Clodoveo (466-[481-511])

          Hacia el año 480, la Galia estaba ocupada por diversos pueblos. Al norte se encontraban varia tribus francas instaladas en el Imperio Romano, y entre los ríos Somme, Meuse y Loire subsistía un extenso estado, hasta los confines de Bretaña, dirigido aún por un romano, era el reino de Syagrius, o Siagrio, con capital en Soissons; al sur estaban los visigodos de Toulouse, que ocupaban igualmente buena parte de la península ibérica;  mientras que el Este y Nordeste, la meseta de Langres y los valles de los ríos Saona y Ródano, se hallaban en poder de los burgundios.

          Sin embargo, a finales del siglo V y comienzos del siglo VI, el conjunto de la Galia quedará sometido a la autoridad de un único pueblo, los francos.

Dicha operación fue ejecutada por un jefe enérgico y excelente conductor de hombres, además de brutal, pérfido y cruel cuando le convino. Era Clovis / Clodoveo, nieto de Meroveo (de donde le vendrá el nombre de “merovingios” a la nueva dinastia), convertido en el 481, a la edad de 15 años, en rey de los francos sálicos, cuando su padre Childéric I / Childerico (436-[457-481]) vino a morir. Se trataba pues de un pequeño reino asentado en las orillas del Rin inferior y en la región de Hainau/Henao, actual Bélgica, germánico y pagano, con capital en Tournai, que contaba, en unos tiempos en que la autoridad central estaba en plena delicuescencia, por un lado, con una especie de delegación romana para la Galia del Norte y, por otro, con cierta experiencia ya en las relaciones con la sociedad galorromana.

Bautismo de Clovis/Clodoveo. Bajorrelieve de André Friederich, 1827. BNF.

Bautismo de Clovis/Clodoveo. Bajorrelieve de André Friederich, 1827. BNF.

Eran conocidos tambien por sicambrios; porque todos los francos no constituían entonces una única nación, contando con los renanos o ripuarios, con capital en Colonia, que tenían por rey a un Sigibert.

Personaje, este Clovis, que conseguirá imponer su autoridad a todas las tribus francas, por la violencia, la astucia o la diplomacia.

En el 486 derrota en la batalla de Soissons al formidable ejército de Siagrius, al que manda decapitar al año siguiente, después de haberle sido entregado por Alarico, en cuyas tierras había querido refugiarse el romano. Y es a partir de ahora cuando el franco empieza a descubrir una sociedad muy romanizada, culta y católica ya, donde los prelados Rémi de Reims y Avit de Vienne gozaban de gran prestigio.

          Después de guerrear contra los burgundios, Clovis firma un tratado en el 492, una de cuyas cláusulas contemplaba su unión -en segundas nupcias-, con la acendrada católica Clotilde (ca. 474-ca. 545), sobrina del rey Gondebaud / Gundebaldo; lo cual supuso para el rey franco, a partir del 493, prestigio y relevancia entre las grandes familias de Occidente.

          En noviembre del año 496, en Tolbiac (SO. de Colonia), venció a los alamanes, pueblo instalado a orillas del Rin medio y superior, en constante expansión y que, inexorablemente, acabaría enfrentándose a los francos. Y pretende una legendaria narración a partir de Gregorio de Tours (parangonable a la vivencia del emperador Constantino antes de la batalla del puente Milvius, en el 312: “In hoc signo vinces”), que el pagano Clovis le había prometido a su esposa Clotilde abrazar su fe si triunfaba en la inminente confrontación. Así iba a ser, y el 25 de diciembre del año 498 (Redemptoris nostri nativitas), Clovis recibía en Reims el agua bautismal de manos del obispo Remigio (Saint Rémi), junto a unos millares de guerreros francos: “¡Inclínate, fiero sicambrio –le fue dicho en la ceremonia- quema lo que has adorado y adora lo que has quemado!”. Con lo que, a partir de entonces, podía también ostentar los títulos símbólícos pero prestigiosos de “Consul des Romains y de patricio, que le otorgaba el emperador de Oriente Anastasio I (una vez que la vieja Roma de Occidente había caído en el 476, bajo la presión de Odoacro) y que el rey franco consideró como delegación de la autoridad imperial.

          Acto aquel de convertirse al cristianismo sincero y particularmente decidido, por cuanto Clovis se arriesgaba a desestabilizar a su propio pueblo y a abrir posibles brechas políticas. Pero el prestigio del vencedor de Siagrio y de los alamanes era ya grande y su gesto acarreó enseguida la conversión del resto de la nobleza franca, facilitando así la fusión espiritual de toda la Galia, cuyas antiguas poblaciones galorromanas ya estaban en buena parte evangelizadas. Lo cual dará aún más fuerza a Clodoveo y le aportará el apoyo de esas poblaciones, particularmente de sus obispos.

Hubo nuevo enfrentamiento en el 506 contra los alamanes, a los que deshace, esta vez, definitivamente, lo que le permite apoderarse de la cuenca del alto Rin y entrar en el SO. de la Germania transrrenana.

Y luego derrota a los burgundios, aun dejando subsistir su reino bajo tributo.

          Después de algunos fracasos militares, unos años antes, frente a los bretones de la península armoricana y a los visigodos de Aquitania,  aplasta finalmente, en el 506, en Vouillé, no lejos de Poitiers, a los arrianos de Alarico II –que allí encontrará la muerte-, a los que ha atacado aprovechando las favorables circunstancias “internacionales”, pues el ostrogodo Teodorico el Grande (rival suyo y dispuesto  aliarse con el visigodo su yerno), ha de hacer frente a un ataque venido de Constantinopla. Perdidas todas sus ciudades en el Sur de las Galias, los visigodos hubieron de replegarse hacia Hispania, dirigidos ahora por Gesaleico.

No pudo Clovis, sin embargo, llegar al Mediterráneo, impedido por Teodorico (508).

          Y en adelante, el reino de los francos, que se extendía sobre la mayor parte de la Galia, tuvo a la Iglesia por aliada.

El visigodo Recaredo tardará cerca de noventa años (587) en emular en Toledo el gesto político de Clodoveo.

          Habiendo fijado su residencia oficial en aquella pequeña población gala del norte que era entonces París (a medio camino entre la cuenca del río Escalda -sus orígenes- y el valle del Loira), Clovis expiraba aquí el 27 de noviembre del 511, a los 45 años, y dejó expresada su voluntad de yacer post-mortem, él también, en la basílica de los Santos Apóstoles, Saints-Apôtres Pierre et Paul (posteriormente de Sainte-Geneviève), que él había construído en la colina de la vieja Lutèce, en el lugar donde acababa de morir en el 502 y estaba enterrada Genoveva, esa santa mujer, a la manera como el emperador Constantino quiso ser enterrado en su iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, su mausoleo familiar.

Y aquí vendrá Clotilde un día.

          El primero que dedicó una narración sistemática (setenta años después), a la figura y reinado de Clovis / Clodoveo, que resultará el más grande de los merovingios, fue Gregorio de Tours, ensalzando su vida y conversión. Cuando Clovis desaparece, el“Regnum Francorum” era un Estado relativamente poderoso, extendido desde Renania a los Pirineos y dirigido por un rey absoluto que vivía en sus grandes dominios a los que entonces llamaban “villae”, villas, y que gobernaba –como harán sus sucesores-,  asistido de “domésticos”, es decir dignatarios de palacio, a cuya cabeza se encontraba al principio el “sénéchal” o senescal, que el “maire du palais” o mayordomo de palacio vendrá pronto a suplantar. Y en las provincias, el rey nombraba a los funcionarios, los comtes (< comites) o condes, con la función de dirigir, cada uno, una región del territorio, llamada “comté” o condado.

Clovis había querido ser rey pacificador, unificador y legislador. En todo el reino se extendió la colección de leyes francas que se conocen por “ley sálica”, o de los francos sálicos, a partir del “Pactus legis salicae; y pocos meses antes de morir –sin consultar al papa-, habia convocado un breve concilio de las Galias en Aurelianum (Orleáns), al que acudieron una treintena de obispos: allí se condenó el arrianismo y se pretendió poner orden en el episcopado, definiendo la cooperación entre el poder real y la Iglesia: además de reconocer y regular el derecho eclesiástico de asilo, ningún laico podría hacerse clérico sin consentimiento de la Corona.

Según costumbre germánica, sus estados quedaron divididos entre sus cuatro hijos: Thierry,el mayor, con capital en Reims; Childébert, con capital en París; Clodomir, reinando desde Orleáns; y, finalmente, Clotaire, al frente del reino de Soissons.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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LAFOREST, Michèle: Clovis, un roi de légende; Albin, Michel 1996.
MONTARDRE, Hélène: Clovis, roi des  Francs; París, Nathan, 2017.
MUSSOT-GOULARD, Renée: Clovis; Presses Universitairss de France, 1997.
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SCHMIDT, Joël: Le baptême de la France: Clovis, Clotilde Geneviève; Éd. du Seuil, 1996; también: Grégoire de Tours, historien des francs; Ed. du Rocher, Monaco/Paris,1998.
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