Malebranche, Nicolas (1638-1715)

El que sería filósofo y teólogo Nicolas Malebranche nacía en París el 6 de agosto de 1638, último de diez hermanos, en el seno de una buena familia cuyo padre era recaudador al servicio de Richelieu, reinando en Francia Luis XIII.

Y durante toda su vida padecerá dolores y molestias derivadas de una sensible desviación de la columna vertebral, que exigirán muchos cuidados.

            Hasta la edad de los dieciséis años, Nicolas recibe su educación en el ámbito familiar, para luego proseguir estudios de filosofía en el colegio de La Marche, de la montaña Sainte-Geneviève (Paris), donde había estudiado Calvino, y allí obtiene, en 1656, su título de maître-ès-arts. Luego, durante tres años, continúa con la teología en la cercana Sorbona. Pero ninguna de estas disciplinas, como las había estudiado, ni la metodología intelectual parecían dar satisfacción a su espíritu ávido de verdades sólidas y claras.

Y, a los veintiún años, entra en el Oratorio, donde se cultivaba a Platón y a San Agustín, y allí prosigue estudios de lingüística y erudición que tampoco acaban de cumplir sus aspiraciones intelectuales. A los veintiséis años fue ordenado sacerdote; y fue el año, este de 1664, en que descubre a Descartes, a través de su “Traité de l’homme” que acababa de comprar, el cual suscita inmediatamente en él un verdadero entusiasmo. A partir de entonces, Malebranche decide consagrarse enteramente a la filosofía.

Discípulo, pues, de Descartes en cuanto al método y a la idea de la evidencia ante la falta de autoridad en filosofía, y también seguidor suyo respecto a la naturaleza del alma y el automatismo de los animales, se separará de él en otros puntos importantes.

En 1674 y 1675, Malebranche publicaba “De la recherche de la vérité” (su obra principal), luego Conversations chretiennes (1677), y su “Traité de la nature et de la grâce” (1680), que suscitó una violenta polémica, hasta el punto de ser incluido en el Index romano y cuyas tesis serán criticadas por Bossuet, por Fénelon y, particularmente, por el jansenista Arnaud. El “Traité de morale” aparecía en 1683 y los “Entretiens sur la métaphysique et la religion”, en 1688.

Pero también habían comenzado sus relaciones (ya en la afinidad de pensamiento, o en la diatriba), con lo mejor de la intelectualidad europea: Leibnitz, Locke y el joven Berkeley.

Reanudando con el agustinismo -creer y comprender lo que se cree-, e incluso con el platonismo -porque se puede decir que introduce el espíritu platónico en una estructura cartesiana-, Malebranche desarrolla el cartesianismo en un sentido religioso, y con ello hace la primera gran síntesis, al principio de los tiempos modernos, entre la Antigüedad, el cristianismo y la nueva ciencia.

Pero se separa de Descartes por la tesis del “occasionnalisme”, núcleo de lo que será su filosofìa (iniciado ya por el profesor de Lovaina Arnold Geulincx, luego pasado al calvinismo), y que hacía de la voluntad divina la única causa eficiente de cuanto se produce en la naturaleza. Partiendo de la situación cartesiana, su problema es el de la trascendencia del sujeto y, en general, el de la comunicación de las sustancias. Descartes había intentado salvar la interacción de las sustancias, reduciéndolas a pequeños movimientos y alteraciones de la glándula pineal, sede del alma. Malebranche afirma en “De la recherche de la Vérité”, que no hay comunicación entre la mente y los cuerpos, entre el alma y el cuerpo. El conocimento directo del mundo es imposible, a no ser a través de Dios, “el cual tiene en sí las ideas de todos los entes creados”. Dios está unido a nuestras almas por su presencia en ellas. “Si no viéramos a Dios de alguna manera, no veríamos  ninguna cosa”

Es Dios el que hace que yo conozca las cosas. Su espiritualidad lleva en sí las ideas de las cosas creadas por Él. Eso es lo que tienen en común todas las cosas: el ser creadas. El ser está presente en las cosas y las unifica, a pesar de su diversidad. Las cosas son externas a mi espíritu; pero las ideas de Dios, es decir los modelos según los cuales las cosas están creadas –síntesis del agustinismo y el cartesianismo-, son espirituales y adecuadas al ser pensante. El hombre participa de Dios, y en Él participa de las cosas. Así se salva el abismo metafísico.

Dios actúa sobre el cuerpo “con ocasión” de cada uno de nuestros pensamientos.

Y no hay interacción entre las sustancias; la congruencia entre ellas es operada por Dios; tal es la teoría de las “causas ocasionales”: yo no percibo las cosas, sino que, con ocasión de un movimiento de la res extensa, Dios provoca en mí una cierta idea; con ocasión de un acto mío de voluntad, Dios mueve el cuerpo extenso que es mi brazo. Y esta relación del espíritu humano con Dios, y con las cosas sólo en Él, es lo decisivo.

Pero todo ello suscitaba tantos problemas como los que pretendía resolver. ¿Es también Dios causa necesaria de las malas acciones en el hombre? Malebranche negaba la acción del alma sobre el cuerpo. Malebranche afirmaba que nuestra voluntad, depravada por el pecado original, es la fuente de nuestros errores y de nuestras pasiones, mientras que la meditación y el amor del orden inmutable (por mediación de Cristo) hacen posible la libertad de espíritu y el esfuerzo de voluntad.

Acercando filosofía y teología, Malebranche apelaba a la Encarnación (Dios hecho hombre), porque la unión del Verbo a la naturaleza humana eleva la creación a niveles divinos de perfección. Cristo se habría encarnado, aun cuando el primer hombre no hubiese pecado.

Decía Malebranche que en Dios vemos todas las cosas, condición necesaria de todo saber y de toda la verdad. La idea de Malebranche de “vision en Dieu” rechazaba las ideas innatas (Descartes decía que la idea de res extensa, ha sido puesta en nosotros por Dios), y afirmaba que todo lo vemos en Dios, que el entendimiento (chispa de la razón divina en el hombre) conoce clara y distintamente “en Dios” las ideas (en el sentido platónico de arquetipos) de las cosas materiales, cuya esencia es “la extensión inteligible”. Para Malebranche Dios es absolutamemente necesario y, aunque no se conozca la plenitud de la esencia divina, es forzoso saber que existe.

Su filosofía necesitaba una prueba de la existencia de Dios, y en ella encuentra su fundamento. Y lleva al cartesianismo a sus últimas consecuencias. Otros filósofos seguirán vías distintas, partiendo del mismo punto.

La luz del Rey Sol, se había apagado en Versalles en septiembre de 1715. Malebranche, que siempre había llevado una existencia de religiosidad, meditación y retiro en la comunidad oratoriana, moría en París un mes después, el 13 de octubre. Y, a partir de 1733, comenzó a construirse un mausoleo en su memoria, en el cementerio de la pequeña localidad de Le Mesnil-Simon (Eure-et-Loir), que sólo concluirá en 1839.

Al igual que Descartes, también Malebranche fue notable físico y geómetra, y en tanto que tal había sido admitido en la Academia de las Ciencias, como miembro honorario, en 1699.

            Por al altura y la naturaleza de sus doctrinas, fue llamado a veces el Platón cristiano; pero lo paradógico de algunas de sus posiciones, en teología y en filosofía, le acarrearon también, como hemos dicho, fuertes oposiciones; el cartesiano Regis se opuso a él con una activa polémica en lo relativo al movimiento, y el Padre Lamy también, en cuanto al amor de Dios.

            En el plano literario, por la precisión y pureza de su estilo y el brillo de sus imágenes, fue considerado uno de los grandes escritores de su tiempo.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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RODIS-LEWIS, Geneviève: Nicolas Malebranche; Paris, 1963.
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En español:

CORPAS MUÑOZ, Rafael: La teoría del conocimiento en la filosofía de N. Malebranche; Ed. R. Corpas,1985. 
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