Hardouin-Mansart, Jules (1646-1708)

            Nacido en París el 16 de abril de 1646, era hijo de Raphaël Hardouin, pintor artista, y de Marie Gauthier, su madre; y, junto con su hermano Michel, se formará al lado de su tío-abuelo François Mansart (1598-1666). Éste, soltero y sin descendencia al morir, deja su fortuna y su apellido a Pierre Delisle (1641-1710) y a Jules Hardouin, nietos de su hermana Marie Mansart, y que serán, ambos, arquitectos. Únicamente Jules igualará a François Mansart en fama, hasta superarlo, y se parecerá a él en su personalidad perfeccionista, en sus intrigas y especulaciones (con su hermano formará una floreciente agencia de construcción), y en los rencores y calumnias de las que fue objeto, consumado mundano y cortesano.

Cuando François Mansart confía Jules a Libéral Bruant (1635-1697), el muchacho tenia quince años y había aprendido el dibujo con el pintor Charles Poërson (1609-1667).

Hardouin-Mansart por Rigaud

Sus inicios son poco conocidos. Ya casado en 1668 con Anne Bodin, hija de un consejero real, después de haber ejecutado el pequeño château de Val (1674), se cree que fue a Le Nôtre a quien le debió el favor de Luis XIV. Con Le Nôtre compartía la misma visión estética, hasta el punto de que la parte respectiva de cada cual resulta a veces difícil de determinar (jardines de Marly, Orangerie de Versalles). Pero sólo la maestria de Hardouin-Mansart y el dominio ante los más arduos problemas iban a permitir al menos barroco de los artistas del reinado, treinta años de constante favor, satisfacer plenamente los deseos de grandeza del rey Sol, establecer la irradiación de Versalles y preparar la llegada de un nuevo clasicismo.

Hardouin-Mansart – château de Dampierre

            El primer gran encargo real fue Clagny, residencia palaciega cercana a Versalles, realizada entre 1676 y 1680 (sobre un proyecto iniciado en 1672), para la favorita madame de Montespan y sus hijos (destruida luego, en 1769, por orden de Luis XV, para ampliar la villa de Versalles). Al habitual plano en U añadía dos alas desplegadas, con una galería como la que repetirá en el Versalles de los Espejos.

            Porque es a Luis XIV a quien Hardouin-Mansart debe su continuo ascenso. Entrado en los Bâtiments du roi y en la Academia en 1675 a los veintinueve años, se convierte en primer arquitecto en 1681. En 1683 ha obtenido cartas de nobleza con los títulos de barón de Jouy y conde de Sagonne (títulos que pasarán a dos arquitectos nietos suyos, en el siglo XVIII). Y la Superintendencia de construcciones reales (donde Louvois había sucedido a Colbert en 1683), le será concedida en 1689.

            En Versalles Jules Hardouin-Mansart va a dar al palacio, sobre todo en la fachada al parque, su aspecto definitivo.

Cuando Luis XIV decide instalar su corte en Versalles, existía ya un pequeño château mandado construir en piedra y ladrillo por Luis XIII, que había servido como pabellón de caza. Y el nuevo rey comienza por mandarle a Le Vau ampliar la construcción de su padre. Le Vau conservó, del lado de París, la fachada del château, pero rodeándolo del lado de los jardines con una nueva y majestuosa construcción, de aspecto diferente. La fachada de Le Vau es el punto extremo al que llega la arquitectura clásica hacia 1668, pero ese edificio esencial iba a durar poco tiempo en su pureza.

Al retomar la obra de Le Vau a sus 32 años en 1678, Jules Hardouin-Mansart ya tenía en su haber diversas realizaciones donde podía discernirse su habilidad en el manejo de las formas clásicas; pero es en Versalles donde va a dar su medida al transformar la fachada y terraza de Le Vau sobre el parque, reduciendo el edificio a un solo plano, animado únicamente por el ritmo regular de los vanos y los salidizos, y encontrando así el gran espacio donde va a ordenar, con el pintor Le Brun, la Galería de los Espejos que se convertirá en el lugar de recepciones y de aparato de la Corte; sustituye también las ventanas rectangulares de la primera planta por ventanas cimbradas, ornadas con mascarones en la clave; y, acentuando el carácter grandioso y majestuoso del conjunto, añade al cuerpo central dos largas alas, también de piedra blanca, que dominan los jardines (1679-1689), a fin de poder alojar a la familia real, la corte y todos los servicios administrativos del gobierno; modificaciones reveladoras que anunciaban la evolución de los años 1680-1710.

            Después de las alas, Hardouin-Mansart aporta una contribución determinante a la concepción clásica de la casa urbana en los trabajos del Grand Commun, ni palacio ni hotel, concepción que tendrá larga posteridad en el siglo XVIII.

            Construyó también, en la plaza de Armas, dirección Paris, las Grandes écuries, y las Petites écuries, con capacidad para centenares de caballos y de carrozas. El empleo razonado de las formas curvas iba a proporcionarle aquí una notable solución, la que permitía insertar las cuadras de Versalles (1679) entre las vías de acceso convergiendo hacia el palacio.

Y la obra maestra insólita de l’Orangerie (1684-1686), con sus amplios ventanales cimbrados y sus muros decorados de largos despiezos horizontales. El interior era de una originalidad más sobria aún: una amplia y larga bóveda de medio punto, interrumpida sólo por anchos voladizos de débil relieve sin ornamentación ni molduras. Pensando en volúmenes, y no en dibujos, el peculiar efecto general surge de las proporciones, de la amplitud de los huecos y ventanales y de la refinada combinación de la  piedra.

            A partir de 1687, Hardouin-Mansart sabe renovarse al concebir ese edificio suntuoso y elegante que es el Gran Trianon en mármol (1688) donde, desarrollando la idea del château du Val, sobre todo en el ala llamada de Trianon-sous-bois, anuncia las invenciones del siglo siguiente.

            Terminada ya el ala norte, el rey ordena enseguida a Hardouin-Mansart, en 1689, edificar la capilla de Versalles, al lado de su apartamento (antes de que decida cambiarse al centro pendular del edificio), lo cual obligará a ciertas demoliciones en ese ala. Y la capilla se convierte en la más alta elevación del conjunto, por encima de la chambre du roi (¡sólo Dios podría rebasar al Soberano!); era luminosa y ligera (1699) y, junto con la de los Inválidos, pertenece a la edad avanzada del arquitecto, terminadas ambas por  Robert de Cotte su cuñado.

            En Marly (la otra gran realización de Luis XIV, comenzado en 1679), Jules Hardouin-Mansart muestra su doble talento de arquitecto y de jardinero. Aquí se aprecia el mismo trazado de Clagny, si bien tratado de manera original y ágil, sustituyendo a la cinta continua de las fachadas, un rosario de doce pequeños pabellones, como planetas alrededor del Sol, sugerido por el pabellón principal y central (destruidos a principios del siglo XIX) y que venían a enmarcar el juego de las terrazas y del agua, elemento esencial de esta “clairière des dieux”, gracias a la proximidad del Sena.

            Al darle el encargo a Jules Hardouin de terminar l’hôtel des Invalides (los Inválidos), Louvois pensaba fijar ahí la sepultura de los Borbones; lo cual explicaría que Hardouin-Mansart haya retomado las concepciones de su tío-abuelo para la capilla funeraria de Saint-Denis.

El proyecto de la cúpula de Saint-Louis des Invalides (1676) será realizado, tras modificación del perfil superior, a partir de 1680. La decoración, concluída en 1706, sigue siendo a la manera de François Mansart, con más ligereza y una constante preocupación por resaltar la piedra. El método de composición proporciona figuras puras cuyo carácter y  severidad hacen de este edificio una de las mejores realizaciones del arte clásico.

Era la culminación de la concepción clásica elaborada medio siglo antes por François Mansart. El exterior del edificio es como un resumen ejemplar de los fines propuestos por los arquitectos clásicos franceses. Basta pensar en los santuarios del barroco italiano para captar lo que separa a las dos artes.

            Como urbanista, Jules Hardouin-Mansart adopta la forma circular para la place des Victoires de París (1685), dedicada a Luis XIV y sus victorias; y un rectángulo de ángulos en chaflán para el programa definitivo (1699) –iniciativa privada ahora, y no oficial-,  de esa obra maestra que va a ser la place Vendôme, típica del urbanismo clásico francés (primeramente llamada place des Conquêtes y de Louis le Grand).

Y en Dijon, en 1686, cuando se trató de establecer el símbolo del poder frente al palais des états de Bourgogne, Hardouin-Mansart (secundado por Noinville), abrió un amplio hemiciclo donde antes había una plazuela, oponiéndolo al recinto cuadrangular de la Cour d’Honneur: fue la que llamaron place Royale (hoy de la Libération), con la estatua ecuestre de Luis XIV en el centro de la composición, que los revolucionarios destruirán en 1792.

            Además de estas ejecuciones, Jules Hardouin-Mansart realizó o estuvo en el origen de muchas otras cosas, como el trazado de los planos y dirección de la construcción de la residencia palaciega (château) de Dampierre, para el duque de Chevreuse, a partir de una antigua casa solariega preexistente (con jardines de Le Nôtre); el convento de Saint-Cyr (ambos en los años 80’); el château de Meudon para Louis de France, el Grand Dauphin; y proyectos de embellecimiento de las ciudades de Nancy y Lunéville…

            En treinta años al frente de los Bâtiments royaux, desplegando una incansable actividad y adaptando su natural genio a los proyectos y el sentir de Luis XIV, Hardouin-Mansart conseguirá llevar a su apogeo el clasicismo francés, amplificando sus principios con gran talento, en el sentido de una solemnidad grandiosa, no exenta de una indefinible elegancia.

Y, a través de sus discípulos (en particular Boffrand), contribuirá a su difusión en Europa.

A la fría belleza que ensalzaban sus colegas de la Academia, Hardouin-Mansart supo añadir una gracia personal y, reanudando con la tradición, poner a punto también distribuciones interiores y un confort llamados a generalizarse. Y ese propósito constante de racionalidad se lo debió en parte a su primera formación. Fue también su mente práctica la que concibió la bóveda lisa del Hôtel-de-Ville (Ayuntamiento) de Arles (hacia 1684).

            Jules Hardouin-Mansart, uno de los más grandes arquitectos franceses y europeos, moría repentinamente en Marly el 11 de mayo de 1708, a la edad de 62 años, y fue enterrado en la iglesia de Saint-Paul des Champs. Destruida en 1799, de su sepultura, que Coisevox había venido a honrar con una realizacion suya, sólo queda un medallón. Su viuda Anne Bodin, con la que había tenido dos hijos, le sobrevivirá aún treinta años.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

COLOMB, Louis-Casimir: François Mansart et Jules Hardouin, dit Mansart; Hachette, 1885.
JESTAZ, Bertrand: Jules Hardouin-Mansart et l’église des Invalides; París, 1965. También: Jules Hardouin-Mansart; París, Picard, 2008.
MARIE, Alfred: Versailles au temps de Luis XIV; 3. Mansart et Robert de Cotte (los vols. 1 y 2, bajo el título “Versailles, son histoire”) París, Fréal, luego Imprimerie Nationale, 1976.
SCHNEIDER, Pierre: Un désaccord parfait: Hardouin-Mansart aux Invalides; Arles, Actes du Sud, 2009.

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