Le Brun, Charles (1619-1690)

            El que sería pintor, decorador, ornamentista y teórico del arte, Charles Le Brun, nacía en París el 24 de febrero de 1619. Su madre, Julienne Le Blé, era hija de un maître écrivain (“escritor jurado”), y su padre era el escultor Nicolas Le Brun, que trabajaba para el canciller Pierre Séguier. Tercero de cinco hermanos, en aquella familia había nacido ya Nicolas (1615-1680), que será paisajista; y en 1625 vendrá al  mundo Gabriel, que será grabador.

Charles se formó inicialmente con su padre, que le enseña la escultura, para vérsele luego en el estudio del pintor François Verrier y, enseguida, en el taller de Simon Vouet (donde conoce a Mignard y a Le Sueur), estudiando, al mismo tiempo, los frescos de Fontainebleau y los cuadros y antigüedades de las colecciones reales.

Después de haber ejecutado en 1641, por encargo de Richelieu, tres cuadros para el “Palais Cardinal” (Palais Royal), fue gracias a la protección del canciller Séguier -del que había ejecutado un brillante retrato-, como pudo trasladarse a Roma, adonde llega en noviembre de 1642.

Le Brun – Entrada de Alejandro en Babilonia (1664)

Interesado allí por los monumentos antiguos al tiempo que estudiaba a Rafael, se mostró sensible a la concepción de Poussin (que le inspira “Mucius Scaevola devant Porsenna”, en el museo de Mâcon), aunque también le influyó la escuela de Bolonia, y admiró a Pierre de Cortone.

Después de cuatro años de estancia en Italia, Le Brun deja la Ciudad Eterna, y ya regresando a Francia en 1646, se detiene en Lyon, donde pinta una realista “Mort de Caton” (museo de Arras); y luego realiza obras religiosas y encargos oficiales. Trabaja con Philippe de Champaigne, Jacques Stella, Sébastien Bourdon, y con su rival Eustache Le Sueur, en la decoración del hotel Lambert (obra que Louis Le Vau acababa de terminar en 1640/42), pintores de tendencia clásica que le enseñaron a moderar su realismo.

            En febrero de 1647 contraía matrimonio con Suzanne Butay, hija ella misma de pintor.

            En 1647 y en 1651 pinta para los Orfebres de París dos de los “mais” (“mayos”) de Notre-Dame (“le Martyre de Saint-André”, conservado en Notre-Dame de París,  y “le Martyre de Saint-Étienne”, en el Louvre), donde se aprecia la influencia del Dominiquino.

Y, junto a otros artistas, desempeña un papel preponderante en la constitución, bajo los auspicios de Mazarino, de la Académie royale de peinture et de sculture, en 1648, de la que será secretario en 1661, y luego director en 1683.

Después de haber realizado un techo en el Louvre, se le encarga que decore el magnífico château de Vaux-le-Vicomte (1658-1661), residencia palaciega en la que va a concebir apartamentos fastuosos, donde la alegoría ocupa gran espacio y donde se entremezclan pinturas y estucos dorados, modelos de esculturas para los jardines de Le Nôtre y cartones de tapicerías.

Su propietario, el superintendente Fouquet, le hace conocer el pintor a Mazarino, y el cardenal se lo presenta a Luis XIV.

Pero, con la detención de Fouquet, las obras quedaron allí bruscamente detenidas, después de haber demostrado su talento.

            Protegido y apoyado por Mazarino y luego por Colbert, Le Brun ya se habia convertido en primer pintor del rey en 1662, y luego director de la manufactura de los Gobelinos en marzo de 1663, y del mobiliario real (atribución también de aquella manufactura), proporcionando múltiples cartones de tapicerías, donde destaca la célebre serie de la historia d’Alejandro con sus batailles (con los caballos de Van der Meulen), así como la Histoire du roi y las Maisons royales, y dando igualmente modelos de ornamentación, de orfebrería y de ebanistería.

Aproximadamente de 1665 a 1673, expuso la Historia de Alejandro en cuatro grandes soberbios cuadros animados de un tono épico.

            A estas alturas, Le Brun contaba ya con la plena satisfacción del Soberano, que le ha asegurado la pensión de 12.000 libras concedida en su momento por Fouquet y le había otorgado cartas de nobleza en diciembre de 1662.

Y fue ejerciendo un  creciente poder sobre la organización y la dirección de las bellas artes, apoyándose en la Academia y luego en la Academia de Francia en Roma, que se fundaba en 1666. Y trata de imponer reglas estrictas, fundadas en la imitación de la Antigüedad, de Rafael y de Poussin, intentando jerarquizar las artes y codificar los medios (“Traité de la physionomie de l’homme, comparée à celle des animaux”) y tomando partido en la disputa entre “rubenistas” y “poussinistas”, a favor de estos últimos, aun cuando muchas de sus propias pinturas sean más bien tributarias de Rubens y del barroco romano (“batallas de Alejandro”).

En 1670, pinta “Le chancellier Séguier entrant à Paris en 1660”.

            Luego, respondiendo a los propósitos de Luis XIV, Le Brun va a hacer de Versalles, con centenares de artistas y artesanos en diversas especialidades trabajando bajo sus órdenes y dirección, un himno a la gloria del soberano y el símbolo de la monarquía absoluta: sus gustos por lo enfático, lo fastuoso y la pompa –en perfecto acuerdo con los del rey Sol-, se manifiestan en los espectaculares decorados de la escalera de los Embajadores (1674-1678), de la Galería de los Espejos (1678-1684) -narrando de modo simbólico los principales episodios del reinado, desde 1661 a 1678-, y del Salon de la Guerra (1684-1687), contribuyendo asi a darle al conjunto una unidad estilística, que permite hablar de “arte versallés”, gracias a su sentido de la organización y a la autoridad que ejercía sobre los artistas, y proporcionando directrices y múltiples modelos.

            Le Brun tenía propensión por el efecto y el movimiento, rasgos eminentemente barrocos. Porque, si bien doctrinariamente clásico, puede aparecer, de hecho, como un pintor cuyas realizaciones se traducen a menudo en efectos alejados del rigor al que él apelaba. Las tapicerías tejidas en los Gobelins bajo su dirección son representativas del clasicismo Luis XIV, pero es, sobre todo, gracias a los montadores de lizos, que elegían sus lanas y delimitaban cada superficie de color, conteniendo o contrarrestando las tendencias del autor de los cartones. De igual manera, en la Gran Galería de los Espejos de Versalles, las pinturas de la bóveda, aportan una nota barroca, amortiguada por el naturalismo mesurado de los escultores.

            Y en el manejo de las alegorías dió pruebas de un talento narrativo y decorativo, tendente a la instauración de un estilo especificamente francés (creación de un “orden francés”: pilastras del Salón de la Guerra), pero sometiendo el conjunto a una gran voluntad de mesura, de claridad y de rigor. Y él contribuirá, por su obra en Versalles, a darle una irradiación europea al arte de su país.

            En el Louvre, había trabajado también en la bóveda de la galerie d’Apollon (1661), y en Marly.

            Cuando Colbert vino a morir en 1683 y Louvois llegó al poder -partidario que era de Pierre Mignard- Le Brun se vio algo eclipsado, y la dirección de los grandes trabajos le fue retirada, hasta su propia muerte en los Gobelins el 12 de febrero de 1690.

Hábil, pero mediocre colorista, a pesar de su celebridad, del rango que ocupó en la actividad general artística de su tiempo, y de la brillantez de su ejecutoria en un estilo grave y heroico, Le Brun no ha llegado a obtener el pleno reconocimiento de la posteridad.

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

LE BRUN, Charles: Physionomie des passions (Introducción de María del Mar Albero Muñoz); Madrid, Casimiro, 2016.
GADY, Bénédicte: L’ascension de Charles Le Brun: liens sociaux et production artistique; ed. La Maison des Sciences de l’Homme, 2010.
GAREAU, Michel: Charles  Le Brun, premier peintre du roi Louis XIV; París, Hazan, 1992.
GENEVAY, Antoine: Le style Louis XIV. Charles Le Brun décorateur; ses oeuvres, son influence, ses collaborateurs et son temps; París, J. Rouam, 1886.
NIVELON, Claude: Vie de Charles Le Brun et description détaillée de ses ouvrages; Ginebra, Droz, 2014.
WEIGERT, Roger-Armand: Charles Le Brun, créateur de l’art de Versailles; París,1937.

En español:

RODÓN Y FONT, Camilo: Tres grandes decoradores del tejido: Philippe de Lasalle, Charles Le Brun, François Boucher; Cataluña textil, 1922.

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