Pompadour, marquesa de – (1721-1764)

            Jeanne Antoinette Poisson, que será marquesa de Pompadour, nacía en París, el 29 de diciembre de 1721, y fue bautizada en la iglesia Saint-Eustache al día siguiente. Era hija de Louise Madeleine de la Motte, madame Poisson –no conocida, precisamente, por su vida recatada-, y probablemente, del arrendatario y recaudador de impuestos (fermier général) Charles Le Normant de Tournehem. Le Normant –rico soltero refinado y aficionado a las artes- se convierte en su tutor cuando su padre legal, François Poisson -anteriormente conductor del servicio de víveres y, favorecido por los hermanos Pâris, metido en asuntos financieros- se ve obligado a huir de la justicia a Alemania, en 1725, debido a ciertos turbios manejos de dineros en los que habría incurrido, dejando a su mujer sola. Y es Le Normant (“mon oncle” –le llamaba ella-) quien dirige los primeros pasos en el mundo, tanto de Jeanne Antoinette como de su hermano Abel. La niña va a recibir una esmerada educación en el excelente centro educativo de las Ursulinas de Poissy, para luego, ya encantadora adolescente, ir adquiriendo otra formación en canto, danza, pintura… y, sobre todo, el tono de los salones y un gusto certero en contacto con los sectores de los fermiers parisienses en los que se movía.

Casada a los 19 años con Charles Guillaume Le Normant, de 24, sobrino heredero de su mentor, con estancias en el château d’Étiolles, cerca de Sénart (SE. de París), del que su marido era señor, Jeanne Antoinette comienza a frecuentar los prestigiosos salones de madame Tencin y de madame Geoffrin, a adquirir el arte de la conversación y a apreciar los valores de la inteligencia; y entabla amistad con Voltaire, Crébillon padre, Fontenelle…

De los dos hijos que tuvo el matrimonio sobrevivirá Alexandrine que, no obstante, no alcanzará los diez años (m. en junio de 1754).

Marquesa de Pompadour

Marquesa de Pompadour. (Fr. Boucher)

            Pronto es considerada una de las mujeres más donosas, discretas y bellas de París, y, con ocasión de las bodas del entonces delfín Luis de Francia con la infanta española María Teresa (unión pronto malograda), Jeanne Le Normant es introducida en Versalles, en febrero de 1745, para acabar cayendo en los brazos de Luis XV, en febrero de 1745 -23 años tenía entonces-; sucedía poco después del súbito fallecimiento de Marie-Anne de Mailly Nesle (1717-1744) duquesa de Châteauroux, última maîtresse amante del rey, después de sus dos hermanas. Y Jeanne, para escándalo de los sectores devotos y aristocráticos, es instalada en un discreto apartamento justo encima del que ocupaba el rey, al que se accedía por una escalerilla. Pocos meses después, acompañaba al rey a la guerra por la Sucesión de Austria (victoria de Fontenoy, 11 de mayo de 1745).

            Separada ya legalmente de su marido, por mutuo consentimiento, en junio siguiente, Jeanne Poisson era oficialmente presentada en la Corte a principios del otoño. Pero la instalación de una “burguesa” como favorita regia era toda una revolución psicosocial en Versalles, y también estética, y las maneras brillantes y los gustos urbanos van a ir introduciéndose, en adelante, en el  gran palacio.

            Contrariamente a la estirpe noble que las anteriores amantes podían exhibir, la presencia de una plebeya en la esfera de la Corte desentonaba –aun procediendo del sector altoburgués-, y Jeanne hubo de ser creada marquesa ese mismo verano de 1745.

Y sucedió con tan buena fortuna para la advenediza Jeanne, que su madre Louise Madeleine de la Motte -de pésima reputación en el tout Paris-, pareció querer quitarse de en medio muriendo, muy a propósito, la víspera de Navidad siguiente, a los 46 años de edad. Ningún desdoro, en adelante, que recordase sus orígenes

“La Pompadour” (nombre sacado de un señorío del Limousin, recientemente adquirido por la Corona), será la amante y favorita de Luis XV durante cinco o seis años, para situarse luego en un papel de amiga afectuosa, consejera y organizadora de las distracciones del rey y de sus fiestas, y regular suministradora también de bonitas jóvenes de paso para sus placeres más privados, a las que ella conducía a aquel lupanar real clandestino que era el Parc-aux-Cerfs, en la villa de Versalles.

Instalada oficialmente en palacio e impuesta como favorita oficial por el rey, es honrada con el tabouret (gran distinción y privilegio en la Corte que no tenía toda la nobleza), y con las prerrogativas de duquesa en 1752. En 1756, es nombrada dama de la Casa de la Reina María Lesczynska, hacia la que siempre habia mostrado ella marcas de ostensible deferencia.

Ya para entonces la marquesa de Pompadour ha multiplicado las actitudes externas de devoción (muertos su padre François Poisson y su hija Alexandrina para desgarro de su madre), y han mejorado sus relaciones con la familia real -los Enfants de France la habían apodado “maman putain” / “mamá puta”-, particularmente con las hijas del rey: eran la culta y temperamental Adelaïde (1732-1800); la afable Victoire (1733-1799), aficionada a la buena mesa y entradita en carnes, pero bonita y graciosa; la huraña y poco agraciada Sophie (1734-1782); y la piadosa Louise (1737-1787), algo contrahecha, la pobre mujer, y bajita de estatura, que iba a entrar en religión con las carmelitas; pero, como buena parte de la Corte, el delfín Luis de Francia (de más sobrio carácter y que desaprobaba la conducta de su padre), detestaba a la favorita.

Y la marquesa se enfrentó a los jesuítas y al partido religioso que complotaba para alejarla de Versalles.

            Consolida también una relativa influencia política en beneficio de sus amigos o aduladores, cuyas carreras ella va favorecer, tales Soubise, el abate poeta y pronto cardenal Bernis, o Choiseul que expulsará a los jesuítas (inspiradores y animadores los dos últimos, en los Negocios Extranjeros, dentro de poco tiempo, del histórico vuelco de alianzas en favor de Austria, que tanto iba a chocar a la opinión). Y va a recibir, como si de una reina se tratara, a solicitadores y cortesanos, a ministros y a diplomáticos.

En 1757, después del atentado de Damiens en enero, Luis XV entendió bruscamente que el pueblo no le quería, e hizo público propósito de renunciar a su carrera de amantes, declarando su intención de ocuparse más, en adelante, del delfín su hijo; y, en ese clima de tensión, una intriga obligó a la Pompadour a dejar Versalles por un tiempo; pero el rey no iba a tardar en volver a llamarla.

            El papel de “Sa Majesté Cotillon”, como la llamaba el sarcástico Federico II de Prusia, es sensible, sobre todo, en el terreno intelectual y de las artes, insspiradas sus actuaciones más por la amistad que por una ideología activa y militante. Desde la Corte, protege a los filósofos, y notable fue su actuación, en 1752 en favor de la Enciclopedia; y también al que será su médico personal, François Quesnay, cabeza de la corriente fisiocrática, a cuyas cenas ella asistía de cuando en cuando, y departía allí con Buffon, d’Alembert, Helvétius…; y logrará reconciliar al rey con Voltaire, que va a recibir nombramiento de historiógrafo en 1745 y escaño en la Academia francesa al año siguiente.

Gracias a ella, Le Normant de Tournehem era nombrado para el puesto de lo que hoy llamaríamos director general del Patrimonio (directeur des Bâtiments et Manufactures) entre 1745 y 1751; a su muerte, le sucederá, hasta 1773, François Poisson, marqués de Marigny, su hermano, puesto donde él demostrará competencia gestora.

            Si bien su influencia política ha podido ser exagerada, la marquesa de Pompadour se mostró generosa con artistas y escritores. Además de las sumas considerables y tierras que recibió del rey, ella arregla y rehabilita ahora sus numerosos y sucesivos palacetes, como el château de Pompadour en Corrèze (Limousin), La Celle [-Saint-Cloud], que ella había adquirido en 1748, el hôtel d’Évreux (hoy el Elíseo) en París, regalo de 1753, y otros châteaux o mansiones de recreo, como el de Bellevue en Meudon. Y apoya la construcción de la Escuela Militar de París (trabajos que asume Pâris-Duverney a partir 1751) y del Petit Trianon, que construirá Gabriel en Versalles entre 1762 y 1768.

Sus gustos se manifiestan en sus numerosas toilettes y en las decoraciones que manda realizar, dando trabajo a los artistas; Gabriel, Quentin La Tour, Van Loo…; el flamenco Jean François Oeben (al que hizo nombrar ébéniste du roi) y el pintor Boucher son sus protegidos; todos contribuyen a crear lo que se llamará ese “style Pompadour” que, a finales del reinado de Luis XV, parecía transición hacia lo que será el estilo Luis XVI (líneas rectas, guirlandas, motivos florales…).

A su muerte, ella legará a su hermano y al rey una fortuna bien administrada, y 63 estampas de su propia mano.

            El largo y relevante papel que la Pompadour desempeñó en el corazón del reinado personal de Luis XV, la convierte en uno de los símbolos de ese período y la figura de favorita por excelencia. En una época en que la opinión pública comenzaba a adquirir relevancia, las que se llamaron ”poissonnades” (libelos injuriosos dirigidos contra la Poisson, que circulaban por París, y en cuya producción se distinguirá el conde de Maurepas, que será exiliado), muestran también que la favorita real tenía una función de escudo, que desviaba el descontento contra la institución monárquica.

            La marquesa de Pompadour –para gran consternación del rey-, morirá en el palacio de Versalles en la madrugada del 15 de abril 1764, tras un “reinado” de veinte años, a consecuencia de una neumonía; no tenía aún 43 años. Y se despidió reconciliándose con la religión en confesión y extremaunción con el cura de la Madeleine de París, ella que, como sus amigos filósofos., esprits forts, había mantenido siempre las cosas del alma entre la ignorancia y el menosprecio.

Su cuerpo fue conducido inicialmente a su hôtel des Réservoirs en la villa de Versalles y enterrada, dos días después (tras los funerales en la iglesia Notre-Dame de ese lugar), cerca de su hija Alexandrine, en la capilla de los Capuchinos de París. Posteriormente, sus restos serán trasladados, verosímilmente (como sucedió con otros centenares de miles en diversos cementerios parisienses, a lo largo del tiempo) al osario municipal (les Catacombes de París)

            Voltaire podrá decir de ella: “En el fondo de su corazón era de los nuestros, y protegió las letras tanto como pudo”.

A ella se le han atribuido, errónea o malévolamente, una supuesta correspondencia con la emperatriz María Teresa de Austria (fabricada, de hecho, a instigación de Federico II), y existen unas memorias de su camarera privada, madame du Hausset, que saldrán publicadas en los primeros años del s. XIX.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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HAUSSET, Nicole: Mémoires de madame du Hausset sur Luis XV et madame Pompadour; présentadas y anotadas por Jean-Pierre Guicciardi; Mercure de France, 1985 y 2002. (Otra edición de la misma [madame du Haussay]: La marquise de Pompadour, telle que je l’ai vue, con prefacio de Christian Melchior Bonet; Bibliothèque mondiale, 1960). Además de otras ediciones anteriores con variación en el título.
LEVER, Évelyne: Madame de Pompadour; Perrin y Le Grand Livre du mois, 2000, Perrin, 2003, y Editions France-loisir, 2007.
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En español:

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NÉSTOR, Luján: La otra marquesa de Pompadour; Planeta, 1993
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