Couperin, François (1668-1733)

            El compositor François Couperin, conocido por “Couperin le Grand”, uno de los compositores franceses más notables de su época, nació en París el 10 de noviembre de 1668 en el seno de una familia de tradición musical, que será célebre durante más de un siglo en la Europa barroca. Era sobrino de Louis (1626-1661) y de François Couperin (1630-1701), y primo de Louise (1676-1728) y de Nicolas Couperin (1680-1748), e hijo, él, de Charles Couperin (1638-1679), que fueron, los tres hermanos, compositores, clavecinistas y organistas de Saint-Gervais en París.

            François II ocupará, como su padre, la tribuna de esa iglesia a partir de 1685/90, y luego fue organista de la Capilla real (1693), para suceder a Jacques Thomelin (1635-1693), que había sido su maestro entre 1679 y 1685 y de quien recibió el conocimiento del contrapunto.
Nombrado maestro de clavecín del delfín duque de Borgoña, del conde de Toulouse Louis-Alexandre de Bourbon (hijo de Luis XIV y de la Montespan) y de la princesa de Conti (“mademoiselle de Bourbon”, 1694), Couperin obtuvo el cargo de clavecinista del rey en 1717. Y su fama se extendió entonces a toda Europa, haciendo irradiar así el prestigio de la música francesa.

Couperin, François

            Amigo de Delalande –gracias al cual, probablemente, podrá entrar al servicio de Luis XIV-,  y admirador de Lully (1632-1687), Couperin se afirma primero en la tradición francesa, para experimentar luego la influencia de Italia, con Arcangelo Corelli (1653-1713).
En su período de madurez volverá a una fusión de los estilos italiano y francés (Les Goûts réunis (1724), L’Apothéose de Corelli (1724) y De Lully (1725). Si la unidad de estilo está ausente de su obra, una frase extraida de uno de sus prefacios, expresa el profundo pensamiento que le animaba: “Confieso sinceramente que me gusta mucho más lo que me conmueve que lo que me sorprende”.

            Con ello afirmaba Couperin un arte, hecho de medida y de lirismo contenido, como músico poeta que era, que recuerda a Racine o a La Fontaine sus contemporáneos; y esa reserva, que nunca excluye la emoción, el misterio o la evasión, la ha expresado en tres campos, a lo largo de su fecunda obra instrumental y vocal:

  • el de la música de cámara: Sonates en trio (hacia 1690), en quatuor, dos Suites pour viole (1728),
  • el de la música religiosa: tres Leçons de ténèbres para la Semana Santa, hacia 1714, cercanas a las salmodias litúrgicas, de las que sólo ha llegado hasta nosotros la del miércoles santo; motetes, Magnificats (para cantar al final de las vísperas) y Élevations.
  • y, sobre todo, el de la música de clavecín. En este último género, del que fue un maestro indiscutido, un monumental conjunto de 240 piezas (publicadas en cuatro libros, 1713, 1717, 1722 y 1730) constituye la obra maestra de Couperin (Concerts Royaux, para los conciertos dominicales del rey Luis XIV, entreverando el gusto francés con lo italiano). Esta sucesión de piezas, designadas por su autor con el nombre de ordres, se ofrecen como un microcosmo de irisaciones preciosistas, donde una delicada ironía se conjuga con la efusión poética; sus temas presentan gran diversidad de inspiración, evocaciones pastorales, retratos musicales satíricos, galantes y burlescos,. Y forman una cumbre de la música tonal para clave, tanto por la originalidad rítmica y armónica, como por el sentido melódico y el flexible uso de los ornamentos.

            También en el campo del clavecín, merece mención su tratado pedagógico “Art de toucher le clavecin”, de 1716 (en el que, no obstante, y más allá de su talento musical, resulta patente su deficiente cultura general para expresarse y exponer técnicamente los conceptos) precedido de ocho preludios y una “allemande” (danza muy en voga en la corta del Rey Sol) .

            Su delicada salud y algún disgusto doméstico, como el abandono del hogar paterno de uno de sus hijos, François-Laurent, que nunca volvió, le obligaron a ir dejando sus cargos, uno tras otro: a su sobrino Nicolas le cedía el órgano de Saint-Gervais en 1623, y en 1630, su hija Marguerite-Antoinette Couperin (1705-1778), irá ocupando paulatinamente su puesto en la corte.
François Couperin morirá en París en la injusta indiferencia pública, en 1733, ya en pleno reinado de Luis XV, y con el paulatino asentamiento de otros gustos; y su obra va a caer en el olvido durante más de un siglo.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BAUMONT, Olivier, Couperin, le musicien des rois; Gallimard, colección “Decouvertes Gallimard, ” 1998.
BEAUSSANT, Philippe: François Couperin; París, Fayard, 1980 y 2007.
CITRON, Pierre: Couperin;  París, Seuil, colección “Solfèges”, 1956 y 1996
ROUSSET, Christophe:  François Couperin; Arles, Actes Sud, 2016.

En español:

BEAUSSANT, Philippe: François Couperin; Alianza Editorial, 2016.
MAILLARD, Jean: François Couperin y su dinastía (traducido del francés; en Espasa Calpe, 1978)

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