Renoir, Jean (1894-1979)

El que iba a convertirse en uno de los más grandes realizadores del cine francés, ilustrando su obra de audacia, libertad y constante búsqueda de nuevos caminos, nacía en París el 15 de septiembre de 1894, en el Montmartre de los artistas y la bohemia.

            Además de otros dos hermanastros de una convivencia anterior, era el segundo hijo que Auguste Renoir había tenido con su esposa Aline Charigot -modelo que había sido del pintor y originaria de Essoyes, entre Champaña y Borgoña-, y hermano de Pierre Renoir (nacido en 1885) y de Claude “Coco” (nacido en 1901), luego actor uno y ceramista el otro.

Poco atraído por los estudios, se alista en el ejército a los 18 años, y participa con el grado de suboficial en la Primera guerra mundial, durante la cual será herido en una cadera que le hará arrastrar una cojera para siempre. Recuperado de su herida, vuelve a la guerra, esta vez en la aviación y allí aprende la fotografía.

Acabó el conflicto –ya fallecida su madre en 1915- y Renoir pasó a Cagnes-sur-mer, donde vivía su padre, y allí fue ceramista durante un tiempo; y de sus inicios en el arte de la cerámica conservará su paciencia y su inclinación por la libertad creativa.

Su padre muere en 1920, dentro de una cierta comodidad económica y, en 1924, Jean comienza como productor y guionista de la única película que va a dirigir el luego famoso actor Albert Dieudonné: el drama Catherine ou Une vie sans joie, donde ambos actúan también como actores, y donde Andrée Heuschling (conocida luego por Catherine Hessling) desempeñaba el papel femenino principal, ella que había sido modelo de Auguste Renoir desde 1917 hasta su muerte, y se había convertido, tras el fallecimiento del pintor, en la mujer de su hijo (hasta 1935, divorcio pronunciado en 1943), y madre de Alain Renoir.

Siguio el melodrama La Fille de l’eau (1925), de tinte impresionista, donde su mujer interpretaba a una joven maltratada por su tío, marinero de ríos y canales, y donde aparecía también su hermano mayor Pierre; cinta que pasó prácticamente desapercibida. Y luego la costosa Nana (1926), basada en Zola, que supusos para su director un desastre financiero. Temporalmente arruinado, Marquitta (1927), todavía en el cine mudo, sólo era ya un trabajo de encargo para salir del paso; como lo fue, en el verano de ese mismo año, su papel de chulo rufián en el cortometraje La P’tite Lilie, del brasileño recientemente nacionalizado francés Alberto Cavalcanti, donde figuraba también Catherine, y que montará Marguerite Houllé.

Rodando La P’tite Lilie, conocerá Renoir a la también brasileña Dido Freire, de veinte años entonces.

Fue antes de realizar él, y producir con Jean Tédesco, el cortometraje La Petite Marchande d’allumettes (1928), según el cuento de Hans Christian Andersen, con Catherine Hessling en el principal papel de Karen, cuyo ambiente semimágico y efectos de trucaje le vinieron a situar entre los cineastas del momento, pero que resultó un nuevo fracaso comercial.

Y de nuevo hubo de rodar producciones sin mayor interés: Tire-au-flanc, (algo así como “el gandul escurridizo”), según un vodevil de la época y Le Tournoi dans la cité, ambientado en el s. XVI, especie de drama histórico rodado en Carcasona con ocasión del bimilenario de la ciudad. Como también, continuando en el cine mudo, Le Bled de este 1929 (que monta por primera vez para él Marguerite Houllé, luego conocida por Marguerite Renoir), encargo del Gobierno General de Argelia, propaganda colonial para conmemorar la conquista de aquel territorio en 1830: “Argelia –se leía en los títulos mudos- no sólo es una región pintoresca para uso de caravanas, sino también, un país de una prodigiosa actividad industril y comercial…”); no va a ser el único encargo ideológico que Renoir asumirá.

Luego interviene en dos películas como actor, antes de rodar él su primera cinta sonora, adaptando un vodevil de Georges Feydeau de 1910; era On purge bebé (1931), de 46 minutos, que supuso un gran éxito.

 Entrado ya en el cine sonoro con su sello personal, en el verano de 1931 rueda el largometraje La Chienne, según la novela del mismo nombre de La Fouchardière, inicio de una serie de grandes películas y homenaje a su admirado actor Michel Simon (Maurice en la película), visto a través de un francés medio, vejado por su patrón y por la arpía de su mujer, cuyo única evasión era la pintura, y que, en su credulidad, acaba siendo presa, hasta la degradación total, de una joven prostituta y de su rufián.

La Chienne anunciaba Boudu sauvé des eaux (1932), según una comedia de 1919 de René Fauchois, también con Michel Simon en el papel, esta vez, de un vagabundo excéntrico y anarquizante, que se lanza al agua por salvar a su perro y es recogido por el librero Lestingois -persona de ideas liberales que le acoge en su hogar-, y Boudu, carente por entero del sentido del decoro y las convenciones que construyen lo cotidiano de las relaciones sociales, siembra el desbarajuste en aquella casa, antes de regresar a su vida bohemia; la película supuso un gran fracaso comercial, porque aquella pequeña burguesía urbana, parte importante de su potencial audiencia, no entendía que se pusiera en solfa su manera de vivir y se pudiera preferir la pretendida libertad de un clochard a su bien reglada y previsible existencia.

En 1932, realiza también Chotard et compagnie, que saldrá al año siguiente. Y La Nuit du Carrefour, adaptación del extraño y poético universo de Georges Simenon, primera película del género policíaco en el cine francés, con Pierre Renoir en el papel de Maigret y el luego realizador Jacques Becker como joven asistente.

Separado ya Jean Renoir de su primera mujer Hessling, Marguerite Houllé pasa ahora a ocupar su puesto sentimental y a convivir con él.

Madame Bovary, de 1934, inspiración distante y poco académica de la novela de Flaubert –con Pierre Renoir en Charles Bovary-, tratada como comedia trágica que tomaba a los personajes como héroes de teatro, supondrá otro fracasado.

Maestro de un naturalismo poético donde podían reconocerse las influencias de los pintores impresionistas, de Zola también y de Maupassant, Renoir abre luego camino al neorrealismo con Toni de 1935, basado en un suceso real acaecido tiempo atrás por tierras de Provenza, y que pudo rodar gracias al apoyo de Marcel Pagnol productor; aparecía aquí el joven Lucchino Visconti como asistente de realización. Filmada en la radiante luz del Mediodía francés y con actores no profesionales la mayoría, la película unía lo cotidiano a la atmósfera de la tragedia. Pero los espectadores no le darán su apoyo, a pesar de la buena crítica que obtuvo. Charles Blavette, que encarnaba a Toni, trabajará con Renoir en otras dos películas por venir: La vie est à nous y Le Déjeuner sur l’herbe

 Tras la inconclusa Une partie de campagne (“Jira campestre”), de 1936, discreto homenaje a la naturaleza que tanto había amado su padre (con él mismo en le père Poulain, su hijo Alain Renoir de quince años en un muchacho pescando, y Marguerite Houllé en la sirvienta), Renoir celebra la llegada del Frente Popular con cuyos presupuestos ideológicos se siente ahora en sintonía, gracias a las relaciones familiares de su nueva compañera, hija de sindicalista y hermana de un militante comunista. Conoce entonces a Maurice Thorez, secretario general del partido, y a Jacques Prévert también; y las preocupaciones políticas van a ocupar un lugar importante en su creación. Son entonces, en 1936, La vie est à nous, realizada como propaganda electoral del PCF, donde se entremezclan escenas interpretadas para la ocasión con discursos políticos. Huelga señalar que el éxito de esta película, en la dividida Francia de entonces, fue mitigado, pero conocerá cierto inesperado auge llegado mayo del 68.

Y también (nacida de la colaboración con Prévert, que aportaba el brío cáustico de sus diálogos), la libertaria, espontánea y anticapitalista comedia dramática Le crime de monsieur Lange, con el luego muy popular Jules Berry en el papel del editor Batalas.

Y en el verano de este mismo año de 1936 adapta a Gorki, que acababa de morir, con Les Bas-fonds, en cuyo montaje interviene, un vez más, Marguerite Houllé Renoir; drama en el que el ruso, ponía en escena, en 1902, a seres marginales, con Jean Gabin en el personaje de Pepel.

Luego será La Marseillaise (1938), financiada por el sindicato CGT.

Y, aun no siendo miembro del Partido Comunista, empieza a colaborar con regularidad en periódicos y revistas de izquierda como Regards (creada en 1932 y entonces bajo el control del PCF), o Ce soir (creado por el PCF en 1937, y en cuya financiación pudo haber participado la República Española).

Pero tres obras merecen mención aparte: La Grande Illusion, La Bête humaine y La Règle du jeu.

Con la aristocracia descrita como agonizante y la Segunda guerra mundial apuntando ya en el horizonte, dos enemigos entablan amistad en 1917, en un campo de prisioneros de Alemania: eran el oficial del campo Von Rauffenstein (Eric von Stroheim) y el capitán de Boïeldieu (Pierre Fresnay). La Grande Illusion de 1937, se presentaba como un mensaje de paz, que no fue entendido por el gran público, hasta el boicot. Con guión y diálogos de Charles Spaak y del mismo Jean Renoir, el cineasta abordaba sus recuerdos de aviador y prisionero de 1914-18, a través de una historia de evasión donde lo psicológico ocupaba un lugar; y afirmaba su fe en la fraternidad de los hombres, más allá de las patrias: “Una frontera no se ve, es una invención de los hombres” –le decía Rosenthal a Maréchal en su huída, preguntándose si aquello del fondo sería ya Suiza-.

La película será Premio especial del Jurado internacional de Venecia en 1938, y reconocida como “mejor película extranjera” en Hollywood ese mismo año.

En La Bête humaine de 1938 –segunda adaptación del naturalista Zola- con su sobrino Claude en la fotografía, Renoir intentaba poner en escena el contexto social de la época, pero era, sobre todo, el retrato de una mujer, el que aquí revelaba la actriz Simone Simon –de regreso desencantado de Hollywood-, en el papel de Séverine, y Gabin en el de Jacques Lantier.

La Règle du jeu (“La(s) Regla(s) del juego”), película de caro presupuesto, vagamente inspirada inicialmente en Les Caprices de Marianne de Musset, y en Marivaux también, fue rodada en la primavera de 1939 y saldrá a la gran pantalla en el verano; pero resultará un fracaso por la hostilidad de algunos y el desconcierto de la mayoria, ante aquel lenguaje cinematográfico que mezclaba los estilos, aquellos cambios de tono y rupturas, la ausencia de protagonistas definidos a los que seguir (Jean Renoir en el papel de Octave) y una interpretación de los actores semiimprovisada, a la manera de la commedia dell’arte; rasgos todos ellos, difíciles de entender para el público del momento. La obra iba a marcar un giro en la carrera de Renoir. “Drama alegre” –según se anunciaba al público-, o “fantasía dramática”, su difícil montaje corrió a cargo, por última vez, de Marguerite Renoir, y en ella participó como script Dido Freire que, en adelante, va a convertirse en su compañera y luego su esposa. Era una pintura de costumbres, crítica y desesperanzada, de la aristocracia y de la alta burguesía en estos años de preguerra, con sus debilidades y sus contradicciones, y también del universo menudo que se movía a su servicio. No pocos la consideran una de las mejores cintas de la historia del cine. Pero la película, tal como la vieron aquellos espectadores de 1939, quedó perdida, al haberse extraviado o destruido el negativo original; y lo que se ve hoy es la meritoria reconstitución llevada a cabo en 1958.

Fueron aquéllos éxitos admirables por la profunda verdad de los caracteres, la poderosa pintura de costumbres y sátira social, y por la novedad de la valentía en el estilo, que daban a la captación del espacio y a la continuidad temporal un papel inhabitual. Obras demasiado audaces para su tiempo, que fueron generalmente acogidas con la incomprensión del público y la hostilidad de una parte de la crítica.

La experiencia del Frente Popular llegó a su fin, mientras el contexto internacional se iba degradando irreversiblemente. Considerada desmoralizante en semejante momento, La Règle du jeu fue prohibida por la censura militar ese mismo año.

Renoir se aleja de Marguerite Houllé y, decepcionado, parte para Italia en compañía de la joven brasileña Dido Freire. Allí comienza la Tosca, según el drama de Victorien Sardou de 1887 (con Michel Simon en el papel del barón Scarpia, e Imperio Argentina en el de Floria Tosca), rodaje que, con Italia comprometida ahora en la guerra, hubo de abandonar al cabo de unos planos en mayo de 1940, dejándolo en manos de su asistente Koch que terminará el film.

Y en 1940 se encontraba de nuevo en Paris. Ejecuta entonces varios trabajos para el
Servicio cinematográfico del Ejército, antes de desplazarse al Mediodía. Y es durante estas semanas cuando recibe del director de cine y guionista Robert Florey -parisiense algo más joven que Renoir e instalado en California-, una invitación para que se traslade a los Estados Unidos.

Cegada cualquier perspectiva razonable de crear en libertad en Francia y en Europa, Jean Renoir se embarca para América, vía Lisboa, en el otoño de 1940, y llega a Hollywood en enero de 1941.

Contratado por la Twentieth Century Fox, va a rodar Swamp Water (“L’Étang tragique” o ‘Aguas pantanosas’ en español), que saldrá en 1941 y sólo se verá en Francia en 1948. Allí en Hollywood, la película provocó cierta sorpresa, porque era la primera vez que un gran estudio aceptaba que se rodaran exteriores al natural –en este caso en Georgia-,  y no con telas o cartones pintados. Fue un fracaso comercial.

Y en febrero de 1944, se casa en Westwood (Los Ángeles), con Dido Freire, que permanecerá ya su compañera hasta la muerte.

Renoir había de realizar todavía obras de variada inspiración, donde encontramos su amor por la vida y por el hombre, su lirismo y su generosidad.

This Land is Mine (Vivre libre,‘Esta tierra es mía’), filmada en el otoño de 1942 y que saldrá al año siguiente, ponía en escena a un maduro solterón -maestro de escuela rural, que interpreta Charles Laughton-, en algún lugar que se sugiere es la Francia ocupada (con el patriótico Le Chant du Départ  de Méhul, presente a lo largo de la cinta). Huelga señalar de qué modo fue recibida en la Francia de entonces.

 A Salute to France de 1944 (Salut à la France), pretendía darle una imagen más real de los franceses al soldado americano, en visperas de su llegada a Francia.

Enseguida vendrá The Southerner, (L’Homme du Sud, ‘El Sureño’), de 1945, que obtenía tres Oscars al año siguiente; era la historia de un bracero americano y de su familia, en las plantaciones de algodón, luchando por salir adelante ellos solos; aunque con más lirismo, menos épica y sin la acritud de Las Uvas de la Ira que John Ford, acababa de rodar según Steinbeck.

En The Diary of a Chambermaid (Le Journal d’une femme de chambre, o ‘Diario de una doncella’), de 1946 -una de las varias adaptaciones libres que conocerá la novela de Mirbeau, entre ellas la de Buñuel-, Renoir abordaba, en una especie de tragedia burlesca, el reducido universo de la domesticidad, les gens de maison.

The Woman on the Beach (La Femme sur la plage, ‘Una mujer en la playa’), de 1947 -según la novela “None so Blind”, que Mitchell Wilson había publicado dos años antes-, era un drama entre negro y psicológico, interpretado por Joan Bennett en el papel femenino, y la última película de Renoir en América: un hombre y una mujer, cada uno comprometido con otra pareja –ella en una relación de amor-odio con su marido, pintor neoyorkino, ahora ciego y amargado-, luchando contra el amor, fuertemente impregnado de sensualidad, que les atraía el uno hacia el otro. Pero la película tendrá una acogida mitigada en taquilla.

Y el cineasta va a cesar su colaboración con los grandes estudios para consagrarse ahora a la realización de películas más ”experimentales”.

The River (Le Fleuve, ‘El Río’), cuyo rodaje comienza en enero de 1950, basada en una novela que la inglesa Margaret Rumer Godden, había publicado cuatro años antes, se encontrará en la gran pantalla a finales de ese año. Era la primera película en color de Renoir, asistido por su sobrino Claude Renoir como director de la fotografía, y con actores no profesionales entre algunos experimentados (Arthur Shields, Esmond Knight). La acción  de The River transcurría en una India no folclórica, y narraba –más allá de los tópicos de jungla, cacerías y elefantes que el espectador de entonces podía esperar-, la historia de Harriet, una joven británica que vivía una sosegada existencia con sus padres, un hermano pequeño, Bogey, y tres hermanas, en la región de Calcuta; hasta que aparece el “capitán John”, un joven oficial herido, llegado allí e instalado en una casa vecina, para pasar su convalecencia, origen para ella de inéditos sentimientos; todo en una atmósfera de tranquilidad y calma, como el apacible fluir del Ganges. La película, considerada entonces como “de vanguardia” obtendrá, entre 1951 y 1952, diversos premios en Venecia y los Estados Unidos.

Su hermano Pierre moría en París en marzo de 1952 y, ya de regreso a Europa -pero con la doble nacionalidad americana, al igual que su hijo Alain-, realizará la producción franco-italiana Le Carrosse d’or (‘La carroza de oro’, The Golden Coach en su versión original inglesa), segunda en technicolor de Renoir. Estaba ambientada en la América española del siglo XVIII, según Le Carrosse du Saint-Sacrement, que Mérimée escribiera en 1830, y fue rodada en Cinecittà (Roma), en el invierno de 1952, con la racial e indisciplinada Anna Magnani en el papel de Camilla, e igualmente su sobrino Claude en la fotografía. Pero Renoir cambió el supuesto previo de Mérimée y quiso hacer un homenaje a la commedia dell’arte y a la improvisación, sacando todo el partido de su actriz principal: “¿Dónde empieza la comedia y dónde termina la vida?” –se preguntaba Camilla-. La película no tuvo éxito entre el público, a su salida en 1953.

Tras lo cual Renoir se ocupó en 1954 de la puesta en escena del Jules César, de Shakespeare en el teatro de Arles.

Para rodar luego French Cancan (1955), su último éxito.

Porque ni Orvet, ni Elena, ni Le Testament le aportarán de nuevo el favor del público.

La primera era una pieza en tres actos escrita y montada en ese 1955 (con el personaje de Georges, un autor dramático que se parecía mucho a Renoir en sus ensoñaciones).

Con Elena et les hommes de 1956, concluía su trilogía fílmica sobre el mundo del espectáculo, comenzada con ‘La Carroza’ y seguida por French. Era una “fantasia musical”, en el contexto de la Belle Époque y de un caso que recordaba el episodio político del penoso general Boulanger -con Jean Marais, Ingrid Bergman y la participación final de Juliette Greco-,

El telefilm Le Testament du docteur Cordelier, realizada en 1959, fue su único ensayo en el género fantástico.

A modo de compensación, la amable comedia Le Déjeuner sur l’herbe (Picnic sobre la hierba’), rodado en el familiar domaine des Collettes, que ha heredado su hermano Claude, en pantalla a finales de 1959 y de la que era guionista y dialoguista, iba a ser acogida más favorablemente. Era la desenfadada defensa del método natural de procreción, frente a la inseminación artificial en los humanos, con Paul Meurisse en el papel del biólogo, y Catherine Rouvel en el de Nénette.

Como también será bien recibida por el público Le Caporal épinglé (‘El cabo atrapado’), aunque lo fue menos por una cierta crítica, que situaba la resistencia patriótica contra el ocupante por encima de la fraternidad entre los pueblos. El film, según una novela de Jacques Perret, retomaba el tema de La Grande Illusion de 1937, en el marco, esta vez, de la Segunda Guerra en 1940, y era la historia, entre el drama y la comedia, de varios intentos de evasión de franceses en un campo de prisioneros alemán. Renoir quiso utilizar aquí el B/N a fin de poder introducir mejor imágenes de archivo. Rodada en el invierno anterior, salía en la primavera de 1962.

Ante las dificultades  crecientes que encontraba para producir películas, Renoir se va retrayendo sensiblemente de la cinematografía, en beneficio de la escritura; será primero una biografía de su padre (Renoir, mon père, 1962), alguna novela (Les Cahiers du capitaine Georges, 1966, a vueltas con los recuerdos de amor y de guerra, y Le Crime de l’Anglais, 1979). Ma vie, mes films, su autobiografía, vendrá en 1974.

            Pero ya en 1969 (el año en que morìa su hermano Claude), Renoir había vuelto de nuevo con Le Petit Théâtre de Jean Renoir, cinta insolente y serena al mismo tiempo, compuesta de cuatro breves historias, y realizada en color para la televisión, que los televidentes verán al año siguiente y el público de la gran pantalla en el otoño de 1975; puesta en escena y en situación por el cineasta, que presentaba él mismo los sketches. Fue coincidiendo con la atribución de un Oscar de honor (Special Award) al conjunto de sus obra, que Hollywood le hizo en ese 1975.

            Y en Francia mismo se verá honrado en 1977 con la distinción de Commandeur de la Légion d’Honneur.

Jean Renoir morirá en Beverly Hills (California), adonde se había retirado, en febrero de 1979, pero su cuerpo será repatriado, para descansar, en adelante, en Essoyes (Champagne), al lado de la tumba de su padre.

Tan cómodo en el género fantástico, como en la realización de comedia, en la película de encargo, como en la cinta propagandística, no se entenderían las mutaciones del cine francés, sin las sucesivas aportaciones de Renoir entre 1930 y 1950. Su influencia sobre numerosos realizadores de la llamada Nouvelle Vague -para quienes era le Patron-, será evidente a partir de esas fechas. Truffaut le consideraba el más grande de los cineastas.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO:

RENOIR, Jean: Ma vie et mes films; Paris, Flammarion, 1974 (versión española: “Mi vida y mis films”;
      Valencia, Torres, 1975: también: Mi vida y mi cine; Akal, 2011).
      “      ,    “  : CORRESPONDANCE (1913-1978); Plon, 1998.

BAZIN, André: Jean Renoir; con prólogo de Fr. Truffaut y un texto de Renoir; Champ Libre, 1971. (En español: Jean Renoir, períodos, filmes y documentos; Paidós Ibérica, 1999)

BERTIN, Célia: Jean Renoir; Perrin, 1986; luego Editions du Rocher, 2005.
BESSY, Maurice, CHIRAT, Raymond y BERNARD, André: Histoire du cinéma français. Encyclopédie des films 1951-1955. Ed. Pygmalion/Gérard Watelet; Paris, 1995.
GILLIAT, Penelope: Jean Renoir, Essays, conversations,  reviews; Nueva York, 1975.
MÉRIGEAU, Pascal: Jean Renoir; Flammarion, “Grandes biographies”, 2012, 1100 pgs.
PHILIPPE, Claude-Jean: Jean Renoir, une vie en oeuvres; Bernard Grasset, 2005.
TRUFFAUT, François: Les films de ma vie; Paris, Flammarion, 1975; luego 1987 y 2007.

En español:

FERNÁNDEZ CUENCA, Carlos: Jean Renoir; Filmoteca Nacional de España, 1966.
QUINTANA, Ángel: Jean Renoir; Cátedra, 1998.

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