República, Segunda – (1848-1851)

            Desde los días 17 y 18 de mayo de 1848, la Asamblea Legislativa, resultado de las elecciones de los días 23 y 24 de abril, había elegido una Comisión de Constitución, compuesta de 18 miembros, de la que fue presidente el ministro y panfletario católico, vicepresidente del Consejo de Estado, Louis de Cormenin, que había obtenido el mayor número de votos. Hombres notables formaban parte de ella: el escritor Lamennais, venido del ultracatolicismo y derivado ahora en posiciones humanitaristas y socializantes, que dimitió poco después; el periodista Marrast; dos filósofos y viajeros influenciados por los Estados Unidos, Tocqueville y Gustave de Beaumont; y algunos orleanistas de izquierda, Odilon Barrot et Dufaure; pero también el socialista fourierista Victor Considérant y el obrero Corbon. Los trabajos resultaron de alto nivel intelectual y el informe de la Comisión fue presentado a la Asamblea por Marrast el 30 de agosto; tras lo cual las discusiones plenarias durarían dos meses.

            Se deseaba un gobierno fuerte, por lo que al sistema parlamentario británico se prefirió un régimen presidencial a la americana, conservando las grandes conquistas políticas de febrero. Y el debate más apasionado tuvo lugar en torno al poder ejecutivo.

La constitución adoptada el 12 de noviembre era relativamente breve; afirmaba el principio de la soberanía del pueblo, proclamaba la libertad, la igualdad y la fraternidad, reconocía la existencia de derechos y deberes anteriores a las leyes y daba como objeto y finalidad de la República “asegurar un reparto cada vez más equitativo de las cargas y ventajas de la sociedad”. Aceptaba también la obligación de proporcionar trabajo “en los límites de sus recursos”, y proclamaba el príncipio de la libertad de enseñanza, como de las demás libertades. Finalmente, se presentaba como defensora de la propiedad.

            El poder legislativo se confió a una asamblea única de 750 miembros, elegidos por sufragio universal directo y secreto, y por una duración de tres años. La edad de elegibilidad quedaba fijada en los 25 años.

La Asamblea era permanente y no podría ser disuelta.

            El poder ejecutivo, que se quiso separar nítidamente del legislativo, sería confiado a un Presidente de la República de, al menos, treinta años de edad, no responsable políticamente ante la Asamblea, si bien podría, llegado el caso, ser acusado de alta traición. La elocuencia de Lamartine consiguió que dicha figura, no reelegible antes de un intervalo de cuatro años, emanase también del sufragio universal (lo cual conllevaba grave conflicto de legitimidades, dado que la asamblea era indisoluble). Tenía la iniciativa de los proyectos de ley y el mando supremo de las fuerzas armadas, aun cuando la guerra no podría declararse más que con el consentimiento de la Asamblea. Dirigiría la diplomacia, y nombraría y revocaría a los ministros y a los altos funcionarios Y habría de prestar juramento ante la Asamblea nacional.

            El 10 de diciembre de 1848 fue elegido Presidente de la República, el príncipe Louis-Napoléon Bonaparte, hijo de Luis Bonaparte y de Hortensia de Beauharnais y sobrino del emperador Napoleón, un personaje cuyo pasado y ambición hacía pesar una fuerte amenaza sobre las nuevas instituciones.

 A su elección por la masa de la nación coadyuvaron diversas y complejas razones:

  • El apellido era conocido por todos, treinta años solamente después de Waterloo, y percibido como equivalente de orden, tras el agitado período politico que se acababa de vivir, donde la amenaza “roja” obsesionaba a los medios moderados; y también de aquella “gloria” vivida por Francia durante el Imperio.
  • Una hábil propaganda (mantenida por folletos e imágenes) del candidato, tan inteligente cuanto ambicioso, que creía en su estrella y estaba convencido de que él restauraría el Imperio.

Ya desde finales de mayo se venía hablando de él, y se habían lanzado periódicos bonapartistas, como el “Napoléon républicain”, “L’Aigle républicaine”. Elegido en cuatro departamentos en junio, había dimitido inmediatamente para ser reelegido en septiembre en cinco departamentos. Y agentes bonapartistas condicionaban a los obreros de los “ateliers nationaux”.

  • La confusión y desconcierto de los socialistas, después de las jornadas de mayo y junio. Violentamente opuesta a Cavaignac, autor de la represión, la izquierda se acordaba de que Luis Napoleón había publicado en 1844 un folleto socializante, “L’Extinction du paupérisme”, que sus agentes extendieron a millares en 1848 por los medios obreros. El “sansimonismo” de su autor era considerado, al menos, una garantía para los socialistas vencidos.
  • La elección de los conservadores. Los gravísimos sucesos de mayo y junio había perjudicado a los republicanos moderados, en beneficio parcialmente, p. ej., de la corriente monárquica. Legitimistas como Falloux y Berryer, catolicos conservadores como Montalembert, orleanistas como Thiers, Molé, Dufaure, Duvergier de Hauranne habían decidido organizarse y unirse, y esperaban poder remontar la tendencia, contando con su experiencia política. Habían creado un comité llamado “Comité de la rue de Poitiers”. Y les pareció hábil no presentar a ninguno de sus miembros, a fin de favorecer la candidatura de Bonaparte, al que Thiers consideraba un “cretino” fácil de manipular.

 

            Así, apoyado a la vez por los socialistas y por la derecha, Luis Napoleón, candidato “atrápalo todo”, iba a beneficiarse -como dirá Victor Hugo-, de “un immense quiproquo”, un enorme malentendido. De ello empezaron a darse cuenta a partir del 10 de diciembre.

Luis-Napoléon Bonaparte, Presidente de la República

Luis-Napoléon Bonaparte, Presidente de la República

Teniendo presente cierta discrepancia en los datos en las diversas fuentes, Luis Napoleón vino a obtener en torno a los 5.500.000 votos (74,3%); Cavaignac (candidato del gobierno, de la alta burguesía y de los republicanos moderados, y apoyado por grandes diarios como “Le National”, “Le Journal des Débats”, “Le Siècle”), 1.470.000 votos aprox. (19,6%); Ledru-Rollin por la izquierda radical, los “démocrates-socialistes”, sólo 375.000 votos (5%); Raspail, socialista revolucionario, 37.000 aprox. (0,48%); el poeta Lamartine, célebrado autor de “Histoire des Girondins”, 21.030 votos (0,28%); otros, 17.500 votos (apenas el 0,25%)

            El flamante presidente fue investido el 20 de diciembre y prestó juramento de fidelidad a la República, para, a partir de ese momento, empezar a maniobrar con ladina habilidad. Con un francés mejorable, después de sus largos exilios, desmañado en la expresión y con “aire alemán”, Luis Napoleón quiso mantenerse al principio en segundo plano; y dio satisfacción a la derecha, formando un gobierno con Odilon Barrot, que se quiso rodear de comparsas, salvo el joven legitimista Falloux, nombrado ministro de Instrucción pública y Cultos, y del economista Passy en Finanzas.

            Los primeros pasos del nuevo ministerio fueron difíciles, pues la Asamblea Constituyente habia decidido permanecer en funciones hasta mayo de 1849 para votar el presupuesto y una ley electoral liberal; frente a ella estaban un Presidente enigmático y un gobierno realista.

Hubo conflicto, sobre todo en política exterior, con una extrema izquierda que soñaba con reeditar el expansionismo revolucionario de la Primera República, allá por 1792, y que Francia volase en auxilio de la revolución italiana o de los polacos. Y en varias ocasiones, el gobierno se vio en minoría, aun apoyado por Luis Napoleón; pero la Constitución no prescribía que el gobierno hubiera de retirarse después de un voto parlamentario hostil.

El 27 de mayo de 1849 tuvo, pues, lugar la última sesión de la Asamblea constituyente. Francia contaba con una constitución democrática, pero graves amenazas pesaban ya sobre la República. Sobre todo, la opinión se iba alejando de los republicanos moderados, a quienes atribuía la responsabilidad del desorden, de la crisis, y del mantenimiento del impuesto de los 45 céntimos.

Asamblea legislativa y nuevas revueltas

            Las elecciones para la nueva Asamblea legislativa tuvieron lugar el 13 de mayo de 1849. Únicamente París dio mayorías a  los hombres de izquierda, porque la provincia votó masivamente por los monárquicos del Comité de la rue de Poitiers, fuertemente apoyados por el clero. 500 fueron elegidos, de los cuales 200 legitimistas y algunos bonapartistas, frente a 180 “montagnards” (nombre que volvían a dar ya a la izquierda radical y socialista), cuyo jefe era Ledru Rollin; y los republicanos moderados sufrieron un desastre absoluto, con sólo 80 elegidos, frente a los cerca de 600 en la Constituyente anterior. Ninguno de los miembros del gobierno provisional de 1848 se vio rescatado por las urnas, salvo Ledru Rollin. Y fue notable el 40% de abstención que se registró.

El presidente Luis Napoleón llamó primeramente al mariscal Bugeaud para formar gobierno (que rechazó la oferta) y luego a Odilon Barrot, con Tocqueville en los Negocios Extranjeros.

            No era ya cuestión de defender el pan del necesitado, noble ejercicio donde los haya. Aquellos “montagnards”, convertidos ahora en activistas profesionales, furiosos de ver al ejército francés luchando, allá en Italia, contra la llamada “República Romana”, se propusieron desencadenar una nueva insurrección.

                El 11 de junio, Ledru Rollin propuso el enjuiciamiento del gobierno, pero fue derrotado por 361 votos contra 203. En las oficinas del periódico socialista fourierista “La Démocratie pacifique” redactaron entonces una proclamación al pueblo; y el 13 de junio, una columna de 6.000 guardias nacionales (donde los obreros estaban prácticamente ausentes) marchó hacia los grandes bulevares, en actitud poco pacifica. Ledru Rollin y los jefes de la Montaña se instalaron en el Conservatorio de Artes y Oficios (Arts et Métiers) y crearon una especie de Comité de gobierno. El ejército, mandado por el general Changarnier, no tuvo dificultad en aplastar la insurrección, que apenas recibió algún débil eco en provincias (Lyon). 34 diputados pasaron ante la Corte Suprema (Haute Cour), y otros, como Ledru Rollin, Victor Considérant y Félix Pyat pudieron huir al extranjero.

            Tras lo cual la Asamblea votó tres leyes, a lo largo del verano de 1849: una suspendiendo por un año la libertad de asociación, otra limitando la libertad de prensa y la tercera para permitir a la Asamblea o al gobierno proclamar el estado de sitio.

                                                                    *

            Entretanto, el presidente Luis Napoleón iba distanciándose de los monárquicos de la mayoría, dejando que aquella Asamblea acabase “desprestigiándose”. Y empezó a viajar por toda Francia buscando cultivar su popularidad y esforzándose por desarrollar la leyenda que hacía de él el hombre del orden y de las reforma sociales; halagaba a los obispos, a los hombres de negocios, a los obreros y, sobre todo, al ejército donde su nombre ejercía un efecto especial.

Contando con esos apoyos, pues, y el desarrollo del partido bonapartista en la Asamblea, pudo deshacerse de Odilon Barrot y formar un ministerio, esta vez, con fieles a su persona. La ocasión fue la famosa carta de agosto de 1849, que él hizo llegar en mano a Pío IX, por su edecán Edgar Ney enviado en misión, para protestar contra la represión ejercida en sus estados donde la república romana había sido destruida por las tropas francesas (lo cual llevó a Falloux, principal promotor de aquella expedición, a dimitir en octubre de 1849). Y luego, bruscamente, fue publicada en “Le Moniteur” del 31 de octubre la lista de un nuevo ministerio sin presidente del Consejo formado, entre otros, por Eugène Rouher, diputado del Puy-de-Dôme, y el rico banquero Achille Fould, excelente técnico en finanzas, ambos bonapartistas convencidos. Al mismo tiempo, el Presidente dirigía un mensaje a la Asamblea, anunciando que, después de un año de “abnegación” se proponía gobernar por sí mismo: “El nombre de Napoleón es todo un programa (…), orden, autoridad, religión, bien del pueblo…”

            En conflicto casi permanente con el gobierno, pero disponiendo de la iniciativa legislativa que le daba la estricta separación de poderes, la Asamblea votó numerosas leyes:

            Ley Falloux de 15 de marzo de 1850, sobre la libertad de la enseñanza secundaria. Uno de los objetivos de los católicos, que disponían de la mayoría en la Asamblea (y contaban ahora con el apoyo de algunos anticlericales conservadores, dominados por el miedo al socialismo), era extender a la enseñanza media la libertad que existía desde 1833 para la enseñanza primaria. El proyecto, presentado por Falloux cuando era ministro de Instrucción pública (de ahí el nombre de la ley), fue votado por una fuerte mayoría, tras lo cual, se crearon en dos años 257 nuevos establecimientos, de ellos 13 colegios jesuítas.

            Ley de 31 de mayo de 1850, que restringía el sufragio universal masculino en vigor. Las elecciones parciales de la primavera 1850 marcaron un notable progreso de los “montagnards”, y a la Asamblea conservadora le invadió el pánico cuando, ese 28 de abril, el novelista de inspiración popular Eugène Sue fue elegido diputado de París. De donde resultaron leyes restrictivas sobre la prensa y los clubs, además de esta ley electoral. La ley extendía los casos de exclusión de las listas a quienes no acreditasen domiciliación durante, al menos, tres años en el municipio o cantón (lo que excluía a vagabundos, a temporeros y a quienes debían desplazarse de un lugar a otro buscando trabajo), y a los condenados por rebelión o ultrajes a las fuerzas del orden… La cifra de electores quedó así reducida de 9.618.000 a 6.809.000. El Presidente de la República había dejado a los conservadores la responsabilidad de esa ley y, en adelante, podrá presentarse como el campeón del regreso al sufragio universal sin restricción.

            Leyes sociales. Si bien la Asamblea tomó medidas antisocialistas (prohibición de huelgas, el 27 de noviembre de 1849), también adoptó algunas medidas de apreciable valor social, inspiradas por el legitimista católico Armand de Melun: sobre alojamientos insalubres, delito de usura, asistencia judicial, asistencia hospitalaria, cajas de jubilación para la vejez, contratos de aprendizaje, sociedades de socorros mutuos…

Conflicto entre el Presidente y la Asamblea

            Aquella mayoría legislativa pensaba en el regreso de la Monarquía, y el Príncipe-presidente en la restauración del Imperio en su persona, misión a la que se sentía predestinado; con lo que el conflicto resultó inevitable a partir del verano de 1850.

Para los realistas, aquella república no era más que un régimen transitorio. Pero los monárquicos se hallaban escindidos en dos grupos: legitimistas (favorables al conde de Chambord, nieto del último Borbón reinante Carlos X, que residía en Frohsdorf en Austria), y orleanistas (cuyo candidato era el conde de París, de 12 años entonces, nieto de Luis-Felipe, exiliado ahora en Claremont, Inglaterra). Los jefes orleanistas intentaron convencer a los legitimistas de la necesidad de un “fusión”, tanto más fácil de realizar cuanto que el conde de Chambord no tenía hijos. Pero, a pesar de la muerte del Orleáns, el 26 de agosto de 1850, el proyecto no culminó. El conde de Chambord, imbuído de la idea de que sus derechos venían de Dios, publicaba el 20 de septiembre una circular condenando cualquier restauración basada en “l’appel au peuple”, es decir en la soberanía popular, lo que los orleanistas no podían aceptar; y la restauración se hizo imposible. El príncipe-presidente Luis Napoleón iba a aprovechar la situación.

Necesitaba, ante todo, ganarse a las masas y a la opinión pública, con cuyo fin, en el verano de 1850, inició un viaje al E y luego a Normandía, aclamado en los pueblos por los que pasaba, y en todo el medio rural, aunque menos en las ciudades. También supo ganarse al ejército, particularmente en los niveles de suboficiales y subalternos. En octubre, en el transcurso de algunas revistas militares, se oyeron aclamaciones de “Vive Napoléon!”

            Para ampliar su poder, dos soluciones eran posibles: una revisión constitucional, o bien un golpe de fuerza.

En virtud de la Constitución, los poderes de la Asamblea y los del Presidente deberían expirar en abril y mayo de 1852. Pero el cargo de Presidente no era inmediatamente reelegible, razon por la que los bonapatistas reclamaban la ampliación de su mandato, con el pretexto de la eventualidad de una revolución cuando él se apartase, y atribuyéndole el mérito del regreso al orden y a la prosperidad. Un comité se encargó de organizar peticiones en ese sentido.

Ya el Presidente venía adoptando una actitud tortuosa: si bien en enero de 1851, acababa de apartar al general realista Changarnier, que comandaba a la vez la guardia nacional y las tropas de París, tambien había elegido a ministros moderados.

            La revisión de la Constitución no era posible más que en el último año de la legislatura (a partir del 28 de mayo de 1851), por lo que, a partir de esa primavera, Luis Napoleón inició una campaña de opinión a su favor. Pero la Asamblea se negó a su pretensión, no alcanzándose, aquel 19 de julio de 1851, la mayoría de tres cuartos requerida.

            Sólo le quedaba, pues, preparar el golpe de Estado, si no quería verse relegado a la vida privada, decisión que tomó pasado ya el verano. Dos generales abnegados a su causa, Saint-Arnaud, que acababa de conquistar la Kabilia argelina, y Magnan fueron colocados a la cabeza de las fuerzas de París y de la guardia nacional. Oficiales sospechosos o poco seguros fueron desplazados, y algunos civiles integrados en el equipo: Rouher, Maupas, Morny (medio hermano del presidente) y Persigny.

Y se intensificó la propaganda, insistiendo en el “peligro socialista”, en las incapacidades y divisiones de la Asamblea y en su carácter “reaccionario”. El 4 de octubre de este 1851, el Presidente proponía la derogación de la ley electoral del 31 de mayo de 1850, y el 27 formaba un ministerio con Saint-Arnaud en la Guerra, nombrando a Maupas prefecto de Policía.

El 13 de noviembre, la Asamblea desestimaba, por 355 votos en contra y 348 a favor, la derogación de la ley electoral y, cuatro días después, aquellos diputados, inconscientes del inminente peligro, rechazaban una proposición que hubiera autorizado a su propio presidente a recurrir a la fuerza pública.

Ya no existían obstáculos serios para los proyectos de Luis-Napoleón.

            La fecha escogida para el golpe de Estado fue la noche del 1 al de 2 de diciembre, día aniversario de la coronación de Napoleón I, allá en 1804, y no menos simbólico de la brillante victoria de Austerlitz. Un gran baile iba a tener lugar ese día en la Capital que, muy a propósito, vendría a actuar de diversión.

Con el Palais Bourbon, sede de la Asamblea legislativa, ocupado durante la noche por el crnel. Lespinasse, y el ministerio del Interior por el duque de Morny, además de diversos puntos estratégicos de la Capital (Campos Elíseos, Tullerías..), al amanecer de ese día, fue pegado por los muros de París un decreto del Presidente de la República (impreso en los talleres de la Imprimerie nationale cuyos operarios quedaron custodiados por la policía), por cuyo tenor se disolvía la Asamblea (“foco de complots”), se derogaba la ley electoral del 31 de mayo y quedaba convocado el pueblo para un plebiscito. Iba acompañado de una proclama al pueblo y otra al ejército.

Víctor Hugo y el republicano Schoelcher intentaron mobilizar al pueblo, pero fue inútil. Dieciséis diputados fueron detenidos, republicanos como Cavaignac, o realistas como Changarnier, Lamoricière, y Thiers, llevados a la prisión de Mazas, recientemente terminada entonces.

Y fue constituido un nuevo ministerio el 3 de diciembre con los miembros confabulados.

            La oposición de la derecha resultó débil: trescientos diputados con Odilon Barrot -dispersados luego sin dificultad-, llegaron a reunirse en los locales municipales del 10º distrito. Y esporádica en París la resistencia, con barricadas el 3 de diciembre, donde resultó muerto el representante Alphonse Baudin; el 4, los soldados deshicieron cualquier tumulto y aglomeración.

Y hubo 200 muertos en los grandes bulevares, rémora que perseguirá siempre a Luis-Napoléon en adelante, él que hubiera querido reeditar el precedente de su tío el Emperador, allá en Brumario de 1799, cuyo golpe se había saldado sin víctima civiles.

            En provincias, las grandes ciudades aceptaron los acontecimientos prácticamente sin resistencia, aun cuando hubieron de señalarse algunos conatos en el Midi (departamentos Drôme Hérault, Var, Basses Alpes) y otros puntos de la Nièvre y la Vienne.

El nuevo gobierno aprovechó la ocasión para ejercer una severa represión en los medios republicanos, donde se operaron 27.000 detenciones y miles de deportaciones a Guyana y Argelia. Hugo, Quinet, Thiers, Rémusat tomaron el camino del exilio.

            Así, el país entero por temor a los “rojos” aceptó masivamente el golpe de Estado. En el plebiscito que tuvo lugar el 20 de diciembre siguiente, se contaron algo más de 7.400.000 síes frente a  641.000 noes, si bien aquella inmensa diferencia fue menos acusada en París que en provincias. El plebiscito prolongaba también por diez años los poderes del presidente y le confería una verdadera dictadura. Era el final de la Segunda República.

Cerca de un año después, el Sénatus-consulte (senadoconsulto) del 7 de noviembre de 1852 vino a proponer el “restablecimiento de la dignidad imperial en la persona de Luis-Napoleón Bonaparte, con carácter hereditario en su descendencia directa legítima y adoptiva”. Los plebiscitos de los días 21 y 22 siguientes daban 7.824.189 votos a favor del restablecimiento del Imperio, 253.145 en contra y 66.126 nulos (con dos millones aproximadamente de abstenciones). Y el 2 de diciembre de 1852, Luis-Napoleón fue proclamado Emperador, bajo el nombre de Napoleón III.

Fechas significativas desde la revolución de febrero de 1848 hasta la instauración del Segundo Imperio:

  • 22/24 de febrero de 1848: el rey Luis Felipe es derrocado y proclamada la República.
  • 23/24 de abril de 1848: elecciones para una Asamblea constituyente.
  • 12 de noviembre de 1848: es adoptada la Constitución de la Segunda República.
  • 10 de diciembre de 1848: Luis Napoleón es elegido presidente de la República (investido el 20).
  • 13 de mayo de 1849: elecciones legislativas.
  • 2 de diciembre de 1851: golpe de Estado de Luis Napoleón Bonaparte.
  • 7 de noviembre de 1852: Senadoconsulto que preve el restablecimiento del Imperio.
  • 2 de diciembre de 1852: Luis Napoleón Bonaparte es proclamado Emperador.
Mensaje del Presidente Luis-Napoleón, de 28 de juniode 1852

Mensaje del Presidente Luis-Napoleón, de 28 de junio de 1852

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

AGULHON, Maurice: 1848, ou L’apprentissage de la République (1848-1852); Seuil, 1984 y posteriores.
APRILE, Sylvie: La II République et le Second Empire (1848-1870); du prince-président à Napoléon III; París, Pygmalion, 2000.
CHOISEL, Francis: La Deuxième République et le Second Empire au jour le jour: chronologie; CNRS Éditions, 2015.   
GIRARD, Louis: La II Repúblique: naissance et mort; Calmann-Lévy, 1968.
MURAT, Inès: La Deuxième République; Fayard, 1987.
SAND, Georges: Souvenirs de 1848; Ed. Paléo, 2007.
VERMOREL, Auguste: Les hommes de 1851; histoire de la présidence et du rétablissement de l’Empire; (reproducción en facsímil de la edición de 1869); Ressouvenances, 2010.
VIGIER, Philippe: La Seconde République; Presses Universitaires de France, diversas ediciones, hasta 1996.

 

Deja un comentario