Malraux, André (1901-1976)

            En el período de entre guerras (1914/1940), un puñado de novelistas podrían agruparse en lo que llamaríamos la “aventura heroica” o “la grandeza humana”; con Montherlant y Saint-Exupéry, estaría, sin duda, André Malraux, a quien le tocó también vivir intensamente el gran debate del siglo XX entre capitalismo o socialismo.

            Malraux nace en París el 3 de noviembre de 1901, en una familia de origen flamenco; su abuelo, que morirá en 1909, ha sido armador en Dunkerque, pero ya por entonces ha perdido casi toda su fortuna en el mar. Y es el primogénito de Fernand-Georges Malraux -director de la sucursal parisiense de un banco americano-, y de Berthe Félicité Lamy. Al año siguiente vendrá Raymond Fernand Malraux, que no sobrevivirá.

Y se le pone como primer nombre Georges (y no André), lo que contribuirá, años después, a salvarle la vida, al confundir la Gestapo su expediente.

Del segundo matrimonio de Fernand-Georges (ya separados sus padres cuando André apenas tiene cinco años), tendrá dos hermanos Roland y Claude que, morirán en 1944, víctimas de los azares de la guerra o bajo la tortura nazi.

            Y su carrera de aventuras inspirará directamente la obra novelística que nos reserva; composer son oeuvre –dirá un día de él François Mauriac (Bloc-Notes, 23 oct. 1969), significará composer sa vie.

Después de una infancia holgada en lo material, se le ve alumno de secundaria en el lycée Condorcet (estudios que no llegará a completar), porque su formación intelectual va a ser, en adelante, eminentemente autodidacta: sigue libremente, los cursos de la Escuela del Louvre, y los de la5 Escuela de Lenguas Orientales, al tiempo que participa y colabora en revistas literarias y en diversos proyectos de edición.

            En octubre de 1921, con 19 años él, se casa con la alemana Clara Goldschmidt, de una adinerada familia judía, pero en ruptura de clase y cuatro años mayor, traductora y luego escritora, en un contrato matrimonial “abierto”. Y, durante un tiempo, todo es vida bohemia  por los círculos literarios de París, y viajes de aquí para allá, y también el hundimiento de la holgada fortuna de su esposa, especulando en valores mejicanos.

Apasionado de arqueología, en octubre de 1923, André y su mujer embarcaban en Marsella a bordo del Angkor, rumbo a Asia. Y en Saigon se encuentra él con Louis Chevasson, un amigo de infancia que acepta participar en la expedición. Los tres organizan primero una expedición arqueológica a Camboya, contando con vagos avales oficiales o, más bien, con simples permisos administrativos de las autoridades coloniales.

Alma de aventurero siempre, dilettante y amateur de arte a lo largo de su vida, pensando también resarcir la fortuna matrimonial gravemente quebrantada, sustrae estatuillas del templo de Angkor, es encarcelado a finales de diciembre de 1923, y condenado, en octubre siguiente, a tres años de cárcel.

Clara Malraux, que consigue el sobreseimiento de su causa, dado que “la femme est tenue de suivre son mari en tout lieu” (“la mujer está obligada a seguir a su esposo, allá a donde vaya”) -y que sigue haciendo oídos sordos a las presurosas instancias de su familia para que deje a ese golfo de marido que tiene-, regresa a París y pone en movimiento, en favor de su marido, al mundillo intelectual de Francia, los Gide, Gallimard, Aragon, François Mauriac, Max Jacob…Y André Breton sale en defensa de Malraux en “Les Nouvelles littéraires” (16 de agosto de 1924), y le defiende desde la idea total que del arte tenían los surrealistas, no como actividad específica y desvinculada de la vida; Breton le defendía, frente al riesgo que corría –decía él-, de no poder ya “servir l’art de notre temps en France”. Resuelta su condena en apelación, a prisión condicional, y, finalmente, anulada por vicio de forma, André regresa a París en noviembre de 1924.

            En 1925, la pareja vuelve por unos meses a Indochina. Con su mujer trabajando en labores periodísticas y cayendo en la dependencia del opio, Malraux funda en Saigón el periódico “Indochine”, hasta que, en agosto, ha de cesar, a falta de imprenta que acepte imprimirles; acaban haciéndose con caracteres de imprenta y, en noviembre, vuelven a sacar su periódico, con el nombre, esta vez, de “l’Indochine enchaînée”.

Antes de que acabe el año, Malraux deja Saigón, enfermo, pero rico de experiencias, dejando el periódico en manos de Nguyen Pho, con quien ha organizado el movimiento “Jeune Annam”. Luego se compromete en la guerra civil de China, siendo probable que haya participado en diversas reuniones generales del Kuomingtan en Hong-Kong.

Con varios viajes a Oriente entre 1926 y 1931, los primeros libros de Malraux en la editorial Grasset: “La Tentation de l’Occident” (1926), “Les Conquérants” (1928, con gran éxito), “La Voie royale” (1930), y “La Condition humaine” (con la que obtiene el premio Goncourt en diciembre de 1933), serán un eco de esas estancias en Extremo Oriente, relatos a los que traslada sus recuerdos y experiencias.

Malraux, premio Goncourt. Agence Meurisse. BNF

Malraux, premio Goncourt. Agence Meurisse. BNF

La Voie royale  El joven arqueólogo Claude Vannec ha sido nombrado por el gobierno francés para una misión en Indochina, y se propone seguír por la jungla la antigua vía real de los khmeres, pensando encontrar, entre las ruinas de los antiguos templos brahmánicos, preciosos objetos de arte que no tendria escrúpulo en apropiarse. En el barco que le lleva a Asia, entabla amistad con Perken, un aventurero danés, que goza en Siam de un prestigio personal considerable, y los dos hombres deciden asociarse.

En el Instituto francés de Hanoi y luego en casa del Delegado de la Residencia en Pnom- Penh, Claude recibe una acogida templada y reservada, pero acaba obteniendo la requisición de carretas necesarias para su empresa.

Claude y Perken avanzan por la jungla, al precio de numerosas dificultades, con una escolta de conductores y caballos; y hallan un bajorrelieve de gran valor. Pero el camboyano que la Residencia había agregado a la expedición les traiciona y desaparece con todos los conductores; asi que, para continuar camino han de abandonar su tesoro. Deciden pasar a Siam (hoy Tailandia), en zona disidente. La idea de Perken sería unirse a otro aventurero, Grabot, desertor del ejército francés, que, según sus hipótesis se habria convertido en jefe de una tribu indígena, y al que acaban encontrando, sí, pero ciego, mutilado y reducido a esclavitud. Y no sin dificultades, consiguen negociar su libertad. Entretanto, Perken se lesiona en la rodilla al caer sobre una lanceta plantada en el suelo y la herida se le complica. Sabiéndose ya perdido, sigue con impotente ansiedad los progresos de una columna de represión que el gobierno de Siam ha enviado al territorio insumiso, y muere, asistido por Claude, y con su tumultuoso pasado volviendole a la memoria.

La Condition humaine  – novela de aventura y de compromiso idealista.

En Shanghai en la noche del 21 de marzo de 1927, los agitadores comunistas Tchen, Kyo y el ruso Katow esperan la inminente llegada de las tropas del Kuomintang, que manda el general Chang-Kai-Shek, para iniciar la insurrección.

Por medio del frío asesinato de un militar en una habitación de hotel, Tchen se ha apoderado de un documento que va a permitir a los comunistas procurarse armas, y Kyo recurre a los oficios del corrupto barón de Clappique para facilitar el proyecto.

Al día siguiente, el ejército de Chang-Kai-Shek se encuentra ya en las afueras de la ciudad, pero el general está a punto de romper con sus aliados comunistas y de entrar en contacto con capitalistas chinos y franceses, a través del funcionario francés Ferral, cuyo apoyo ha de asegurarle una autoridad absoluta.

La huelga y la insurrección estallan, pero el ejército retoma la iniciativa y Chang-Kai-Shek exige a los insurrectos la entrega de las armas.

Kyo se traslada a Han-Keou para pedirles a los responsables comunistas la autorización de resistir a la voluntad del general; pero la Internacional no considera llegado aún el momento de entrar en conflicto abierto con él. Tchen organiza entonces, por su cuenta, un atentado contra Chang-Kai-Shek, que va a fracasar: gravemente herido, él mismo acaba con los jirones que le quedaban de vida, suicidándose.

Entretanto, la represión se organiza. Clappique se entera de que Kyo va a ser detenido, pero por pura abulia, se entretiene en una casa de juegos cuando iba a avisarle. Luego pide en vano su gracia al jefe de la policia. Condenado a muerte, Kyo escapa al suplicio tragándose una cápsula de cianuro. Y Katow, caído él también, cede su dosis de cianuro, en un acto de sublime sacrificio, a otros dos condenados, para ser, él, quemado vivo.

El capitalismo gana en China, pero la Revolución conocerá un día su triunfo y su venganza, y el hombre adquirirá entonces realmente la condicion humana.

            Para Malraux, toda obra ha de dar testimonio, ilustrar una reflexión o implicar una lección. Y en todas sus novelas, describe al hombre contemporáneo enfrentado al rigor del destino. Pero su pensamiento gana en profundidad y en humanidad de un libro a otro. Para los principales personajes de “Les Conquérants” y de “La Voie royale”, la aventura sólo era un recurso contra la desesperación existencial; pero Kyo, en “La Condition humaine” -donde muerte y sufrimiento se entrecruzan-, lucha por arrancar a sus compañeros de su humillante servidumbre. Y Kassner, en “Le Temps du mépris”, descubrirá la grandeza de esa “fraternidad viril” que llevará un camarada desconocido a dejarse ejecutar en su lugar, en el interés de su causa común. Con lo que Malraux pretende construir un humanismo moderno que, exaltando el genio del hombre, asegura el triunfo de las fuerzas de la esperanza sobre las del desprecio.

            Su padre, Fernand-Georges Malraux se suicidaba en 1930, a los 55 años; y su figura será  evocada en “Les Noyers de l’Altenburg” y en las “Antimémoires”.

            Después de algunos viajes a la India, al Japón y a los Estados Unidos, 1932 es un año importante para Malraux: su madre Berthe-Félicie Lamie moría en marzo, a los 55 años también. Y conoce a Josette Clottis (o Clotys), en los locales de la “Nouvelle Revue Française”; periodista y literata, ella será importante en su vida, en adelante.

            En diciembre se adhiere a la “Asociation des Écrivains et Artistes Révolutionnaires”, para consagrarse a la lucha contra el nazismo y el fascismo, frente a los que milita a partir de 1933.

Y visita a Trotsky en el verano de 1933, en esta época en que el revolucionario se hallaba aún en Francia, antes de pasar a Noruega y luego a Méjico.

Tras un viaje a Berlín en 1934, en compañía de André Gide, mandatados por el PCF, para pedir la liberación de Gueorgui Dimitrov y de Ernst Thaelmann, detenidos allí después del incendio del Reichstag, Malraux publicará en las ediciones Gallimard “Le Temps du mépris” (“El Tiempo del desprecio”, 1935), cuya acción transcurre en las cárceles hitlerianas, y donde ilustra el tema de la viril fraternidad.

Y defiende la idea de solidaridad frente al nacionalismo fascista, en el “Congrès International pour la Defense de la Culture”, que tiene lugar en París en junio de 1935; y luego en Londres, en junio de 1936.

            En la segunda mitad de 1936 (con el apoyo implícito del ministro del aire francés Pierre Cot), se le ve en la aviación de los republicanos españoles, al frente de la escuadrilla  “España” y en el marco de las brigadas internacionales, mayoritariamente comunistas, en el transcurso de cuyas acciones será herido dos veces;  y negocia el aprovisionamiento de armas para el gobierno del Frente popular. Luego parte para los Estados Unidos y el Canadá, en compañía de Josette Clottis, para informar a la opinión pública de esos países y recaudar fondos para la causa republicano-maxista española.

            “L’Espoir” (1938) evocará su combate, novela de la que Lucien Goldman dirá más tarde que había sido escrita en una perspectiva estalinista, primando la férrea disciplina y la organización sobre cualquier otra consideración como la ética marxista, tan importante en “La Condition humaine” de cinco años antes.

Es posible que la información de lo que venía sucediendo en la URSS, le llegará sesgada a Malraux a través de las estructuras en las que se movía y en las que desarrollaba su activismo y su militancia: esto es, el profundo descontento de las masas populares por la penuria y las hambrunas derivadas de la colectivización agraria, y el empeño de Stalin, el zar rojo, el “padre de los pueblos”, por industrializar el país a marchas forzadas (período 1931/32), ahogado en represión y en sangre; purgas políticas, hasta el exterminio sistemático de sus oponentes (1936/38), grandes procesos de Moscú, terror generalizado….

Ocupada ya Barcelona por las tropas de Franco en enero de 1939 y luego Madrid en marzo, Malraux tiene que interrumpir la realización de su  “Sierra de Teruel” (adaptación de una parte de “L’Espoir”), que había iniciado en el verano de 1938.

Malraux. Reseña periodística de Sierra de Teruel. BNF

Malraux. Reseña periodística de Sierra de Teruel. BNF

            En pro de su proyecto artístico-literario describe vastos cuadros donde el acontecimiento histórico viene a inscribirse en toda su complejidad. En las primeras páginas de “L’Espoir”, p. ej., asistimos a los esfuerzos del estado-mayor de los republicanos españoles para determinar la línea de un frente siempre variable. Y ante ese lienzo de fondo, poderosamente animado y colorido, se enfrentan los protagonistas del drama; diálogos abruptos y escenas violentas se suceden a un gran ritmo. Y esa técnica, realzada por el prestigio de un lenguaje denso, recuerda el arte cinematográfico o la novela americana.

            A Gide le bastó un viaje, invitado por los soviets (“Retour de l’URSS”, 1936), para oponerse, en adelante, con toda claridad al dogmatismo marxista, porque, en vez del hombre nuevo, el autor de “Les Nourritures…” sólo encontró totalitarismo.              

            El combate y la actividad política de Malraux se hacen, sin duda, más nobles y legítimos llegada la guerra en 1939 y enseguida la ocupación de Francia por los alemanes. Porque ahora lucha por la Libertad y las libertades. Es movilizado en una división de carros de combate, pero cae herido y prisionero en Sens (él llevará este hecho a Chartres, en “Les Noyers de l’Altenburg”). En noviembre de 1940, tras el armisticio, consigue evadirse y pasar a “zona libre”. Después de haberse ofrecido a De Gaulle para luchar en la aviación francesa libre, en una carta que nunca le llegará al general en Londres, Malraux escribe “La lutte avec l’Ange” (que saldrá en Lausana en 1943) y trabaja en su Psychologie de l’Art” .

A partir de marzo de 1944 entra en la clandestinidad y milita en la resistencia interior al ocupante, con el seudónimo de coronel Berger (protagonista de “Les Noyers de l’Alterburg”), que sus compañeros le han dado, y se le ve al frente de la brigada “Alsace-Lorraine” en el ejército de la Liberación, con la que llega hasta Nuremberg. Y la guerra le proporciona, al mismo tiempo que nuevas ocasiones de heroísmo, nuevos temas de reflexión¸ de lo que pronto dará testimonio, en 1945, una nueva narración, “Les Noyers de l’Altenburg”, última de sus novelas, llena de recuerdos personales transformados en ficción.

            En noviembre de ese dramático y azaroso año de 1944, donde Francia se jugaba su libertad, muere, víctima de un desgraciado y absurdo accidente, en la estación de ferrocarril de Brive-la-Gaillarde, su compañera Josette Clotis, con la que no había podido contraer matrimonio; pero los hijos que había tenido con ella -Pierre-Gauthier (n. en 1940) y Vincent (n. en 1943)- habían sido ya reconocidos judicialmente por su medio hermano Roland Malraux, para que pudieran llevar el apellido de su padre biológico. Gestos tan generosos cuanto inútiles del ser humano, cuando el aciago destino se empeña en destruirle: Gauthier y Vicent, morirán trágicamente, también ellos, en mayo de 1961, en un accidente de carretera por Borgoña.

            Pero Malraux seguía evolucionando. Decepcionado por la pugna de influencias entre socialistas y comunistas tras la Liberación, se aparta también ostensiblemente de aquellos intelectuales agrupados en torno a Sartre que van a fundar “Les Temps Modernes”, y se aleja tanto de la producción novelística como de la ideología revolucionaria.

Por el contrario, a partir de 1945, se acerca a la figura de De Gaulle y apoya su proyecto y su idea nacional, primero como “conseiller technique” y entrando como ministro de Información en el variopinto gobierno que forma en noviembre el general (con 5 comunistas, 5 socialistas, MRP, UDSR, 1 radical y 1 moderado), para abandonar el poder al mismo tiempo que él.

Luego, en 1947 será Secretario general del partido RPF (“Rassemblement du peuple français”), y otra vez ministro de la Información (1946/47).

            Ya en 1946 se ha divorciado de Clara Goldschmidt, con la que ha tenido en 1933 a Florence Malraux, futura esposa, un día, y durante once años, del cineasta Alain Resnais.

Y se une sentimentalmente a la pianista y concertista Madeleine Lioux-Malraux, trece años más joven y viuda de su medio hermano Roland con el que ya ha tenido a Alain, que el nuevo marido de su madre considerará afectivamente como suyo; con ella, ahora sí, André Malraux  contrae matrimonio en marzo de 1948.

            Sus siguientes obras sitúan a este gran agnóstico atraído por la reflexión estética. Con el título de “Psychologie de l’art” (1948-1950; luego bajo la nueva versión “Les Voix du Silence” en Gallimard, 1951), realiza el inmenso balance de la riqueza acumulada por la creación artística desde los orígenes de la humanidad: “El arte no libera al hombre de ser solo un accidente del universo, pero es el alma del pasado, en el sentido en que cada religión antigua fue un alma del mundo”.

            En 1949 Malraux funda, en esta inestable IV República, “Liberté de l’Esprit”, que va a dirigir Claude Mauriac (hijo de François Mauriac, secretario particular que era entonces del general De Gaulle y que decía situarse en “la izquierda gaullista”). Con 41 números, a lo largo de cuatro años -coincidentes con la vida política del RPF- la revista nacía con la vocación de asegurar el enlace entre el movimiento gaullista y el mundo intelectual de políticos y escritores, tanto de izquierdas como de derechas, donde brillarán particularmente el mismo Malraux y Raymond Aron.

            Y en 1952 publica el primer tomo de “Le Musée imaginaire de la Sculpture mondiale” Según él, el hombre actual dispone de un “museo imaginario”, gracias a los álbumes, a las colecciones y a las diversas técnicas actuales de recopilación, donde aparecen reagrupadas o alteradas por el correr del tiempo, las reliquias de las civilizaciones pasadas. Y “La Métamorphose des Dieux” en 1957, donde aborda “las relaciones del hombre con su destino” -como él mismo explica en el prefacio-, y con lo sagrado.

Todas esas manifestaciones del genio humano y del hombre “el único animal que sabe que va a morir”, dan prueba de la lucha emprendida por los artistas para evadirse de su condición mortal. Cada obra de arte es, pues, la victoria de un individuo sobre su propia servidumbre, y el arte, considerado en la sucesión de sus obras maestras, es la victoria del genio sobre el destino, un “antidestino”. Así se vuelve a encontrar, a través de las ruinas acumuladas por los siglos, una razón para seguir creyendo en la fuerza y en el honor de ser humano.

            Y es ahora, 1954, cuando publica los tomos II y III del “Musée Imaginaire”(“Des bas-reliefs aux grottes sacrées”, “Le monde chrétien”).

            Malraux accede ahora al gobierno como Ministro de Estado y será ministro de Asuntos Culturales (1959-1969), departamento creado por primera vez bajo los auspicios del presidente De Gaulle, ya bajo la Quinta República, donde el nuevo ministro desempeñará un brillantísimo y original cometido.

            Llega la guerra de Argelia que irá envenenando la vida política francesa, hasta llegar a los acuerdos de Évian de 1962, concediendo la independencia a aquella tierra; Malraux quiere salir en defensa del gobierno, al que la oposición acusa (con mayor o menor fundamento) de practicar la tortura con sus oponentes en el norte de África, y se enzarza con ese santón de la izquierda que era entonces Jean-Paul Sartre: “Yo he estado delante de la Gestapo –dice en junio de 1959, desde Río de Janeiro-, Sartre no. Durante ese tiempo él podía representar sus obras en París…”

            Separado ya de Madeleine Lioux en 1966, no se divorciará, pero mantendrá una unión sentimental estable con Louise de Vilmorin primero (prácticamente de su misma edad, con la que, allá por los años 30’ había mantenido ya alguna relación), hasta su muerte en 1969, y luego con la sobrina de ésta, Sophie de Vilmorin, treinta años más joven, que será su postrero amor.

            Con el nuevo presidente de la República Georges Pompìdou (desaparecido De Gaulle de la escena política), Malraux no forma ya parte del nuevo gobierno en torno a Jacques Chaban-Delmas en 1969, y también él parece desear retirarse. Tenía  sólo 67 años y, como había dicho de él Pompidou, ¡catorce años antes! (en un prefacio de Clásicos Hachette) parecía haber vivido varias vidas.

            En esta época en que Malraux se retiraba de la vida pública, para dedicarse a la continuación de su obra, François Mauriac le consideraba ya “le plus grand écrivain vivant”.

 Moría en Créteil (Val-de-Marne), el 23 de noviembre de 1976. Y sus cenizas fueron llevadas al Panthéon en noviembre de 1996.

            Al margen de producciones episódicas, como “Lunes de Papier” (1921) o “Royaume Farfelu” en Gallimard, y de su ingente actividad como articulista, prologuista y autor de Discursos en diferentes e importantes foros, entre sus últimas obras se encuentran “Antimémoires” (comenzadas en 1965 y cuyo primer tomo era publicado en 1967; el resto seguirá después de su muerte), “Les Chênes qu’on abat” (1971, nacida de su último encuentro con el general De Gaulle, retirado ya a su Colombey-les-Deux-Églises), “La Tête d’obsidienne” y “Lazare”, de 1974; luego, ya en 1977, “L’Homme précaire et la littérature”. Y fueron justamente célebres, durante su larga gestión como ministro, algunas de sus “Oraisons funèbres” (piezas oratorias fúnebres de carácter oficial), como la dedicada al héroe de la Resistencia Jean Moulin, en diciembre de 1964, con motivo de sus cenizas al Panthéon parisiense de hombres ilustres. O la dedicada a Le Corbusier.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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En español:

MALRAUX, André: André Malraux y Max Aub: la República Española, crisol de una amistad. Cartas, notas y testimonios (1938-1972). Universidad de Lérida, 2010.
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