Bayard, Pierre Terrail, señor de – (1476-1524)

            Pierre Bayard (o Bayart), el que sería famoso hombre de guerra francés en la transición de los siglos XV/XVI, dechado de generosidad, lealtad y coraje en la batalla, según todas las crónicas, que serviría a tres reyes de Francia, y sería respetado por amigos y adversarios, nacía cerca de Grenoble, Allevard (Isère), probablemente en 1476; tercero de ocho hermanos, era hijo de Aymon Terrail, señor de Bayard, familia con orígenes en el primer tercio del siglo XIV, y de Hélène Alleman, cuyos ancestros se remontaban al siglo XII.

            Tras haberse iniciado en la carrera de las armas, a los 13 años, como page del duque de Saboya, Bayard se distingue ya, desde la edad de veinte años en Fornovo di Taro, cerca de Parma -donde Carlos VIII viniendo en retirada desde Nápoles, en 1495, hubo de forzar el paso que le cerraban venecianos, milaneses, Maximiliano de Austria, Fernando de Aragón y el papa-; y allí fue armado caballero.

No tardaría en contribuir, ya bajo Luis XII, a la conquista del Milanesado sobre Ludovico el Moro (1499-1500), distinguiéndose luego en el asedio de Canosa di Puglia, en el verano de 1502 e ilustrándose en 1503 en la defensa, él solo, del angosto puente de Garigliano (Garellano), contra 200 españoles de Gonzalo Fernández de Córdoba, lo que le hizo merecer la divisa “Vires agminis unus habet”.

Bayard, chevalier sans peur et sans reproche

Perdido el reino de Nápoles en 1504, en beneficio de Fernando de Aragón, en 1507/08 Bayard reprimió la rebelión de Génova (que Francia tutelaba desde octubre de 1499), y con su acción, decidió la capitulación de la plaza, para derrotar luego a los venecianos en Agnadello (15 km. al NE. de Lodi en Lombardia), el 14 de mayo de 1509, también con las tropas de Luis XII, que acababa de adherirse a la liga de Cambrai del año anterior, con Maximiliano, Fernando de Aragón y el papa Julio II.

Fue herido en el asedio que hacía de Brescia en 1512, al lado del joven sobrino del rey  Gaston de Foix, y, ese año, contribuyó también a la victoria de Rávena.

En 1513 Bayard cayó prisionero de los ingleses en Picardía; pero, pronto liberado, acompañó al nuevo rey Francisco I a Italia, donde, en Villafranca de Piamonte, hizo prisionero en 1515 a uno de los  generales enemigos, el condottiero Prospero Colonna; y días después, el 13 de septiembre de 1515, tuvo ocasión de participar de forma decisiva, al lado del rey, en una sonada victoria sobre los suizos aliados del duque de Milán; fue en Marignano (en la llanura del Po, Lombardia) donde, para honrarle, su rey quiso recibir la orden de caballería de sus manos, y le nombró teniente general del Dauphiné (Delfinado). Aquí sonó el final definitivo de las guerras al modo medieval, con enfrentamientos de infantería y caballería, porque la artillería tendrá el protagonismo en adelante.

Luego Bayard defenderá Brescia en 1520 y, cuando la guerra se reanude en 1521, obligará a los imperiales a levantar el cerco de  Mezières en las Ardenas; al heraldo que le exigía rendirse, él respondió: “Para defender esta ciudad, el rey mi señor tenía a muchos otros personajes en su reino, más poderosos y mejores que yo; pero, puesto que él me hizo ese honor, con ayuda de Nuestro Señor espero conservársela el tiempo suficiente para que vuestros amos sean más desgraciados en ponerle sitio que yo en ser sitiado”.  Tras lo cual utilizó una estratagema para sembrar la falta de entendimiento entre los jefes enemigos; pues “el buen caballero Bayard, además de ser considerado uno de los hombres más valientes del mundo, era también uno de los más sutiles guerreros que pudieran encontrarse”.

            Derrotado el almirante Bonnivet -favorito del rey, que le había nombrado para una responsabilidad superior a su capacidad para asumirla-, Bayard resultó herido de muerte de un disparo de arcabuz, el 29 de abril de 1524, cuando cubría la retirada del ejército francés en el paso del río Sesia, en Romagnano (Milanesado), frente a los españoles. “Seguro como si en su propia casa estuviera, el buen caballero hacía avanzar a sus soldados y se retiraba sin precipitación, siempre con la cara alta ante sus enemigos”. Y al condestable de Borbón, que luchaba al lado de los españoles, y que deploraba la suerte de Bayard viéndole ahora en sus postreros momentos, le respondió -según narra Du Bellay-: “No soy yo el que es digno de lástima, porque muero como hombre de bien, sino vos, que combatís contra vuestro rey y vuestra patria”.

            Bayard queda bien retratado en estas frases de uno de sus primeros biógrafos: “Tenía el corazón limpio como la perla, y siempre buscaba estar cerca de la pelea”; se mostraba “furioso con los enemigos”, pero “dulce, apacible y cortés con los amigos…Y, en país conquistado, siempre pagaba al hombre o mujer de la casa donde se alojaba aquello que consideraba haber gastado”. En todos los campos de batalla se distinguió Bayard, en Fornova, Rávena, Mariñán… Y ha pasado a la leyenda bajo el nombre de “chevalier sans peur et sans reproche” que ya sus contemporáneos le dieron.

            Hoy descansa en el convento de las Mínimas de La Plaine (s. XV), en Saint-Martin d’Hères (Isère, limítrofe de Grenoble).

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

CHAMPIER, Symphorien: Les Gestes ensemble la vie du preulx chevalier Bayard; Lyon, 1525 (reeditado por Denis Crouzet; Imprimerie Nationale, 1992).
FAKHOURY, Marcel: Le chevalier Bayard, vérité, erreurs, rumeurs; Ed. Le signet du Dauphin, 2010.
GUYONNAUD, Jean-Paul: Le chevalier Bayard, héros national, suivi d’un petit dictionnaire des personnages les plus importants de son époque (1476-1524); Neuilly, J.-P. Guyonnaud, 1990.
JACQUART, Jean: Bayard; Fayard, 1987.
MAILLES, Jacques de – (compañero de armas que fue de Bayard): La très joyeuse et très plaisante histoire du gentil seigneur de Bayart, le beau chevalier sans peur et sans reproche; París, 1527 (reeditada bajo “Le loyal serviteur” [J. de Mailles], hasta ed. André Balland, 1967, y Paleo, 2001.).
MONNET, Camille; Bayard, la légende et l’histoire; Grenoble, Roissard, 1952 (23 pgs.)
SILVE DE VANTAVON, Jean: Bayard, chevalier sans peur et sans reproche; París, F. Lanore, 2003

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