Vicente de Paul, San – (1581-1660)

El que iba a ser misionario fundador de orden y llegar a santo, nacía en Pouy (Paulus > Paul; hoy Saint Vincent de Paul, en las Landas), el 24 de abril de 1581, en el seno de una humilde familia de campesinos, y fue pastor de rebaños en su infancia. Gracias a la protección del juez local, que notó su particular inteligencia, podrá estudiar en el colegio de los cordeliers (frailes franciscanos), de la cercana Dax.

            Emprende primero una peregrinación a Roma. Luego, buscando un beneficio eclesiástico para establecerse, según costumbre de la época, sigue sólidos estudios de teología en Toulouse, hasta llegar así a su ordenación en 1600,

            En el transcurso de un viaje por el Mediterráneo, fue secuestrado por piratas berberiscos en 1605 y, si bien el hecho no está documentado, pudo haber estado cautivo en Túnez, de donde logrará evadirse.

            Y de nuevo estaba en Roma en 1607; allí, la diplomacia papal le va a encargar cierta misión cerca de Enrique IV de Francia. Y, durante unos años, parecía mostrar cierta tibieza en su condición de sacerdote.

En 1608 se constata su presencia en el entorno de Margarita de Valois, a la que llaman “la reine Margot” (la ex-esposa de Enrique IV -ahora en la capital del Reino, después de muchas vicisitudes). de la que Vicente acaba convirtiéndose en capellán y distribuidor de limosnas (1610-1612), y recibiendo una pequeña abadía.

El nuevo ambiente en el que se mueve ahora le pone en contacto con los sectores influyentes de la buena sociedad. Frecuenta el medio que dicen “dévot”, y entra en relación con Bérulle, conocimiento muy significativo en adelante que le va a orientar hacia la reforma del clero y al apostolado de la población rural, y para él consigue el introductor de los carmelitas la cura parroquial de Clichy (1612).

Y Vicente se hizo amigo de Francisco de Sales, que acababa de fundar la orden de la Visitación y será autor de la “Introducción a la vida devota”.

Capellán ahora de la rica familia de los Gondi, y preceptor -gracias a Bérulle-, de los hijos de Philippe Emmanuel de Gondi, general de galeras de Francia, (1613), en sus tierras de Picardía redescubre la pobreza material y espiritual del campesinado, en esa Francia salida de la Reforma y la Contrarreforma, entre D’Aubigné y Bérulle.

            Porque las ruinas provocadas por las guerras de la segunda mitad del siglo XVI, con numerosas iglesias incendiadas, curas perseguidos por los hugonotes, oratorios destruidos y estatuas de santos destrozadas, interrumpieron culto y celebraciones y provocaron el retroceso o la desaparición de la fe cristiana en amplias zonas de Francia: los rurales habían perdido el hábito de la misa y de los sacramentos, sin por ello haber caído en el protestantismo, particularmente en el norte y al oeste de la Cuencia parisiense.

Y una profunda conversión comienza a operarse en él, que le lleva en 1617 a instalarse en la miserable cura de Châtillon-sur-Chalaronne, en la región de la Dombes, 40 km al NE. de Lyon, entre las más pobres parroquias de Francia; y allí funda una de las primeras cofradías de la Caridad con la colaboración de las ricas damas de la región, y él da ejemplo a sus feligreses con su celo y su vida virtuosa.

            De regreso a París, nombrado en 1619 capellán general de galeras, Vicente de Paul lleva una vida consagrada a la caridad y a la actividad misionera cerca de los condenados: por   que piensa que recristianizar al pueblo sólo es posible por medio de la ayuda a los más desfavorecidos.

            Y de nuevo se retira en 1622.

            En abril de 1625 Vicente se separa de los Gondi, pero es para fundar, con la ayuda de sus protectores, la Société de los Prêtres de la Mission (“Congregatio missionis”) llamados “padres paúles”, o “lazaristas”, por traslado de la congregación, unos años después, al priorato de Saint-Lazare, allí en París. Y la congregación nacía con la finalidad de formar a sacerdotes con vocación, en la línea tridentina, de elevarlos intelectual y espiritualmente. Cada martes, tendrán lugar en Saint-Lazare conferencias espirituales muy apreciadas por el clero parisiense.

            Y los lazaristas abrirán seminarios y predicarán con el ejemplo, hasta asegurar pronto varios centenares de misiones, en Francia, en Polonia y hasta en Madagascar.

Obsesionado con la miseria moral y material del pueblo, el infatigable Vicente de Paul, mobiliza también a los laicos. Con la aristócrata Luisa de Marillac (1591-1880), recientemente viuda, y la protección de damas devotas de la alta sociedad, funda en 1633 una comunidad religiosa laica de hermanas siervas de los pobres, las Filles de la Charité (Hijas de la Caridad), cuyo hábito gris pronto se hará familiar a los pobres. En la colecta de donaciones, o para las obras de los Enfants trouvés (niños abandonados), que Vicente de Paul crea en 1638, se apoya en las redes devotas, como la discreta Compagnie du Saint-Sacrement, creada poco tiempo antes para el ejercicio de la caridad y la preservación de la fe católica..

            El carismático “Monsieur Vincent”, como le llamaban, gozaba ya de un gran prestigio, salvo en los medios jansenistas, que él combatía, y que llegaron a lanzar campañas difamatorias contra su persona.

            Él será quien asista al rey Luis XIII en sus últimos momentos, aquel 14 de mayo de 1643, cuando venga a morir, cinco meses después de Richelieu, corroído por una colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn.

Y la regente Ana de Austria le nombrará enseguida su director de conciencia personal y miembro también de aquella institución encargada de los asuntos eclesiásticos, que llamaron Conseil de Conscience, puesto desde el que depurará al alto clero, apartando del episcopado a sacerdotes sin vocación, a absentistas, a ignorantes nombrados por el favor real e incapaces de sostener una discusión teológica, o a aquellos cuyas costumbres y modo de vida eran escasamente edificantes.

Y, esforzándose por mantenerse por encima de las facciones, a pesar de sus malas relaciones con Mazarino, se mostrará particularmente activo para aliviar la miseria, cuando lleguen los disturbios de la Fronda.

Vicente de Paul moría en París el 27 de septiembre de 1660, a los 80 años, en olor de santidad, al término de una prodigiosa vida volcada hacia la pureza del Evangelio y hacia el prójimo; su figura -descollante en el movimiento general de renovación católica y eclesiástica de su tiempo-, será canonizada en 1737. Él no había querido, unicamente, asegurar la salvación de su propia alma –como le había dicho a Luisa de Marillac-, sino “bien faire la volonté de Dieu”, conformarse a la voluntad divina, poniéndose al servicio del prójimo.

En su pueblo natal, se puede visitar hoy la humilde casa familiar que le vio nacer, llamada “Ranquines”, en el quartier de Berceau, reconstituida en 1700.  Su correspondencia y sus “Instructions” serán publicadas a principios del s. XX.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

VINCENT DE PAUL: Textes choisis par Nicolas BLANC: Perpignan, Artège spiritualité, 2011.
DUFAUX, Jean: Vincent, un saint au temps des mousquetaires; Dargaud Bénélux, 2016.
FEBVRE, Lucien: Le problème de l’incroyance;
GUILHAUME, Philippe: Saint Vincent de Paul, l’ambassadeur des pauvres; RMC, 1988.
GUILLAUME, Marie-Joëlle: Vincent de Paul, un saint au Grand siècle; Le Grand Livre du Mois, 2015.  
MANDROU, Robert: Introduction à la France moderne, 1500-1640; Albin Michel, 1974.
VANDEWALLE, Marguerite-Marie: Vincent de Paul: le passionné des pauvres; Paris, ed. Fleurus, 1981.

En español:

LEÓN RENEDO, Martiniano: Amigo de los pobres, San Vicente de Paul; Madrid, La Milagrosa, 1990.
LÓPEZ PULIDO, Félix: Vicente de Paúl de los pobres; CEME, 1983.
MARTÍNEZ KLEISER, Luis: De Monsieur Vicente de Paul a San Vicente de Paul; Acvión Católica Española, 1944.

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