Poincaré, Raymond (1860-1934)

          Hijo de Nicolas Antoni Poincaré, ingeniero de Caminos (Ponts et Chaussées), y de Nanine Marie Ficatier, y primo del matemático Henri Poincaré, Raymond Nicolas Landry Poincaré nacía en Bar-le-Duc, en tierra lorena, el 20 de agosto de 1860. Al hogar llegará un hermano dos años después: Lucien Poincaré. Y desde su infancia quedó muy impresionado por la ocupación de su ciudad natal por los ejércitos prusianos, imágenes y recuerdos que marcarán en buena parte su actitud futura frente a Alemania.

          Alumno estudioso en el lycée de Bar-le-Duc, y luego en el lycée Louis-le-Grand de París (adonde la familia se ha trasladado en 1879, para instalarse en el 10, de la rue de Babilone), será condiscípulo de Maurice Paléologue.

          Terminada la enseñanza secundaria, prosigue su formación en la Facultad de derecho hasta concluir brillantemente sus estudios.

          Es elegido conseiller général de la Meuse (elección cantonal) y, luego, diputado de ese departamento con 27 años. Y en el Parlamento se consagra, sobre todo, a cuestiones técnicas: ponente de finanzas en 1892, cuando surge el escándalo de Panama, será ministro de Finanzas en 1893 y 1894, y luego de Instrucción pública en el gobierno Ribot (1895); y se mantiene prudentemente al margen de las luchas del caso Dreyfus cuando éste viene a estallar, lo que le permitirá más tarde presentarse como conciliador de los franceses.

          En 1895 abría bufete, para convertirse pronto en uno de los más célebres abogados de París.

Raymond Poincaré

Raymond Poincaré

          Y pasa de la Cámara de Diputados al Senado, donde representará a la Meuse desde 1903 a 1913.

          Durante las luchas anticlericales de Combes (1902/1905), Poincaré observa la misma abstención -ya por cálculo, ya por carácter natural-, que durante el caso Dreyfus y, al tiempo que cultivaba para la izquierda la imagen de racionalista y de “laico”, tranquilizaba a la derecha con su nacionalismo de raíces lorenas y su oposición a los inquietantes proyectos de imposición sobre la renta de Caillaux.

          Cuando éste cae, el Presidente de la República Fallières le llama para formar gobierno en enero de 1912 en cuyo puesto permanecerá un año. Y, para mostrar la importancia que atribuía a la política internacional, Poincaré se atribuye, con la presidencia, la cartera de Negocios Extranjeros: a la política pacífica de su predecesor -que acababa de llegar con Alemania, en noviembre de 1911, a un tratado sobre el Congo-, Poincaré impone una política de firmeza: durante la guerra italo-turca, el apresamiento por Italia de dos buques franceses provoca una cierta tensión entre los dos países. Y, con ayuda de su íntimo amigo Paléologue, secretario general en el Quai d’Orsay (Asuntos Exteriores), Poincaré se esfuerza en afianzar las alianzas de Francia, “Entente Cordiale”  (intercambio de cartas Paul Cambon-Edward Grey, 22 de noviembre de 1912) y alianza franco-rusa (con su viaje a San Petersburgo, en agosto de 1912).

          En el interior, Poincaré hace votar una ley electoral que comprendía el escrutinio de lista con representación proporcional (10 de julio de 1912), lo que le granjea la hostilidad de Clemenceau y de la mayoría de los radicales.

          Partidario, desde hacía tiempo, de un reforzamiento de la autoridad del presidente de la República a través de la íntegral aplicación de la constitución de 1875, Poincaré decidía presentarse candidato para el Elíseo, con sólo la mitad aproximadamene del apoyo de las izquierdas, pero tranquilizando a los católicos (poco después de su elección hará celebrar religiosamente su matrimonio con Henriette Benucci, con la que ya estaba casado civilmente desde agosto de 1904).

          Y el 17 de enero de 1913 era elegido presidente de la República por 483 votos, contra 296 para el radical Jules Pams y 69 al socialista Vaillant. Y habiendo designado para la presidencia del Consejo a su viejo amigo Barthou, Poincaré continúa impulsando, desde el Elíseo, una política extranjera orientada hacia la preparación activa de la “revancha”: él es el principal impulsor de la ley militar de tres años, votada en julio de 1913.

Poincaré. Mensaje a las Cámaras

“La France vient d’être objet d’une agression brutale et préméditée…”. (Mensaje del Presidente de la República, Raymond Poincaré, el 4 de agosto de 1914)

          Su madre Nanine Marie Poincaré (Ficatier de soltera), fallecía en París en abril de este 1913,  a los 75 años.

          Pero la politica nacionalista de Poincaré era desaprobada por el país en las elecciones legislativas de abril/mayo 1914, en las que se asiste a un triunfo de la izquierda radical y socialista. Decidido a imponer sus posiciones, Poincaré actúa equívocamente con la nueva mayoria, llamando para la presidencia del Consejo a Viviani, conocido por su ruidoso anticlericalismo, pero partidario, él también, de la ley de tres años.

          Tranquilizado por el lado parlamentario, Poincaré se consagra enteramente al reforzamiento de las alianzas, en previsión de una próxima guerra. Dos semanas después del atentado de Sarajevo, se embarca con Viviani para un viaje por Rusia (del 16 al 30 de julio de 1914). Su papel en esas jornadas decisivas de la crisis europea ha sido objeto de numerosas controversias, pero resulta evidente que le dio al Zar garantías formales y consejos de firmeza que llevaron a Rusia a tomar la decisión de movilización general, con la certeza de que Francia seguiría. Sus adversarios políticos no iban a dejar, en adelante, de reprochar a Poincaré esa actitud, imputándole el mote de “Poincaré-la-guerre”.

          Estalla la guerra, finalmente y, a partir de agosto de 1914, Raymond Poincaré se hace el campeón de la “union sacrée”, desde su cargo de la Presidencia de la República; visita el frente, pero su rígidez de carácter y su escasa seducción personal provocan en el soldado un efecto contrario al buscado. Poincaré no será el conductor popular de la defensa nacional, sino su viejo rival Clemenceau a quien deberá resignarse dejar ese cometido (noviembre de 1917). Relegado al Elíseo por un Clemenceau, que tiene la intención de gobernar a su manera, Poincaré tiene el buen sentido de dejar al “Tigre” llevar al país a la victoria, aun manifestando su impaciencia, en diversas ocasiones, por desempeñar un papel personal, particularmente con su carta de octubre de 1918, donde ponía en guardia contra un armisticio que él considera prematuro; si bien, bajo la amenaza de dimitir, Clemenceau le obligó a desdecirse. También se opuso a Clemenceau con ocasión de las negociaciones de paz, al reclamar la ocupación definitiva por Francia de la orilla izquierda del Rin, a las que Francia hubo de renunciar por no separarse de los Aliados.

          Después de la guerra, lleno de amargura, Poincaré renuncia a un segundo mandato y deja el Elíseo en febrero de 1920, pero sólo para relanzarse en la lucha política. Reelegido senador por el depart. del Mosa (enero de 1920), es nombrado presidente de la Comisión de reparaciones (febrero/marzo, 1920), puesto del que dimite porque la Comisión rechaza la noción de reparación integral.

          Presidente de la Comisión senatorial de Asuntos Exteriores en 1921, provoca, junto a Millerand la caída del pactista Briand, que buscaba un acuerdo sobre las reparaciones en la conferencia de Cannes (enero de 1922) y se ve designado para formar el nuevo gobierno. Presidente del Consejo, de enero de 1922 a junio de 1924, no puede constituir un gobierno de unión nacional, por el rechazo socialista y las reticencias radicales. Para la opinión pública, Poincaré era, sobre todo, el hombre intransigente de “la-total-ejecución-del-tratado-de-Versalles”, y que quería forzar a Alemania a “payer”; lo cual provoca el fracaso de las conferencias de Londres (agosto a diciembre de 1922) y de París (enero de 1923), y la ruptura entre Francia e Inglaterra.

          Presa de una inflación galopante, Alemania no podía hacer frente a sus obligaciones. Y Poincaré decide entonces, unilateralmente aplicar las disposiciones del tratado de Versalles y manda ocupar la región del Ruhr por las tropas francesas (enero de 1923), lo que le enfrenta entonces a la resistencia pasiva de los alemanes y a la oposición de los ingleses; éstos, a fin de poner en dificultades a Poincaré, especulan en Bolsa contra el franco, divisa que, durante todo el año 1923 va a perder el 50% de su valor. Poincaré ha de recurrir a la ayuda del Banco de Inglaterra y del banco Morgan (marzo de 1924) y se ve obligado a negociar sobre las reparaciones. El 26 de marzo presentaba su dimisión, con un plazo que se le concede hasta el 1 de junio.

          Las elecciones del 11 de mayo de 1924 ven el triunfo del Cartel de izquierdas y la condena de la política poincarista; pero la catástrofe financiera del verano de 1926 vino a favorecer el regreso al poder de este experto en finanzas.

          Poincaré consigue esta vez formar un gobierno de unión nacional (sin los socialistas), en el que participan Briand, Herriot, Barthou, Painlevé, Tardieu y Louis Marin. Y a la cabeza del gobierno permanecerá durante tres años (julio de 1926 a julio de 1929). Contando con el apoyo de los grandes bancos y de los principales sectores de negocios, que le adelantan los fondos que habían negado a su predecesor Herriot, Poincaré logra restablecer la confianza por la enérgica vía de los decretos-leyes, la creación de la Caja de amortizaciones (10 de agosto de 1926), encargada de reabsorber la deuda flotante, reformas administrativas y recortes en el presupuesto (supresión de más de un centenar de subprefecturas, septiembre de 1926). Y, con los capitales que habian huído en el momento de la crisis financiera del verano, junto a capitales americanos, volvió la recuperación creciente de la actividad. Y aquella política financiera de Poincaré recibe una aprobación sin paliativos en las elecciones de abril de 1928, y la ley monetaria del 25 de junio de este año, viene a consagrar la estabilización del franco a 1/5 de su valor de 1914, lo cual estimulaba las exportaciones y reducía la deuda del Estado.

          Pero la “unión nacional” no consigue sobrevivir a esa estabilización: después del congreso de Angers (noviembre de 1928), los radicales se retiran del gobierno y Poincaré ha de formar nuevo gabinete, más orientado hacia el centro y la derecha.

          Desde su regreso al poder, preocupado por la salud de la divisa nacional Poincaré había cedido los asuntos externos a Briand, por lo que la política internacional de Francia resultó muy diferente entre 1926 y 1929 de lo que había sido entre 1922 y 1924. Después de la entrevista de Thoiry (septiembre de 1926) y la firma del pacto Briand-Kelogg, de agosto de 1928, Briand mandó evacuar Renania anticipadamente, en 1929.

          Afectado por disfunciones prostáticas, Poincaré hubo de declinar sus responsabilidades y su actividad política en julio de 1929. Y, en febrero de 1930, aquel que había representado una de las grandes figuras del republicanismo moderado, opuesto al impuesto sobre la renta y siempre ponderado en la sensible materia clerical, pero discutido inductor de la ocupación del Ruhr en 1923, renunciaba ahora a constituir un nuevo gobierno.

          Elegido en junio de 1931 decano del colegio de abogados de París (bâtonnier de l’ordre des avocats), dimitía unos meses después, para terminar la publicación de sus recuerdos: “Au Service de la France” (1926-1934).

          Raymond Poincaré moría en su domicilio de París el 15 de octubre de 1934, y está hoy enterrado, junto a su esposa, en el cementario de Nubécourt (Meuse)

          Era miembro de la Academia francesa desde marzo de 1909.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

AMSON, Daniel: Raymond Poincaré, l’acharné de la politique; Tallandier, 1997.
CHASTENET, Jacques: Raymond Poincaré; Julliard, 1948.
JEANNESSON, Stanislas: Poincaré, la France et la Ruhr (1922-1924), histoire d’une occupation; Presses Universitaires de Strasbourg, 1998. 
MIQUEL, Pierre: Raymond Poincaré;  París, Fayard, 1961.
ROTH, François: Raymond Poincaré, un homme d’État républicain; París, Fayard, 2000.
VALENCE, Georges: Poincaré; Perrin, 2017.

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