Rodin, Auguste (1840-1917)

            François-Auguste-René Rodin, que será escultor, dibujante y grabador, nacía en el 3 de la rue de l’Arbalète de París (a apenas 600 m. del Panteón), el 12 de noviembre de 1840, en el seno de una familia de mediano vivir, en la que una actividad “artística” sólo era entendida como la de un buen artesano.

            En la Escuela de Dibujo y de Matemáticas (École Impériale de Dessin et de Mathématiques, a la que llaman “Petite École”) tuvo como corrector a Carpeaux; luego fue rechazado por tres veces en el concurso de ingreso en la Gran Escuela de Bellas Artes (Beaux-Arts), y del Salon en 1864, donde presentaba su poco académico “l’Homme au nez cassé”, que ejecuta en un modesto local alquilado, ¡su primer atelier d’artiste! Para poder vivir lleva a cabo trabajos de ornamentación y se convierte en Sèvres en el asistente del escultor Carrier-Belleuse que ha encontrado un rentable nicho comercial ejecutando motivos decorativos para chimeneas y figuras de saloncito, donde, de vez en cuando, aparece algún encargo de alta ornamentación; y con él trabajará en Bruselas a partir de 1871, durante seis años, hasta que llegó una ruptura entre ambos, que sólo fue temporal.

Rodin

            En 1864, ha conocido ya a Rose Beuret, de 20 años entonces, que será la sufrida compañera de su vida, llegada a París desde las Ardenas, que acabará siendo su modelo en alguna ocasión (entre otras mujeres), con la que tendrá un hijo que él no llegará a reconocer, y con la que, muy al final, después de cincuenta años de vida en común, aceptará casarse, como premio a su oscura entrega. La inquieta virilidad de Rodin le llevará a una sucesión de amantes, que alimentarán las crónicas, con algún que otro semiescándalo.

            Con motivo de una estancia en Roma y en Florencia, a partir de 1875, descubre a Donatelo y a Miguel Ángel, y ambos fueron para él una revelación. En la Exposición del Cercle Artistique de Bruselas de 1877 tuvo cierta relevancia el envío de lo que será su primera obra importante, que todavía no llevaba el nombre que su autor le adjudicará luego, al presentarla en el Salón de París: “l’Âge d’airain” (“la Edad de bronce”), que también se conocerá por “le Vaincu” o “l’Homme qui s’éveille”, y el modelo parecía tratado con tal precisión, que la crítica le acusó de haber utilizado moldeados del natural.
No hay mal que por bien no venga, y aquel pequeño escándalo –¡uno más entre los chismorreos e intrigas de los que el estrecho mundillo artístico de París hacia gran consumo!- contribuyó a que el nombre de Rodin empezara a ser conocido, en vísperas de la Exposición universal de 1878, donde su creciente talento encontró donde emplearse, sin que por ello llegaran a disiparse las estrecheces económicas que su valedor Carrier-Belleuse vino a aliviar haciéndole entrar provisionalmente en Sèvres (1879-1882).

            Rodin respondió a aquellas acusaciones  de 1877 con “Saint Jean-Baptiste”, de 2 m. de alto, presentado en el Salón de 1881, que le reveló a toda Europa, y su talento se impuso esta vez unánimemente. Y empieza ahora a relacionarse con notoriedades del mundo artístico, literario y social.

            Habiendo recibido ya desde 1880 el encargo de una puerta monumental para un proyecto de Museo de Artes decorativas que nunca llegará a construirse, se inspiró plásticamente en los maestros del Renacimiento italiano y en Lorenzo Ghiberti en particular (lado este del baptisterio de Florencia); y del florentino Dante sacó el tema de la “Porte de l’Enfer”. Al conseguir difícilmente integrar sus esculturas en el marco arquitectural impuesto, dejó, finalmente, la obra inconclusa, para tratar aparte algunos de sus motivos: “Les Océanides”, “le Penseur”(1880, que debía representar a Dante en el tímpano de la puerta; y luego, en su dimension definitiva de 2 m. de altura, en 1904), “les Trois Ombres” (primero en escayola y luego en bronce, antes de 1886), “le Baiser” (1886, cargado de sensualidad, que debía representar a los Paolo y Francesca de Dante), “Fugit amor” (1887), “l’Éternelle idole” (1890), “la Femme accroupie” (1906-1908), etc.       

            Siendo profesor de escultura de jóvenes artistas, en 1882 Rodin conoce entre sus alumnas a Camille Claudel, hermana mayor del que será poeta Paul Claudel, que tiene entonces diecinueve años, y que se incorporará a su taller dos años después como desbastadora (praticienne), para ganarse rápidamente la estima artística privilegiada del patrón. Camille será su modelo en diversas ejecuciones, y con ella vivirá una tormentosa experiencia amorosa, que durará, entre la pasión y el desencuentro, cerca de quince años, con la muy probable existencia de algún hijo, entre tanto, que tampoco reconocerá su padre.

            En 1884, Rodin comenzaba el grupo monumental de los “Bourgeois de Calais” (que acabará siendo, en 1895, fecha de su inauguración, una de sus obras maestras, de 2,20 m. de altura y 2,65 de largo), encargo que recibió de esa ciudad picarda, para rememorar aquel heroico episodio de la Guerra de los Cien Años, de agosto de 1347, contra Eduardo III Plantagenêt.

            Y, en su actividad, respondió a importantes encargos oficiales como los monumentos dedicados al pintor Jules Bastien-Lepage, que acababa de morir en 1884 y que será erigido en su localidad natal de Damvilliers en 1889; o al pintor Claude Gellée, “le Lorrain” (entre 1889 y 1892, que será levantado en Nancy), al polígrafo literato Victor Hugo (“à l’illustre maître”, sentado y de pie), o al novelista Balzac. Esta última obra le fue encargada a partir de una iniciativa de Émile Zola en 1891, cuando era presidente de la Société des gens des Lettres; se trata de una estatua de 2,70 m., que le ocupó hasta la obsesión a lo largo de siete años y en la que cede tal vez demasiado a la tentación del esbozo.  Pero la obra fue rechazada por la Société -donde razones derivadas del “Caso Dreyfus”, de plena actualidad, no estuvieron ausentes-, para encomendársela, esta vez, a Falguière, y Rodin continuó con su propio proyecto, en medio de una fuerte polémica, en la que, entre otros nombres conocidos, Anatole France, Claude Monet, Toulouse-Lautrec, Debussy, se señalaron a su favor. Existe otra versión en bronce en el cruce del bd. Montparnasse con el bd. Raspail de París.
Están asimismo sus numerosos bustos: “Dalou” (1883), “Falguière” (1897, en reciprocidad al que el escultor-pintor acababa de hacer, también él, de su persona), “Mahler” (1909, en mármol blanco y en bronce), “Clemenceau” (1911), y otros.
E igualmente sus grupos y figuras aisladas de tema mitológico o alegórico.

            Nombrado ya en 1887, Chevalier de la Légion d’Honneur, sólo él podía, con ocasión de la Exposición universal de París de 1900 -pero al margen y a su cargo-, consagrar un pabellón entero a su obra, en una triunfal retrospectiva personal.

            Rompiendo con los cánones académicos, su búsqueda del movimiento y la expresividad, y el deseo de captar la vida en su pálpito vibrante le condujeron por caminos alejados del naturalismo, hasta aparecer en algunos de sus aspectos, como heredero de un cierto romanticismo, al que, si bien con más oficio, permanecerá fiel.

            Rodin poseía un conocimiento profundo de la anatomía humana y escrutó con particular agudeza la realidad sensible, que supo traducir en función de sus sucesivas intenciones expresivas; en sus manos, el cuerpo humano se convertía en portador de pasión, de energía y de sensualidad.

            Al tiempo que conservaba el equilibrio de masas, Rodin pretendía sugerir el movimiento a través de poderosas líneas de fuerza, creando un efecto de tensión y de ímpetu por la dirección del gesto, o representando los sucesivos momentos, sin que las formas pierdan en ello  verosimilitud (ver sus “Propos sur l’art”, o entrevista con Paul Gsell).

            En algunas ocasiones, Rodin recurre voluntariamente a ciertas deformaciones anatómicas y busca movimientos audaces o actitudes inéditas. Porque la libertad de su factura aparece en su manera de tratar el modelo, multiplicando los planos o los accidentes de la superficie, y provocando efectos de non finito sobre los cuales viene a incidir la luz. Y en el mármol, prefiere a menudo dar un aspecto liso y pulido, logrando así una impresión de adaptabilidad y de fluidez por un movimiento de conjunto fundido y en arabescos.

            Tanto las decisiones conscientemente adoptadas en lo plástico, como el carácter de su inspiración, han sido relacionados a veces con diversas corrientes artísticas: romanticismo (por  el patetismo y el culto a la expresión enérgica), naturalismo (por su preocupación por la precision anatómica), simbolismo (por la elección de sus títulos, como “l’Éternelle idole”), “art nouveau” o modernismo (por la fluidez y sinuosidad de las jambas de la “Porte de l’Enfer”), o incluso impresionismo (por la vibración que produce la luz sobre la superficie y la constante lucha, entre luz y forma en algunas de sus obras, y después de que, en 1889, hubiera expuesto 36 esculturas suyas, junto con lienzos de Claude Monet, en la galería del marchante Georges Petit, promotor del Impresionismo).
Pero esas relaciones vienen a corroborar la dificultad para inscribir la obra de Rodin en una corriente precisa.

            Figura muy independiente, que resume y domina la escultura de finales del siglo XIX, Rodin ha dado prueba del más fuerte temperamento plástico y lírico de su tiempo. No tendrá herederos, porque sus más brillantes alumnos como Bourdelle, que trabajó con él de 1893 a 1903, quisieron reaccionar frente a su estilo; pero, en cierta medida anuncia el expresionismo, al dar un cáracter potente y sintético a la masa, por medio de deformaciones subjetivas, y sacando libre partido de los recursos de un modelo abollado y violentado.
Además de su obra escultórica, Rodin ha dejado también varios miles de acuarelas, desnudos femeninos a menudo, de una notable gracia y sensualidad

            Después de su separación del lado de Rodin, Camille Claudel había querido proseguir su propio camino. Ya con preocupantes señales de desarreglo mental desde 1905, será internada en diversos asilos a partir de 1913, y en uno de estos manicomios acabará sus miserables días, treinta años después.
Conmovido por la situación de Camille, Rodin había intentado, con escasos resultados, mejorar su situación. Después de haber consagrado una sala a su obra en el hôtel Biron, él mismo morirá en Meudon, el 17 de noviembre de 1917.
Ese hôtel de Biron, antigua residencia de la duquesa Du Maine, en el 77 de la rue de Varennes de París, donde el escultor vivió los últimos años de su vida desde 1908, acoge, entre el interior y sus jardines, el Musée Rodin, desde el final de la primera Guerra mundial

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

CLADEL, Judith: Rodin, sa vie glorieuse, sa vie inconnue; París, Bernard Grasset, 1950. 
DELBÉE, Anne: Une femme, Camille Claudel; 1982.
FAYARD, Jeanne: La vie passionnée de Rodin; Séguier, 1989 y Archimbaud, 1998.
JARRASSÉ, Dominique: Rodin, la passion du mouvement; Le Grand livre du mois, 1993; y Éditions Pierre Terrail, 2001.
LE NORMAND-ROMAIN, Antoinette: Camille Claudel et Rodin; Hermann, 2014.
METTAIS, Valérie: Rodin, le corps en action; París, Palette, 2012.
PARAIRE, Michael: Rodin et Maillol, le sublime et le beau; Perpignan, Éditions de l’Épervier, 2017. 
PLESSIER, Ghislaine: Étude critique de la correspondance entre Zuloaga y Rodin, de 1903 à 1917; Éditions Hispaniques, 1983.
RILKE, Raine Maria: Auguste Rodin; (traducción de M. Betz); París,  La Part commune, 2007, y  Les Éditions de Paris Max Chaleil, 2017.

En español:

GARCÍA PONCE DE LEÓN, Paz: Rodin, precursor de la escultura moderna; Lipsa, 2013.
FAYARD, Jeanne: Rodin, un vida apasionada; Espasa-Calpe, 1990.
RILKE, Raine Maria: Augusto Rodin; Nueva Nicaragua, 1996.

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