Bérulle, Pierre de – (1575-1629)

Nacía en el château de Sérilly (cerca de Troyes, Champaña), el 4 de febrero de 1575, en el seno de una familia de la nobleza parlamentaria o de robe, descendiente de los Séguier por su madre.

Hizo sus primeros estudios con los jesuítas, y acabó sus humanidades en la universidad de París.

            Aun cuando estaba destinado a la tradicional carrera de un magistrado, Pierre se compromete pronto en el sacerdocio. Y esa vocación sincera reflejaba la  renovación espiritual a la que se asistía en Francia, en este “medio siglo de los santos”.

            Sacerdote, pues, en 1599 el joven clérigo formaba parte del círculo de madame Acarie, cuyo salón místico frecuentaba; y allí se veía también a François de Sales.

Bérulle toma sus distancias con el humanismo devoto y rechaza el estoicismo cristiano. Y va a desplegar una actividad según las conclusiones tridentina, en el triple terreno teológico, espiritual y disciplinario.

            Ya en 1600, el ex-calvinista Jacques Davy Du Perron (pronto cardenal y arzobispo), le elige a él para que le asista en la defensa de las tesis católicas, contra el jefe protestante Duplessis-Mornay, en la conferencia de Fontainebleau.

            En 1601, es nombrado capellán real.

                Amigo de Francisco de Sales, otro gran convertidor de calvinistas, Pierre de Berulle fue también un sacerdote comprometido con el mundo. Hábil controversista, entra parcialmente en la polémica religiosa, combate a los “antiposesionistas” -aquellos que atribuían las manifestaciones de los posesos a simples causas médicas-, y con más ardor, a los reformados, a quienes consigue arrebatar altas damas señaladas, con sus dotes suaves e insinuantes.

Pero su gran combate va a situarlo Pierre de Bérulle en la reforma del clero. Había tomado parte muy activa -con la colaboración de María de la Encarnación (madame Acarie)-, en la instalación del primer carmelo teresiano (o regreso a la regla primitiva descalza) en París, en 1604, y, en los inicios de este gran siglo de espiritualidad francesa, funda en 1611 la congregación de sacerdotes del Oratorio, o de Jesús y María Inmaculada, siguiendo el modelo del Oratorio de Roma de Felipe Neri, cuya finalidad era reformar y preparar a clérigos, a menudo escasamente instruidos para el sacerdocio, en aquella Francia rural arrasada. El Instituto obtendrá de Pablo V su confirmación, dos años después, a pesar de la oposición de los jesuítas. Y las constituciones serán de su segundo superior, el teólogo y místico P. Charles de Condren, que sucederá a su fundador.

Y aquella congregación del Oratorio atravesará diversas vicisitudes, según los tiempos: suprimida bajo la Revolución, restaurada, dispersada y de nuevo restablecida.

Era todavía Bérulle superior general del Oratorio, cuando fue nombrado superior de carmelitas, por delegación y comisión del papado, lo cual suscitará una dura y larga controversia con el carmelo, que le persiguió con panfletos y difamaciones.

Porque las ruinas provocadas por las guerras de la segunda mitad del siglo, con numerosas iglesias incendiadas, curas perseguidos por los hugonotes, oratorios destruidos y estatuas de santos destrozadas, interrumpieron culto y celebraciones y provocaron el retroceso o la desaparición de la fe cristiana en amplias zonas de Francia: los rurales habían perdido el hábito de la misa y de los sacramentos, particularmente en el norte y al oeste de la Cuenca parisiense, sin por ello haber caído en el protestantismo.

            Y Bérulle se constituye en el influyente maestro espiritual del que llaman partido devoto. Enrique IV y luego Luis XIII le ofrecerán, en varias ocasiones, obispados que rechazará; sólo aceptará dos abadías.

En sus años jóvenes, se había sentido interesado por la teología abstracta (Bref discours de la perfection chrétienne, de 1597), bajo la influencia de los platónicos del Renacimiento florentino, pero no tardaría en descubrir la mística renano-flamenca, para fundar, en su madurez, un sistema cristocéntrico original, influenciado por los “Ejercicios espirituales” de Ignacio de Loyola.

No es ya que, como Montaigne decía, el Hombre sea diverso e inconstante, sino que, tendiendo siempre a la nada, no tiene  ninguna existencia propia, “emanando siempre de Dios, y sólo de esa emanación continua y perpetua le viene su existencia”.

En su tratado más conocido (Discours de l’état et des grandeurs de Jésus, “Discurso sobre el estado y las grandezas…”, de 1623), Bérulle organiza la piedad sobre una meditación penitencial de la vida de Cristo, la única que puede unir al cristiano con la divinidad, a pesar del pecado original: “Hay un hombre, hombre de la misma condición que nosotros (…), que es relación substancial y personal con Dios”. Gracias a ese hombre, nosotros podemos entrar en esa misma relación.

Y decia Bérulle: “Propiamente hablando, sólo Cristo se humilla (…), porque, siéndolo todo, se reduce a nada. ¡Oh Dios mío, te anonadas por el amor que me tienes, anonádame por amor a Ti! ¿Cuándo será, Señor, que no haya nada de mí en mí-mismo!”

El Discours de l’état…, -escrito en francés, cuando todavía el latín era la lengua natural de la teología-, le elevará a maestro de la escuela francesa de espiritualidad, y marcará el estilo francés de la meditación piadosa, como en Malebranche, p. ej., donde la reflexión se vuelve efusión sentimental.

            Más que un teólogo, Pierre de Bérulle se muestra como un místico; pero ello no le impidirá tomar parte importante en diversos asuntos de Estado:

  • en la primera reconciliación de Luis XIII con su madre, a la muerte de Luynes (1621),
  • en la conclusión del tratado de Monzón con España en 1626, que ponía término al espinoso caso de la Valtelina,
  • y en la rápida obtención en Roma de la dispensa para la unión matrimonial de Enriqueta (Henriette) de Francia con el príncipe de Gales, pronto Carlos I de Inglaterra, a pesar de la oposición del embajador de España.

Y fue nombrado ministro de Estado.

En 1627, el papa Urbano VIII le crea cardenal.

Sin embargo, partidario de una triple alianza con Roma y España contra los países protestantes, Bérulle (al igual que un sector importante de la opinión francesa, que no entendía cómo la católica Francia pudiera apoyar a los enemigos de la unidad de la fe). se oponía a la política antihabsburgo que venía practicando Richelieu, y se conocía su cercanía con el ministro de justicia (garde des sceaux) Michel de Marillac –tío de la que será santa Luisa de Marillac-, y con la gente del consejo secreto de María de Médicis.

En 1629 conoció la desgracia real. Fue meses antes de su muerte, que le sobreviene -posiblemente envenenado por las malas artes del ministro de Luis XIII, murmuraron algunos- en el transcurso de la celebración de una misa, el 9 de octubre de ese 1629.

            Protector de Descartes, a quien había instado a que renovara la filosofía (antes de que la Iglesia comenzará a desconfiar del autor del Discours de la Méthode), había alentado también la publicación de la Biblia políglota que editaría Guido Michel Lejay (1588-1674) en 10 vols., y fue él, Bérulle, quien mandó incluir ahí el “Pentateuco samaritano”, recientemente traído de Constantinopla y conocido por los biblistas de Occidente sólo a principios del s. XVII.

Sus obras habían sido impresas varias veces aún en vida; el tercer superior general P. François Bourgoing las reunió después de su muerte, para su publicación a partir de 1644, y hubo luego varias ediciones. Y los jansenistas aprobaron y difundieron su tratado Des grandeurs de Jésus.

Pierre Bérulle simboliza el éxito de una escuela francesa de espitualidad, aunque también el fracaso del sueño de una cristiandad europea, limitada, en adelante, por los intereses nacionales.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BÉRULLE, Pierre: Correspondance; 4 volúmenes texto establecido y anotado por Michel DUPUY (†) y Blandine DELAHAYE; Oratoire de Jésus, 2006/2015.
BRÉMOND, Henri: La métaphysique des saints; Armand Colin, 1967.
HOUSSAYE, Michel: Le cardinal de Bérulle et le cardinal de Richelieu; Ed. Plon, 1875.
LESCOT, Rémi: Pierre de Bérulle, apôtre du Verbe incarné; ses intuitions, ses textes; París, Les editions du Cerf, 2013.
MONTFORT, François: Petite vie de Pierre de Bérulle, fondateur de l’Oratoire de Jésus; Descleé de Brouwer, 1997.

MORGAIN, Stéphane-Marie: La théologie politique de Pierre de Bérulle; París, Publisud, 2001. 
VETÖ, Miklos: Pierre de Bérulle, les thèmes majeurs de sa pensée; L’Harmattan, 2016.

En español:

BÉRULLE, Pierre: Discurso y elevaciones: Discurso sobre el estado y las grandezas de Jesús. Elevación sobre la gracia de Dios en Magdalena. Escritos breves (trad. de S. Garcia Díez); Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2003.

Deja un comentario