Verdún, batalla de – (febrero-diciembre de 1916)

            A finales de 1915 parecía imposible romper el frente de posiciones formado después de la primera batalla del Marne (septiembre de 1914), y los estados mayores comenzaban a instalarse en la guerra de desgaste. Francia se había establecido en una línea sólida que debería defender Verdún (Verdun), Nancy y Belfort en su frontera Este.

En el momento en que -en este invierno 1915/16-, los aliados concebían el proyecto de una ofensiva general simultánea en los frentes francés, italiano y ruso, fue el general Erich von Falkenhayn (sucesor de Moltke, después de la derrota del Marne como jefe del gran estado mayor general alemán) el que propuso la idea de imponerle al ejército francés una guerra de agotamiento. Su elección recayó en Verdun, en Lorraine (Lorena) cuyo frente presentaba una cuña mal unida a la retaguardia y difícil de abastecer.

Era Verdun, después de la guerra de 1870/71, el centro de un vasto campo atrincherado y defendido por ese bastión natural que constituían los altos del río Mosa (Hauts de Meuse). Convertido en el eje de la defensa del NE de Francia, a 235 km de París, un moderno sistema de fuertes se había desarrollado allí, unidos bajo tierra a la ciudadela por carriles y trenecillos. Defendida por el III ejército de Sarrail, la plaza había servido ya de punto de apoyo para la maniobra que iba a permitir la victoria del Marne.

Batalla de Verdún - (febrero-diciembre 1916)

Batalla de Verdún – (febrero-diciembre 1916)

Y los alemanes tenían, contrariamente a los franceses, la ventaja de contar con una red de comunicaciones férreas de acceso, además de poder acercarse sin ser vistos, resguardados por la masa forestal de la zona.

            Convencido de que su enemigo haría todo lo posible por conservar esa bisagra de su sistema defensivo, Falkenhayn esperaba atraer allí a sus reservas y aplastarlas con incesantes asaltos, sostenidos por bombardeos de gran intensidad.

El frente había quedado fijado a 16/20 km aproximadamente al N. y E. de Verdun y este sector estuvo tranquilo durante dieciocho meses.

Pero el mando alemán creyó conveniente reanudar rápidamente la ofensiva. Falkenhayn estimaba que Francia había llegado al borde de la extenuación militar y que, en consecuencia, una batalla de ruptura masiva no sería necesaria. Su objetivo era, pues, “desangrar al ejército francés” –como dirá él, posteriormente, en sus memorias-, con una serie de ataques limitados, intensamente sostenidos por la artillería en un punto preciso del frente. Y Verdun fue elegido, porque la experiencia de 1914 había demostrado que las plazas fuertes francesas y belgas no resistían los golpes de los potentes cañones alemanes de 305 y 420 mm. (la “Grosse Bertha” = “Dicke Bertha”). Convicción, compartida, hay que decirlo, por el propio estado mayor francés, hasta el punto de que el reducto de Verdun y los diversos fuertes carecían, desde agosto de 1915, de piezas de artillería y de tropas en entidad y número relevantes, pensando Joffre en el frente del Somme.

Contrariamente a Falkenhayn, el Kronprinz Guillermo, heredero de la corona imperial y comandante del V ejército alemán, era partidario de un ataque breve y masivo; pero fue la táctica de los ataques limitados y continuos en un punto, que Falkenhayn defendía, la que prevaleció.

Volcado en la preparación de la ofensiva prevista en el Somme, en torno a Amiens (de la que los alemanes comenzaban a tener conocimiento por sus espías), el estado mayor francés desdeñó inicialmente aquellas informacionnes que hablaban de un ataque próximo sobre Verdun. Pero ya Falkenhayn venía ocupándose en secreto de excavar túneles cercanos a las trincheras francesas y de aumentar hasta ocho divisiones el número de efectivos combatientes en la zona, que colocó bajo el mando directo del Kronprinz.

Es cierto que el servicio de información francés acabó recibiendo cierta noticia que hablaba de un ataque para el 12 de febrero de 1916; pero fue, finalmente, el lunes 21 (después de varios días de tormentas de nieve), a las 16h45, tras una preparación de artillería iniciada a las 7h30 en un frente de 9 km. -¡dos millones de bombas cayeron ese día!-, cuando se desencadenó el asalto alemán sobre las relativamente desguarnecidas posiciones francesas de la orilla derecha del río Mosa: Brabant sur Meuse, Haumont, Ornes…, o Fresnes en Woërre, más al SE.; y algunos soldados iban equipados con lanzallamas (arma utilizada por primera vez). Comenzaba así, hasta diciembre siguiente, una de las batallas más terribles que se conocen, tanto por el número de muertos y heridos, como por el sufrimiento de los combatientes. A pesar de una resistencia más sólida de lo esperado, al atardecer del 24, habían desfondado completamente la segunda línea de defensa francesa y alcanzado la cota 344. Al final del 25 de febrero, se apoderaban por sorpresa del fuerte de Douaumont, piedra angular del NE. de la línea de fuertes y la mejor y más moderna de las defensas; y ese observatorio de Douaumont iba a suponer para los alemanes una importante posición.

Con el refuerzo de las tropas, el general Castelnau -enviado por Joffre desde el Grand Quartier Général en Chantilly (50 km. al N. de París)-, llegó para ordenar en lo inmediato al general Herr que defendiera a toda costa el frente entre Douaumont y el Mosa (contra la opinión de algunos oficiales del Gran Cuartel General, partidarios de retirarse a la orilla izquierda); y aquella determinación contaba con el similar parecer del presidente del Consejo Aristide Briand.

Fue a Philippe Pétain -60 años entonces-, comandante del II ejército al que se encargó enseguida que viniera a asumir la dirección de la batalla (26 de febrero). Pétain dio entonces absoluta prioridad  a los problemas de comunicaciones, ya que, a causa del intenso bombardeo alemán, Verdun sólo podía ser abastecida por la línea de vía estrecha Verdun-Bar le Duc. Mandó liberar la carretera Bar le Duc-Verdun por Souilly y ordenó que fuera reservada para los camiones cargados de refuerzos, municiones y material: fue la famosa “voie sacrée” como la llamará Maurice Barrès (90.000 hs. y 50.000 tn. de municiones, material y abastecimientos transitarán por ella cada semana, en 8.000 vehículos circulando continuamente durante el verano de 1916).

Por su energía tranquila y su lucidez, Pétain sabrá darles confianza a las tropas, aun cuando el fuerte de Vaux va a ser sometido a violentos ataques del enemigo, llegado marzo.

            A partir del 6 de marzo, en un ataque de gran amplitud, los combates se extendieron sobre la orilla izquierda del Mosa: ataque alemán sobre Béthincourt, Forges…

            Pétain habia lanzado el 10 de abril su famoso bando que acababa con “on les aura!” (¡acabaremos con ellos!), había reorganizado el conjunto del dispositivo y asegurado tanto el abastecimiento de las tropas como la llegada de los refuerzos, pero hubo de luchar también para hacerle entender a Joffre la importancia de lo que se estaban jugando en Verdun, porque el comandante en jefe de los ejércitos franceses pretendía reservar la mayor parte de sus disponibilidades a la ofensiva del Somme. Pétain no conseguirá el aumento de efectivos que reclamaba, aunque, tan grandes serán el desgaste nervioso y las pérdidas en hombres, que Verdun conocerá una alta renovación de la tropa y allí se organizará lo que van a llamar la noria o le tourniquet (“la rueda”), que afectará a la mayor parte del ejército francés.

En el marco de ese desacuerdo, el nombramiento de Pétain al mando de los ejércitos del Centro (1 de mayo) fue, de alguna manera, una medida de alejamiento, aun cuando conservase bajo su autoridad el ejército de Verdun, que pasaba bajo la dirección directa de Robert Nivelle.

            Y, con tres divisiones lanzadas contra esas posiciones, los alemanes podrán apoderarse con el bosque de Cumières, de Mort-Homme el 14, y de la cota 304 el 24 de mayo.

Después de dos meses y medio de combates, y a pesar de la aplastante superioridad de su artillería, los alemanes no habían conseguido alzarse con el total control del terreno. Sin embargo, el intento llevado a cabo por la división Mangin para recuperar Douaumont, entre los días 22 y 24 de mayo, acabó en un sangriento fracaso, y el fuerte de Vaux sucumbía el 7 de junio, a pesar de la empeñada defensa del comandante Raynal.

Era Vaux un atrincheramiento en la orilla derecha del Mosa, al SE. de Douaumont, construido un cuarto de siglo antes y consolidado con cemento armado en 1911; el fuerte dominaba la meseta al sur del barranco de Vaux y cogía por detrás a Douaumont, de ahí su importancia.

            El Kronprinz, con tropas de elite, pasará de nuevo al ataque el 21 de junio y Le Thiaumont, a 360 m de altura, y Fleury-devant-Douaumont fueron rápidamente desbordados.

            Y fue el 22 de junio cuando los alemanes utilizaron por primera vez las terroríficas bombas de fosgeno, gas que provocaba la muerte en unos momentos, y que los franceses van a emplear ellos también, antes de extenderse a otras guerras y otros escenarios.

            Pero el tiempo corría ahora en contra del estado mayor alemán: Allá en Ucrania, Broussilov había desencadenado una ofensiva en Volhynie el 4 de junio; y e1 de julio, en la región del Somme, comenzaba la ofensiva franco-británica. Para Verdun aquello era un gran respiro. El último gran ataque alemán tendrá lugar los días 11/12 de julio en las inmediaciones del fuerte de Souville, para pasar la iniciativa a los franceses a partir de ese momento.

            El 4 de agosto, Nivelle comenzaba el contraataque, recuperando las inmediaciones de Souville y de Froideterre y, bajo sus órdenes, aquella contraofensiva, conducida directamente por Mangin, concluirá con el control otra vez, entre la segunda mitad de octubre y mediados de noviembre, de Douaumont, Vaux y la cota del Poivre.

            Bajo la presión del presidente de la República Poincaré y del presidente del Consejo Briand, después de la sangrienta batalla del Somme, que acababa de desarrollarse entre julio y noviembre de 1916 (donde se utilizó, por primera vez el carro de combate), cuyos resultados fueron considerados insuficientes, Joffre será sustituido en el puesto de comandante en jefe de los ejércitos franceses, por Nivelle, al que consideraban el vencedor de Verdun.

Por el lado alemán, Erich von Falkenhayn había sido relevado del mando el 29 de agosto, y sustituido por Hindenburg y Ludendorf.

            Y en diciembre, se conseguía reocupar las posiciones perdidas en el ataque alemán de febrero. Después de diez meses infernales, el 15 de diciembre de 1916 la inútil batalla de Verdun podía considerarse concluida, victoria amarga, pero victoria francesa, en definitiva.

En la orilla derecha del Mosa, el frente se estabilizó a lo largo de una línea Champneuville-Bezonvaux. Y en la margen izquierda, el macizo del Mort-Homme (12 km. al N. de Verdun), baza importante y objeto de violentos combates desde marzo de 1916 hasta estas fechas, se recobraba en agosto de 1917, junto a la cota 304, con lo que Verdun quedó completamente despejado.

Y, desde agosto hasta diciembre de 1917, conseguirán retomar todo el terreno perdido veinte meses antes.

            Vendrá luego la ampliación del conflicto y la entrada en guerra de los
Estados Unidos, la crisis de 1917 (revolución y paz separada con Rusia, amotinamientos y rebeliones en el ejército, propaganda pacifista…), la ruptura del equilibrio con el cambio de año y el regreso a las grandes ofensivas entre marzo y octubre de 1918, antes de sonar la derrota final de las potencias centrales.

            El “infierno de Verdun” les había costado a los franceses 250.000 muertos, desaparecidos y prisioneros, y 320.000 heridos (otras fuentes hablan “solamente” de cerca de 379.000 en muertos, desaparecidos y heridos), lo que la hacía la batalla más mortífera de la Gran Guerra, después de la ofensiva del Somme de 1916, debidas la mayor parte a los efectos de la gruesa artillería aparecida en esta Primera Guerra Mundial; y cifras sensiblemente semejantes para los alemanes.

Aquella batalla de Verdun había marcado un giro decisivo en el frente francés. Y, por el papel esencial que desempeñó allí la artillería pesada, abría también un nuevo tiempo para la guerra de material y de aniquilamiento sistemático del enemigo en la era industrial.

            En Douaumont se elevará, entre 1920 y 1932, un monumento-necrópolis a la memoria de los caídos por la defensa de Verdun; allí se guarda osamenta anónima hallada en diferentes sectores del campo de batalla; delante se alinean 15.000 tumbas del cementerio nacional.

Otro tanto se puede decir de la “Voie sacrée”, mantenida en el recuerdo de la memoria colectiva de los franceses.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BLOND, Georges: Verdun; París, Presses de la Cité, 1980.
HOLSTEIN, Christine: Verdun, Fort Douaumont; Barnsley, L. Cooper, 2002.
LEFEBVRE, Jacques-Henri: Verdun, la plus grande bataille de l’histoire; París, G. Durassié et Cie., 1960; y Les Éditions des Riaux, 2005.
MIQUEL, Pierre; Mourir à Verdun; Paris, Le Grand livre du mois, 1995, y Succès du livre, 1998.
PROST, Antoine y KRUMEICH, Gerd: Verdun, 1916: une histoire franco-allemande de la bataille; París, Éditions De Noyelles, 2015.
RAPOPORT, Dominique: La Première guerre mondiale et la bataille de Verdun; Metz, Ed. Serpenoise, 2006.
THOMPSON, Julian: 1916. Verdun et la Somme: les plus grandes batailles de la Première guerre mondiale sur le front occidental (adaptation française); París, Gründ, 2006.
VIART, Jean-Paul: Verdun: la plus longue et sanglante bataille de la Grande Guerre; Larousse, 2016.

En español

JANKOWSKI, Paul: Verdún, 1916: Crónica de la batalla más célebre de la Primera Guerra Mundial; Madrid, La Esfera de los Libros, 2016.
VÁZQUEZ GARCÍA, Juan: La batalla de Verdún; Valladolid, Galland Books, 2013.

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