Catedral Notre-Dame de Chartres

          Desde los últimos decenios del siglo XII, una nueva forma de construir había irrumpido con fuerza, surgida en la cuenca de París, Île-de-France, con la remodelación de la vieja abadía de Saint-Denis, con Suger, entre 1130 y 1140, y en la catedral de Sens, al SE de París, comenzada hacia 1130, y que conocían ya por “style français”. Esa que -después de un primer empleo por Vasari, con intención peyorativa, en el siglo XVI-, comenzarán a llamar, a partir de los años 20’ del siglo XIX, con el término ahora especializado de “gótico”. No tardará en saltar a Picardía, Borgoña, Champaña, Inglaterra y España, adquiriendo en cada lugar matices particulares.

A la sobriedad escueta del primitivo estilo, en el que predominaban las masas sobre los vanos al exterior, sucedía ahora el ansia por la verticalidad. Aunque se verán espléndidos ejemplos en iglesias, abadías y claustros, será sobre todo en las catedrales donde va a alcanzar su expresión más plena esta nueva forma esbelta, fina y expresiva de construir, que parecía desafiar las leyes de la gravedad, levantando altos pilares de columnas fasciculadas, entrecruzadas en la parte superior de las bóvedas –no ya de medio cañón, como en el románico, sino en forma de ojivas (voûte sur croisée d’ogive), patrón originario que, con el tiempo y a partir del primer gótico, irá enriqueciendo la traza de su nervatura con fines decorativos. Culminando ello en la clave de bóveda o clef de voûte.

El arco apuntado, que aseguraba presiones laterales menores que el de medio punto, va a ser uno de los elementos más característicos, a pesar de que él también pueda variar con el correr del tiempo en su propio perfil (arco Tudor, arco conopial, o arco rebajado carpanel del último gótico). Además, la gran altura que van a adquirir los nuevos templos hará que se desechen en el exterior los pesados estribos de la vieja arquitectura, en beneficio de una nueva estructura mecánica de semiarcos o arbotantes, apoyados éstos, por arriba, en el arranque de la bóveda de ojiva y, en la parte inferior, en sólidos contrafuertes, para formar una dinámica armadura de piedra. Además de su función mecánica, los altos arbotantes tenían también la subsidiaria de canalizar el agua de lluvia procedente de las bóvedas, decorado con gárgolas (gargouilles), esas criaturas aladas y grotescas, tan presentes en las catedrales góticas.

Todo ello va a permitir, al fin, disminuir el espesor de los muros y -buscando crear interiores aéreos y luminosos-, abrir altos ventanales en la fachada frontal y en las laterales, en forma de rosetones y vidrieras de vivos colores, que vendrán a instruir sobre las Sagradas Escrituras a aquellos fieles, mayoritariamente analfabetos.

Durante el posterior apogeo del siglo XIII y más allá, hasta llegar al siglo XV y a la versión del flamígero o florido (flamboyant), con ornamentación exuberante, la arquitectura de estos prestigiosos templos (erguidos en el centro de las ciudades para la nueva burguesía de comerciantes, artesanos y gremios), irá desarrollándose frecuentemente con altas flechas, ricamente adornados en el exterior con esculturas y estatuas naturalistas y, en el interior, con capiteles, arquivoltas y baquetones –molduras decorativas y estructurales- (por no citar aquí las tapicerías, pinturas, sillerías de maderas nobles, orfebrería y ornamentos de iglesia), que aliaban el sincero sentimiento cristiano de aquella sociedad con la idea de magnificencia y de grandeza para mayor honra de Dios.

La planta de una iglesia gótica, cuya primordial finalidad era proclamar la fe cristiana, en cruz latina, presenta, a ambos lados de la nave central, otra nave más estrecha (a veces dos –hasta llegar a absorber, incluso, por el exterior, los extremos de los brazos del crucero-), a lo largo de la cual van sucediéndose, en tramos sucesivos, las bóvedas de crucería generalmente con capillas. Más allá del crucero (croisée) aparece el presbiterio, en la línea axial de la nave central, y que termina en el ábside, tras el cual, rodeándolo en semicírculo, corren uno o dos desambulatorios con más capillas radiantes y una capilla axial.

      En ciertas catedrales, además de las flechas que pueden culminar las torres de la fachada principal, habitualmente orientada hacia el Oeste, se alza una alta flecha emergiendo del crucero y que domina el edificio.

Luego constataremos que el nuevo estilo de construir habrá correspondido al desarrollo de la vida urbana y al creciente fortalecimiento del poder central del rey.

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          A orillas del Eure, ese afluente por la margen izquierda del Sena, y en plena Beauce, se yergue -según sucedía en no pocas ocasiones en los santuarios cristianos-, la catedral de Chartres, en el lugar de un culto pagano preexistente; en este caso, un pozo de antes de la era cristiana (oculto desde el siglo XVII y hoy restaurado y visible); era la época en que esta parte central de la Galia estaba ocupada por el pueblo de los Carnutos; y dicho pozo surtía en agua el oppidum de “Autricum” –nombre galo de Chartres-. En ese emplazamiento se levantó un templo donde se veneraba una estatua de diosa-madre que luego los cristianos vendrán a identificar en el siglo IV con la Virgen María, cuando aquella capital galorromana sea evangelizada, convirtiéndose en importante obispado; y esa estatua de Notre-Dame sous Terre, habría subsistido en la cripta de la catedral hasta la Revolución.

La actual catedral vino a asentarse sobre varias iglesias sucesivas, destruidas por incendios:

  • año 743, en que la catedral es detruida en el transcurso de una incursión del visigodo duque Hunaldo de Aquitania.
  • junio del año 858, en que los vikingos daneses destruyen la catedral (más amplia ya y más larga) que reconstruirá el obispo Gislebert con proporciones aún mayores.
  • agosto del año 962, en que se registra nueva destrucción de la catedral, consecuencia de las hostilidades entre el duque Richard I de Normandía y el conde de Blois Thibaut I de Chartres. Era entonces su obispo Hardouin, quien –dice la necrología de la catedral- murió de dolor días después.

Ya entrado el siglo XI, el eminente obispo Fulbert vendrá a marcar indeleblemente la sede episcopal de Chartres, entre el 1006 y el 1029.

  • Y en septiembre del 1020, el fuego asola de nuevo, por causas naturales esta vez, la iglesia episcopal –centro de irradiación que empezaba a ser entonces l’École de Chartres, reintroductora en Occidente del pensamiento neoplatónico-.
  • Reconstruida en parte y modificada, tras un nuevo incendio parcial en 1134, la iglesia románica de Fulbert es, ella misma, enteramente destruida -según las crónicas y por causas desconocidas-, en la noche del 9 al 10 de junio de

De la catedral románica subsistieron la cripta de 1024 (la más amplia de Francia), los clochers, campanarios, y la base de la fachada occidental casi intacta de 1145/1155, con sus tres amplias aberturas enteramente decoradas; representa este portail royal una de las obras maestras de la estatuaria románica, a las puertas ya del gótico, y es obra de escultores de l’Île-de-France o de Borgoña.

Portail royal. Fachada Oeste Notre-Dame de Chartres. BNF

Portail royal. Fachada Oeste Notre-Dame de Chartres. BNF

          Los nuevos masones constructores –no uno, sino varios a lo largo de estos años, venidos del norte de l’Île-de-France y de Picardía: Nyon, Laon, Soissons (templos en construcción aún en 1194, pero adelantados varios decenios en el nuevo arte de construir), con la cripta ordenando desde el origen el plano del nuevo edificio (en lo largo y en lo ancho)-, reutilizan la flecha sur, el campanario norte –los tres niveles inferiores de la flecha actual-, y la portada real con las ventanas superiores, añadiendo un gran rosetón a modo de compensación de altura entre el antiguo y el nuevo hastial.

Comenzada inmediatamente después del incendio de 1194, la nueva catedral empezará a construirse con la colaboración de toda Francia, el rey, la nobleza, la burguesía comerciante, campesinos del entorno y artesanos de la ciudad, participando todos en la empresa con sus donativos o su trabajo personal. ¿Fue enteramente espontáneo, o “solicitado” con determinadas presiones?, pues ciertos documentos dan testimonio de tensiones en la ciudad contra el clero catedralicio, como aquella violenta sedición de 1210, con ataque a la morada del decano del cabildo, que fue seguida de algunas excomuniones y de multas impuestas por el mismo rey Philippe-Auguste, expresamente desplazado.

En todo caso, en 1199, bajo los auspicios de Inocencio III (1202-1204) había comenzado a predicarse la que sería Cuarta Cruzada, y varios señores en torno al conde de Chartres Louis de Blois efectuan importantes donaciones, que vienen a sumarse a los ya ricos recursos del cabildo de Chartres, cuya diócesis se extendía desde el Loira hasta el Sena.

Su reconstrucción fue conducida rapidamente, y en 1220, la nueva nave y las partes inferiores del crucero estaban ya terminados; pronto los canónigos podrán celebran sus oficios en el nuevo coro; y, con los conjuntos escultóricos de los atrios norte y sur concluido, se dan por acabadas también las 176 ventanas cubiertas de vidrieras en torno a 1235/40.

Unos años después (1245/50), se levantan los tres piñones o especie de gabletes de las fachadas norte, sur y también en la oeste, donde aparece una “galería de reyes”. La dedicatoria a la Virgen María, a la cual asistió el rey San Luis, fue celebrada solemnemente el 24 de octubre de 1260.

Y es que el culto mariano, ya constatado en Chartres desde el siglo VII y vivificado en el siglo IX, tras la donación por el nieto de Carlomagno Carlos el Calvo, en el 876, de una reliquia de la Virgen (la Sainte Tunique), había ido arrraigando cada vez más en esta tierra, con peregrinaciones a lo largo del medievo (ver, p. ej., el “Livre des miracles de Notre-Dame de Chartres”, en verso, terminado en 1262, a partir de un original en latín perdido de hacia 1210, y donde su autor Jehan le Marchant narra la devoción con la que la catedral empezó a construirse a finales del siglo XII).

Arraigo mariano que se daba también en otras tierras de Occidente por la misma época; ver p. ej., Gonzalo de Berceo en la península ibérica, con los “Milagros de Nuestra Señora”, que bebe de las mismas colecciones de “Milagros” en latín que circulaban por entonces; o las “Cantigas de Santa María” de Alfonso X el Sabio de Castilla.

          La preservación de la estatua de la Virgen en el incendio de 1194, por haber sido llevada a la cripta, fue considerada un milagro más de aquella reliquia.

          Las innovaciones en la construcción de la catedral de Chartres marcaron una etapa importante en la evolución de la arquitectura gótica: elevación de los grandes arcos de la nave y del coro; audacia del ordenamiento de las ventanas altas a expensas de las paredes y en beneficio de las vidrieras; unidad sin precedente de la nave, del crucero y del coro y gran armonía del conjunto; y toda la estabilidad de un edificio de grandes dimensiones como éste descansaba, por primera vez,  en un sistema de arbotantes, de tanta robustez aquí, como elegancia.

Con la elevación general de la nave central y del coro, es digna de mención la solución encontrada, que sacrificaba la galería (elemento de refuerzo del edificio, hasta entonces) por encima de los bas-côtés o naves laterales y, arrancando de los altos muros que conformaban la nave central, desviaba una parte de las tensiones a las gruesas paredes exteriores y los arbotantes, y el resto del peso descendía verticalmente a través del nuevo triforio, conformando así, por encima de dichas naves laterales, una galería de reducidas dimensiones, esta vez sólo con función estética.

Por una especie de suerte única, Notre-Dame de Chartres ha conservado casi todas sus 150 vidrieras de los siglos XII y XIII, con su famoso azul “bleu de Chartres”, las cuales, con una superficie total de 2.600 m2,  constituyen hoy el más hermoso conjunto del medievo francés. Su nave central es de 130,2 m. de largo (sin la capilla Saint-Piat, por el lado E. cuya conclusión data de finales del siglo XIV), y 16,4 m. de ancho (la más ancha de las catedrales góticas), con un coro de cuatro tramos, capaz de sentar a un cabildo de 72 canónigos de la catedral, al final del cual presenta un doble deambulatorio y siete capillas.

Planta de Notre-Dame de Chartres. s. XIII. BNF

Planta de Notre-Dame de Chartres. s. XIII. BNF

Su crucero de 64 m de largo, particularmente desarrollado, permitía el paso de procesiones solemnes en determinadas festividades; y su bóveda interior es de 37,5 m (altura total de 51 m hasta la techumbre).

Sus campanarios o clochers, con 103 m el viejo (torre Sur), y 112 m el nuevo, torre Norte –maciza ésta y cuadrangular primero, octogonal después, y acabada en flecha finalmente-; ambas torres eran, y siguen siendo, visibles a varios kilómetros a la redonda, cual faros que guiaban antiguamente a los peregrinos en la llanura de la Beauce.

El diámetro interior del rosetón occidental, que representa el Apocalipsis, es de 12,18 m.

          Y hacia el primer cuarto del siglo XIV se construye la sala capitular de los canónigos, de tres tramos (travées), en el extremo Este del edificio e inicialmente exenta de la catedral; poco después, la capilla Saint-Piat (San Piato, evangelizador de la región de Chartres), destinada a albergar sus reliquias, ocupará la primera planta; y su arquitectura, a la que se le vendrá a añadir un tramo más, vidrieras del siglo XIV y acceso directo al deambulatorio, da testimonio de la evolución del gótico ya para entonces.

          De entre 1368 y 1370 datan las torrecillas de la fachada meridional del crucero, obra del maestro arquitecto Jean aux Tabours (¿Autabours?).

Un nivel suplementario había sido añadido a la torre norte de la fachada principal, a finales del siglo XIII, aunque sin culminar en flecha alguna. Ya en los primeros años del siglo XVI, en gótico flamígero (gothique flamboyant), tiene lugar la construcción de la flecha Norte con vanos geminados, a cargo del arquitecto Jehan Texier (llamado igualmente Jehan de Beauce). Y es esta torre la que acoge las siete campanas de la catedral. El contraste con el estilo de la flecha Sur es desde entonces notable.

Resulta interesante señalar que de esas siete campanas actuales, la más antigua y que hoy da las horas pesa 5 t y fue fundida en el siglo XVI; las otras seis (entre ellas “Marie”, de 6 t y la más pequeña, Joseph, de 2,5 t), datan del siglo XIX, habiendo sido desmontadas y fundidas las antiguas durante la Revolución para hacer cañones.

También la torre Sur albergaba dos grandes campanas (bourdons) de 10 t cada una, desmontadas igualmente en aquella época y con el mismo destino.

          No menos digno de mención es el famoso laberinto de la catedral de Chartres: fue instalado en torno a 1200/1210, contemporáneo, pues, de la misma catedral. ¿Cuáles pudieron ser los motivos -más allá de las diversas interpretaciones que ha suscitado a través del tiempo, sin mayor verosimilitud ni base científica- que llevaron a aquellos clérigos del siglo XIII a introducir semejante concepto en el interior de una catedral? ¿Representación, para los peregrinos, del camino de Jerusalen? ¿Camino psicológico para el descubrimiento de sí mismo? ¿Herramienta esotérica? ¿Relación con el mundo templario u otros movimientos? ¿Explicación a partir de un pretendido magnetismo puntual en el lugar? Salvo la constatación documentada, no aquí, sino en alguna otra catedral como Auxerre y Sens, de que encima del laberinto circular tenían lugar rituales relacionados con la época litúrgica pascual, en el viernes y sábado santos (Cristo murió en la cruz, resucitó, bajó a los infiernos…, como los fieles, llamados también a resucitar). Cristo, a la manera del Teseo mitológico liberador contra el mostruoso minotauro,  también estaba llamado a liberar a los Hombres del Mal, de la Muerte y de cuanto tiene que ver con Satanás, más allá del laberinto, es decir, los Infiernos.

            En el siglo XVI fueron frecuentes las visitas de los reyes de Francia Valois-Angoulême particularmente de Enrique III, a quien se ve peregrinar en diversas ocasiones. Y el Borbón Enrique IV (Henri IV) será coronado aquí solemnemente el 27 de febrero de 1594, y no en Reims, aún en poder de sus enemigos, la Ligue catholique.

Entre 1767 y 1790, en varias fases, se redecora y readapta el coro según los nuevos gustos, a cargo del arquitecto Victor Louis, donde las arcadas góticas toman apariencia neoclásica

Llegó la Revolución con sus horrores y desmanes, más allá de la “libertad” de la que todos hablaban, y la catedral de Chartres quedó abandonada durante varios años. “Templo de la Razón”, también ella, como su compañera de fatigas Notre-Dame de París y tantas otras, los revolucionarios dispersan el tesoro y, aquel 20 de diciembre de 1793, queman y decapitan la estatua de Notre-Dame de Sous Terre, y destruyen la túnica de la Virgen, algunos de cuyos retazos pudieron ser recuperados después.

            Y en 1836 (siniestro que recuerda lo sucesido en Notre-Dame de Paris en 2019), un incendio, causado por la imprudencia de unos obreros que trabajaban allí, acabó con los grands combles, la techumbre, y con la cubierta de plomo, que fundió parcialmente y caía por las gárgolas de desagüe –según la crónica-. La cámara de los diputados quedó impresionada, y muy pronto se habilitaron fondos y se iniciaron los trabajos de reconstrucción, sustituyendo el maderamen antiguo, esta vez, por una estructura metálica –apuesta atrevida para la época-, con la cubierta de cobre. Los grands combles son hoy accesibles al público visitante.

En 1854 se abre de nuevo la cripta y en 1857 se repone en su altar y se consagra la nueva estatua de Notre-Dame de Sous Terre, en madera de cedro que, aunque copia de la del siglo XI, presentaba otras dimensiones, con una leyenda al pie: “Virgini pariturae”. La cual estatua será, a su vez, sustituida por otra en 1976, en nogal, copia exacta de la original, basándose en documentos ahora conocidos: virgen sentada, coronada, con los ojos cerrados, de frente, y el Niño en su regazo cogido con ambas manos, muy en el estilo de la estatuaria románica.

 

            Ya a partir de 1895 y durante quince años habían venido desarrollándose importantes trabajos de restauración en las portadas del crucero Sur (representando a Jesucristo y escenas del Nuevo Testamento) y del crucero Norte (éste con su vidriera representando a la Virgen María y a profetas del Antiguo Testamento), llevadas a cabo bajo la dirección del arquitecto Paul Selmersheim, seguidor de Viollet-le-Duc.

Chartres. Fachada 1913. BNF

Chartres. Fachada 1913. BNF

          Llegó la Ocupación y la guerra en 1939, y las vidrieras de la catedral fueron desmontadas y puestas a resguardo a fin de evitar la destrucción por bombardeos, para volver a su propio lugar en 1946/48. Si bien, a partir de 1986, se inician una serie de intervenciones tendentes a su restauración, tanto en las naves laterales, como en el  crucero, el deambulatorio y el alto coro.

          Entre 1992 y 1994, en conmemoración del octavo Centenario de la catedral y siendo obispo Monseñor Jacques Perrier, se instala en el crucero  (para acercarlo a los fieles, según emanación de Vaticano II), un nuevo altar mayor (“Roc de lumière”), sobrio y proporcionado, hecho de plata, de madera de roble y de granito verde para la mesa, obra del orfebre y escultor Goudji, además de la aportación de otras importantes piezas, a las que vienen a añadirse otros objetos litúrgicos en 2008, bajo el obispado de Monseñor Pansard, y una nueva cruz, de 1,80 m x 1,60 m, en abril de 2017, suspendida en el  crucero a más de 4 metros, en sustitución de otra constatada documentalmente en la historia de la Catedral en ese lugar.

Tales preciosos objetos fueron posibles gracias a las aportaciones de importantes firmas, constituidas en mecenas, asi como a la no menos importante colaboración gratuita del mismo artista con su concepción y su trabajo personal.

            Y en este año de 2008, arrancan diversos trabajos de desempolvado, limpieza, restauración de los revestimientos y enlucidos, restauración de vidrieras, con la colaboración de científicos, restauradores, conservadores, etc., a fin de darle a la catedral su esplendor medieval original.

          Patrimonio mundial de la Unesco desde 1979, el conjunto chartriano, gran navío de piedra y evocación de la “Jerusalén celestial”, sigue siendo, después de ocho siglos, testimonio permanente de una elevación espiritual que encontrará eco en escritores como Joris-Karl Huysmans en “La Cathédrale” (1898), o Charles Péguy (“Présentation de la Beauce à Notre-Dame de Chartres”), a partir de principios del siglo XX. Fue en 1935, siguiendo aquella que Péguy hiciera en 1912, precisamente, cuando tiene lugar la primera peregrinación que un puñado de estudiantes de Paris hizo a pie en fraternidad cristiana:

“(…).

Mère, voici vos fils et leur immense armée.

Qu’ils ne soient pas jugés sur leur seule misère.

Que Dieu mette avec eux un peu de cette terre

qui les a tant perdus et qu’ils ont tant aimée”.

Mère, voici vos fils qui se sont tant perdus.

Qu’ils ne soient pas jugés sur une basse intrigue.

Qu’ils soient réintégrés comme l’enfant prodigue.

Qu’ils viennent s’écrouler entre deux bras tendus.

Amen”.

(Oración de Charles Péguy)

          Desde entonces, miles de jóvenes, franceses y de otros países (hoy tanto estudiantes como jóvenes profesionales), penetrados de fe, vienen cada primavera, siguiendo los pasos de Péguy, a postrarse a los pies de Nuestra Señora. Y aún hoy día permanece el vigor de esa devoción a la Vierge noire, en alusión a cierta estatua en madera dada a la catedral hace 500 años.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO 

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DAUSSY, Pascal: La cathédrale de Chartres, féerie de lumière; Chartres, Impr. de Durand, 1955.
HOUVET, Étienne: Monographie de la cathédrale de Chartres; Chartres, 1939 y posteriores ed., hasta 1985.
JAMES, John: Chartres, les constructeurs, 2. Chartres, Société Archéologique d’Eure-et-Loire, 1979.
SAUVANON, Jeanine: La cathédrale de Chartres, miroir de la nature: l’air, l’eau, le feu, la terre; Chartres, Ed. Legué-Houvet, 2004. También: À la découverte des vitraux de Chartres; J. M. Garnier, 1991.
STEGEMAN, Charles: Les cryptes de la cathédrale de Chartres et les cathédrales, depuis l’époque gallo-romaine; Société archéologique d’Eure-et-Loire, 2001 (2ª ed.).
VERRIER, Ph.: Chartres, la cathédrale; guide bref; Chartres, Houvet, 1987.
VILLETE, Guy (eclesiástico): La cathédrale de Chartres, oeuvre de haut savoir; Chartres, J. M. Garnier, 1994.
VILLETTE, Jean: Le plan de la cathédrale de Chartres: hasard ou stricte géométrie? Chartres, Houvet, 1974 y J. M. Garnier, 1991. También: Guide des vitraux de Chartres; Rennes, Ouest-France, 1987.

En español:

BURKHARDT, Titus: Chartres y el nacimiento de la catedral (trad. del francés); Palma de Mallorca, Olañeta, 1999 y posteriores.  
CHARPENTIER, Louis: El enigma de la catedral de Chartres; Barcelona, Plaza y Janés, 1973 y posteriores.
SIMSON, Otto von –: La catedral gótica: los orígenes de la arquitectura gótica y el concepto medieval de orden; Alianza Editorial, 1986.

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