Chateaubriand, François-René, vizconde de – (1768-1848)

            Chateaubriand nacía en la marítima Saint-Malo el 4 de septiembre de 1768, hijo de René-Auguste de Chateaubriand, conde de Combourg (1718-1786) -padre taciturno y poco dado al afecto con sus hijos- y de Apolline de Bédée, siempre entre temores y supesticiones; y fue puesto en manos de un ama de cría en Plancoët, a 20 kms. de allí, durante tres años.

En mayo de 1777, los Chateaubriand dejan Saint-Malo para ir a instalarse en el château de Combourg. Y allí será donde pase el resto de su niñez y su adolescencia con sus padres y sus hermanos [Jean-Baptiste, el primogénito (victima de la Revolución), Marie-Anne-Françoise, Bénigne, Lucile y Julie]. Eso en tiempo de vacaciones, porque, hasta su adolescencia, François-René, sigue sus estudios, en régimen de pensión, en el collège de Dol, donde hace su primera comunión en 1781.

            En 1786, parte de Combourg para integrarse en el Régiment de Navarre de infantería, acantonado entonces en Cambrai en Picardía. Pero llega la Revolución de 1789, muerto ya su padre, y con ella el joven Chateaubriand ve cómo su carrera militar quedaba interrumpida.

François-René de Chateaubriand

François-René de Chateaubriand

Decidió, pues, pasar a América y, en abril de 1791, partía de Saint-Malo para aquel continente. En julio desembarca en Baltimore y va a Filadelfia con la intención de ver a Washington para el que lleva una carta de presentación.

Pero las noticias que le llegan de Francia no son buenas para sus ideales: la familia real ha sido detenida en Varennes, el 21 de junio de 1791. Ante los nuevos acontecimientos, el joven Chateaubriand no tarda en determinarse, y en diciembre, después de cinco meses en América, reembarcaba  para pisar el puerto de Le Havre  en enero de 1792. Volvía –dice-, para ponerse al servicio de la monarquía.

En marzo, se casa en Saint-Malo con Céleste Buisson de la Vigne, y termina abandonando Francia en el verano de este 1792, como tantos jóvenes entonces, huyendo de la creciente opresión, si no del peligro de muerte; tenía entonces 25 años. Y más allá del Canal conocerá una vida difícil.

Allí sabe de la irrespirable atmósfera que reina en Francia y de cómo su hermano Jean-Baptiste, su joven esposa y parte de la familia de ésta, los Malesherbes, han sido guillotinados. Y en enero llega la conmoción de aquella noticia que traia la ejecución, el 21 de enero de 1793, de Luis XVI.

            En Londres Chateaubriand escribe el“Essai sur les révolutions” que saldrá publicado en 1797.

Pasados ya los años del Gran Terror, la caída de Robespierre, la Convención termidoriana y el golpe de estado de Brumario de Bonaparte, Chateaubriand consigue un pasaporte con nombre falso en la primavera de 1800, y desembarca en mayo en Calais con la intención de dirigirse a Paris. En su equipaje venían las primeras hojas impresas y notas para el “Génie du Christianisme”.

Porque, después del “Essai…”, quiere dedicarse por entero a las letras y, a su regreso a Francia –muerta ya su madre dos años antes-, el editor Migneret publica su “Atala” (…“o los amores de dos salvajes en el desierto”) en abril de 1801, con cercanas reminiscencias del “Paul et Virginie” (1788) de Bernardin de Saint-Pierre.

            En las orillas del Meschacebé, en Luisiana, viven los Natchez, que acogen a René. Y, en el transcurso de un cacería, el francés se gana la amistad de Chactas, un anciano indio que, bajo Luis XIV, había visitado Francia; y le cuenta las aventuras de su juventud: Tenía 20 años cuando fue hecho prisionero por una tribu enemiga y salvado por Atala, joven india educada en la religión cristiana. Y ambos vagaron durante mucho tiempo por la selva, hasta que cierto día, en el transcurso de una tormenta, conocieron al  padre Aubry, misionero francés que quería convertir a Chactas y unirlo a Atala en matrimonio. Pero Atala había sido consagrada a la Virgen por su madre, y creía que ello la comprometía definitivamente, sin posible retroceso. Para no sucumbir a su amor por Chactas, Atala se inflige la muerte.

            A fin de enmarcarlo en el “Génie…”, su autor introducirá luego algunas modificaciones, con la intención de ilustrar el capítulo “Harmonie de la religion chrétienne avec les scènes de la nature et les passions du coeur humain”.

            Y, gracias a los buenos oficios de su amigo Fontanes (bien introducido en el favor de Elisa, la hermana del Primer Cónsul), es tachado en julio de aquella lista de emigrados no autorizados para regresar a Francia.

En 1802, aparece -también con el mismo editor Migneret- el “Génie du Christianisme”, que incluía, en esta primera edición,“René”. Era una ambiciosa apología de la religión cristiana, que venía a coincidir, precisamente, con la nueva política del Primer Cónsul Bonaparte que, con la finalidad de asentar su régimen quería restaurar la religión. Y el libro venía dividido en grandes partes: Dogmas y doctrinas; Poética del Cristianismo, Bellas artes y literatura; Culto (ornamentos, campanas, solemnidad de los oficios…).

            En la segunda mitad de 1802, Chateaubriand conoce a Delphine de Sabran, condesa de Custine, cuyo marido y suegro habían sido guillotinados; y ella misma, encerrada en la prisión de Carmes, se había salvado con la caída de Robespierre. Él estuvo muy enamorado y sus relaciones durarán  hasta mediados de 1805.

            Y en mayo de 1803, después de haber conocido a Bonaparte personalmente, Chateaubriand era nombrado secretario de legación en Roma. Tras haberse entrevistado con el ministro de Negocios Extranjeros Talleyrand, partía para la Ciudad Eterna, donde el cardenal Fesch, tío materno del Primer Cónsul acaba también de ser nombrado embajador. Y fueron mediocres sus relaciones personales.

            En los primeros días de noviembre de 1803, moría en Roma su buena amiga Pauline de Montmorin, aquella hija del conde de Montmorin, embajador en España y ministro de Asuntos de Asuntos Exteriores de Luis XVI que habia sido, de 1787 a 1791. Pauline había contraído desafortunado matrimonio a los 16 años, en 1786, con Christophe, conde de Beaumont, pero había vuelto muy pronto al hogar familiar y, en los sangrientos acontecimientos, había perdido en muy poco tiempo a su padre (víctima de las matanzas de septiembre del 92), a su madre y a un hermano, guillotinados en mayo del 94, y a su otra hermana en las mazmorras de la revolución en julio de ese 1794. Chateaubriand habia conocido a la infeliz Pauline en 1801, en su salon literario y en compañía de lo más granado de la intelectualidad de entonces, los Molé, Fontanes, Bonald, madame de Staël, Joubert, Pasquier…, y entre ellos había nacido un sincero y tierno amor, que la tuberculosis que la infortunada amiga venía arrastrando vino a romper. Chateaubriand costeó los gastos de su tumba en Saint-Louis des-Français en Roma.

            Luego fue nombrado Encargado de Negocios en el Valais (Suiza). Pero el 21 de marzo de 1804 se extiende la brutal noticia de que el duque de Enghien, príncipe de Condé ha sido fusilado en Vincennes por orden de Napoleón, después de haber sido secuestrado en tierra extranjera; aquel alevoso crimen indignó a Europa y Chateaubriand rompe entonces sonoramente con el régimen.

            En noviembre de 1804, después de una ajetreada, infeliz y casi miserable existencia, fallecía, a los 40 años, Lucile de Chateaubriand, a la que le unía un particular afecto. Casada con un chevalier de Caud desde 1796, viuda desde marzo de 1797 y cuatro años mayor que su hermano, con ella había pasado François-René su juventud en Saint-Malo y en Combourg.

            Desde la instalación del Imperio en mayo de 1804, Chateaubriand venía marcando una hostilidad a Napoleón que durará hasta su caída.

En julio de 1806 abandonaba París y, por Venecia y Trieste, emprendía un viaje, hacia aquel Oriente del paganismo y del cristianismo (Atenas, Constantinopla y Jerusalén llegado el otoño). Y volverá por España donde, en abril de 1807, se ha dado cita en Córdoba con Nathalie Laborde de Méreville, condesa de Noailles por matrimonio, desde los 16 años, futura duquesa de Mouchy; y en junio estaba ya de regreso en París.

De ese viaje saldrá “Itinéraire de Paris à Jérusalem” que, si bien publicado en 1811, servirá para inspirarle, en lo inmediato, la epopeya cristiana en prosa de “Les Martyrs” (1809), proyecto en el que había pensado antes de iniciar el viaje:

                En Mesenia (finales del s. III d. C), bajo Diocleciano, el sacerdote de Homero Demodocus, su hija Cymodocée y el obispo Cyrille escuchan la narración de las aventuras vividas por el joven cristiano Eudore. Eudore había sido enviado muy joven como rehén a Roma: y allí olvidó la religión y vivió una vida disipada en compañía de otros jóvenes,  no menos inteligentes e instruídos Constantin, Jérôme y Augustin. Pero llegó la batalla de Batavia contra los francos, y Eudore fue herido allí. Nombrado gobernador de Armórica, supo ganarse el amor de la druidesa Velléda, quien, descubierta, se cortó la garganta con su hoz de oro. Conmocionado, Eudore hizo penitencia, obtuvo licencia de Diocleciano para regresar y volvió a Grecia.

En el Cielo, Dios ha decidido que Eudore y Cymodocée, tienen una misión que cumplir. Cymodocée se enamora de Eudore, y su padre la autoriza a convertirse para casarse con él. Pero la persecución se desata entonces contra los cristianos; Diocleciano publica un terrible edicto. Eudore acude a Roma para defender a sus correligionarios y es detenido por Hieroclès, primer ministro del nuevo emperador Galerio. Pero Hieroclès intenta negociar con Cymodocée el perdón de Eudore; ella se declara cristiana y también es detenida.  Eudore es condenado a muerte y, cuando entra en la arena, Cymodocée se une a él para compartir su suerte y su gloria.

            Con “les Martyrs” Chateaubriand quería ilustrar su afirmación contenida en “Le Génie….” que la religión cristiana era más apta que el paganismo al desarrollo de los caracteres y al juego de las pasiones en la epopeya; y que lo maravilloso de esta religión podía compararse a  idéntico recurso literario en la mitología. Pero resultó fallida como epopeya, a pesar de sus cualidades en cuanto a la geografía, la minuciosa documentación (donde se desliza algún anacronismo), algunos episodios impregnados de emoción o de intensidad trágica, la descripción de ciertos paisajes y, sobre todo, su prosa, que alcanza, en deteminados momentos cotas de alta poesía.

            Chateaubriand entraba en la Academia francesa en febrero de 1811, días antes de la publicación del “Itinéraire…”

Y es en octubre de este año cuando comienza en la Vallée-aux-Loups (propiedad comprada cuatro años atrás), las Mémoires de [sa] vie, que un día serán sus monumentales ”Mémoires d’Outre-Tombe”.

            Después de la invasión de Rusia y la desastrosa retirada del ejército francés, los aliados entraban en París el 31 de marzo de 1814 y la situación se volvió irreversiblemente crítica para el régimen de Napoleón. En los primeros días de abril salía oportunamente “De Buonaparte et des Bourbons”, -panfleto contra el “tirano”, elogio de la monarquía legítima y condena de las guerras imperiales-. Napoleón es enviado a la isla de Elba, y el pretendiente Borbón Luis XVIII concede (“octroie”-se decía-) una Carta constitucional.

Pero el 1 de marzo de 1815 tenía lugar el desembarco del exiliado y comenzaba el paréntesis de los llamados “Cent Jours”. Fue luego Waterloo, el 18 de junio siguiente, y el imperio napoleónico cayó definitivamente.

Comenzaba la Segunda Restauración. Y Chateaubriand fue nombrado Par de Francia. Legitimista por honor, Chateaubriand va a desempeñar un gran papel político bajo el nuevo régimen, representante él de uno de sus pilares ideológicos. Oponiéndose a una cierta manera de entender el funcionamiento de la monarquía constitucional bajo la Carta Otorgada, Chateaubriand publica “De la monarchie selon la Charte”, inicio de discrepancias con el rey, que irán aumentando. Se le retira su pensión de ministro de Estado (24.000 frcs.) y el matrimonio Chateaubriand atraviesa momentos económicamente difíciles.

            En  1817 conoce a madame Récamier (su dilecta amiga en adelante: se conocen las reuniones y selectas veladas en l’Abbaye), pero es el año en que muere también madame de Staël, quien, junto con Chateaubriand, habían sido ambos los dos grandes nombres literarios del período.

            Chateaubriand vende en julio de 1818 La Vallée aux Loups, aquella propiedad que había adquirido en 1807, 11 km. al SO de París, perseguido entonces y proscrito por Napoleón. Su pérdida será para él, en adelante, objeto de gran pesar. Aquí había escrito “les Martyrs”, “l’Abencérage”, “Moîse” y “l’Itinéraire”, y donde empezó sus Memorias, en octubre de 1811

Y funda “Le Conservateur” –punto de vista del ultrarrealismo, contra el moderantismo del duque de Richelieu y de Decazes-, cuyo primer número sale el 1 de octubre de 1818 y se mantendrá hasta 1820.

            A trancas y barrancas, su relación con el valetudinarioo Luis XVIII han ido recomponiéndose y, en enero de 1821, Chateaubriand partía para Berlín como ministro plenipotenciario. Y es nombrado miembro del Consejo privado, ministro de Estado y chevalier de la Legión de Honor. Pero dimite de su puesto en Prusia cuando Villèle –a quien ha querido unir su suerte política-,  sale del moderado ministerio Richelieu.

Embajador en Londres desde enero de 1822, él será, con Montmorency, plenipotenciario de Francia en el Congreso que se abría en Verona a partir del otoño, y luego ministro de Asuntos Exteriores en diciembre y hasta junio de 1824 en que, según su expresión, sea “expulsado” (chassé) del gabinete Villèle: él será el principal impulsor de la expedición a España de los conocidos por “Cien Mil Hijos de San Luis”, antes de adquirir, con su propia evolución, una cierta popularidad como figura de monárquico liberal en los últimos años del sistema (1824-1830) y de legitimista atípico, bajo la Monarquía de Felipe de Orleáns, hasta su propia muerte.

A partir de ese momento, y durante año y medio (más por rivalidad con Villèle que por prurito ideológico), Chateaubriand inicia una critica feroz al gobierno de su propio partido, particularmente en el “Journal des Débats”, frustrado siempre por no alcanzar la presidencia del Consejo.

Luis XVIII que, a pesar de los altos servicios recibidos siempre había tratado con gran recelo al incómodo y ambicioso literato-político, moría en septiembre de 1824, sustituido por su hermano Carlos X, y Chateaubriand lanza entonces su “Le Roi est mort, vive le Roi!” que el nuevo rey interpreta, por un momento, como un deseo de reconciliación con los gobiernos del rey. No fue así, mientras Villèle se mantuvo en el poder.  En 1827, será sustituido por Martignac.

Y Chateaubriand fue esta vez nombrado embajador en Roma, adonde llegaba con su esposa Céleste -madame de Chateaubriand-, en la primera quincena de octubre de 1828.

            Apartado ya de la política activa, aparecieron “Les Aventures du  dernier Abencérage” y “Les Natchez”: obra de juventud terminada en 1800 y publicada en 1826, era la epopeya del hombre primitivo, y evocaba cierto pueblo indio del bajo Mississipi; de ella arrancarían “Atala” y “René”. Y, al año siguiente, “Voyage en Amérique” (1827).

Concomitantemente, todo ello, con su labor de polemista en la prensa y autor de diversos escritos políticos.

            Y a finales de agosto de 1829 dimitía de su embajada en Roma, tras la formación del ministerio Polignac.

            Entre el 29 y el 31 de julio se desarrollan lo que aquella burguesía dio pronto en llamar las “Trois Glorieuses” que elevaban al trono a Louis-Felipe de Orleáns. Hostil al orleanismo, más por pose estético-política que por presupuestos ideológicos, Chateaubriand pronuncia su último discurso en la Cámara de los Pares y renuncia a su pensión de par. Porque sus posicionamientos públicos cercanos ahora al liberalismo, y su enorme popularidad ya en los circulos liberales de los Béranger, Armand Carrel…- le hubieran permitido el tránsito.

            Entre viajes diversos de orden personal, otros al servicio de “la légitimité” y el mantenimiento de su relación privilegiada con madame Récamier, Chateaubrianf  va a consagrarse en adelante a redactar “Études historiques” (1831) y otros escritos políticos dictados por las circunstancias. Pero, muy particularmente, va a componer, mimar y retocar hasta el final de su vida sus famosas “Mémoires d’Outre-Tombe”, con encargo a su editor (de ahí el título de la obra) de que sólo fueran publicadas después de su muerte. En marzo de 1836 tenía ya lugar un primer contrato entre el editor Delloye y la Sociedad creada para la adquisición y la edición de sus Memorias.

En la segunda mitad de 1838 se instala en el antiguo hôtel Clermont-Tonnerre, en el 118 de la rue du Bac de París.

            En 1844 publica la “Vie de Rancé”, para cuya redacción va a inspirarse al monasterio de la Trappe de Soligny (150 km, al O, de París), donde viviera su reformador en el siglo XVII.

            Y aquellas primeras previsiones de 1836, relativas a la futura edición de las M.O-T. comienzan ahora a ser cuestionadas: Émile de Girardin pretende publicarlas en su periódico La Presse en forma de feuilletons (folletines o fascículos), a lo que se opondrá su autor mientras le sea posible.

Céleste de Chateaubriand moría en febrero de 1847, y François-René, su siempre inconstante marido, la seguía el 4 de julio de 1848, en París, ya proclamada la Segunda República, el 25 de febrero anterior.

            El 21 de octubre de ese 1848, comenzaba en folletin la publicación de las “Memorias de Ultratumba”.

Y en mayo de 1849, fallecía aquella que había sido su singular amiga y compañera sentimental e intelectual, madame Récamier.

            Y esta vida, en la que todo fue acción (viajes, compromiso político, intensa labor literaria), fue la imagen misma del hombre que la protagonizó, preocupado por su gloria personal, pero guiado siempre por el sentido del honor y dividido entre la melancolía de que él habitaba “con un corazón pleno, un mundo vacío” (“Génie…”) y el ardor en perseguir las quimeras que le presentaba su potente imaginación.

            En su obra, Chateaubriand supo expresar las aspiraciones del tiempo que le tocó vivir, él que -como dirá Théophile Gautier-, habia “restaurado la catedral gótica, vuelto a abrir la gran naturaleza cerrada e inventado la melancolía moderna” .

Evocando las secretas correspondencias entre el Hombre y la Naturaleza, este genial bretón tuvo el gran talento de presentarnos soberbios cuadros, en los que la magnificencia de las imágenes son el marco para amplias meditaciones, utilizando todos los recursos del ritmo y de la armonía verbal, para componer verdaderos poemas líricos en prosa.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

Correspondance générale de Chateaubriand, a partir de 1977 (t. I, 1789-1807 (1977); t. II, 1808/14 (1979); t. III,1815/20 (1982);  t. IV, 1822 (1986); t. VII, 1824/27 (2004); t. VIII, 1828/30 (2010); t. IX: 1831-1835, (2015); textos fijados y anotados por Pierre RIBERETTE; Gallimard.
Mémoires d’Outre-Tombe, con introducción, notas, apéndice e índices de Maurice LEVAILLANT y Georges MOULINIER;  Gallimard, 1951, 2 vols..
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LEVAILLANT, Maurice: Chateaubriand, madame Récamier et les Mémoires d’Outre-Tombe; Delagrave, 1936. También: Splendeur, Chimères et Misères de M. de Chateaubriand; Albin Michel, 1948 y posteriores ediciones.
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MOREAU, Pierre: Chateaubriand; Hatier, 1956 y posteriores ediciones.
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MAUROIS, André: René, o la vida de Chateaubriand; Barcelona, Plaza y Janés, 1965.
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ZEROLO DURÁN, Armando: La monarquía constitucional: principios del estado liberal, según Chateaubriand; Madrid, Dykinson, 2017.
ZURITA GARCÍA, Pedro Manuel: Biografía de Chateaubriand; 1996.

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