Juana de Arco (Jeanne d’Arc, 1412-1431)

Desde los inicios de la guerra de los Cien Años en 1337, ingleses y franceses reñían por los derechos a la corona de Francia. Carlos VI (Charles VI le fou, 1368-1422) padecía crisis de demencia y numerosos complots e intrigas venían sucediéndose en el reino, hasta la derrota francesa de Azincourt en 1415.

En 1420, después del asesinato del duque de Borgoña Juan sin Miedo (Jean sans Peur), su hijo Philippe le Bon y el rey de Inglaterra Henri V, se alían. Y por el tratado de Troyes (mayo de 1420), entre Henri V y Charles VI –con la complicidad de Isabeau de Baviera, mujer de este último y el duque de Borgoña- quedaba excluído de la corona de Francia el hijo de Charles VI (futuro Charles VII), al que los borgoñones reprochaban su implicación en el asesinato de Jean sans Peur en la entrevista del pont de Montereau. Y en virtud de ese tratado, Henri V se desposaba con Catherine de Valois, hija de Charles VI, asegurándose así la herencia de la corona, para después de la muerte de Charles VI.

Pero en 1422 -unas semanas antes de que también falleciera Charles VI-, Henri V moría, dejando un hijo de diez meses. Y es entonces su hermano, Jean de Lancastre, futuro duque de Bedford el que se hace cargo de la regencia de Henri VI, ahora supuesto rey de Francia y de Inglaterra y heredero por el tratado de Troyes.

            Es en ese contexto cuando aparece Juana de Arco, joven campesina semianalfabeta, nacida, al parecer, en enero de 1412 en Domrémy (Lorena, tierra imperial entonces, con algún enclave francés), cuarto fruto de una familia de agricultores acomodados y de acendrada fe católica, los Darc o d’Arc. Hacia 1424 dice oir voces que la instan a acudir en ayuda del delfín, el hijo de Charles VI, único rey legítimo para ella, y del país -¡ese mosaico de territorios, unos bajo los ingleses, otros bajo los borgoñones o controlados por Charles VII!-. En mayo de 1428, con ayuda de un tío suyo, e ignorándolo sus padres, la joven doncella (pucelle como la llaman) se dirige a Vaucouleurs, donde estaba Robert de Baudricourt, gobernador del rey, al que, después de varios rechazos del rudo capitán, termina persuadiendo, y con su ayuda, llega a Chinon, el 23 de febrero de 1429, con el pelo corto y ropa de hombre (aspecto externo que no abandonará en adelante), para convencer al delfín que la deje liberar la ciudad de Orleáns asediada por los ingleses. Por esos días, Charles había sufrido un nueva humillación militar en la conocida como “journée des harengs” –ese encuentro armado con los ingleses en Rouvray, al N. de Orléans-. Sólo un milagro podría revertir la situación, y salvar la monarquía de los Capetos-Valois.

Habiéndose informado y convencido de su integridad moral, el delfín accede a lo que Juana le pide, como quien se aferra a clavo ardiendo. Y así, la doncella, al mando de un ejército reunido en Blois y puesto a su disposición, consigue liberar la estratégica ciudad del Loira, que defendían Suffolk y Talbot, el 8 de mayo de este 1429. Después de la victoria de Patay, cerca de Orleáns (18 de junio de 1429), pudo también tomar Auxerre, Troyes y Châlon, abriéndose camino hacia Reims.

Y el 17 de julio siguiente Juana hacía coronar a Charles VII en Reims. Con esta ceremonia, Charles VII, ese rey al que despectivamente venían llamando le petit roi de Bourges, recobraba su legitimidad al ser objeto de una consagración idéntica a la de sus predecesores.

A partir de ese momento Charles VII cambia de política y deja a Juana intentar recobrar París ella sola. Porque el rey no tiene dinero y apenas cuenta con apoyos, salvo el de los poderosos Armagnacs, solos ahora a su lado, después de que su rival el borgoñón se haya aliado con el inglés. Pero la tentativa va a saldarse con un fracaso: Juana resulta herida en septiembre, en la Porte Saint-Honoré; y, en su repligue hacia el sur, tropieza también ante los muros de La Charité-sur-Loire.

Convertida ahora en jefe de banda armada, Jeanne prosigue, no obstante, su campaña (ya su familia ha recibido de Charles VII cartas de nobleza).

Y a las puertas de Compiègne, de la que pretenden apoderarse los borgoñones, es hecha prisionera el 23 de mayo de 1430, vendida enseguida a los ingleses y, finalmente, trasladada a Rouen, ciudad bajo dominio inglés desde 1419, y donde residía por entonces el duque de Bedford.

Jeanne d’Arc es conducida, primeramente, al castillo que Philippe Auguste habia construido en el s. XIII. Allí se la interna en una torre (luego llamada “Tour de la Pucelle”), de la que aún subsisten vestigios en el nº 102 de la rue Jeanne d’Arc. Acusada de herejía y de brujería por un tribunal eclesiástico, se la instala luego en una prisión laica que custodian carceleros ingleses y no mujeres. Y todavía hoy se puede ver en la rue du Donjon la que llaman tour Jeanne d’Arc, en la que sólo entra una vez para sufrir tortura, expediente al que renuncian sus jueces, después de constatar su actitud.

Proceso y ejecución

            El proceso comienza el 9 de febrero de 1431. Los interrogatorios, dirigidos por el obispo de Beauvais Pierre Cauchon tienen lugar no en la Oficialidad del arzobispado, sino en el recinto de la fortaleza. Los 70 artículos de la acusación son rechazados por Juana; y únicamente un condensado de 12 de esos artículos es sometido a los teólogos y doctores que acaban condenándola como hereje, blasfema y cismática.

            Y habiendo aceptado abjurar en unos momentos de turbación, el 24 de mayo siguiente, Jeanne d’Arc es conducida al cementerio Saint-Ouen para la sesión pública de la abjuración. Pero Cauchon manda que el texto que Jeanne firma con una cruz sólo le sea leído parcialmente. De regreso a su celda, la pucelle únicamente encuentra ropa masculina para vestirse, lo que permite al obispo, el 28 de mayo, abrirle el “proceso de relapso”.

            En esas condiciones y circunstancias, los jueces dictan sentencia contra Juana de Arco, que es condenada a la hoguera en la Oficialidad del arzobispado y entregada al brazo secular.

            El 30 de mayo de 1431, la doncella es conducida a la place du Vieux Marché de Rouen, para ser allí quemada viva ante las autoridades inglesas, los representantes de la Iglesia y la muchedumbre acudida para ver el espectáculo. Ella pide un crucifijo que le es presentado y, aun declarada hereje y excomulgada, le permiten recibir la eucaristía antes del suplicio.

            Cauchon no obtuvo la renuncia que esperaba. Y, a fin de que no se conservara ninguna reliquia, el verdugo arrojó, cerca de la entrada actual del pont Boieldieu las cenizas y el corazón de la mártir.

            Sólo en 1450, Carlos VII, que en su momento no había hecho nada para salvarla, mandará abrir una investigación sobre el tema, en el seno de una comisión que van a dirigir los cardenales Estouteville y Richard de Longueil. Y en 1455, la madre de Jeanne, Isabelle Romée contando con la autorización del Papa, solicitará la reapertura del proceso.

Será el 7 de julio de 1456 cuando tenga lugar su solemne rehabilitación en el cementerio de Saint-Ouen. Los jueces estipulaban también, en sus conclusiones, que la ciudad de Rouen debería erigir una cruz en el lugar del suplicio.

            Juana de Arco será beatificada en 1909 y canonizada en 1920. Un ley preve entonces la construcción en Rouen de un monumento de reconocimiento nacional a su figura.

            El museo de Bellas Artes de la ciudad conserva, en una sala destinada a ella, algunas obras que la representana la Pucelle; entre otras: Jeanne d’Arc malade est interrogée dans sa prison par le cardinal de Winchester, de Delaroche (1824); o bien Sleeping Joan of Arc (on her way to Reims) (Le repos de Jeanne (sur la route de Reims), del irlandés George William Joy (1895).

            Cerca del museo, el Ayuntamiento (Hôtel-de-Ville) -antiguo dormitorio de los frailes de Saint-Ouen-, presenta en el vestíbulo una gran estatua de Juana, obra del parisiense Jean-Jacques Feuchère (1845).

            Y en la catedral existe una capilla dedicada a la santa, donde fueron colocadas después de la Segunda Guerra Mundial una estatua que la representa en la hoguera (obra de Georges Saupique) y dos vidrieras que relatan su epopeya.

            En la place du Vieux Marché, la iglesia y el monumento civil conmemorativo (galerie du souvenir), construidos por el arquitecto Louis Arretche, ambos dedicados a Santa Juana de Arco, se levantan desde 1979. Sobre esa misma plaza, una gran cruz ha sido erigida en el lugar donde fue quemada.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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En español

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