrelle (o mujer con sombrilla), para cuyo lienzo posa Lise Tréhot (1848-1922), a la que ha conocido dos años antes y que será su modelo y compañera hasta 1872, a lo largo de una veintena de pinturas. Conviviendo con Lise, Auguste será el padre, al menos, de Pierre (1868-1930) y posiblemente también de Jeanne (1870-1934), a la que no parece haber reconocido legalmente, pero de la que se ocupará en secreto en lo material, hasta el testamento final.

Hacia 1868/69, por los meses del buen tiempo, Renoir frecuentaba, en compañía de Monet, cierto lugar de esparcimiento a orillas del Sena, con baños y canotaje, que existía en las inmediaciones de Bougival, no lejos de París, llamado La Grenouillère (de no muy buena nota, precisamente); y aquellas estancias iban a ser decisivas para su carrera en lo inmediato. Eran años difíciles y primerizos, para estos jóvenes pintores, de estrecheces y semibohemia, en que ni para comprarse tubos de pintura tenían a veces; de mucho trabajo y ensayos repetidos también, sobre el mismo tema.

A partir de su experiencia de La Grenouillère, Renoir se interesa por el aire libre, los contrastes tornasolados y cambiantes, los efectos de la luz reflejándose en el agua y, con un cambio en su paleta donde el negro no existe, hace en adelante esas pinceladas fragmentadas y breves que desaprobará el academicismo, cambios que le llevarán enseguida, como a todo su grupo, al Impresionismo.

Pero él dará preferencia a la figura humana. En 1870, exponía el desnudo La Baigneuse au griffon (la Bañista del perrito; hoy en el Museo de Arte de Sao Paulo) y L’Odalisque –a la manera, este último, de Delacroix, en la National Gallery of Art de Washington-.

Era el año de la guerra franco-prusiana, que le arrancará a Francia Alsacia y Lorena, del asedio de París y de la Comuna y su tragedia.

Desde 1872, el marchante Paul Durand-Ruel parecía interesarse por lo que hacía, y Émile Zola y otros críticos empezaban a citarle en términos laudatorios.

Después de haberse visto rechazado en los Salones de 1872 y de 1873 –año éste de su Allée cavalière au bois de Boulogne (paseo a caballo), cuyas sombras fueron consideradas demasiado azules-, en septiembre dejaba su pequeño estudio del 34, rue Notre-Dame-des-Champs, por otro más amplio en el 35 de la rue Saint-Georges del otro lado del Sena, que mantendrá durante tres años, aun viviendo él allí hasta 1884.

En 1874, Renoir participa activamente en la organización de la primera exposición impresionista, donde presenta con éxito La Danseuse y La Loge (El Palco, en la Courtlaud Institute Gallery de Londres). Y, desde 1876, aplica a sus retratos los principios impresionistas, como se aprecia en el Portrait de Madame Charpentier (Museo de Orsay), ejecutado por estas fechas; y se revela un maestro de los juegos de luces.

Ese año de 1876, alquila en el 12 de la rue Cortot de  Montmartre, un taller (“une vieille bicoque”, como lo llamará Jean, rememorando la vida de su padre), de donde saldrán escenas de interior y de exterior –cafés, jardines, orillas del Sena- que serán otras tantas obras maestras, como Un Bal au Moulin de la Galette (1877, óleo sobre lienzo, que comprará Gustave Caillebotte) y La Balançoire (El Columpio); ambas en el Museo de Orsay.

Y es admitido en el brillante salón de madame Louise Lemonnier, esposa del joven Georges Charpentier (1846-1905), editor de los Zola, Flaubert, Maupassant, Goncourt, Huysmans… Era la época en que aún se sentía atraído por la vida mundana.

En 1879 conoce a Aline Charigot, dieciocho años menor.

Y ejecuta el gran retrato de Madame Charpentier et ses enfants (Metropolitan Museum of Art, de Nueva York), cuya preparación había sido, de alguna manera, el retrato del mismo personaje, de dos años antes; fue bien acogido en el Salón oficial, pero sus Jeune fille au chat (“Muchacha con gato”, en el museo Sterling and Francine Clark Institut, Williamstown, Massachussets) y Pêcheuses de moules à Berneval (“Pescadoras de mejillones en Berneval”, cerca de Dieppe) de 1880, no suscitan  ningún entusiasmo.

Parecía que nunca lograría hacerse un hueco en el disputado mercado del arte, y las estrecheces, si no la misería, empezaban a pesarle. Así que toma la decisión de no volver a exponer con sus amigos impresionistas y de orientarse hacia un mayor clasicismo.

Gracias, sin embargo, a algunos pedidos de cierto prestigio, puede entonces salir adelante; después de los citados de madame Charpentier, obtiene otros encargos, y siente que -aun cuando no ha abandonado enteramente sus temas de los años anteriores-, domina cada vez mejor su propio arte, como se va a ver en su gran Déjeuner des canotiers (“El almuerzo de los remeros”, 129,5 x 172,7 cm.; col. Philips. Washington D.C.) -culminación del período-, de 1880-1881, con el que Renoir quería rendir homenaje al pintor Caillebotte, primer mecenas de los impresionistas, y donde aparece también Aline Charigot (después de que Lise Tréhot hubo salido abruptamente de su vida, allá por 1872, en circunstancias mal conocidas).

Entre 1881 y 1883, Renoir va realizar diversos viajes: pasa una temporada en Argelia -vía Provenza, donde visita a Cezanne en l’Estaque (Marsella)-, de donde traerá paisajes y retratos de mujer; luego serán Milán, Venecia, Florencia, Roma (las Stanze di Raffaello del Vaticano), Nápoles y Sicilia. El deslumbramiento ante los frescos de Rafael, y su admiración, luego, por los frescos de Pompeya, se reflejarán en su Baigneuse au bord de la mer.

Entretanto, en la séptima exposición impresionista (1882), Renoir aparece representado con 25 lienzos, pero, impulsivo y siempre inquieto, siente -como otros compañeros de aquella aventura-, que se va alejando del Impresionismo, de la cual dan testimonio Les Parapluies (1883/86, National Gallery, Londres). Y en el transcurso de este período llamado “aigre”o “ingresco” por referencia a sus estudios en torno a Ingres, decide modificar su factura hacia un estilo más preciso, disciplinado y realista, y menos vibrante, aunque sigue privilegiando la figura humana: Danse à Bougival (de 1883, con sus amigos Suzanne Valadon en la mujer que baila y Paul Lhote en el hombre, hoy en el Museum of Fine Arts de Boston), Danse à la ville (también de 1883, con Lhote y Valadon, en el Musée d’Orsay de París), y Danse à la campagne (con Lhote y Aline Charigot).

Pero se interesa también por el paisaje y las marinas.

Les Grandes Baigneuses (no confundir con otro lienzo de igual nombre que Cézanne ejecutará en 1906, también en Filadelfia), pintadas entre 1884 y 1887, hoy en el Museo de Arte de Filadelfia), vinieron precedidas de muchos estudios a su regreso de Italia; un dibujo más agudo y pinceladas más lisas y fluídas caracterizan este gran lienzo que le había inspirado a su autor un bajorrelieve del escultor Girardon, para el jardin de Versalles. Expuestas en la exposición internacional de 1887, era la culminación y término de su fase “ingresca”.

Porque, a partir del otoño 1888, Renoir conoce un nuevo período de desánimo, vista la incomprensión que encontraba su factura ingresca, cogida ahora “entre dos fuegos”: los académicos a los que seguía sin convencer y sus ex-compañeros dolidos por la deserción; abatimiento agudizado, además, por sus primeros ataques de artristis.

En 1889 se muda con su familia al 13 de la rue Girardon, y ocupa el pabellón que llaman “Château des Brouillards” en Montmartre; allí permanecerá hasta 1897.

Y en 1890 contrae matrimonio con Aline Charigot; su hijo Pierre tenía ya cinco años; luego vendrán Jean en 1894 y Claude siete años después. Era la modelo preferida de Auguste Renoir, ahora su marido, y aparece en quince de sus cuadros, entre los que se cuentan tres Maternité (1885-1886), de las cuales la segunda es origen de la escultura Mère et enfant (1916), en la que se representa a Aline dándole el pecho a Pierre.

Si es verdad que cada uno de los niños posará para su padre (ver p. ej. Claude Renoir en clown, de 1909), ninguno de ellos va a seguir su vocación: Pierre Renoir será un fecundo actor con una larga carrera; Jean se convertirá en el realizador que conocemos; y Claude se lanzará en la producción cinematográfica (p. ej. en La Règle du Jeu de su hermano, 1939), y será en su momento el encargado de la recensión de las pinturas de su padre y principal experto en ellas.

Inmerso en su desasosiego creativo, Renoir destruye numerosos cuadros y opta, a partir de 1890, por una manera llamada “nacrée”, especie de compromiso entre las facturas anteriores, donde dominan, esta vez, los blancos y los rosas matizados, en demi-teintes. De ello son ilustración toda una serie de desnudos titulados Baigneuses, y de Jeunes filles (al piano, leyendo o paseándose), como aquella de 1892 Jeunes filles au piano (Muchachas tocando el piano, óleo de 116 cm x 90 cm, Musée d’Orsay), Y serán luego las escenas que le inspiran sus hijos y Gabrielle Renard -la joven que los cuida y que su mujer ha traído de su tierra-, las que adquirirán un lugar preponderante.

Sus cuadros comenzaban a venderse bien, gracias a los marchantes Ambroise Vollard  y Paul Durand-Ruel; la crítica comprendía mejor su estilo, y exponía ya por toda Europa y en los Estados Unidos; y, con todo ello, llegó a la familia un notable desahogo material, aun manteniendo él sus gustos de hombre sencillo.

Y, en 1896, adquiere una casa en el pueblecito champañés de Essoyes, de donde era originaria su mujer Aline.
Eran los años de la madurez.

Y los años también en que el lamentable caso Dreyfus ven dividiendo a políticos, intelectuales, artistas y a la sociedad francesa entera, con notabilidades y gente respetable en uno y otro bando. Por un lado, se situaban los que, como Zola, defendían la inocencia del desgraciado oficial, acusado de espionaje a favor de Alemania; y por otro, los que, agrupados en la Ligue de la patrie française, se mostraban antidreyfusards convencidos; entre estos últimos se hallaba Auguste Renoir. Conocemos la conclusión del lamentable episodio.

En octubre de 1903, iniciaba su andadura en el Petit Palais de París el polifacético Salón de otoño anual (pronto trasladado al Grand Palais); y Renoir participa en él.

Desde hace unas temporadas, viene pasando sus inviernos en el Mediodía. Y es ahora cuando, buscando un clima más benéfico para su quebrantada salud, acaba fijándose en Cagnes-sur-Mer, no lejos de la frontera italiana; allí compra en 1907 la propiedad de Collettes, donde va a continuar pìntando: será su fase cagnoise, más fluída y transparente, con escenas mitológicas (Le Jugement de Pâris, varias versiones), odaliscas, retratos, como el de Gabrielle à la rose, de 1911 Musée d’Orsay), bodegones…

Pero su salud se degradaba irreversiblemente y, desde 1905, tenía dificultades para caminar. Con el brazo derecho semiparalizado ahora -consecuencia de la mala curación de una fractura, años atrás, montando en bicicleta-, y las manos afectadas por la artritis deformante, Renoir experimenta con la escultura, por seguir el consejo de Vollard, pidiéndoles a ayudantes que modelen el mortero según sus indicaciones; será particularmente, a partir de 1913, Ricard Guino, un joven de Gerona, venido del taller de Maillol, que sorprende al pintor, desde el primer momento, por su destreza y su talento natural. “Tú coge el material, yo me colocaré cerca de ti y te diré lo que tienes que ir haciendo” –le dijo desde su silla-. Según palabras de Georges Seurat, va a ser aquello una especie de escultura a cuatro manos  A pesar de la diferencia de edad, ambos congeniaron y van a crear un conjunto de notables piezas, según dibujos o cuadros del maestro, como Vénus Victrix (cuyo modelo fue Gabrielle Renard), La Grande Laveuse accroupie (la lavandera agachada), Le Petit forgeron (el joven herrero), o el busto polícromo de madame Renoir (museo de Orsay), realizado después de su muerte en 1915, luego resuelto en bronce y colocado en su tumba. “Es como si tuviera una mano en la punta del bastón –decía Renoir-; ¡para hacer un buen trabajo, no hay que estar demasiado cerca!”

“Si he intentado hacer escultura, no fue por molestar a Miguel Angel, ni porque la pintura no fuera ya suficiente a mi actividad, sino porque M. Vollard me había empujado siempre suavemente a ella”.

En 1911, Auguste Renoir era nombrado oficial de la Legión de Honor, después de haber sido honrado ya con la medalla de chevalier en 1900.

Llegó la guerra y fueron éstos años de pérdida y de tristeza, viudo ahora desde 1915 y con sus hijos heridos en la gran confrontación europea.

En 1918, Guino abandona su colaboración con Renoir, y es sustituido por Louis Morel, originario del mismo Essoyes de Aline, y con éste hará aún en terracota dos Danseuses au tambourin (Bailarinas del tamboril), y un Joueur de flûteau (flautista).

Una de sus postreras obras, a la manera de Tiziano o Rubens, Les Baigneuses del museo de Orsay (1918-1919 aprox.), refleja su preferencia de siempre por los desnudos al aire libre (naturaleza atemporal), y por las tonalidades rojizas al final de su vida. Y, a la manera de un testamento pictórico, sus hijos donarán el lienzo al Estado francés.

Uno de los que habían de ser más grandes y prolíficos pintores de Francia, perteneciente por un momento a la escuela impresionista y el que, sin duda, representó mejor la joie de vivre -siempre en el más esquisito buen gusto-, inclasificable en definitiva, moría en Cagnes-sur-Mer el 3 de diciembre de 1919, a los 78 años de edad, victima de una congestión pulmonar, él que siempre había sufrido de afecciones respiratorias. Ya en el lecho en el que habrían de apagarse sus ojos para siempre, quiso pintar el jarrón de flores que veía en el reborde de su ventana; y, al devolver los pinceles, dijo en un hilo de voz: “Creo que empiezo ahora a entender algo”.

Su cuerpo reposa hoy en Essoyes, a cuya tumba han venido luego, en filial homenaje, sus hijos Pierre y Jean Renoir

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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Écrits et propos sur l’art (textos reunidos, presentados y anotados por  Augustin de BUTLER; Hermann, 2009.)

Y en español: La alegría de pintar; Casimiro, 2016.
La obra completa de Renoir; Planeta Agostoni, 1989, 1995.

BONAFOUX, Pascal: Renoir:1841-1919; Perrin, 2009.
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En español:

La obra completa de Renoir; Origen, 1989; luego Planeta Agostini.
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VOLLARD, Ambroise: Escuchando a Cézanne, Degas y Renoir; Ariel, 2008

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