Carlos IX, rey de Francia – (1550-1574)

Quinto hijo de Enrique II y de Catalina de Médicis, y segundo varón en precedencia Charles-Maximilien nacía en Saint-Germain-en-Laye el 27 de junio de 1550.

Se sabe poco en cuanto a las condiciones de su educación, salvo que, en 1557, recibe al latinista y humanista Jacques Amyot como preceptor.

El 15 de diciembre de 1560 subía al trono con diez años, para suceder a su hermano Francisco II, y reinará bajo la regencia de su madre, contando con el inestimable apoyo del ponderado Michel de l’Hospital.

El 15 de mayo de 1561, el nuevo rey era coronado y consagrado en Reims en un contexto de crisis religiosa.

Es él quien abre, en septiembre de 1561, el llamado colloque teológico de Poissy, o reunión de doctores de ambas confesiones, que, sin consultar al papa, ha querido convocar Catalina de Médicis. Encabezando el bando calvinista, a aquella reunión asiste el intransigente Théodore de Bèze, brazo derecho del poco pacífico Calvino. Resultará un fracaso y, a pesar de ello y en nombre del rey, el Consejo promulgará luego el Edicto de Tolerancia de Saint-Germain-en-Laye, de 15 de enero de 1562, que concedía a los hugonotes libertad de culto.

Pero Carlos va a sufrir con su madre el ineluctable encadenamiento que vino a desatar la matanza de Wassy-sur-Blaise de 1 de marzo de 1562, inducida por François de Guise, y el consiguiente deslizamiento hacia la guerra civil.

Porque el rey ha regresado a París, los calvinistas denuncian que ha caído en poder de esa especie de triunvirato que forman Montmorency, Guisa y Saint-André, decididos a que la religión católica siga siendo prevalente en el Reino, los mismos que, según el rumor, habrían amenazado con sustituirlo en beneficio de su hermano menor.

Frente al levantamiento protestante, Carlos IX se involucra directamente en las confrontaciones del ejército real; y él en persona viene a asediar las ciudades de Bourges y de Rouen, antes del término de aquella primera guerra de Religión que concluía en el tratado de Amboise, de 19 de marzo de 1563.

Quiere ser rey guerrero, pero su papel político es por entonces muy apagado y sólo aumentará después de dos notables iniciativas de su madre:

-la proclamación anticipada de su mayoría de edad, el 17 de agosto de 1563, que la regente precipita, a fin de cortar el paso a las pretensiones de Condé al importante cargo de lieutenant général du royaume o jefe de los ejércitos del rey; y en ese momento Catalina abandona la regencia, para actuar, en adelante, como su doble o sombra, bajo cuya impulsión actuará siempre el joven rey.

-un pausado grand tour que llevará a toda la corte por las ciudades y los caminos de Francia, desde enero de 1564 hasta mayo de 1566, bajo la paz de Amboise, a fin de mostrarle el Reino a su hijo, y a los franceses el rey, buscando también, a través de las relaciones personales con los notables locales, consolidar la autoridad monárquica y la cohabitación religiosa.

            Pero la figura del rey guerrero propio del primer Renacimiento dejaba ahora paso a la del rey reformador, con la Ordenanza de Moulins, redactada por el canciller L’Hospital en febrero de 1566, por la que se recortaba el poder de los parlamentos regionales y el de los gobernadores de provincias.

Aquella paz de Amboise sólo era una tregua, porque ambos bandos soñaban con la revancha. En junio de 1566, en la meriodional Pamier hubo ya un preocupante movimiento de hostilidades, con centenares de reformados asaltando las iglesias católicas con gran tumulto y violencia, lo que provocó la reacción del mariscal Montluc y el resultado de centenares de hugonotes muertos.

Catalina de Médicis no quería pensar que Francia estuviera abocada a una nueva guerra religiosa. Fue lo que sucedió, sin embargo, a partir de la llamada “Surprise de Meaux” (27-29 de septiembre de 1567), episodio en el que Condé y la aristocracia calvinista quisieron apoderarse de la persona del rey y de su madre, a la sazón en el château de Monceaux-les-Meaux. Tras lo cual, la familia real consiguió llegar a París.

Luego los hugonotes llevaron sus acciones a las provincias, con asesinatos (matanza en Nîmes de un centenar de católicos, el 30 de septiembre de 1567), exacciones y la toma de diversas plazas fuertes.

La regente no cedió y, queriendo preservar al joven rey, confió el mando del ejército real a Anne de Montmorency -hasta que este bravo militar caiga en batalla- y luego al hermano del rey, el duque de Anjou.

            Tras una breve tregua, la guerra volvió (agosto de 1568-agosto 1570), después de que el joven rey, siguiendo el consejo de su madre –determinada ahora a exterminar la Reforma-, firmara el 23 de septiembre, en el château de Saint-Maur, un edicto por el que el culto protestante quedaba prohibido definitivamente; y esa elección pareció encontrar cierto éxito, gracias a las victorias del duque de Anjou en Jarnac (marzo de 1569), y en Moncontour (octubre siguiente).

Aquel protagonismo de Anjou en los campos de batalla, y la paralela discreción del rey,0 venían a consagrar el abandono por el soberano de sus prerrogativas guerreras. Porque la ideología neoplatónica en la que Carlos IX había sido educado, que eleva al monarca al rango de rey-filósofo, estaría en el origen de ese cambio. Y en esa óptica pueden ser interpretadas la creación, por el poeta Baïf y el músico Thibault de Courville, de la Academia de música y poesía (1570), bajo la alta protección del rey (prefiguración de la Academia francesa), así como su boda, en octubre/noviembre de ese año, con la muy católica Elisabeth de Austria, la hija de Maximiliano II del Santo Imperio, de dieciséis años entonces, que aportaba el mito de la monarquía universal.

Tras el edicto de Saint-Germain-en-Laye, de 8 de agosto de 1570, que ponia fin a la tercera guerra de Religión, los protestantes fueron amnistiados, con libertad de conciencia y de culto en todo el Reino, la concesión de plazas fuertes por tiempo limitado y su admisión a todos los empleos.

            La voluntad de la corona de hacer cohabitar a las facciones fue así reactivada y se refleja en la colaboración entre Carlos IX y su madre. Y volvieron a la Corte los grandes señores calvinistas, con Gaspard de Coligny como consejero preconizando la guerra contra España y el establecimiento de alianzas agresivas contra los Habsburgo.

En prenda de buena voluntad, la reina madre accede a dar en matrimonio su hija Margarita de Valois (Margot), a Enrique de Navarra, lo que tendrá lugar, finalmente, en agosto de 1572.

            A partir de septiembre de 1571, y en ese contexto antiespañol que se respiraba ahora en la Corte, Carlos IX pareció dar su consentimiento a un proyecto de apoyo a los protestantes de los Países Bajos, rebeldes a Felipe II; pero ello supondría no sólo aceptar la división moral de Francia, sino instalarse en una peligrosa dinámica de guerra internacional. La opinión burguesa de las ciudades comenzó a agitarse y amenazaba con volcar abiertamente del lado de los Guisa.

            Es entonces –coincidiendo con los días del enlace de la hermana del rey-, cuando tiene lugar la matanza de la San Bartolomé, ese aciago 24 de agosto de 1572. El papel desempeñado por Carlos IX en esta operación sigue siendo objeto de debate; él y su madre Catalina dijeron  en un primer momento, sentirse espantados, y prometían castigo para los culpables. ¿fue víctima el rey de un golpe de fuerza por parte de los Guisa? ¿Fue él mismo actor de esta osada acción, tendente a eliminar cierto número de jefes hugonotes, entre los que se encontraba en primer lugar Coligny? La exacerbación ultracatólica y las miles de víctimas que resultaron habrían obligado a Carlos IX a asumir públicamente la responsabilidad de aquellas acciones, en el transcurso de un lit de justice o asiento real, tanto más cuanto que, entretanto, se supo la fuerte implicación del duque de Anjou. ¿Qué se podía hacer contra el hermano del rey, presunto heredero al trono?

            A partir del otoño de 1572, es un monarca políticamente debilitado el que ha de afrontar una nueva resistencia protestante en el Oeste y el Mediodía, y luego, a finales de 1573, la formación, detrás de la figura del último de los hermanos, el intrigante duque de Alençon, de un partido de malcontents, que considera incluso una alianza con los hugonotes.

A raíz de su boda, Carlos se había mostrado durante un tiempo atento y afectuoso hacia su esposa; pero, siempre con dificultades ella para expresarse en francés y algo fría de carácter, el rey pareció distanciarse de Élisabeth después del nacimiento de su hija, para enfrascarse en la caza a la que era muy aficionado, y a sus amores, sobre todo, con la jovial Marie Touchet, calvinista por más señas, un año mayor que su amante, a la que conocía desde antes de su matrimonio y con quien tendrá un hijo.

Enfermo desde 1573 y objeto de varias conspiraciones para derrocarle, salidas de los allegados a su hermano François, que su madre pudo desbaratar, Carlos IX moría en Vincennes, de tuberculosis, el domingo de Pentecostés, 30 de mayo 1574, cuando todavía no había cumplido los veinticuatro años. Dejaba únicamente una hija legítima, Marie-Élisabeth de France (que morirá niña aún), y un bastardo, Charles de Valois-Auvergne, que será duque de Angulema, desde 1573.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BOISSON, Didier: Les protestants dans la France moderne; París, Belin, 2006.
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La Saint-Barthélemy

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