Racine, Jean (1639-1699)

            Junto con otros grandes nombres (los Molière, Boileau, La Rochefoucauld, La Fontaine…,), Racine marcará el clasicismo de la literatura francesa en el gran período luiscatorciano, en torno a 1660 y 1685, y en él culmina posiblemente la fórmula de lo que, desde finales del siglo XVI y en la primera mitad del siglo XVII con Pierre Corneille, ha venido elaborándose, hasta dar el riguroso producto de lo que va a llamarse tragedia clásica francesa (¡si no fueran, aquí y allá, algunas muestras del “esprit précieux”, tan en voga por los años 70’ del siglo, y la carencia casi absoluta de aquella noción que los románticos llamarán “couleur locale”). Con el uso del sólido alejandrino de doce silabas (generalmente cortado en dos hemistiquios de seis), se llega al máximo rigor en la versificación y a la simplicidad de los planteamientos, que venían a exponerse, ante el espectador, con los últimos debates de una crisis pasional a punto de estallar, encerrado todo en el estrecho corsé de las tres unidades que va a ir imponiéndose paulatinamente en el teatro francés, apelando a pretendidas autoridades como Aristóteles (Poética) y Horacio (Arte poética):

  • Unidad de tiempo, por la cual la duración de la acción representada ha de coincidir con la representación teatral, por lo que lo representado no había de exceder un día.
  • Unidad de lugar, por la que la acción debía desarrollarse en un lugar único.
  • Unidad de acción, por la cual quedaban proscritas intrigas secundarias, a fin de que todo el interés se concentre en el tema principal de la obra.

Expresado ello en estos alejandrinos pareados “Qu’en un jour., qu’en un lieu, un seul fait accompli, tienne jusqu’à la fin le théâtre rempli”, que Boileau cincelará.

Jean Racine

            La pureza y sobriedad lingüística de Racine serán notorias y, junto a la regla de las tres unidades mencionada, a ellas va a atenerse también dócilmente: todo su teatro lo escribirá con dos mil palabras y no empleará más que alianzas de vocablos de buen uso

            Treinta y tres años más joven que Pierre Corneille, Jean Racine, hijo de Jean Racine, escribano de la salinera real y procurador en los tribunales, y de Jeanne Sconin, era bautizado en La Ferté-Milon (cerca de Château-Thierry, 70 km al NE de París), el 22 de diciembre de 1639.

            El 28 de enero de 1641 moría su madre; y el 6 de febrero de 1643 su padre, que sólo dejaba deudas. El niño es recogido entonces por su abuela paterna Marie des Moulins, muy en las ideas jansenistas y en estrecha relación con los miembros de la corriente, cuya hija, Agnès (Inés), nacida en 1626, iba a convertirse en abadesa de Port-Royal, con el nombre de Mère Agnès de Sainte-Thècle.

En 1644-1645, el joven Racine es recogido en Port-Royal, siguiendo las instancias de la madre Agnès.

Jean Racine

A la muerte de su marido en 1649, Marie des Moulins toma los hábitos, y el niño Jean Racine es educado en las Petites Écoles de Port-Royal, hasta 1653. Y en 1654 se le envía al colegio parisiense llamado “collège de Beauvais”.

En 1655, Racine es llamado a la École des Granges, en Port-Royal, donde va a recibir una sólida cultura griega, bajo la dirección de Lancelot, y también latina con Pierre Nicole (uno de los más sólidos teólogos jansenistas) mientras Antoine Le Maître se encarga de formar su gusto y sensiblidad literaria.

En 1658, Racine deja Port-Royal-des-Champs y se traslada a París donde va a hacer un año de lógica y filosofía en el “collège d’Harcourt”. Y en París se encuentra, al año siguiente, con Nicolas Vitard, primo de su padre, que era intendente del duque de Luynes y austero jansenista.

Olvidándose paulatinamente de su formación en Port-Royal, Racine empieza a frecuentar ambientes libres y brilla enseguida por su inteligencia y agudeza natural; y conoce a La Fontaine a quien le unirá en adelante una buena amistad. Impaciente por agradar y triunfar, solicita los consejos poéticos de Chapelain y de Perrault. Y en 1660, publica la oda La Nymphe de la Seine, con ocasión de las bodas del joven rey con la infanta María Teresa, lo que le vale una gratificación de 100 louises por parte de Colbert.

            Su familia se alarma ante el rumbo que el joven Racine empezaba a darle a su existencia y, decepcionado él mismo, en 1661, por el rechazo de dos obras de teatro que acababa de escribir, se traslada en noviembre a Uzès, cerca de su tío, el canónigo Sconin, vicario general, con la esperanza de obtener un beneficio eclesiástico. Lleva entonces una vida austera e intenta mostrarse devoto, lee y ahonda en cultura y formación. Pero se aburre.

Pero en 1663 vuelve a París, decepcionado al ver que no se le ofrece nada importante. Compone otra oda Sur la convalescence du Roi, y luego otra, La Renommée aux Muses, que le valdrá, dos años después, aparecer en la primera lista oficial de gratificaciones por 600 libras.

Y entabla amistad por esta época con Boileau, lo que será el principio de una larga y sincera amistad. Era el año en que un declinante Corneille publicaba su Sophonisbe, Molière su Critique de l’École des Femmes y, alla al Este de Europa los turcos invadían Austria.

            Con su tragedia “La Thébaïde”, representada por la compañía del Palais-Royal de Molière el 20 de junio de 1664, Racine se iniciaba en el mundo de la escena. Y, desde ahora hasta 1677, va a abrirse el período más fecundo desde el punto de vista literario y el más ardiente, siempre en torno al teatro: éxitos y fracasos, amistades, enemistades y amoríos.

“La Thébaïde” no tuvo mucho éxito, pero su autor revelaba ya ser en ciernes el pintor lúcido de los grandes infortunios y las grandes pasiones Y el 4 de diciembre del año siguiente, “Alexandre”, también tragédie, conocía un buen éxito en el mismo lugar: intriga sobria, delicadeza en los sentimientos y pureza literaria. Pero, días después, bajo pretexto de una mediocre interpretación por parte de los actores, su autor se la retiraba a Molière para dársela a la compañía del Hôtel de Bourgogne, de lo cual resultará enemistad entre ambos para el resto de su vida. Y Racine pasa entonces, en boca de cierta opinión, por ambicioso y “capaz de todo”.

            Más llamativa fue aún su ruptura de entonces con Port-Royal. Porque Racine quiso responder con dos acerbas, irónicas e hirientes Lettres (cartas, de las que, por la influencia moderadora de Boileau, sola una será publicada) a la serie de “les Visionnaires” que Nicole había escrito en el contexto de la querella contra los jesuítas, y que contenía esta frase: “un hacedor de novelas y un poeta de teatro es un envenenador público, no de los cuerpos, sino de las almas de los fieles”, no forzosamente dirigida a él. Pero el joven dramaturgo así lo creyó y, en enero de 1666, rompía con ellos.

Se le diría ahora aislado y rodeado de la general reprobación. Era sólo una apariencia. Hacia 1667, Racine frecuenta los círculos de Henriette de Inglaterra, esposa de Philippe de Orleáns, el hermano del rey. Y, en relaciones con la actriz Du Parc, que le ha quitado a Molière, hace representar el 17 de noviembre de este año, a cargo del Hôtel de Bourgogne,Andromaque”, en cinco actos e inspirada en un pasaje de la Ilíada y en las Troyanas de Séneca (con la Du Parc en el papel), en presencia de la Corte y en los apartamentos de la reina. Luego vinieron las representaciones públicas.

            Cautiva de Pyrrhus (Pirro) rey de Épire (Epiro), al caer Troya, Andromaque (Andrómaca) viuda del troyano Hector (Héctor), únicamente podrá salvar a su hijo Astyanax (Astianacte) de una muerte segura desposándose con su vencedor. Embajador de los griegos Oreste (Orestes) ha llegado a la corte de Pyrrhus para que se le entregue al niño, hijo de su enemigo. Pero el amor de Pyrrhus por Andromaque y el que Oreste siente por Hermione, hija del espartano Ménélas (Menelao), prometida de Pyrrhus y ahora desdeñada, se interponen en el deseo de los griegos. El desenlace de la crisis será el asesinato de Pyrrhus al que Hermione –dividida entre el amor y la cólera-, induce a Oreste, el suicidio de Hermione al conocer la muerte del rey, apuñalándose sobre su cadáver, y la demencia de Oreste.

                Inaugurando la gran serie de obras maestras de su autor, Andromaque provocó un agrio debate, similar al que había suscitado “El Cid” de Corneille en su momento: En noviembre de 1668, será la comedia ”Les Plaideurs”; y el 13 de diciembre de 1669, hacía representar por la compañía del Hôtel de Bourgogne la tragedia política romana de poder y de celos“Britannicus” (una madre y su hijo, devorados ambos por la sed de mandar), con la que quería oponerse a Corneille, más inclinado a la representación de dramas heroicos.

            Segunda mujer del emperador Claude (Claudio) que ella ha mandado asesinar,
Agrippine (Agripina) ha conseguido apartar del trono al presunto heredero Britannicus (Británico), haciendo adoptar a Néron (Nerón),  hijo suyo de un primer tálamo y que acaba de raptar en palacio a Junie, de la sangre de Augusto. Decepcionada por Néron, que se dispone a apartarla del poder, Agrippine favorece la relación amorosa de Britannicus y de Junie. Pero Néron, que se ha enamorado de la joven princesa su prisionera y se siente celoso, secundado por el pérfido Narcisse, envenena a Britannicus. Narcisse perece destrozado por el pueblo, Junie huye para encerrarse con las vestales y Néron es presa de la desesperación, maldecido por su madre.

            Por esta época de 1670, Racine llevaba agitada vida, y se le veía habitualmente en el salón de la marquesa de Montespan, favorita por entonces de Luis XIV. Y el 21 de noviembre de este año se representa “Bérénice” (Berenice).

            Enamorado de Bérénice, reina de Palestina, que ha traído a Roma después del asedio a Jerusalén en el año 70, el emperador Tito la despide en los primeros días de su reinado –enfrentado a la hostilidad del pueblo y del Senado romano-, menospreciando con ello sus anteriores promeses de matrimonio y su común amor. Él invoca el interés superior de Roma, pero sufre, y conoce que Bérénice quiere darse la muerte. Por su lado, Antiochus, rey de Comagene, ligado a Bérénice por un amor desgraciado, vuelve de nuevo a la esperanza después de la decisión de Tito, pero anuncia finalmente su partida y se aleja, desesperado por no haber podido ganar el interés de su amada. Y son tres corazones desgraciados alejándose cada cual por su camino.

            Tema este de estirpe corneliana, que expone la altura de tres almas que saben sacrificarse y renunciar; pero los personajes no son aquí héroes como el Cid, sino víctimas del destino, y eso estaba en la vena raciniana, sobria y concisa, él que decía de esta tragedia, haber hecho algo donde nada había. La soberbia pieza se limita, en definitiva, a saber si Tito se casaría o no con Berenice. La respuesta en el V acto.

            Y en enero de 1672, daba “Bajazet”, de ambiente turco y cuya acción era una intriga de harén, drama de pasión (la violencia del amor, encarnada en Roxane, es el motor de la acción) y también obra politica, basada en unos hechos ocurridos en Constantinopla unos decenios antes:

            Ausente en el asedio contra Babilonia, el sultán Amurat ha dada orden al Gran Visir Acomat  de deshacerse de Bajazet, su propio hermano. Pero Acomat tiene otros planes: quiere derrocar a Amurat y proclamar a Bajazet.  La sultana Roxane revela a éste los designios del sultán y le promete mantenerle en vida si se pone a la cabeza de una revuelta contra Amurat y se casa con ella. Pero Bajazet ama a Atalide, prima de Amurat. Roxane consentirá dejarle con vida si él acepta asistir a la muerte de Atalide. Su negativa acarreará su pérdida. La misma Roxane es asesinada por un mensajero de Amurat. Desesperada de saber muerto a su amante, Atalide se da la muerte.

            Luego vendrá “Mithridates”, de enero de 1673. Y el 12 de este mes, Racine era recibido en la Academia francesa, donde, sin embargo, el partido de los Modernos recogió la mayoría.

Época ésta de confortable desahogo material para el poeta dramaturgo.

            En agosto de 1674, aparece la tragedia “Iphigénie en Aulide”. Y este año, Racine era nombrado tesorero de Francia en la generalidad de finanzas de Moulin, puesto que conllevaba considerables emolumentos, y recibe del poder real cartas de nobleza con carácter transmisible.

Lo que no le impide, por estos años, ocuparse igualmente de otras bagatelas del estrecho mundillo de autores, complotando, con éxito, contra el también dramaturgo Jacques Pradon, un protegido de Corneille.

            Representada por primera vez el 1 de enero de 1677, probablemente en el teatro del Hôtel de Bourgogne. Aparece su “Phèdre” (Fedra), inspirada en Eurípides (Hippolyte) y en Séneca, y conocida por el público prácticamente al mismo tiempo que otra Fedra de su rival Pradon. “Phèdre” supuso un semifracaso, a causa de la cábala urdida por la duquesa de Bouillon en favor de la homónima. Y circulan entonces sonetos injuriosos y descalificatorios a favor o en contra de uno u otro. El príncipe de Condé consigue apenas apaciguar la querella.

            En ausencia del héroe Thésée (Teseo) a quien se considera ya muerto, Phèdre, consumida de amor, le declara su pasión a Hippolyte (Hipólito), joven príncipe de irreprochable lealtad hacia su padre, que, además, ama a Aricie y es correspondido. Pero el inesperado regreso del rey sorprende a Phèdre, la cual, siguiendo el insidioso consejo de su nodriza Oenone, acusa a su hijastro de haber intentado seducirla. Pero se asusta ante los posibles efectos de su calumnia, y se disponía ya a confesarle la verdad a su esposo, cuando se entera de que Hippolyte ama a Aricie. La ira y los celos se apoderaran entonces de ella y la conduce a guardar un silencio que va llevar al príncipe hasta la muerte, abandonado ahora por su padre a la venganza de Neptuno (la narración de esa muerte será hecha por su ayo Théramène, que viene a narrar cómo Hippolyte ha sido destrozado por un monstruo marino). Phèdre, a estas alturas de la acción, se ha arrepentido ya, confiesa su pasión por Hippolyte, revela a Thésée la odiosa influencia de Oenone y, finalmente, se da la muerte envenenándose.

            Con“Phèdre”, tragedia de la predestinación -entre el antiguo paganismo y el jansenismo, según la doctrina de Port-Royal-, Racine introduce la noción de fatalidad, principal resorte en la tragedia griega y que él renueva para la escena francesa; porque en Sófocles, la angustia trágica provenía del encadenamiento de los acontecimientos, mientras que en el dramaturgo francés la máquina infernal reside en el corazón de la desgraciada protagonista.

            Y Racine acaba reconciliándose con los messieurs (como se les llama a los de Port-Royal), al término de una conversión que, lejos de ser repentina, venía incubándose en su corazón y parecía sincera.

El 30 de mayo de este 1677, 38 años cumplidos tenia ya, Jean Racine se desposaba en la iglesia Saint-Séverin de París, con Catherine de Romanet (1652-1732), rica burguesa parisiense, con la que tendrá siete hijos (de los que seis sobrevivirán a su padre): Condé, Colbert, el duque de Luynes y algunos miembros de la familia Lamoignon, asisten como testigos a la firma del contrato. Y, en otoño de este mismo año 1677, Racine era nombrado historiógrafo real, junto con Boileau. Ambos deberán consagrarse por entero a su nueva función.

A partir de entonces y en los años siguientes, Racine se dedicará a la educación de sus hijos y a la preparación de la salvación de su alma. Y seguirá al rey en diversas campañas por razón de su cargo. También se convertía en conseiller real.

            Estamos en 1678. Ya Racine ha renunciado al teatro, pero las razones de esta brusca retirada no se explican  enteramente.

Y se introduce entre los habituales de la marquesa de Maintenon (1635-1719), muy bien situada, desde hace un tiempo, en el corazón de Luis XIV con el que, tras la muerte de la reina María Teresa el 30 de julio de 1683, se casará, muy probablemente, en secreto.

            Y en enero de 1685, como director de la Academia francesa, recibe a Thomas Corneille, que sucede a su hermano, y él mismo pronuncia el elogio de Pierre Corneille

            A finales de enero de 1689 tenía lugar la primera representación de “Esther”, que madame de Maintenon había encargado expresamente a Racine para las demoiselles de Saint-Cyr, esa institución que la marquesa había fundado tres años antes cerca de Versalles. Sólo por ello Racine ha consentido en romper su silencio. Se trataba de una tragedia sagrada en tres actos con coros, y marcaba el regreso de su autor al teatro, tras el silencio que siguió al fracaso de “Phèdre”, doce años antes.

En cuanto a la forma, se inspira en la tragedia griega, por el papel asignado al coro (música de Jean-Baptiste Moreau: 1656-1733), y un episodio que la Biblia refiere es la base de la intriga y el argumento, en el que se perciben alusiones a Luis XIV y a sus favoritas:

            Tras el destierro de la reina Vasthi, el rey de Persia Assuérus (Asuero), se ha desposado con Esther ignorando que es judía. Y, a través de su tío Mardochée (Mardoqueo), la joven se entera de que el valido Aman, ha obtenido del rey un decreto de exterminación del pueblo judío. Con peligro de su propia vida, Esther obtiene entonces de su esposo que renuncie a aquel propósito, mientras Aman perece a manos de los judíos victoriosos.

            En diciembre de 1690, Racine era nombrado gentilhomme ordinaire du roi, gentilhombre, cargo que, como notable favor, se le reconocerá hereditario tres años después.

Y en enero de 1691 se representaba en Saint-Cyr “Athalie”

            Y comienza en 1693 l’Abrégé o exposición resumida de la histoire de Port-Royal. Unos meses antes, el 2 de noviembre de 1692, ha venido al mundo Louis Racine, séptimo y último hijo del dramaturgo.

En febrero de 1696 era nombrado consejero-secretario del rey.

Pero las relaciones de Racine con el monarca y con madame de Maintenon van a ir enfriándose sensiblemente, hecho relacionado, posiblemente, con las estrechas relaciones que el dramaturgo mantenía con el jansenismo.

            En la primavera de 1698, Jean Racine cae enfermo y los médicos comienzan a hablar de un tumor, hasta su fallecimiento, que tuvo lugar en París el 21 de abril de 1699. Y conforme a su deseo fue enterrado en Port-Royal.

            La personalidad y carácter de aquel que representó, probablemente, la cumbre del teatro clásico y de la tragedia francesa, con la pureza armoniosa de su poesia -honda, mesurada y emocionada al tiempo-, no resulta fácil de definir. Racine da la imagen general de un apacible y moderado burgués, que pasa del amor por el teatro a la vida familiar sin contradicciones ni drama interno, dócil, finalmente, a sus viejos maestros y a su formación primera; pero también apasionado y colérico en determinados momentos de su vida social, intransigente y orgulloso: cartas a Nicole, relaciones con Molière, polémicas con Corneille (prefacios de “Britannicus” y de “Bérénice”).  Porque, si nos detuviéramos únicamente en el divorcio entre su tranquila vida burguesa y la creación de un teatro cruel y frenético, donde reina el amor egoísta y celoso hasta el crimen, la punzante y emocionada verdad de las almas y las pasiones que expone y que animan la tragedia raciniana se haria inexplicable. Tanto en su caso como en Molière, el carácter impersonal de su obra es la transposición genial del clasicismo.

            Y el 2 de diciembre de 1711, tanto sus restos como los restos de Pascal fueron transferidos a Saint-Étienne-du-Mont.

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