Pasteur, Louis (1822-1895)

El que llegaría ser eminente químico y microbiólogo nacía en Dole (dep. Jura), el 27 de diciembre de 1822, en el seno de una familia de mediano vivir, donde el padre, Jean-Joseph Pasteur, era curtidor de pieles.

            Trasladada ya su familia  a la cercana Arbois, el joven Pasteur siente inclinación hacia la pintura, para la que presenta trazas y buena disposición, pero, después de unos estudios medios, honestos aunque no particularmente brillantes, en el collège de Besançon, renuncia a ese proyecto y (ya bachelier ès-lettres, y luego ès-mathématiques) consigue entrar, a los 19 años, en la Escuela Normal Superior de la rue d’Ulm, con la intención de cursar física y química. En 1843 era declarado admissible, con el número 4; y, tres años después, pasaba la agrégation en ciencias físicas, para sostener en 1847, su tesis doctoral de cristalografía sobre “l’étude des phénomènes relatifs à la polarisation rotatoire des liquides”.

Ya para entonces había sido nombrado profesor de física en el Instituto de enseñanza media (lycée) de Dijon; y, a partir de 1848, ocupa un puesto de profesor suplente de química en la universidad de Estrasburgo. Aquí va a conocer, precisamente, a Marie Laurent, la hija del rector Laurent, con la que se casará en mayo de 1849, y cuya hija primogénita, Jeanne, nacía al año siguiente; vendrán luego Jean-Baptiste (1851-1908), Cécile (1853-1866), Marie-Louise (1858-1934) y Camille (1863-1865)

Sus primeros trabajos se orientan, efectivamente, hacia la cristalografía; descubre la relación entre forma y composición de un cristal y su poder polarizador, y sus resultados están en la base de la estereoquímica. Su investigación en ese campo se ve coronada en 1853 por la Academia de las Ciencias, antes de recibir la légion d’honneur, y de ser nombrado luego, en septiembre de 1854, decano de la nueva facultad de Ciencias de Lille, donde empieza a interesarse por los problemas de fermentación.

Porque a sus treinta años era reconocido ya como uno de los maestros de la Universidad y de la nueva ciencia francesa. Sus trabajos sobre las sales del ácido tartárico y las formas disimétricas de cristalización de esos ácidos sólo eran accesibles a los especialistas, y le convierten en un experimentador fuera de lo común. “No existe una ciencia pura por un lado y una ciencia aplicada por otro –decía-, sino únicamente la ciencia y las aplicaciones de la ciencia”.

            Pero Pasteur es conocido, sobre todo, por ser el fundador de la microbiología. Y va a ir desgranando sus ideas en escritos sucesivos, el primero de los cuales es Mémoire sur la fermentation appelée lactique (comunicación presentada en 1857 en la Société des Sciences de Lille, año que puede considerarse como el principio de la “revolución pasteuriana”).

Este año de 1857 vuelve a l’École Normale como director adjunto, y aquí tendrá laboratorio en unas improvisadas instalaciones bajo la techumbre.

Su hija Jeanne muere en Arbois en 1859.

Y obtiene el premio de Fisiología experiental, por sus trabajos sobre la fermentación, después de publicar en 1860 su Mémoire sur la fermentation alcoolique.

En 1862 es recibido miembro de la Academia de las Ciencias.

Y vendrá luego Mémoire sur la fermentation acétique, de 1864.

Todos sus descubrimientos -incluso los más fundamentales-, tuvieron siempre, como punto de partida, un problema práctico. El primero, se refería a la fermentación, las diversas enfermedades del vino y su transformación en vinagre (1863). Y fue así como descubrió la existencia de microorganismos específicos, responsables de todos los fenómenos de putrefacción y de fermentación (alcohólicos o lácticos): los “fermentos”; en una época en que grandes mentes, como el alemán Justus von Liebig, Marcellin Berthelot o Friedrich Wöhler (el sintetizador de la urea), creían aún que esos fenómenos eran provocados por agentes químicos, en presencia de algún catalizador.

            Pasteur remueve esa interpretación y afirma que las levaduras en el origen de la fermentación, son seres vivos microscópicos que se reproducen más o menos bien, según el medio en el que se encuentren, y que, consecuentemente, se pueden neutralizar o cultivar. La fermentación no era, pues, un fenómeno físico-químico, sino un atributo de la vida de esos hongos.

La existencia de organismos vivos responsables de reacciones químicas, como la posibilidad de vida en ausencia de oxígeno eran hipótesis opuestas al saber de su época. Pasteur demuestra que existen microorganismos necesitados de oxígeno para vivir, mientras que otros son anaeróbios, y también que el calentamiento rápido y posterior enfriamiento permite destruirlos (lo cual abría la vía al método de conservación luego llamado “pasteurización”).

Y sus teorías van a recibir aplicaciones concretas en la mejora de la fabricación tanto del vinagre como de la cerveza.

Sin embargo, el reconocimiento del mérito científico de Pasteur no fue inmediato, pero aquella primera hostilidad resultará pronto vencida.

Fue también en esta época cuando sus experiencias le permitieron refutar definitivamente  y atacar a los defensores de la doctrina de la “generación espontánea” a partir de materiales no vivos, a cuya cabeza se presentaba el naturalista Félix Archimède Pouchet, director del Muséum d’histoire naturelle de Rouen.

En 1865 moría en Arbois su padre, del que el hijo Louis guardará siempre un filial y entrañable recuerdo.

Ya lanzada Francia a la era industrial, bajo el nuevo emperador Napoleón III, y requerido por el gobierno, a propósito de cierta enfermedad epidémica –la pebrina-, que destruía los gusanos de seda y estaban acabando con la sericicultura del valle del Ródano y el Languedoc, Pasteur acepta interesarse por el tema a partir de 1865, aun declarándose poco competente en la materia; no tardará en demostrar que los responsables eran unos microorganismos  específicos.

Y aquellos éxitos hacen que el Emperador y su esposa Eugenia le reciban en Compiègne, junto a Claude Bernard.

Estudia también el carbunco del ganado lanar (que había retenido ya la atención de los investigadores desde los años 40, particularmente de Davaine y del alemán Robert Koch); luego el cólera de las gallinas, la erisipela porcina y, finalmente, la rabia. Con Charles Charberland y Émile Roux, descubrió que la inyección del microbio atenuado hacía a los animales insensibles a la enfermedad: y fue aquello el descubrimiento de la vacuna preventiva.

En 1867 era nombrado profesor en la Sorbona.

Ya terminada la guerra franco-prusiana y los trágicos sucesos de la Comuna, Pasteur es nombrado, en 1873, miembro de la Academia de Medicina,

Y el 4 de noviembre de 1879, el conocido predicador dominico Henri Didon, bien introducido en el mundo de intelectuales, sabios y literatos, casaba al escritor René Vallery-Radot (1853-1933) con Marie-Louise, supervivente de las hijas del matrimonio Pasteur (después del fallecimiento de Jeanne, Cécile y Camille); el hijo varón Jean-Baptiste no tendrá descendencia.

Y de esa unión nacerán Camille y Louis (1886-1970) que será médico como su abuelo y escritor como su padre.

El año anterior, 1878, Pasteur había publicado su Mémoire sur la théorie des germes et ses applications à la médecine et à la chirurgie; porque aquellas investigaciones y hallazgos le llevaron naturalmente a acercarse al campo terapéutico y quirúrgico, a cuyos profesionales intentaba inculcarles los grandes beneficios de la asepsia, antes de entrar en contacto con el paciente.

Y publicará en 1881, Mémoire sur la possibilité de rendre les moutons réfractaires au charbon par la méthode des inoculations préventives (sobre la posibilidad de que los carneros se vuelvan refractarios al carbunco, por la vía de inoculaciones preventivas), con lo que, en junio del año siguiente pudo demostrar la eficacia de la vacuna en un pueblecito de la Beauce, Poully-le-Fort: allí, 25 cabezas de ovino previamente vacunadas, sobrevivieron a la enfermedad, mientras que otras 25 tomadas como testigos, murieron.

En diciembre de 1881 era recibido en la Academia Francesa, para ocupar el sillón que había dejado el lingüista Littré.

Fue sólo en julio de 1885 cuando, asistido por el joven médico Émile Roux (1853-1933), aplicó por primera vez la vacuna terapeutica al ser humano, en su gabinete de la Escuela Normal Superior: se trataba del caso desesperado de un pastorcillo alsaciano de 9 años, mordido por un perro con rabia, que, al cabo de una docena de sesiones, acabará restablecido, para gran alivio de Pasteur; luego vino otro caso, y otros, y apenas dos años después -con algunos fracasos también-, cerca de 3.000 personas habían sido tratadas de ese modo con éxito; era una gran victoria, pues la rabia –transmitida, sobre todo, a través del zorro y el perro-, era considerada entonces una terrible enfermedad, que condenaba sin remedio al enfermo a una muerte atroz. Y ello no tardó en asegurarle a Pasteur fama mundial, aun debiendo afrontar la hostilidad de determinadas celebridades médicas, celosas de los éxitos de este físico-químico que había venido a inmiscuirse en su terreno.

Y en la Francia de finales del s. XIX compartió la gloria y el aprecio de sus conciudadanos con Victor Hugo, que moría ese año de 1885.

Fue tal la emoción suscitada por las prometedoras perspectivas que se ofrecían con ese significativo avance, que una suscripción internacional iniciada a instancias de Pasteur, con el objeto de abrir un centro de investigación microbiológica fundamental, culminaba, en noviembre de 1888, con la inauguración, por el presidente de la República Sadi Carnot, del Instituto que lleva su nombre, ubicado hoy en París en la rue du Docteur Roux (zona de Vaugirard, metro “Pasteur”), y cuyos trabajos posteriores como centro mundial de investigación biomédica (además del desarrollo del suero antirrábico), estarán en la base de la lucha contra la difteria, la tuberculosis, el tétanos, la fiebre amarilla, la poliomielitis, el sida…; y de él saldrán una decena de “pastoriens”, premios Nobel de Medicina o Fisiología.

Pero ya el propio Pasteur se encontraba físicamente muy debilitado para tener entonces papel relevante en el nuevo marco de investigación.

            Sí obtuvo, no obstante, una última consagración en la Sorbona, con motivo de su septuagésimo aniversario, aquel 27 de diciembre de 1892.

Brillante y temible polemista en las academias, hasta lo irascible, Louis Pasteur moría en Villeneuve-l’Étang, Marnes-la-Coquette (Hauts-de-Seine), el 28 de septiembre de 1895, al término de una inmensa obra científica. Y se organizaron para él funerales nacionales.

Su esposa Marie Laurent, madame Pasteur –excelente colaboradora, a lo largo de la vida científica de su marido-, le sobrevivirá aún quince años.

Hijo de su propia obra, humanista convencido de que la ciencia constituía la vía para mejorar la suerte de la humanidad, trabajador infatigable, a pesar de una hemorragia cerebral que le afectó a partir de 1868 y que le dejó parcialmente paralizados un brazo y una pierna; y de la pérdida también de tres hijas de cinco hijos que tenía, que vino a ensombrecer su vida en adelante.

Hábil y escrupuloso experimentador y dotado de una gran intuición, sólo el alemán Koch (algo más joven que él) podría comparársele. Su lugar en la historia de la ciencia médica es muy grande, y su figura sigue encarnando la imagen del sabio heroico, desinteresado y enteramente entregado a su tarea.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BESSON, André: Louis Pasteur, un aventurier de la science; Ed. Du Rocher, 2013.
DUBOS, René: La leçon de Pasteur; Albin Michel,1987.
DEHER, Évelyne: Pasteur et le développement de la vaccination; Lyon, Lugd, 1995
JAUGEY, René-Charles: Sur les chemins de Pasteur; Avignon, A. Barthélemy, 1995.
LATOUR. Bruno: Pasteur: Guerre et paix des microbes; La Découverte, 2011.
MOREAU, Richard: Préhistoire de Pasteur; L’Harmattan, 2000; también: Louis Pasteur, de Besançon à Paris; L’Harmattan, 2003.
ORSENNA, Erik: La vie, la mort, la vie; Louis Pasteur (1822-1895); Fayard, 2015.
VALLERY RADOT, René: Histoire d’un savant par un ignorant, J.Hetze, 1884; y Vie de Pasteur, Hachette, 1900 y posteriores ediciones..

Savant et Société aux XIXe. et Xxe. siècle; Actes du Colloque, 18 et 19 mai, 1995; Dole. Organizado por la Univ. De Franche-Comte, bajo la dirección del prof. Michel Woronoff; Univ. De Franche-Comte, 1996.

En español:

Louis Pasteur; Planeta-Agostini
ECHEVARRÍA, María Jesús: Pasteur; Afha Internacional, 1977 y 1981..
HERRERA, Juan-Ignacio: Louis Pasteur;  Susaeta, 1981.
VIÑAS, David: Louis Pasteur; Labor, 1990.

Deja un comentario