Manet, Édouard (1832-1883)

          El 23 de enero de 1832, nacía en París Édouard Manet, en el 5 de la rue des Petits Augustins (hoy rue Bonaparte, según reza una placa en el lugar), en el seno de una familia de acomodada burguesía; y eran sus padres Auguste Manet, magistrado de carrera y alto funcionario en el ministerio de Justicia, y Eugénie-Désirée Fournier, refinada ella, culta y gran melómana, hija de diplomático y ahijada del mariscal Bernadotte; antes de que aparezcan en el hogar sus hermanos Eugène  en 1834 y Gustave Manet en 1835. Un ambiente, en fin, donde se ignoraba la arrogancia y la vulgaridad de los nuevos ricos del siglo, y que conservaba aún vestigios de la elegancia aristocrática de la vieja nobleza.

Ingresa a los doce años en el collège Rollin (ex-colegio Sainte-Barbe), donde proseguirá una mediocre escolaridad, pero donde va a conocer a Antonin Proust, periodista, político un día y fundador de l’École du Louvre, que permanecerá siempre su amigo en adelante y ha dejado sobre el pintor páginas inapreciables de testimonios afectuosos y detallados. Y allí leían los dos, durante las clases de historia de M. Wallon, los Salones de Diderot

Desde muy temprano, el joven Manet se apasionaba ya por el dibujo y frecuentaba asiduamente el Louvre y exposiciones, adonde le llevaba su tío Édouard Fournier. Pero esa primera manifestación de una inequívoca vocación artística, suscitan durante un tiempo la oposición de su progenitor que sólo le ha concedido elegir entre dos profesiones: leyes o marina.

Édouard Manet. Atelier Nadar. BNF

Édouard Manet. Atelier Nadar. BNF

Rechazado en 1848 en el concurso de ingreso de la Escuela naval, en diciembre de ese año el joven Manet se embarca en un navío-escuela y pasa unos meses en Río de Janeiro. A su regreso, en junio de 1849, fracasa de nuevo en el mismo intento, donde le vienen obligando a presentarse de mala gana. Pero. esta vez, traía una carpeta llena de croquis, dibujos y retratos copiados del natural, porque ya desde esta época escribía que “Hay que ser de su tiempo y pintar lo que uno ve”.

En 1849 conoce a Suzanne Leenhoff, joven pianista originaria de Delft, que había llegado a hogar como profesora de sus hermanos, de dieciocho años entonces, entradita en carnes y apacible y “comprensiva” por temperamento. Si bien no será nunca su musa inspiradora (lo fue más bien Victorine Meurent, la modelo del Déjeuner y de Olympia, con quien matendrá una larga relación artística y sentimental), Suzanne le aportará siempre a Manet equilibrio y el  anclaje que necesitaba.

Y, habiendo cedido, finalmente, la oposición paterna, con dieciocho años, Manet entraba con Proust en el taller que tenía abierto en Montmartre Thomas Costure (alumno que había sido de Gros y pintor poco conocido hoy, pero en gran voga y predicamento en esos años), por donde habían pasado o pasarían, entre otros muchos, Fantin-Latour y Puvis de Chavannes.

En enero de 1852, venía al mundo Leon-Koelin, que será conocido por Leenhoff, hijo de Suzanne; (juridicamente “natural” como nacido fuera de matrimonio, aunque verosímilmente imputable ya sea a Auguste Manet, ya a su hijo Édouard). De Suzanne pintará Manet posteriormente cuadros-retratos como “La Nymphe surprise”(1861), “La Lecture” (1865) o “Madame Manet au piano” (1868). Y el músico E. Chabrier, amigo de los Manet, se acordará de ella en 1873, en su “Impromptu en do majeur”.

Entretanto, seguía frecuentando el Louvre y, además de alguna estancia en Holanda (Rijksmuseum, Amsterdam), en Alemania y en Austria, hace dos rápidos viajes a Italia, en 1853 y 1856 (Florence, Rome…). Y ejercita las destrezas de su oficio copiando a Tiziano, a Tintoreto, a Velázquez…

Y en 1855, ha visitado a Eugène Delacroix, al que pide autorización para copiar “La Barque de Dante”, entonces en el Musée du Luxembourg.

          Pero en el estudio de Couture el sistema de enseñanza le exasperaba y sus relaciones con el patrón se iban degradando: “No sé por qué estoy aquí –decía-, todo lo que tenemos a la vista es ridículo, la luz y la sombra son falsas; cuando llego al taller, me da la sensación de entrar en una tumba; ya sé que no podemos desnudar un modelo en la calle, pero está el campo, y está el verano, y se podrían hacer estudios de desnudos en el campo, ya que el desnudo es lo primero y lo último en arte” (testimonio de A. Proust). En 1856, con veinticuatro años ya, deja aquel estudio, después de seis años de asiduidad y aprendizaje: “Allez, mon pauvre garçon –parece que le dijo Couture despechado-, …nunca llegará usted a ser otra cosa que el Daumier de su tiempo!” (Antonin Proust, “le Cahier rouge des Impressionnistes”, Grasset). Pero a Manet le diferenciaban del caricaturista su educación, su temperamento y, aunque pueda resultar en algunos aspectos paradójico, su educación y sus orígenes sociales de gran burguesía que, en estos años del Segundo Imperio, controlan el poder y la influencia social. Ni tendrá él aquel desdén de Courbet por los “bourgeois philistins”.

          Por el momento, comparte el alquiler de un estudio, con su amigo el malogrado pintor Albert de Balleroy, en la rue Lavoisier, antes de pasar a otros talleres. Y es por esta época cuando comienza su verdadera carrera artística, que conocerá, durante unos años, rechazos, escándalos y fracasos, pero también la amistad y solidaridad de hombres entre los más notables de su época, como persona culta y brillante que era: los Zola, Mallarmé y Baudelaire sobre todo.

Manet leía poco –según ha dejado dicho su amigo A. Proust-, y no escribía, pero “observaba y su golpe de vista era tan seguro que podemos preguntarnos si no resultan más bien nefastas las reglas de la enseñanza artística, tal como las conocemos, para cabezas naturalmente dotadas”. A 1858, se remonta su amistad con Baudelaire, cuya influencia se dejará sentir en un cuadro como “la Musique aux Tuileries”(1861, National Gallery de Londres), primera obra del pintor consagrada a un tema moderno, en la que la tradición dice reconocer, en una juxtaposición de colores, al mismo Baudelaire, a Offenbach, a Théophile Gautier…, en uno de los lugares de asueto preferidos por los parisienses. Y también en ”le Buveur d’absinthe” (“el Bebedor de ajenjo”, presentado y rechazado en el Salon de 1859, a pesar de la opinión favorable de Delacroix). El gusto e inclinación natural del pintor eran estimulados por los del poeta, artistas que sabían ver, ambos, la epopeya de lo cotidiano: “Será un verdadero pintor aquel que consiga captar el lado épico de la vida –decía Baudelaire- y hacernos ver y sentir la grandeza y poesía que encierra el ser humano, con nuestras corbatas y nuestros zapatos relucientes”.

          En el verano de 1860 Manet se instala en Batignoles con Suzanne y su hijo Léon, al que hacen pasar por el hermano pequeño de su madre. Y en 1861 expone en el Salón el “Portrait de M. et Mme. Auguste Manet”, sus padres, en actitud digna, aunque triste (pintado el año anterior) y “le Chanteur espagnol”, que recibe una mención honorable.

          Su interés por España parece anterior al viaje que efectuará posteriormente,  en armonía con el romanticismo ambiental de la época, y pudo haber conocido las colecciones del rey Luis-Felipe o del mariscal Soult. Y aquella atracción por el exotismo transpirenaico -estimulada por Baudelaire, Mérimée (“Carmen” es de 1845), las compañías de baile y música, de gira por Francia, y luego la presencia en las Tullerías de Eugenia de Montijo-, explicará en 1861 su “Guitariste” (lienzo reconocido oficialmente en el Salón de ese año y saludado laudativamente por Théophile Gautier); y al año siguiente creará retratos de bailaoras, entre los cuales “Lola de Valence” (Musée d’Orsay), de 1862, que anunciaba otras pinturas inspiradas por el teatro como las que más tarde serán del gusto de Degas. Y durante su “período español” Manet ejecuta no pocos lienzos sobre los mismos temas: “Mlle. Victorine en costume d’espada”, “Jeune homme en costume de majo”…

 

          En septiembre de 1862 moría su padre, del que recibirá no desdeñables recursos financieros como herencia; lo que le permite preparar una exposición personal en la galería de Louis Martinet; y unos meses después, en mayo de 1863, se presentaba en el “Salon des refusés” con tres grabados al aguafuerte y tres cuadros; uno de ellos, el conocidísimo “Déjeuner sur l’herbe” (“Almuerzo sobre la hierba”; París, Musée d‘Orsay), que marcaba una ruptura en la historia de la pintura e iba a provocar un escándalo sin precedentes entre la crítica oficial y el público en general. Es cierto que la tradición del desnudo era ya larga en la historia de la pintura, pero situada siempre en el convencional universo mental del academicismo, las ninfas y la mitología.  Manet ponía esta vez a una mujer desnuda, de cuerpo no precisamente idealizado (Victorine en la vida real, modelo que repite en “Olympia”), entre dos hombres vestidos, contemporáneos del espectador (su cuñado Ferdinand Leenhoff a su lado, y su hermano Eugène Manet  frente a ella), mientras, algo más alejada de la escena principal otra compañera del grupo (Alexandrine, esposa de Émile Zola), figura algo más pudorosa, parece iniciar un baño; todo lo cual fue sentido como insoportable vulgaridad y provocadora indecencia. Para este cuadro (Musée d’Orsay), en el que el pintor se probaba con el desnudo, se había inspirado, en cuanto a la composición, en la parte derecha del “Juicio de Paris”, obra perdida de Rafael (conocida por grabados posteriores), y en la pintura veneciana, desarrollando su tema, no en el ambiente del siglo XVI, sino bien en el siglo XIX, con una nature morte o bodegón.

Y será, para Zola, quizá la mejor obra de Manet.

          Los bodegones interesarán siempre a Manet, y en ellos demostrará también su talento; además del que aparece en “Le Déjeuner…”, y en su próxima “Olympia”, pintó muchas otras natures mortes, en retratos y de forma autónoma, con pescados, frutas, hortalizas, flores y otros objetos inanimados.

          Y en octubre de este 1863 se desposaba en Holanda con Suzanne Leenhoff.

          “Olympia” (Musée d’Orsay) fue pintada sólo unos meses después del “Dejeuner”, pero el pintor vacilaba en presentar dos obras tan audaces en tan corto espacio de tiempo, por lo que al salon de 1864 envió “les Anges au tombeau du Christ” (“Ángeles en la tumba de Cristo”) y un tema de tauromaquia, más tradicionales tanto por el tema como por su factura.

Junto al óleo “Jésus insulté par les soldats” (Chicago, Art Institut), “L’Olympia” –una de las obras maestras de la pintura moderna-, será aceptada en el Salón de 1865, posiblemente pensando en hundir a Manet definitivamente. Aunque de mayores dimensiones éste, el cuadro, con ciertas influencias de estampas japonesas, recordaba a la “Maja desnuda” de Goya y a “La Venus de Urbino” de Tiziano. Y su técnica de “aplats” (superficies de color uniforme) marcaba un nuevo inicio en la historia del arte: “Hay que tener siempre este cuadro a la vista –decía Cézanne-, porque es un nuevo paso de la pintura, que marca el principio de nuestro Renacimiento (…). Existe una verdad pictórica de los objetos, y esas tonalidades de rosa y blancos nos conducen por caminos hasta ahora insospechados de nuestra sensibilidad ”.

El público rezongó o se mostró sarcástico. Exasperado por las polémicas y la incomprensión, en agosto de 1865 Manet viaja a Madrid por un breve período: “Vine buscando a Velázquez –dirá después-, y me encontré con El Greco”.

          Y en 1866 de nuevo se ve rechazado en el Salón en el que ha presentado “le joueur de Fifre” (“el Pífano”, un niño con el traje de la guardia imperial; Musée d’Orsay): esfuerzo de síntesis sobre fondo gris sin planos ni perspectiva,  y simplificación del dibujo.

Zola abre entonces las columnas de “l’Évènement”, para una campaña a su favor, y diversos artículos son publicados en volumen al año siguiente. Y en el café Guerbois de la avenue de Clichy (lugar de encuentro favorito, en adelante, de Manet y sus amigos), se reúne con Cézanne, Monet, Renoir, Bazille y Zola.

          De nuevo excluído de la Exposición Universal de 1867, Manet organiza en mayo una exposición personal a su cargo, en la place de l’Alma, frente por frente de la exposición donde exponía Courbet. Y, a modo de agradecimiento pinta un retrato de Zola: primer plano tras el cual se reconoce una estampa del japonés Utamaro, una reproducción de “l’Olympia” y otra de “los Borrachos” de Velazquez (el cuadro será expuesto en el Salon de mayo de 1868; hoy en el Musée d’Orsay).

          El 19 de junio de 1867, allá en Méjico, había sido ejecutado Maximiliano, hermano de Francisco-José de Austria y pretendiente emperador, al término de una alocada aventura que Napoleón III había auspiciado desde Francia. Y ese mismo año Manet, cuya obra permanecerá siempre al margen de cualquier preocupacion política estrecha, acometía la escena del fusilamiento: “Exécution de l’empereur Maximilien”, en un lienzo de 2,5 x 3 m. (Mannheim, Städtische Kunsthalle), cuadro que se ha querido comparar con los fusilamientos de Goya, aunque con más tensión en la tragedia en el español, y un cierto distanciamiento en Manet, él que detestaba los cuadros de historia y profesaba cierto desprecio por sus autores: “Il n’y a qu’une chose vraie: faire du premier coup ce qu’on voit…” (“Sólo una cosa importa: ejecutar lo que vemos en la primera ojeada. Cuando está, está, y cuando no, se vuelve  empezar; lo demás son bromas”).

            Charles Baudelaire moría el 31 de agosto de este 1867, y Manet asiste a su entierro el 2 de septiembre.

            Su “Exécution…” fue rechazada en enero, en el Salón de 1869; y en mayo exponía allí mismo cinco aguafuertes, junto a “Le Balcon”, y el “Déjeuner dans l’atelier” (Neue Pinakothek de Munich), cuyo joven en primer plano es Léon Leenhoff, el hijo reconocido por Manet.

Este gran óleo“Le Balcon”, de 1,70 x 1,24 m., (Musée d’Orsay) significa un giro en la carrera de Manet,  que entraba ahora resueltamente en la modernidad: los parisienses, la moda femenina… (ver “Le peintre de la vie moderne” de su amigo Baudelaire). El pintor juega aquí con el contraste de colores (negros, blancos, verdes, azul…) y parece haber querido limitarse, con alguna provocación, a presentar a ciertas personas de su intimidad en posiciones estáticas (Berthe Morisot, sentada en primer plano, el pintor Guillemet y la violinista Fanny Claus), sin comunicación entre ellas ni narración alguna, contrariamente a la tradición académica en que se veía a los personajes en conversaciones galantes de salón, p.ej.., o al cuadro “la Majas en el balcon” de Goya, en el que se podria pensar, donde las dos mujeres parecen cuchichear entre ellas.

Tras el Salón de 1869, la fama de Manet de excéntrico y pintor de mal gusto no disminuyó.

          Llegó la guerra francoprusiana de 1870, y Manet se alista en la guardia nacional como artillero, junto a Degas, pasando a subteniente bajo las órdenes del pintor y ahora coronel Meissonnier. Fue luego la insurrección de la Comuna y Manet, desolidarizándose con aquella violencia, se retiró al campo con su familia, para volver a París cuando todo hubo terminado.

          En 1872, Manet presenta en el Salón “le Combat du Kearsarge et de l’Alabama” (Philadelphia Museum of Art). Y aquel café Guerbois de antes de la guerra ha sido sustituido por La Nouvelle-Athènes, en la place Pigalle, como punto de reunión de Manet y sus amigos.

Este año, el conocido marchante Durand-Ruel le compra lienzos por valor de 50.000 francos; una de ellas, “le Bon Bock”, inspirada en Frans Hals, es acogida laudativamente en el Salon del año siguiente, y, con una mayor comprensión del público y de la crítica parecía esbozarse un cambio de opinión respecto al pintor.

          En 1873 conoce personalmente al poeta Mallarmé.

En mayo de 1874, tenía lugar la primera exposición del grupo “impresionista”, que el fotógrafo Nadar organiza en su estudio del bd. des Capucines; pero Manet, aun invitado, rechaza participar en ella, si bien, desde 1869/70, había introducido una mayor suavidad y blandura en colores y contornos, y, dejando el estudio momentáneamente, manifestaba, él también, cierto interés por el paisaje y aclaraba su paleta, bajo la influencia de Berthe Morisot, joven pintora impresionista, alumna de Corot, que se convertirá en su cuñada por matrimonio con Eugène Manet. De ella ha pintado ya y pintará varios retratos, como el mencionado del Balcon y “Berthe Morisot au chapeau noir” (también llamado “…au bouquet de violettes”, 1872)

En transcurso del mismo verano 1874, se le ve, junto a Monet y Renoir, que tambien frecuentan el lugar, trabajando en su vieja barca-estudio de Argenteuil, donde las orillas del Sena inspiraban sus experiencias con la luz natural.

Es verdad que el favor de la crítica hacia la obra de Manet no dura; el jurado del Salon de 1874, acepta un único cuadro suyo,  el óleo “le Chemin de fer” (Washington, National Gallery of Art) también con Victorine Meurent como modelo, y de factura levemente “impresionista”, pero rechaza “Les Hirondelles” (“Las Golondrinas”) y “Le Bal masqué à l’Opera” (Washington, National Gallery of Art), que recordaba aquel “Musique aux Tuileries”, pintado años atrás (aglomeración informe de gente divirtiéndose); decisión contra la cual Mallarmé publica en “La Renaissance artistique et littéraire” un artículo: “Le Jury de peinture pour 1874 et M. Manet”.

Bal masqué à l'opéra

Bal masqué à l’opéra

Y al año siguiente, su ”Argenteuil”, expuesto en el Salón, encuentra fuertes críticas.

          En abril de 1877, el jurado del Salón acepta “Faure dans le rôle d’Hamlet”,  pero rechaza por inmoral “Nana” (en un estilo cercano al impresionismo, retrato de una cortesana acicalándose, bajo la impaciente mirada de un amante; hoy en el Kunsthalle de Hamburgo); el cuadro llevaba el título homónimo de la novela de los Macquart, que Zola publicará tres años más tarde, y era el primero de una serie de cuadros de inspiración naturalista.

Y hacia esta época de 1878 pinta “La Blonde aux seins nus” (óleo sobre lienzo de 62,5 x 52 cms.; Musée d’Orsay).

Después de exponer en 1879 “En Bateau”, y “Dans la Serre” en el Salón, Manet comienza a sufrir  de ataxia, o dificultad para coordinar los movimientos; y el mal, a pesar de todos los cuidados irá empeorando. Pero, al precio de grandes esfuerzos él se resistía a abandonar la pintura, practicando alternativamente el óleo y el pastel.

En mayo de 1880 exponía en el Salón el “Portrait de M. Antonin Proust” (retrato de su amigo), y “Chez le père Lathuille” (Musée des Beaux Arts de Tournai). Y, al año siguiente, otros dos retratos, …de M. Pertuiset y …de Henri Rochefort, por el que recibe una medalla en el salón de 1881. Ese mismo año, a propuesta de A. Proust -nombrado por Gambetta ministro de Bellas Artes-, era distinguido con la Legión de honor.

Manet pasa ese verano en Versalles, y en 1882 Labiche le alquila una casa en Rueil.

          Si bien desde 1876 venía sufriendo de aquella sífilis contraída en sus años mozos, complicada luego con afecciones reumáticas, a partir de ahora, su salud se agrava definitivamente, y sólo pensaba entonces en cuidarse. Con el deterioro de su estado general, Manet regresa a la Capital.

Ya frecuentaba menos su estudio de la rue d’Amsterdam, donde se había instalado recientemente, y apenas salía de su apartamento del 39, rue de Saint-Petersbourg. Pero aún saca adelante obras de pequeño formato, como retratos, que puede pintar sentado, y deja el óleo por el pastel; y, para el Salón de 1882, ejecuta sus últimos lienzos, “Le Printemps” (“la Primavera”, colección H. Payne Bingham, N.Y.), y “le Bar aux Folies Bergères” (Londres, Courtauld Institute), que vendrá a situarse entre sus obras maestras.

Bar en el Folies Bergères

Bar en el Folies Bergères

El éxito definitivo empezaba a entreverse de manera tardía y aún tímidamente.

          Amputado, finalmente, el 20 de abril de 1883, para atajar una gangrena de la pierna izquierda, Édouard Manet el que podemos considerar uno de los padres del impresionismo (aseveración que algunos cuestionan), más que por la técnica abiertamente abrazada, por sus temas sobre todo: marinas, retratos, vida parisiense…, gran maestro del óleo del siglo XIX y grabador, fallecía diez días después, a los 51 años, dejando tras de sí una extensa y variada obra de grabados del principio de su carrera, lienzos, acuarelas, pasteles y esbozos.

Poco tiempo antes de su muerte, le escribía amargamente a uno de sus críticos: “me gustaría poder leer, ahora que estoy aún vivo, el artículo extraordinario que me consagraréis cuando me haya muerto”.

Su viuda le sobrevivirá hasta 1906.

          El 2 de mayo los restos de Édouard Manet fueron conducidos al pequeño cementerio de Passy acompañado por un nutrido grupo de amigos (Émile Zola, Alfred Stevens, Edgar Degas, Claude Monet, Philippe Burty…) y de un gentío de admiradores, hombres y mujeres. Junto a él descansan hoy también su mujer Suzanne, y su hermano con su esposa Berthe Morisot.

          De Manet había dicho Baudelaire que poseía “una decidida inclinación por la realidad moderna (…), una imaginación vivaz y amplia, sensible y audaz”, Pero, clásico y tradicional por temperamento y gran admirador de Tiziano y de Frans Hals, sus hallazgos no pueden ser disociados de los de Degas, de Monet, o de Renoir; él que había escrito en 1879: “Lo que me hubiera gustado es poner figuras de mujeres bajo la luz de las playas, donde el aire parece morder los contornos y donde todo se confunde bajo la esplendida luminosidad ” (A. Proust, Souvenirs d’Édouard Manet, 1913, pp. 79/80).

Degas exclamó el día de su entierro: “¡Era más grande de lo que todos pensábamos!”

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

MANET, Édouard: Souvenirs (según Antonin Proust, publicados primero en “la Revue Blanche”(febrero-marzo, 1897) y luego por A. Barthélemy, 1913 y París, Librarie Raynouard, 1947.
BACHERICH, Martine: Édouard Manet, le regard incarné; Éditions Olbia, 1998.
BATAILLE, Georges: Manet; Ginebra, Albert Skira, 1955.
BORNE, Dominique: “Olympia”, d’Édouard Manet; París, A. Colin, “Une oeuvre, une histoire”, 2008  
CASSOU, Jean: Édouard Manet (1832-1883); Flammarion, 1955.
DARRAGON, Éric: Manet, Fayard, 1989.
DENIZEAU, Gérard: Découvrir Manet; París, Larousse, 2011.
DURET, Théodore: Histoire de Manet et de son oeuvre; 1902 y 1906.
LOBSTEIN, Dominique: Manet; Jean-Paul Gisserot, 2002; también: “Dans la maison de Manet”; La Martinière, 2012.  
NÉRET, Gilles: Manet (1832-1883), le premier des modernes; Colonia; [París], Taschen, cop., 2016.
ORIENTI, Sandrá: Tout l’oeuvre peint d’Édouard Manet; Flammaion, 1970.
REY, Robert: Manet; Flammarion, 1988.
SCHNEIDER, Pierre: Manet et son temps (1832-1883); trad. del inglés. Nederland, Time Life, 1977.
ZOLA, Émile: Édouard Manet, étude biographique et critique; É. Dentu, 1867;  también: Édouard Manet, N.Y. y París,  Parkstone International, 2011.

En español:

DAIX, Pierre: La vida de pintor de Édouard Manet; Barcelona, Argos Vergara, 1985.
FOUCAULT, Michel (1926-1984): La pintura de Manet; Barcelona, Alpha Decay, 2004.
LEMAIRE, Gérard-Georges: Manet; Barcelona, Planeta-De Agostini, 1999.
MALLARMÉ, Stéphane (1842-1898): Édouard Manet o la mirada recobrada; 61 pgs., Madrid, Casimiro, 2012. 
MELCHOR, Carlos: La España de Manet; Marbella, Edinexus, 2003.
ORIENTI, Sandra: Manet; Barcelona, Toray, 1968.
ROUART, Denis: Manet; Barcelona, Argos, 1961.
ZOLA, Émile (1840-1902): Escritos sobre Manet; Abada, 2010.

 

 

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