Poussin, Nicolas (1594-1665)

            Nació este pintor en Villers Les Andelys, (35 km. al SE de Rouen –Ruán-) el 15 de junio del año 1594, en los albores de una nueva época en que Francia iba a alzarse a la preponderancia en las artes –a veces compartida-, donde se mantendría hasta bien entrado el siglo XX.  Y en Rouen, donde comienza su primera formación, fue probablemente alumno de Quentin Varin –cuya enseñanza su progenitor aceptó a regañadientes que siguiera-; y de  Noël Jouvenet.

Habiendo abandonado la casa paterna, llega a Paris en torno a los 18 años, sin el consentimiento de su padre (posiblemente un hidalgo pobre, militar que había sido bajo Charles IX y Henri III, en los años 70’ y 80’), que no entendía la vocación artística de su hijo y se oponía a ella; y, aun con protectores ocasionales, Nicolas lleva durante un tiempo, en la capital del Reino, una vida difícil, siguiendo, cuando puede, las lecciones de Georges Lallemand a través del cual conoce a Philippe de Champaigne. Estudia también a los maestros italianos de la colección real, particularmente los grabados de Rafael y se interesa por la escultura clásica.

Poussin - Pastores de Arcadia - In Arcadia ego

Poussin – Pastores de Arcadia – In Arcadia ego

Hacia 1622/23, gana un concurso convocado por los jesuítas para la ejecución de seis cuadros relatando la vida de San Ignacio, tras lo cual trabaja ya en la galería del Luxemburgo, para María de Médicis, al lado de Philippe de Champaigne. Y, entre diversos intentos por viajar a Roma, viviendo de expedientes y encargos pictóricos de escasa entidad, establece relaciones con el poeta Giambattista Marino, “il cavaliere” -ensalzado en Francia por entonces y protegido de la reina madre-, en cuya poesía descubre mitología, ninfas y paisajes, que le alienta a ampliar su cultura literaria y a que viaje a Roma; y para él ilustra las “Metamorfosis” de Ovidio, obra en la que se revela la influencia de la escuela de Fontainebleau y de Primaticio en particular.

Finalmente, Poussin consigue trasladarse a Italia, siguiendo la estela de Marino vuelto a su Nápoles natal; primero estudia en Venecia las obras de Tiziano, y llega a Roma en 1624, con 30 años,. Frecuenta entonces el taller del francés Simón Vouet, que residía en Roma por esa época, y sigue e interpreta a su manera, por un momento, la moda del caravaggismo (“Muerte de Germánico”, 1627, obra que le encarga el cardenal Aldobrandini; Martirio de San Erasmo”, para San Pedro, 1628/29; “Peste de Asdod”, 1630).

No tardaría en poner de manifiesto, contra complejos pasados, que un francés bien podía competir con los italianos, y aquí será donde va a pintar la mayor parte de su obra. Y obtiene la protección del cardenal Francesco Barberini, sobrino del francófilo Urbano VIII, y luego la de los mecenas Carlo Antonio y Cassiano del Pozzo -gran e influyente coleccionista este último, a quien deberá, con su genio personal, parte de su fama-.

            En el otoño de 1629 contrae matrimonio con Anne Marie Dughet, de unos 24 años por entonces, hija de un modesto pastelero parisiense afincando allí, emparentamiento que le impedirá, en adelante, ese ascenso social ajeno a otras causas que las de su propio talento. Con ella no tendrá hijos, pero adoptará bajo su protección a sus dos hermanos menores.

Y a partir de 1630, Poussin comienza a sentir cierta disfunción en la mano, efecto de la herida sufrida en una reyerta con los soldados del papa, y cuyos temblores irán acrecentándose hasta su muerte.

            En 1631 se convierte en miembro de la prestigiosa academia San Lucas, cuya presidencia se le ofrecerá y él rechazará en 1657. Y su producción es apreciada, sobre todo, por los amantes de pintura españoles y napolitanos de donde recibe encargos.

Hacia 1634/35, frecuenta, probablemente, al Dominiquino del cual hace el elogio público contra el partido del Guido.

En 1636 ha ejecutado ya para Richelieu el encargo de “Cuatro Bacanales” y de un “Triunfo de Neptuno”, que el cardenal destinaba para su château de Poitou.

Y hacia 1638/39 emprende una primera serie de los “Sacramentos”.

            Tal llegó a ser la fama  de Nicolas Poussin que en París le reclamaban, y Sublet de Noyers, Superintendente de los Bâtiments de France (el patrimonio real), le insta a regresar a su patria para encabezar el movimiento artístico.  Y en 1640, entre muchas reticencias, habiendo ya pintado en Roma sus mejores cuadros históricos, decide volver a la Francia de Luis XIII y de Richelieu, donde se ve cubierto de honores y elevado a “premier peintre du Roi”, con unos emolumentos de 3.000 libras anuales, pero también enfrentado a envidias y rivalidades, como la de Vouet, entre encargos decorativos que no le interesan, él que se negaba a ser instrumento de propaganda de Luis XIII, como tampoco lo será del papa.

El proyecto de decorar la Grande Galerie du Louvre apenas avanzaba y Poussin hace lo posible por acelerar su regreso definitivo a las orillas del Tíber, donde ha quedado su familia; y allí llega en los primeros días de noviembre de 1642. “Nunca he sabido lo que el rey deseaba de mí” –confesará-. En adelante, tratará de evitar progresivamente las grandes decoraciones oficiales y los grandes formatos,  pero seguirá trabajando para clientes franceses o para Francia.

Y este notabilísimo artista pintor, que desarrollará la casi totalidad de su obra en la Roma papal, mantendrá relaciones, desde allí, con nombres eminentes de la intelectualidad libertina y materialista de Francia, como Gassendi.

            Como ningún otro, Poussin se había mostrado sensible a las diversas corrientes, a veces contradictorias, que caracterizaban los medios artísticos de Roma, y su arte revela una gran capacidad de asimilación; pero esa receptividad a las lecciones que le ofrecían Rafael, los boloneses (sobre todo los Carracci Luis, Agustín y Anibal, y el Dominiquino), o Pietro de Cortona, no le cegaba en la búsqueda de una vía propia hacia el idealismo clasicista en gestación entonces, y de la que él mismo llegó a definir la constante en 1642: “Mi temperamento me lleva a buscar y a amar las cosas bien ordenadas, y a huir de la confusión que es para mí tan contraria y enemiga como la luz lo es de las tinieblas”.

            Reacio a tratar temas puramente devocionales y a encuadrarse en el gran proyecto iconográfico de la Contrarreforma, Poussin, en busca de un “ideal” pictórico e intelectual y apoyándose en la observación de lo natural, toma su inspiración en la Antigüedad por la que siente nostalgia (tipos de accesorios de ropajes, motivos de arquitectura…), aun sintiéndose atraído por la luminosidad y sensualidad de los venecianos.

Y prosigue su propia meditación acerca de la interacción entre forma y dibujo, color y luz, estableciendo relaciones, graduaciones sutiles y efectos cromáticos y plásticos. Es cierto que la diversidad de las soluciones adoptadas da a veces la inpresion de falta de continuidad, pero ello se explica tanto por su carencia de dogmatismo como por el carácter mismo de su proyecto, fundado en la separación de géneros y en la distinción de modos (lo riente, lo emocionante, lo grave, lo terrible), lo cual determinaba cambios de registro y de medios pictóricos.

            Y así, sus composiciones “históricas” y bíblicas poseen un cierto carácter épico, impregnada la expresión de las “pasiones” de cierto énfasis retórico (“L’enlèvement des Sabines” –el rapto de las Sabinas-, de 1637/38; Metropolitan Museum de N. Y.), mientras que obras de tema literario, mitológico y alegórico ofrecen acentos líricos más emotivos y una armonía de color más suave y vibrante: “L’Inspiration du poète”; “Echo et Narcisse”, “L’Empire de Flore”, “les Bergers d’Arcadie” -los pastores de Arcadia-, una de sus obras maestras, pintada en 1653 para Luis XIV.

            Y la segunda serie sobre los Sacramentos que termina en 1648, alcanza una sobriedad expresiva, una monumentalidad y un rigor formal en consonancia con el tema.

            Progresivamente, el interés de Poussin por el paisaje iba en aumento y multiplicaba el estudio en vivo de la campiña romana, por evitar el efecto “decorado”; buscaba el acuerdo armonioso entre la atmósfera, la disposición de los lugares y el tema a tratar (“Moïse sauvé des eaux” –Moisés salvado de las aguas- (1638), “Paysage avec Saint Mathieu” (ca. 1643); “Les cendres de Phocion” –las cenizas de Foción- (1648); “Orphée et Euridyce”). Y su sensibilidad se hace más palpitante (“Paysage avec Polyphème”, “Orion aveugle à la recherche du soleil” -Orión ciego, buscando el sol-). Digno también de interés será su “Apollon amoureux de Daphné”, de 1664, su cuadro-testamento –se ha dicho- que Poussin dedica al cardenal Camillo Massimi, retratado unos años antes por Velázquez.

Para conseguir, al final de su vida, diversificar con fineza los diversos aspectos (serie de las “Quatre Saisons”, Cuatro Estaciones), entre 1660 y 1664, para el duque de Richelieu Armand de Vignerot (1629-1715), sobrino-nieto del cardenal, e imponer una visión estoica, meditativa y poética.

            Lejos de los fastos de la Corte y del papado, este apátrida entre París y Roma, pero nexo también entre Italia y Francia  -viudo el año anterior de su esposa Anna María-, morirá en la Ciudad Eterna el 19 de noviembre de 1665 y está enterrado en la basílica romana de San Lorenzo in Lucina. Dejaba un extensa obra: más de 200 pinturas y cerca de 450 dibujos.

El sentido de la fábula y la armonía serena que se desprenden de una gran parte de su obra, le han impuesto -aun con ciertas ambivalencias-, como el arquetipo del pintor clásico francés y, al mismo tiempo, con Philippe de Champaigne, el gran renovador de la pintura francesa, reivindicado por todas las escuelas hasta Cézanne.

Y en 1666, ya bajo el reinado personal de Luis XIV, se abria en Roma la Academia de Francia.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BLUNT, Anthony: Lettres et propos sur l’art de Nicolas POUSSIN; textos reunidos por – y prefacio de Jacques THUILLIER; Hermann, 1964 y posteriores.
COMPIÈGNE, Guy : Nicolas Poussin, l’ambigüité recherchée; París, Ed. du Valruv, 2015.
KEAZOR, Henry: Nicolas Poussin, 1594-1665 (traducción al francés del alemán); Taschen, 2007. 
LÉVÊQUE, Jean-Jacques: La vie et l’oeuvre de Nicolas Poussin; Courbevoie, ACR ed. 1988.
MANOEUVRE, Laurent: Pablo Picasso dialogue avec Nicolas Poussin; Éditions des Falaises, 2017.
MÉROT, Alain: Poussin; París, Hazan, 1990. También: Nicolas Poussin; l’amitié embrassant la peinture; Nouvelles éd. Scala, 2013.
ROSENBERG, Pierre: Nicolas Poussin; France-Loisirs, 1994.
THUILLIER, Jacques: Nicolas Poussin; Fayard, 1988 y Flammarion, 1994.

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