Carlos Martel (688-741)

            Nacido hacia el año 688/690, en las inmediaciones de Namur, Carlos, al que se conocerá por “Carlos Martel”, era, con su hermano Childebrand, hijo del mayordomo de palacio (maire du palais) Pipino II de Herstal (o de Heristal) y de su concubina walona Alpaïde (¿o segunda esposa?) y pertenecía a los Pippinides, que habían ido ascendiendo y prosperando a la sombra de los reyes merovingios.

Pero en el 714 esa poderosa familia de Austrasia atravesaba una crisis, pues la primera mujer de Pipino de Herstal, Plectrude, instaba a su esposo para que designara por heredero a un nieto menor de edad, muertos ya sus dos hijos.

Ese mismo año Pipino moría, y Carlos fue reducido a prisión. Pero Plectrude se ve incapaz de hacer frente a la rebelión de los grandes de Neustria a cuya cabeza se hallaba el mayordomo Ragenfred/Rainfroi.

Entretanto, Carlos consigue evadirse en 715 y, enfrentando a unos contra otros, arrastra con él a los Austrasianos que vencen a los neustrianos y al rey Chilperico II en Amblève en el 716, y en Vinchy (cerca de Cambrai), el 21 de marzo del año siguiente.

            Carlos necesitará aún dos años para culminar sus victorias con el sometimiento de los sajones, aliados de los de Neustria, y luego de Ragenfred/Rainfroi y del duque Eudes de Aquitania, para convertirse entonces, en el 719 (después de la batalla de Néry, cerca de Senlis), en el todopoderoso mayordomo de palacio del último rey de los merovingios. Thierry (Teodorico) IV (713-737), figura, como los inmediatos anteriores, de rey fantoche, privado de todo poder efectivo.

            Los primeros años de Carlos Martel anunciaban ya los grandes rasgos de su obra: unión de los francos y de todo el estado merovingio, lucha contra los pueblos germánicos y conquista del Sur. En el norte, en efecto, Carlos se asegura la fidelidad de neustrianos y austrasianos, concediéndole tierras y beneficios eclesiásticos que, atento a no dilapidar su propio patrimonio, les ha confiscado a las iglesias. Él es el primero de los jefes francos en comprender que la paz con los inquietos vecinos germánicos pasaba no sólo por campañas militares (que eran y continuarían siendo frecuentes), sino igualmente por la cristianización. Y por ello alienta las misiones de evangelización de Willibrord, fundador del obispado de Utrecht, y de Bonifacio (San Bonifacio), en Frisia, aportándoles el apoyo de sus armas.

Si bien Carlos Martel permanece en la memoria colectiva como aquel que venció a los árabes, él es, sobre todo, quien sometió de nuevo el Midi al poder franco. Y es que el duque Eudes de Aquitania y de Vasconia, incapaz de hacer frente al peligro que representaban los musulmanes venidos de España (que habían tomado ya Burdeos y Agen y ocupado el Languedoc-Rosellon –llamado entonces Septimania-), decide, como agarrándose a clavo ardiendo, apelar a Carlos, jefe de esos “bárbaros” del norte; y, un vez que Eudes le hubo jurado fidelidad, con unos efectivos totales de unos 30.000 guerreros, aquitanos, neustrianos y austrasianos consigue detener al invasor -que acababa de saquear la abadía de Saint-Hilaire- entre Tours y Poitiers (en la actual comuna de Vouneuil-sur-Vienne), y fue en la probable fecha del 25 de octubre del año 732; allí pereció el jefe mahometano Abderrahman. Apenas se había tratado para Carlos Martel de una razzia más de árabes y bereberes, que había sido detenida, pero los cronistas árabes y cristianos no tardaron en darle a aquel encuentro la trascendencia que luego se reconocerá.

La batailla de Poitiers vino a hacer más sólida aún la posición política y militar de Carlos. Con el mismo pretexto, el caudillo franco intervendrá en el valle del Ródano en el 737 con la ayuda de su hermano Childebrand y en Provenza dos años después, con el apoyo, esta vez, de los lombardos de Italia; y será su hijo Pipino el que culmine la expulsión de los musulmanes de Septimania.

            El inmenso prestigio adquirido en la lucha contra los sarracenos y la energía desplegada para imponer su política le había hecho ya acreedor del apodo de “martel” o martillo, y, cuando Thierry IV, vino a fallecer en el 737, pudo permitirse no designarle sucesor, preparando, de este modo, la entrada en escena de sus hijos Carlomán y Pipino el Breve (hijos de Rotrude, su primera esposa). Pipino será el fundador de la dinastía carolingia.

            A su muerte en Quierzy-sur-Oise, el 22 de octubre del año 741, Carlos Martel, abuelo paterno del futuro Carlomagno, fue enterrado en la abadía de Saint-Denis, siguiendo el deseo que habia expresado en vida, y al lado de los reyes merovingios, de cuyo final dinástico él se había encargado.

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BLANC , William y NAUDIN, Christophe: Charles Martel et la bataille de Poitiers: de l’histoire au mythe identitaire; Libertalia, 2015.
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GRÉGOIRE DE TOURS: Histoire des Francs [“Historiae francorum…”], Les Belles Lettres, 1963; también en Obras completas, Clermont-Ferrand, Paleo, 2001 y ss.
GUEMRICHE, Salah: Abd-er-Rahman contre Charles Martel: la véritable histoire de la bataille de Poitiers; París, Perrin, y Le Grand livre du mois, 2010.
MARS, Roch: Charles Martel; Grez-sur-Loing, Pardès, “Qui suis-je?”, 2013.
MERCIER, Maurice y SÉGUIN, André: Charles Martel et la bataille de Poitiers; París, P. Geuthner, 1944. 
RICHÉ, Pierre: Les Carolingiens, une famille qui fit l’Europe; París, Hachette, “Pluriel”, 1983 y 1997.
WERNER, Karl Ferdinand: Les origines avant l’an mil; Livre de poche, “Histoire de France”, bajo la dirección de Jean Favier; 1984 y 1992.

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