Verlaine, Paul (1844-1896)

            Hijo único del matrimonio, Paul Verlaine nacía el 30 de marzo de 1844 en Metz (donde su padre, el capitán Nicolas-Auguste Verlaine, originario de las Ardenas belgas, estaba destinado como militar); la familia de su madre, Élisa Stéphanie Dehée, era de la región de Arrás.

            Después de que su progenitor hubo dejado el ejército, la familia vino a instalarse en París en 1851, en el barrio de Batignoles. Fue a tiempo para que el pequeño Paul –aunque  interno en la Institution Landry, según costumbre de las familias burguesas de la época-, pudiera seguir sus estudios secundarios en el lycée Bonaparte (hoy Condorcet), de 1853 a 1862, año éste en que, ya bachelier ès-lettres, comienza derecho.

Pero muy pronto mostrará por esos estudios tan poco entusiasmo, que su padre le busca un empleo, y el joven Paul acaba entrando, primero, en 1864, en una compañía de seguros, y pocos meses después, como escribiente, en el Hôtel-de-Ville (Ayuntamiento) de París.

En el Ayuntamiento –cuyo trabajo no parecía absorberle-, tenía algunos compañeros que pertenecían a l’école parnassienne (Parnaso poético), con lo que él también se hizo parnasiano. Y empieza ya a frecuentar cafés y círculos literarios, como el salón de la marquesa de Ricard donde conoce a los primeros parnasianos, los Leconte de Lisle, Sully Prudhomme, Banville, Hérédia, Catule Mendès…  y a Alphonse Lemerre, futur editor.

Verlaine (1844-1896)

Verlaine (1844-1896)

            Instalada ya la familia en 1865 en el tercer piso del 14, rue Nicolet, después de tres o cuatro mudanzas anteriores, su padre muere ese año.

En noviembre, ha publicado en la revista l’Art, de reciente aparición, dos artículos: sobre Barbey d’Aurevilly y sobre su admirado Baudelaire, además de dos poemas.

            Paul continúa viviendo con su madre; era entonces un joven sensible y cariñoso, aunque, de vez en cuando, estallaba en violentos accesos de cólera, e iba adquiriendo también la costumbre de beber, para ahogar, posiblemente, la pena que le habia causado la boda de su prima Élisa Moncomble, de la que estaba enamorado, y luego su muerte en 1867, a los 31 años.

            Y fueron su contribución al “Parnase contemporain”, los “Poèmes saturniens”, en 1866 –con 22 años-, que su prima Élisa le pagó a cuenta de autor, y que, junto con las “Fêtes galantes” en 1869, vinieron a asegurarle un lugar honorable entre los poetas de entonces, y aquellos del círculo “les Vilains bonshommes”, que empezaba a funcionar entre 1869 y 1872; allí surge Rimbaud en 1871, llegado de las Ardenas, que marcará, con la radicalización del grupo tras la Comuna, su segunda etapa. Y estaban Émile Blémont, Albert Mérat, Léon Valade, Camille Pelletan, Charles Cros, Paul Bourget (conocido primero por sus poesías) y, entre algunos dibujantes y pintores, Fantin-Latour.

Los Poèmes saturniens, llevaban el reflejo de influencias diversas. Como en los demás poetas de su generación, su cabeza bullía de versos de Victor Hugo, se mostraba discípulo de Leconte de Lisle cuando ponía algunas de sus piezas “Alkaïos” y “Orpheus”, y cuando decía Ganga en vez de Ganges, o padma por roseau. La influencia de Th. Gautier (en “Albertus” o en “Mademoiselle de Maupin”) era también visible. En el prólogo y el epílogo de su poemario, afirmaba la doctrina de la impasibilidad, de la independencia de la Belleza, del desprecio por la Inspiración y su fe exclusiva en el trabajo formal. El volumen se conformaba, pues, a la ortodoxia parnasiana; pero algo nuevo aparecía en algunas de sus poemas: exquisitas anotaciones, gusto por los matices, formas de vagos contornos…Y se dejaba oir una música no deudora de la poesía anterior, un canto suave y lento, sin ritmos claramente marcados, una línea sinuosa y una voz que parecía reprimirse. Por debajo de influencias externas, el verdadero Verlaine empezaba a encontrar sus personales medios de expresión.

            El segundo poemario de Verlaine, las “Fêtes galantes” de 1869, evocaba el mundo poético de Watteau, los lienzos de Fragonard o Greuze. Inspirándose del libro reciente de los Goncourt “l’Art du XVIIIe. siècle”, no se contentaba sólo con traducir las elegancias preciosistas de una sociedad desaparecida, sino que intentaba hacer sentir en esos seres, aparentemente sólo dados a los placeres, un fondo de melancolía y de ironía triste: el propio paisaje interior del poeta. Y con más claridad que en el anterior libro, era a la música de su verso a la que le pedía comunicar esas impresiones y hacer nacer la ensoñación. El sentido de las palabras tenía para él menos interés que su valor musical.

Si hubiera que poner un nombre a la poesía de “Fêtes galantes” sería “fantasía”, esa misma fantasía de la que se reclamaban los Goncourt; y, porque el movimiento parnasiano venía marcado, en gran medida, por la tradición fantasista y caprichosa, podría decirse que las “Fêtes galantes” continuaban siendo obra parnasiana. La emancipación del poeta Verlaine se producirá algo más tarde.

            A finales de junio de 1870, en vísperas del inicio de la guerra franco-prusiana, Paul se casa con Mathilde Mauté de Fleurville, de diecisiete años entonces, que venía a iluminar su vida con un “immense espoir”, buscando probablemente una salida a la pendiente hacia la degradación personal por la que comenzaba a deslizarse. Tenía 26 años, y para su prometida habia escrito un tercer poemario de 20 poemas, “la Bonne chanson”, que fue editado por Lemerre.

            “Puisque l’aube grandit, puisque voici l’aurore,
             Puisque, après m’avoir fui longtemps, l’espoir veut bien
             Revoler devers moi qui l’appelle et l’implore,
             Puisque tout ce bonheur veut bien être le mien,

             C’en est fait à présent des funestes pensées,
             (…)…

            La pareja fue a instalarse en el 2, rue cardinal Lemoine. Al principio, se mostraba un marido enamorado, pero, además de que Mathilde no parecía ser la dulce amante con la que Paul había soñado, su propio comportamiento -irascible en la bebida-, y la irrupción de Rimbaud –aquel joven prodigio de dieciséis años-, vendrán a aportar pronto el desorden en su vida y la ruptura de su matrimonio. Su hijo Georges Verlaine nacía en octubre de este año de 1871.

            Sus desposorios sólo le inspiraron “la Bonne chanson” y, a pesar de lo que se haya dicho, el poemario no venía a marcar una etapa nueva de su inspiración o de su arte. Pero, tras la guerra, cuando hubo roto con Leconte de Lisle y la mayor parte de sus jóvenes amigos del Parnaso, Verlaine empieza a frecuentar a pintores y gente de letras que abren ante él nuevas perspectivas. Ellos sentían todo lo que de artificial y de frío habia en la doctrina parnasiana, y le pedían al arte y a la poesía que expresaran la vida moderna: las grandes ciudades con sus estaciones de ferrocarril y la existencia agitada de sus habitantes… Eran escritores  a los que la ortodoxia del Parnaso sólo había marcado superficialmente. De esos encuentros, Verlaine sufrirá profundamente la influencia, lo que explicará “Romances sans paroles”.

            Después de haber huído del hogar conyugal por violencias, en febrero de 1872, Mathilde pedía una primera vez la separación, entre próximos intentos por ambas partes de recomposición. Pero Verlaine termina partiendo para Londres con Rimbaud ese verano, arrastrado por un amor pasional por su amigo; y allí viven del dinero que les da la madre de Verlaine y de algunas lecciones de francés;  luego a Bélgica.

Pero la pareja no tarda en pasar del idilio a la relación atormentada y sulfurosa (siempre impertinente y provocador uno, propenso a la ira y la embriaguez el otro, y entre disputas constantes). Y un año después, aquel 10 de julio de 1873, en la sórdida habitación de un hotelucho, “Á la Ville de Courtrai”, a unos pasos de la Grande-Place, era el “drama de Bruselas”, un disparo colérico de revólver sobre Rimbaud (que sólo resultó herido en la muñeca), y será la cárcel, sentenciado, más que por intento de asesinato que también se retuvo, por atentado a la moralidad pública y homosexualidad.

            “Romances sans paroles” aparece en 1874, en el momento en que el poeta estaba preso en Mons y fue desde su celda desde donde siguió la impresión. Lo componían poesía compuestas en París, entre 1872 y 1873, cuando su unión conyugal estaba a punto de deshacerse por su culpa, en Bruselas y en Londres, cuando se encontraba allí con su compañero infernal.

El breve libro marcan una etapa realmente nueva de la obra verlainiana, porque el poeta rompe ahora deliberadamente con la anterior estética: métrica impar, rimas voluntariamente pobres o nulas, frases semidesarticuladas. Y le place faltar a las reglas de la sintaxis, o emplear un giro indeciso o impropio. A la brillante arquitectura de la frase parnasiana, Verlaine prefiere la línea sinuosa, los ritmos inaprehensibles, las luces mortecinas y las imágenes deshaciéndose.

Tal es el impresionismo de Verlaine en este momento de su vida. Y el paralelismo en estos años es evidente entre su propia búsqueda y la de Monet, Pissarro o Fantin-Latour. La misma voluntad de disolver las formas que la inteligencia y la razón construyen, y de sacar a la luz las impresiones puras que ellas enmascaran.

Escribiendo“Romances sans paroles”, tal vez haya compuesto Verlaine la obra maestra del impresionismo en el campo de la poesía. Por ello, algunos críticos quisieran detener aquí el estudio de su obra, y que la palabra “impressionnisme” viniera a resumirle. Pero, de hecho, “Romances sans paroles” marcaba únicamente una etapa, y Verlaine, al terminar ese poemario en 1873, buscaba ya otra poética.

            Liberado antes de tiempo por buena conducta en junio de 1875, su indeciso corazón seguía repartido entre Mathide –a la que vanamente llama una vez más, para que vuelva a él-, y Rimbaud; y sabía ya que las puertas de su antiguo trabajo en el Hôtel-de-Ville de París le estarían cerradas -sospechoso que era de simpatías communardes-, pero tampoco tenía los diplomas necesarios si pretendía emplearse en la enseñanza oficial. Así que, para ganarse la vida, vuelve a Inglaterra como profesor de francés, en Stickney, Boston y Bournemouth, regresando en vacaciones a la casa de su madre en Arras. Y en 1877, cruza definitivamente el Canal de regreso, como répétiteur (profesor de apoyo) de inglés, literatura, y geografía e historia, en el colegio jesuíta “Notre-Dame” de Rethel, en las Ardenas, y alli permanecerá hasta el año siguiente, cuando su contrato no fue renovado por falta de presupuesto –se le dijo formalmente-, aunque, de hecho, por “amitiés particulières”.

            En 1879, concibe el funesto proyecto de explotar una granja con uno de sus antiguos alumnos de Rethel y ahora muy especial amigo, Lucien Létinois (1860-1883), al que él llama “mon fils”, y compra una tierra en Juniville, 10 km. al sur de Rethel, que va a registrar a nombre de Lucien (alzamiento de bienes, ante el temor de que su esposa solicite y obtenga el embargo de la finca. Era la época en que Verlaine andaba a vueltas con las desagradables gestiones de su divorcio, tras el cual Mathilde va a obtener la custodia del hijo común).

            Su correspondencia permite comprender hasta qué punto Verlaine meditaba sobre su arte. Después de varios proyectos abandonados, quiso constituir un libro de poemas al que dio por título “Sagesse”. El volumen apareció en diciembre de 1880, a cuenta de autor y llevaba fecha del año siguiente, pero el mayor número de poemas había sido compuestos en Mons y en Stickney.

            “Mon dieu, mon dieu, la vie est là / Simple et tranquille” –había escrito alzando la vista hacia la ciudad, desde el fondo de su celda-…

Cette paisible rumeur-là
         Vient de la ville.
  Qu’as-tu fait, ô toi que voilà
         Pleurant sans cesse,
  Dis, qu’as-tu fait, toi que voilà,
         De ta jeunesse?

            Su autor daba testimonio de su regreso a la fe religiosa, aunque su conversión databa de la primavera de 1874; algunos han dicho que fue efímera, y que el volumen que salía a la luz en 1880 ya no correspondían a sus reales sentimientos. Pero se sabe hoy que conservó sus convicciones e incluso algunas prácticas hasta en los años de abyección por venir, que en Inglaterra se comportaba en hombre penetrado de las verdades del cristianismo, y que en Rethel mostraba una tan edificante piedad que sus alumnos le llamaban Jesucristo.

“Sagesse” traducía lo más profundo de su vida interior, lo cual no le permitía ya al poeta detenerse en aquel Impresionismo que había inspirado “Romances sans paroles”. Porque la poesía no podía limitarse a anotar “impresiones”, sino a expresar la realidad misteriosa del alma, el conflicto, en nuestro interior, del bien y del mal. “Sagesse”, culminación de la obra de Verlaine y una de las cumbres de la poesía francesa, se sitúa más allá.

            Pero aquella empresa rural, mal administrada y peor explotada, va a ir mal, y Verlaine acaba perdiendo allí lo que le quedaba de la herencia de sus padres. Para pagar sus deudas, a principios de 1882 Lucien/Paul tiene que malvender la propiedad en desastrosas condiciones.

Sólo le quedaba volver a París e intentar vivir de su pluma. Al menos, por el momento, tiene a su madre, a la que ha convencido, una  vez más para que venga a París a vivir con él; y ella le sigue, por no dejarle en el desamparo.

En noviembre de 1882, ha publicado un manuscrito de unos años atrás: Art poétique”, especie de manifiesto del simbolismo y “chanson à ne pas prendre au pied de la lettre” –según su autor-…

“De la musique avant toute chose,
Et pour cela préfère l’impair…
(…).
Car nous voulons la Nuance encor,
Pas la Couleur, rien que la nuance…
(…).
Prends l’éloquence et tords-lui le cou…
(…).
De la musique encore et toujours!…

            En abril de 1883, Lucien Létinois era arrastrado a la tumba por el tifus, y el frágil Verlaine se hundió definitivamente en el alcoholismo -falso amigo en muchos desamparos-, y en una tal miseria, que a punto estuvo, en algún momento, de morir de hambre; más de una vez deberá su vida a los hospitales parisienses, adonde se acercaba, resignado paciente de una anquilosis de rodilla, de úlceras en las piernas, y de sífilis finalmente, cuyo corazón daba muestras ya de prematuros fallos y su hígado de alarmante deterioro. Cuando no se hallaba en el hospital, sobrevivía en la miserable habitación de algún hotelucho del Barrio latino. Y, diariamente, se le veía bulevar Saint-Michel abajo, apoyado en un bastón y claudicante, pero rodeado ya de un grupo de admiradores.

            Porque la gloria empezaba a vislumbrarse para Paul Verlaine. Después de “Sagesse”, se convierte en el representante de la nueva poesía, considerado como un maestro y precursor por los poetas simbolistas y decadentistas. Y en 1884 Léon Vanier le publica sus ensayos “les Poètes maudits” (Tristan Corbière, Rimbaud y Mallarmé, a los que vendrán a añadirse Marceline Desbordes-Valmore y Villiers de l’Îsle-Adam).

Tenía la mente llena de proyectos, y comienza varios poemarios, el primero de los cuales salía publicado en enero de 1885 bajo el título “Jadis et naguère”, porque en él aparecían versos de antaño (jadis), al lado de otros recientes (naguère); era su vuelta al proscenio literario; le reclaman en Inglaterra, en Bélgica y en Holanda para que vaya allí a dar conferencias, se buscan sus autógrafos, y sus libros en prosa o verso se venden bien.

Y Verlaine empieza el curso 1884/85, como profesor, en la cercana Boulogne-sur-Seine, y luego en Neuilly.

            Pero su servidumbre al alcoholismo no le abandonaba y, de cuando en cuando, protagonizaba accesos de ira -como aquel episodio, en marzo de 1885, en que intentó estrangular a la autora de sus días, con la que vivía entonces, que sólo salvó la vida yendo a refugiarse en casa de una vecina-. Por ello volvió, una vez más, a la cárcel, y de allí le sacó al poco la santa de su madre, perdonándole y retirando los cargos.

Madame Verlaine moría en enero de 1886, no se sabe si de la pulmonía que le diagnosticaron o de los repetidos disgustos que le causaba su hijo.

Y a finales de octobre de ese año, se casaba Mathilde en segundas nupcias.

            Ya sin nadie que le quisiera con afecto cercano y cariño ¡este gran necesitado de ternura!, y sin voz alguna que le reprendiera, desde la abnegación maternal, sus yerros y su incierta conducta, de nuevo volvió Verlaine a la vida bohemia, entre los cafés y las incesantes entradas en los hospitales, ya hasta el final de sus días, mientras su prestigio, paradógicamente, se acrecentaba.

Auxiliado, no obstante, por algunas ayudas privadas (el librero-editor Léon Vanier, que acabará rompiendo con él, o el poeta François Coppée), Verlaine parecía salir, al fin, de la miseria, y llegó a animar, unos “miércoles literarios”, que quiso mantener, aquí y allá, esporádicamente.

            Y concibe el proyecto de dos grandes conjuntos simétricos: uno de ellos iba a expresar la llamada del amor divino y el otro a confesar los furores de la carne. El primer conjunto estaría formado por “Sagesse” ya publicado, y por otros dos libros, “Amour” (una parte importante del cual -25 poemas-, será consagrada a los sentimientos que le profesó a su “fils adoptif” Lucien Létinois), y “Bonheur”. Y seis libros deberían constituir la otra serie: “Parallèlement” –que sale en junio de 1899-, “Chansons pour elle”, “Odes en son honneur”, “Élégies”, “Dans les limbes” y “Chair”.

Lo sorprendente, en medio del desorden de su existencia, es que ese proyecto será realizado. Uno tras otro, fueron apareciendo los volúmenes previstos y cuando el poeta venga a morir, el último de ellos, “Chair” ya estaba compuesto.

            Para la mayoría de la crítica, esta última serie de poemas (escritos, puramente, para seguir comiendo) carecen de valor: la esterilidad y el agotamiento parecían haber invadido al poeta. Es cierto que no es cuestión de poner esta poesía al mismo nivel que sus primeros libros (demasiados versos y poemas enteros resultan tristemente prosaicos), pero sigue percibiéndose en él, con la permanencia de sus dotes poéticas, un esfuerzo por buscar medios de expresión inéditos: desarticula la frase voluntariamente y disuelve, por así decirlo, las formas de la lengua o la prosodia; pero sus intentos no tienen ya la infalible seguridad que habia desembocado en las genialidades de sus primeros poemarios. Sólo eran ahora intentos torpes, la mayoría de las veces, entre los cuales aparecían de vez en cuando hermosos hallazgos.

            En mayo de 1891, la compañía “Théâtre de l’Art” representaba una breve comedia suya “Les Uns et les autres” en el “Théâtre des Varietés”, dedicada al preparnasiano Théodore de Banville.

Y en noviembre le llega la noticia de la muerte de Rimbaud, que acababa de tener lugar el 10 de ese mes, allá en Marsella, víctima de un mal cáncer.

            Unas docenas de gente de letras y artistas deciden contribuir para asegurarle a Verlaine una modesta mensualidad. Y le siguen llamando para dar charlas y conferencias, como aquellas que le llevan a Holanda en la primera mitad de noviembre de 1892, y a Bélgica otra vez, en marzo de 1893, y a Inglaterra en el otoño; y reclaman de él recuerdos y memorias (“Mémoires d’un veuf”, “Mes Hôpitaux”, “Mes Prisons”, “Confessions”)

            Arrastrando su malvivir entre hoteluchos, el ajenjo (l’absinthe o “fée verte” de los poetas malditos), y dos amantes-prostitutas, Philomène y Eugénie Krantz, peleándose entre ellas, que le despluman cuando pueden, Verlaine acaba recibiendo algunas esporádicas ayudas del gobierno en 1894 y 1895. Y ocupa ahora un pisito de dos habitaciones no lejos del Panthéon, con una vieja asistenta que le lleva su interior y le administra su pobre peculio. Y fue en ese domicilio del 39, rue Descartes donde morirá de una bronconeumonía-, antes de que le mataran la cirrosis o la sífilis-, el 8 de enero de 1896. Tenía 52  años. Y hasta el ministro de Instruction publique, Émile Combe, anticlerical militante, se hizo representar en el entierro de este ”poète maudit”, ex-communard por más señas, al que acudieron unas 3.000 personas; y pronunciaron sentidas despedidas notables nombres de las letras: Barrès, C. Mendès, Moréas, Mallarmé.

La primera edición de sus O.C., en tres vols., apareció en 1899.

            Los libros de historia literaria le colocan en el movimiento simbolista, lo cual resulta exacto en cierto modo. La joven generación de poetas que comenzaba a publicar entre los años 1880 y 1885 le debe mucho a los “Poètes maudits” y al “Art poétique”. Pero los simbolistas admiraban a Mallarmé y no a Verlaine.

La obra de Rimbaud, al contrario será para los simbolistas una revelación.

            Hoy Verlaine yace en el cementerio parisiense de Batignoles, al lado de su madre y de su padre.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

VERLAINE, Paul: CORRESPONDANCE GÉNÉRALE (I: 1857-1885), establecida por Michael PAKENHAM (1929-2013); ed. Champ Vallon, 1992; Fayard, 2005.
VERLAINE, madame –: Mémoires de ma vie; Ed. Champ Vallon, 1992.
ADAM, Antoine: Verlaine, l’homme et l’oeuvre; 1953; también en Hatier, Verlaine, 1966.
BORNECQUE, Jacques-Henri: Verlaine par lui-même; Seuil, 1966.
CARCO, Francis: Verlaine, poète maudit; reed., A. Michel, 1996.
CAZALS, F.A.: Les derniers jours de Paul Verlaine; Mercure de France, 1911
LÉVÊQUE, Jean-Jacques: Paul Verlaine, le poète orageux; Courbevoie, ACR, ed., 1996.
RICHER, Jean: Paul Verlaine (con una selección de textos, cartas y documentos facsimilares); Pierre Seghers, 1960. 
UNDERWOOD, V.P.: Verlaine et l’Angleterre; 1956.
VERLAINE, Mathilde Mothé, ex-madame Paul –: Mémoires de ma vie; Ed. Champ Vallon, 1992.
ZAYED, Georges: La formation littéraire de Verlaine; Ginebra, 1962 y París, Nizet, 1970

En español:

VERLAINE, P.: Mis hospitales, mis prisiones; Madrid, Júcar, 1991.
FERRERAS, Rafael: Verlaine y los modernistas españoles; Gredos, 1975.
PORCHÉ, François: Verlaine, tal como fue; Buenos Aires, Losada, 1951.

Deja un comentario