Taine, Hyppolite (1828-1893)

            Primogénito de Jean-Baptiste Antoine Taine, abogado de profesión, al que perderá a los doce años, y de Virginie Bezanson (hogar al que vendrán luego dos hermanas, Virginie y Eugénie), el ensayista, crítico literario, filósofo e historiador Hyppolite-Adolphe Taine nacía en Vouziers (Ardenas), el 21 de abril de 1828, bajo el último de los Borbones reinantes, Carlos X. Junto con Fustel de Coulanges y Renan, formará parte del panel representantivo de la historiografía y la crítica positivista, y una de las figuras relevantes del siglo XIX.

Hyppolite sigue su primera formación en la cercana Réthel y luego, brillantemente, en el Collège royal de Bourbon (antes lycée Bonaparte y hoy lycée Condorcet), de París, para luego ingresar en l’École Normale Supérieure con el número 1.  Pero su carácter independiente y su fuerte reacción contra los posicionamientos tradicionales, le hacen suspender en la agrégation de filosofía en 1851, y le moverán a renunciar, definitivamente, unos años después, a la carrera universitaria. Por el momento, se le ve enseñando en Nevers, luego en Poitiers y, finalmente en Besançon, hasta pedir la excedencia en octubre de 1852.

            Son los años en que Luis Napoleón ha sido elegido Presidente de la II República en diciembre de 1848, del golpe de Estado también del 2 de diciembre de 1851, a la espera del Segundo Imperio, en diciembre de 1852.

Hyppolite Taine

Hyppolite Taine

            A falta, pues, de ver aceptar lo que eran sus ideas filosóficas, Taine decide pasar sus tesis de doctorado, en 1853, sobre temas literarios, aparentemente menos controvertibles: “Essai sur les fables de La Fontaine” y “De personis platonicis” (obras publicadas luego, con retoques, bajo el título de “La Fontaine et ses fables” de 1860, y “Les jeunes gens de Platon”, artículo recogido luego en “les Nouveaux Essais de critique et d’histoire” en 1865.

Y completa su formación con estudios de medicina y de ciencias naturales. A partir de entonces, la reseña de su vida viene a confundirse con la historia de sus ideas y de sus obras

            En 1854 hace un viaje a los Pirineos, de donde saldrá, al año siguiente, su excelente crónica.

            Taine se construye desde muy joven un método general de determinismo que él considera científico, para la búsqueda de la verdad. Su obra de filósofo, de crítico y de historiador va a consistir en la aplicación del mismo método en campos diferentes. Y presenta una notable unidad, porque, de hecho, lo único que se aprecia en él es su  evolución con la edad o bajo la influencia de personas queridas, hacia una visión crecientemente pesimista de la naturaleza humana y a posiciones políticas cada vez más conservadoras.

            Después de su estudio sobre el fabulista francés, en 1856 publica un “Essai sur Tite-Live”, a vueltas siempre con la “faculté maîtresse” que Taine encuentra esta vez en las dotes oratorias del personaje estudiado. La obra ha sido coronada el año anterior por la Academia francesa.

            A partir de 1857, comienza a colaborar en los grandes periódicos y revistas de su época, como el “Journal des Débats” y la “Revue des Deux Mondes”.

En 1863, es nombrado examinador de historia y de alemán en la Academia militar de Saint-Cyr y, al año siguiente, profesor de historia del Arte y de Estética en l’École des Beaux Arts, donde enseñará hasta su muerte.

            Eran famosos por esta época los llamados dîners Magny, y de ellos formaba parte Taine, personaje ya en voga, con Sainte-Beuve, Renan, George Sand (¡la única mujer admitida!), les Goucourt, Flaubert, Berthelot, algún artista o periodista de relieve…

            En junio de 1868 Taine se casa con Thérèse Denuelle, la hija de un arquitecto, con la que tendrá dos hijos: Geneviève y Émile-Alexandre.

            Y, tras la guerra franco-prusiana, la derrota de Francia y los trágicos sucesos de la Comuna que siguieron, Taine comienza a publicar en 1873, con el corazón entre el desaliento y la amargura, “les Origines de la France contemporaine” (11 vols. hasta 1893); y, nostálgico de una Francia de notables, siente que la objetiva búsqueda de la verdad no basta y que el intelectual historiador debe tomar partido ante los problemas políticos. “Les Origines….” habrían de constar de tres partes: “L’Ancien Régime”, “La Révolution” y “Le Régime  moderne” (que resultará inconclusa).

            Y en 1878 fue elegido para entrar en la Academia francesa en sustitución del escrito y ensayista Louis de Loménie, y recibido, finalmente, en enero de 1880, el año en que perdía a su madre.

            Taine moría en París el 5 de marzo de 1893.

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            Escritor independiente toda su vida, Taine concibe muy pronto una idea determinista del destino humano y de los fenómenos sociales en su conjunto, a la que no aportará ningún cambio y sobre la cual fundará su obra filosófica, de crítica y de historiador. Y esa idea la expone con claridad en aquella de sus obras que, con la novela  inacabada “Étienne Mayran”, resulta una de las más personales, “Vie et opinions de M. Frédéric-Thomas Graindorge” (1868):

            “Hijo mío, tienes las mejillas sonrosadas y estás entrando en la vida como en un comedor para sentarte a la mesa. Pero te equivocas, porque los sitios están ocupados. Lo natural no es comer, sino el ayuno. Y lo antinatural no es la desgracia, sino la felicidad. La condición natural de un ser humano, como de un animal, es ser apaleado o morir de hambre”.

            Con lo que “el mejor fruto de nuestra ciencia es la resignación que, pacificando y preparando el alma, reduce el sufrimiento al simple dolor corporal”. Y se halla el mismo razonamiento sobre el hombre en “les Origines de la France contemporaine”:

            “Hablando con propìedad, el hombre está loco, como el cuerpo está naturalmente enfermo; la salud de nuestro espíritu, como la de nuestros órganos, sólo es un bonito accidente”.

            ¿Será esa una de las razones por las que Taine ha admirando tanto a Inglaterra, él que veía “el fondo del carácter inglés” en “la falta de felicidad”? (“Histoire de la litterature anglaise” , Dickens).

            Contra ese pesimismo fundamental, Taine sólo ve una vía de salvación: la filosofía. Porque es filósofo en el sentido en que él entendía ese término: la búsqueda de las ideas generales: “Lo que caracteriza a un espíritu superior es la visión de conjunto; es lo capital del hombre (…), sin una filosofía, el sabio no es más que un peón y el artista alguien que sólo nos entretiene” (“Nouveaus Essais de critique et d’histoire”, Balzac).

Pero su sistema filosófico es ecléctico: toma del empirismo inglés y del sensualismo francés sus teorías de la experiencia, y a la filosofía alemana, sus esfuerzos de síntesis. “Esas dos grandes operaciones, la experiencia y la abstracción, constituyen juntas todos los recursos del espíritu humano. La primera consiste en considerar la naturaleza como un conjunto de hechos, y la segunda un sistema de leyes” (“Histoire de la littérature anglaise”, Stuart Mill).

También Taine, como sus contemporáneos, se muestra sensible al desarrollo de las ciencias: “El mundo moral -decía él-, está sometido a leyes fijas como el mundo físico, (…), el alma tiene sus mecanismos, como los tiene la planta” (“Essai sur Tite-Live”). Y, considerando al hombre un “autómata espiritual”, afirmaba también que “El vicio y la virtud son productos, como lo son el vitriolo o el azúcar” (“Histoire de la litterature anglaise”, Prefacio). Y es que Taine concebía las ciencias humanas como las ciencias naturales, y utilizaba los mismos métodos, para llegar a formular leyes similares. De donde se desprende una visión del universo fundada en una inmensa generalización.

Por fortuna, Taine suele encontrar el adecuado acento poético para expresar esa visión del mundo. Más que de un “método” como el decía, se trataba de un sistema, y de él saldría toda su obra.

            Al margen de la Universidad y como filósofo, Taine critica en “les Philosophes français du XIX siècle” (1857), el espiritualismo y, sobre todo, el eclecticismo de Victor Cousin y de sus discípulos –filosofía imperante entonces en la Universidad-.

Y escribe un voluminos tratado de psicología (“De l’intelligence”, 1870), en el que se esfuerza en mostrar el crecimiento de la inteligencia a partir de las sensaciones.

            Como viajero, trata de definir el espíritu inglés en Inglaterra (país que visita por primera vez en 1858 y luego posteriormente), espíritu que, para él, es “la persuasión de que el hombre es, ante todo una persona moral y libre” (“Histoire de la littérature anglaise”, Conclusión); y de Italia da una imagen armoniosamente calculada. Sus dos volúmenes de “Voyage en Italie”, (1866), como sus “Notes sur l’Angleterre” (1872), son modelos de síntesis. Y, sin embargo, a pesar de la inteligencia de su autor y de los amigos que le pudieron facilitar documentación, sus estudios ingleses e italianos van poco más allá de la superficie. El mejor fruto de sus viajes habrá sido “Voyage aux eaux des Pyrénées” (1855), convertido luego en “Voyage aux Pyrénées” (1858).

Estuvo también en los Países Bajos, y en Alemania en julio de 1870, donde le sorprendió la declaración de guerra de Francia a Prusia.

            Es, sobre todo, como crítico y como historiador que Taine ha desempeñado un papel relevante en el pensamiento francés de su tiempo. El rechazo de la Sorbona de aceptar su poco ortodoxa tesis sobre “les Sensations” –él que albergaba el proyecto de dedicarse a la psicología experimental-, le había hecho orientarse hacia la literatura.

Con ecos de Montesquieu, de Sainte-Beuve y de algún otro, para Taine, “el crítico es el naturalista del alma” (“Essais de critique et d’histoire”, Michelet), y su papel deberá consistir en buscar “las dos o tres pasiones eternas que conducen al hombre, aquellas facultades maestras que componen la raza, o las circunstancias generales que modelan a la sociedad y a su tiempo” (“La Fontaine y ses fables”). En el prefacio definitivo de este libro, escribirá:

            “Podemos considerar al ser humano como a un animal de especie superior que produce filosofías y poemas, más o menos como los gusanos de seda hacen sus capullos, o como las abejas hacen sus colmenas”

            Y emprende el estudio de los “momentos” de la historia, interactuando con la “raza” y el “medio” (le milieu, esto es, clima, organizaciòn social, etc.) a lo que concede más importancia que al genio individual de cada escritor. Según él, La Fontaine se explica y comprende si se tiene en cuenta que es Galo (la raza), de la región de Champaña (el medio, cuyo carácter y cultura analiza), y cortesano de Luis XIV (el momento), siendo su facultad maestra la imaginación poética.

Lo que apasionaba a Taine era encontrar en una obra el genio de una raza o la imagen de una sociedad; de ahí su inclinación por escritores como Shakespeare, Saint-Simon o Balzac. En su “Essai sur Tite-Live” se preguntaba ya si hay en nosotros “una facultad maestra, cuya acción se comunique de manera diferente a nuestros diferentes engranajes, y le imprima a nuestra máquina un sistema necesario de movimientos previsibles” Y respondía afirmativamente.

Y entroniza el dogmatismo cuando funda su teoría de la belleza en su concepción del mundo; para él, toda visión general es bella, y tanto más bella, cuanto más general. Y se interesa por lo más importante del espíritu humano: “el conocimiento de las leyes y de las causas” (“La Fontaine et ses fables”).

Como crítico de arte, Taine podía admitir tampoco otra estética que la fundada en bases científicas: la crítica era para él “una especie de botánica aplicada, no a las plantas, sino a las obras humanas”; lo decía en el prefacio de su “Philosophíe de l’Art”, que publicaba en 1865, con reflexiones sobre el arte en Grecia, en Italia y en los Países Bajos. Al igual que en literatura, él explicaba la escultura griega por la sobriedad de los helenos, el clima suave, la proximidad del mar y la sencillez de vida de sus habitantes.

            También en historia Taine es sistemático, haciendo entrar en acción la raza, el medio, el momento y la facultad maestra de los gobernantes. Y asimila las disciplinas históricas a las ciencias de la naturaleza: “La historia social no es más que la prolongación de la historia natural” (“Nouveaux Essais de critique et d’histoire”, Balzac); “Este volumen [“Le Gouvernement révolutionnaire”], como el anterior, está escrito para los amantes de la zoología moral, para los naturalistas del espíritu” (Prefacio a “Origines de la France contemporaine”, t. IV).

Semejantes comparaciones entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias humanas descansa en su teoría del crecimiento de los pueblos, fundada en la acción de la raza y del medio. Por lo que –con rasgos que recuerdan las “Réflexions sur la Revolution française” de Edmund Burke (1790)-, Taine ha mostrado su abominación hacia la Revolución francesa, que no habría tenido en cuenta esos elementos esenciales: “Desde el inicio, la naturaleza y la historia han elegido por nosotros, somos nosotros los que hemos de acomodarnos a ellas, porque ellas no se acomodarán a nosotros. La forma social y política por la que un pueblo entra y permanece viene determinada por su carácter y su pasado” (Prefacio a“Origines de la France contemporaine”), mientras que los revolucionarios han pretendido “sustituir al hombre vivo, durable y formado lentamente por la historia, por un autómata improvisado que acabará hundiéndose por sí mismo” (“Origines…”, t. I).

Taine no tenía dudas respecto a la imparcialidad de su obra: “Me encontraba ante el objeto de mi tema como ante la metamorfosis de un insecto” (Prefacio a “Origines…”). A favor o en contra, los “Origines de la France contemporaine” son un panfleto contra la Revolución, escrito por un hombre cuyas ideas políticas (plasmadas -según él-, en la monarquía constitucional inglesa de su tiempo), no aceptaban las mutaciones bruscas.

Pero en el concepto de historiador, Taine quería rescatar al artista: “En el historiador –escribia en su “Essai sur Tite-Live”- está el crítico que comprueba los hechos, el erudito que los recopila, el filósofo que los explica, pero todos permanecen ocultos detrás del poeta que narra”.

Taine es, sobre todo, un espíritu “clasico” en el sentido en que él mismo entendía la expresión: “Seguir en toda investigación, con plena confianza, el método de los matemáticos; extraer, aislar algunas nociones simples y generales; y luego compararlas, combinarlas y deducir, por el simple razonamiento, todas las consecuencias que encierran: tal es el procedimiento natural del espíritu clásico” (”Origines de la France contemporaine”, t. I).

Acordándose de Tocqueville, del que pretende imitar el método analítico -aunque con más parcialidad-, Taine mostró talento de síntesis y un estilo brillante, y sabia expresar admirablemente la idea que buscaba transmitir.

En el fondo, su objeto era inaccesible: “Para alcanzar una parcela de la verdad, hay que abarcarla toda, pues cada hecho se ilumina con la luz de los demás” (“Essai sur Tite-Live”). Con semejantes ambiciones, Taine no pudo alcanzar lo que realmente se proponia en esas empresas mayores que son “Histoire de la littérature anglaise” y “Origines de la France contemporaine”. Su talento “clásico” le permitió, eso sí, escribir muy buenos artículos, documentados, brillantes y claros sobre los escritores que él amaba y, ante todo, sobre esos dos grandes repertorios de hechos de la literatura francesa que son, para él, las memorias de Saint-Simón y la Comedia Humana de Balzac.

            Taine encontrará discípulos y admiradores allí donde antes sólo había visto detractores. Su odio a la Revolución francesa y su hostilidad a la democracia positiva, acabaron granjeándole simpatías en los sectores conservadores.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BARCELOTTI, Giacomo: La philosophie de H. Taine (trad. del italiano); F. Alcan, 1900.
COINTET, Jean-Paul: Hyppolite Taine: un regard sur la France; Perrin, 2012.
ÉVANS, Colin: Taine: essai de biographie intérieure; París, Nizet, 1975.
GOETZ, Thomas H.: Taine and the fine arts; Madrid, Playor, cop. 1973.
LÉGER, François: Monsieur Taine; Critérion, París, 1993.  
MONGARDINI, Carlo: Storia e sociologia nell’opera di H. Taine; Milán, A. Giuffré, 1965.
NORDMANN, Jean-Thomas: Taine et la critique scientifique; Presses Universitaires de France, 1992.
PICARD, Charles: H. Taine; Librairie académique Perrin et Cie., 1909.

En español:

BOURGET, Paul: Taine (trad. del francés); Jaen, Del Lunar, 2003.

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