Tocqueville, Alexis de – (1805-1859)

          Comparado en la altura de miras histórica, con los Adolphe Thiers, Auguste Mignet e incluso Guizot, la estatura de Alexis de Tocqueville emerge sin dificultad.

Alexis-Charles-Henri-Clérel de Tocqueville nacía en París, en el nº 12 (hoy desaparecido) de la rue de la Ville-l’Évêque, el 29 de julio de 1805, descendiente de una vieja familia normanda aristocrática que se remontaba al siglo XI. Con dos hermanos mayores que él (Hippolyte, n. en 1797, y Édouard de Tocqueville, n. en 1800), fueron sus padres Hervé Clérel conde de Tocqueville, descendiente del mismo San Luis, que será varias veces prefecto bajo los Borbones y par de Francia en 1828, con château familiar en el Cotentin, y de Louise-Madeleine Le Peletier de Rosanbo; biznieto, pues, de Malesherbes por línea materna.

Ocho meses antes de su nacimiento, Napoleón Bonaparte había sido nombrado Emperador de los franceses, y seis años atrás, el mismo personaje había dado el puntillazo final a aquel período de diez años comenzado entre ilusiones en la primavera de 1789 y concluido en 1799 en el hastío general, después de períodos de entusiasmo y de terror, de nobles gestos y de asesinatos sin paliativos (matanzas de septiembre de 1792 en París, ahogamientos sistemáticos de Nantes, 1793/94, etc.). Sus padres sólo se libraron de la guillotina por la oportuna caída de Robespierre en julio de 1794.

          Habiendo sido nombrado su padre prefecto de la Mosela en 1817, el joven Alexis sigue su formación en el colegio de los jesuítas de Metz, entre 1820 y 1823, en que concluye sus estudios secundarios. En agosto del año anterior ha tenido una hija natural con una joven lorena, Marguerite Meyer, costurera de la prefectura, a la que la familia prestará el oportuno apoyo material, sin que en ningún  momento fuese cuestión de matrimonio.

Tocqueville, representante del pueblo. Estampa de Th. Chasseriau. BNF

Tocqueville, representante del pueblo. Estampa de Th. Chasseriau. BNF

Vuelve a París e inicia sus estudios de derecho. Licenciado ya en 1826, emprende, durante unos meses, un viaje por Italia y Sicilia con su hermano Edouard.

          E inicia su carrera profesional en junio de 1827 como juez auditor en el tribunal de Versalles,¡; y aquí conoce a Gustave de Beaumont (1802-1866), a la sazón fiscal del rey en el tribunal de primera instancia de esa localidad, que será su entrañable amigo: mismo medio social, ideas políticas e itinerario profesional relativamente similares…

Es ahora cuando inicia una relación amorosa con la inglesa Mary Mottley.

Y asiste, siempre  que puede, a las conferencias de François Guizot en la Sorbona, entre 1829 y 1830.

          Llegó la revolución de 1830, y con ella la monarquía de Luis-Felipe de Orleáns, régimen al que el legitimista Tocqueville  -ni revolucionario, ni reaccionario-, presta juramento  no sin reservas, siguiendo los consejos de su padre y de su hermano mayor.

Sin embargo, las reticencias permanecen y, para tomar distancias por el momento, acepta del nuevo régimen el encargo de estudiar el sistema penitenciario de más allá del Atlántico. Para cumplir su misión, en abril de 1831 deja Europa en compañía de su amigo Gustave de Beaumont, movido, también él por parecidas razones. Serán los Grandes Lagos, Quebec, Montreal…, para descender hasta Nueva Orleáns y luego Washington, donde verán al presidente Jackson.

Será “Du système pénitentiaire aux États-Unis et de son application en France”, en colaboración con Beaumont, obra que aparece cofirmada en enero 1833 (reeditado luego en 1836 y 1844, y traducido en forma abreviada para los mercados americano, inglés y alemán).

          Pero Alexis había concibido enseguida la idea de ampliar aquella la perspectiva y, a su regreso, a finales de marzo de 1832, traía el material para una gran obra histórica, después de haber observado aquella América jacksoniana que pretendía el regreso a los prístinos principios de la Declaración de Independencia (igualdad de derechos, desconfianza respecto a monopolios y privilegios…, estricto papel del Estado en su función de protección de los ciudadanos y de sus bienes).

          Poco después, dimitía de la magistratura por honradez y divergencias políticas, y viaja a Inglaterra entre agosto y septiembre de 1833. Ambas experiencias le abrirán a Tocqueville nuevos y ampliados horizontes sobre las estructuras de las sociedades.

          En enero de 1835, a los 30 años, publica la primera parte de lo que él llama “De la Démocratie en Amérique”, cuyo segundo tomo (más abstracto, consagrado a la influencia de las instituciones sobre las costumbres) aparecerá en 1840.

Y presenta una Memoria sobre el pauperismo a la Académie de Cherbourg, tema éste que comenzaba a ocupar a los pensadores de la época y que tratará también, por estos años, Luis-Napoleón, el que un día será Napoléon III, y sobre el cual volverá Tocqueville de nuevo, con otra Memoria, dos años después.

            También con Beaumont, Alexis realiza un segundo viaje a Inglaterra con visita a Irlanda en la primavera y el verano de este 1835.

Y, contra los usos de su medio social, contrae matrimonio, en octubre de este mismo año, con Mary Mottley, su amante desde los tiempos en que era juez auditor primerizo en Versalles. Él sabía que, seis años mayor que él, plebeya protestante y sin fortuna, para más inri, aquella unión era imposible, y cayó en una gran depresión que vino a alarmar a su progenitor, el cual, al final, quiso transigir. ¡Gesto anticonvencional éste que podía permitirse desde su posición de tercero en el orden genealógico familiar!

Con ella no tendrá hijos, a pesar de diversos intentos curativos entre médicos y balnearios.

          Pero el verdadero tema tratado en “De la Démocratie en Amérique” era más amplio de lo que anunciaba el título: se trataba de los fundamentos de la democracia y de la esencia de las relaciones entre el hombre y la sociedad. Para él el progreso económico y social era inseparable de las libertades públicas e individuales: “No sé si se podría citar un solo pueblo manufacturero y comerciante –afirma con cierto sistematismo en el capítulo XIV-, desde los tirios a los florentinos y a los ingleses, que no haya sido un pueblo libre. Existe, pues, un lazo estrecho y una relación necesaria entre ambas cosas (…). La libertad es, pues, particularmente útil a la producción de riquezas” (trad.).

Como Montesquieu había hecho, también él procede por amplias síntesis, y el ejemplo que ofrecían al mundo los jóvenes Estados Unidos de América, le permiten definir las condiciones para un gobierno democrático y sus principios. El autor estudia primero las condiciones geográficas e históricas de la nueva nación, para luego analizar sus instituciones garantes de la estabilidad del régimen, y detenerse, finalmente, en analizar cómo influye la democracia en la vida y costumbres de los americanos.

          El éxito fue inmediato, y Tocqueville pasa entonces por el Montesquieu del siglo XIX (aunque más filósofo éste que historiador). En junio de 1837 era nombrado Chevalier de la Légion d’Honneur, aunque se presenta a las elecciones legislativas y fracasa.

Y en enero de 1838 era recibido en el Institut (Académie des Sciences morales et politiques).

          En 1839 consigue entrar en la Cámara por Valognes. Diputado liberal lúcido y escéptico, se muestra activo en su cometido con diversas intervenciones en la tribuna (sobre la Cuestión de Oriente, sobre la esclavitud, sobre la reforma de las prisiones,, sobre los niños abandonados, sobre Argelia…). Y la Academia Francesa le acoge en diciembre de 1841, con 36 años.

            Y este año, siempre con su amigo Beaumont -casado también él, ya a estas alturas, con un nieta del general de La Fayette, el “héroe” francés de la independencia americana- efectúa un viaje  a Argelia.

           Y “este hombre del siglo XVIII, profundamente apegado al racionalismo experimental” –como dice de él Georges Lefebvre en el prefacio a “L’Ancien Régime et la Révolution”– se muestra respetuoso pero libre con la religión, y aboga en favor de la libertad de enseñanza, desde las páginas de “Le Commerce”, lo cual le vale la doble hostilidad de los católicos integristas de Veuillot y de los anticlericales reagrupados en torno al periódico “Le Siècle”; y también, efecto indeseado, el deterioro por un tiempo, de su cálida amistad con Beaumont.

 

          Porque toda la obra de Tocqueville será una larga meditación sobre la libertad, con estas graves preguntas de moralista: ¿Cómo conciliar la libertad con el igualitarismo?, ¿cómo salvar la libertad? La libertad a la que él se refería era “una libertad moderada, contenida por las creencias, las costumbres y las leyes” (trad. “Souvenirs”).

Situado al margen de aquel orleanismo ya hipertrofiado,  predice desde la tribuna, el 27 de enero de 1848, en un sonado discurso, los fuertes acontecimientos que no tardarán en estallar: “…Tal es, señores diputados, mi convicción profunda; creo que estamos durmiéndonos, en este momento, encima de un volcán…”.

Llegada, pues, la revolución, que él acepta (aún juzgando severamente a muchos revolucionarios), porque cree en la continuidad del Estado y porque quiere servir, no servirse, Tocqueville será elegido diputado, también ahora, en los bancos del centro  derecha. Y participa, de forma igualmente desinteresada, en la redacción de la nueva Constitución, intentando en vano que se adopte el bicameralismo y oponiéndose a que el trabajo sea reconocido en si mismo como un derecho constitucional.

Después de un corto viaje a Alemania en mayo de 1849, desde el 2 de junio siguiente asume el ministerio de Asuntos Exteriores (o Negocios Extranjeros), cargo que ocupará hasta el 31 de octubre siguiente, durante la corta Segunda República.

          En 1850 ha empezado la redacción de sus “Souvenirs”, que serán publicados en 1893.

          Llega el golpe de Estado de Luis-Napoleón Bonaparte del 2 de diciembre de 1851, y Tocqueville alza su voz y firma, con otros dos centenares de parlamentarios, un decreto de deposición del presidente por grave prevaricación; lo cual le vale prisión por unos días en la fortaleza de Vincennes.

Luego se retira de la vida pública al château familiar de Tocqueville que le había correspondido en herencia (señor deTocqueville y heredero de una tradición aristócrática, a la que siempre permanecerá fiel), para consagrarse a la redacción de trabajos históricos, debililitado ya  por los primeros síntomas de la tisis.

          Su enfermedad iba progresando y, siguiendo el consejo médico, el matrimonio Tocqueville decide huir del clima húmedo e instalarse en 1853 en Touraine por un tiempo, donde Alexis estudia los archivos de la ciudad de Tours, con vistas a la redacción de su próximo trabajo histórico;  lo cual no le impide realizar un segundo viaje a Alemania con estancia en Bonn.

“L’Ancien Régime et la Révolution” (libro de vencido y posiblemente su obra maestra, aunque menos comentada por los historiadores de la ciencia política que “De la Démocratie en Amérique”), si bien inconclusa, aparece, efectivamente, en 1856. Es una meditación acerca de la larga agonía de la aristocracia y de la centralización del Estado, en la que Tocqueville analiza el estado social antes de 1789 y el movimiento filosófico del siglo XVIII, afirmando que la centralización política y administrativa fue, de hecho, más obra del Antiguo Régimen que de la Revolución o del Imperio; y de todo ello deduce las consecuencias lógicas y los caracteres generales de aquella revolución.

Y, tanto en “De la Démocratie…” como en “L’Ancien Régime…” (que Taine seguirá de cerca en sus “Origines de la France contemporaine”), los hechos que aporta su autor nunca son traídos por ellos mismos, sino para ilustrar ideas generales.

          Y otro viaje a Inglaterra en el verano de 1857.

          Agravada su enfermedad, Alexis de Tocqueville y su esposa se trasladan al soleado mediterráneo.  Y fue en Cannes, seis meses después, donde la muerte le esperaba aquel 16 de abril de 1859, para impedir que continuara su reflexión y fecundo trabajo. Tenía 54 años. Y está enterrado en el cementerio de Tocqueville, en su tierra normanda.

          Y así, dos libros penetrantes, de los cuales uno inacabado (a lo que vinieron a añadirse, es cierto, sus estimables y lúcidos Souvenirs –para el período, sobre todo, 1848/49, irónicos en ocasiones-, anotaciones de viajes, como “Quince jours au désert”, redactado durante su estancia americana, y discursos políticos), y una extensa correspondencia, constituyen la obra de uno de los más grandes pensadores políticos franceses y entre los más lúcidos de los tiempos modernos.

Lo esencial de las notas ya reunidas con vistas a la continuación de  “L’Ancien Régime…”, encontradas tras su muerte, fueron publicadas por André Jardin.

          En su reflexión global y equilibrada acerca de todos los aspectos de la sociedad, Tocqueville se remonta de los efectos a sus causas y deduce las consecuencias; distingue bajo los hechos las leyes y el sentido de la evolución histórica, y en su trabajo muestra un particular sentido de las complejas y contradictorias evoluciones de las sociedades.

Él dijo en “L’Ancien Régime…”Somos de nuestra clase, antes que de nuestra opinión”. Y es que, la obra de este monárquico atípico -demócrata de razón, desdeñado por los liberales por su condición aristocrática, y por los conservadores en tanto que demócrata-, nunca representó una amplia corriente de pensamiento, porque era el producto de una reflexión solitaria. Él, que veía la evolución del mundo en el sentido ineluctable de la democracia y del constante nivelamiento (lo que le hacía sentir “un terror religioso”), conservó su confianza en el futuro, a largo plazo al menos, aun percibiendo los peligros de una excesiva atomización de la sociedad, derivada del propio individualismo, presa fácil para el despotismo o la anarquía. Tocqueville fue uno de los pocos en haber previsto el siglo XX y sus problemas, y en proponer soluciones para ellos: la decentralización, las libertades locales, el asociacionismo (industrial y comercial, científico, literario, etc.) y, particularmente, la pasión por el bien público y el sentido de la responssbilidad, sucedáneos necesarios todos de la decaída aristocracia, aquel antiguo muro contra el despotismo monárquico.

Y ese instinto aristocrático era compatible, en Tocqueville, con la tradición parlamentaria, porque, por su madre, se sabía heredero de Malesherbes (1721-1794), el protector de los “filósofos” ejecutado bajo el Terror.

          Cuando se habla de Tocqueville como partidario y anunciador de la Democracia ha de entenderse, esencialmente, como defensor de las libertades individuales de los ciudadanos en sociedades políticas concretas y establecidas, sin extensión del concepto a cualquiera otra circunstancia de política internacional. Es conocido su apoyo juvenil a la conquista de Argelia en los postreros años de la Restauración y a su definitivo afianzamiento de Francia en aquel territorio bajo la Monarquía de Julio, aun lamentando los daños colaterales que toda guerra entraña inevitablemente. Si bien su posición varió con el correr de los años: ya hemos mencionado el viaje que hizo a Argelia en la primavera de 1841, de donde volvió para preconizar otro modelo de colonización; y en 1847 escribía ya: “Hemos vuelto la sociedad musulmana más miserable, desordenada, ignorante y bárbara de lo que era antes de conocernos” (Obras de Tocqueville, Pléiade, t. I)

          Con su estilo elegante, pero relativamente apagado, y su pensamiento complejo, este historiador y precursor de la sociología que fue Tocqueville no suscitó entusiasmos. Su obra apenas tiene eco en la literatura, porque carecía de ese impulso o arrebato de emoción y de utopías que arrastraba a sus contemporáneos. Su generosidad es, sencillamente, la de un intelectual honesto en un tiempo en que sólo contaban los demiurgos, magos o ilusionistas. Y pocos escuchaban al menos romántico de los pensadores de su tiempo.

Y, sin embargo, de este siglo XIX, al que justamente puede llamarse el siglo de la historia, pues aparece el movimiento histórico inseparable del movimiento liberal, Tocqueville sigue siendo, con Michelet, el único historiador que ofrece aún hoy materia para la excitación de la inteligencia. Y su influencia ha sido grande sobre el liberalismo y el pensamiento político.

El siglo XX europeo y francés en particular empezaba apenas a poner en el lugar que le corresponde su obra y su pensamiento; no así en Inglaterra y los Estados Unidos de América donde su figura ha sido siempre objeto de respeto y estudio y de donde emanan, posiblemente los mejores especialistas de esta figura.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

ALEXIS DE TOCQUEVILLE: Oeuvres Complètes en Gallimard (“La Pléiade”), 1951-1998. También: Textes essentiels. Anthologie critique, presentado por Jean-Louis BENOÎT; Pocket, 2000.
BENOÎT, Jean-Louis: Comprendre Tocqueville; París, A. Colin, 2004; también: Tocqueville, un destin paradoxal; París, Bayard, 2005, y Dictionnaire Tocqueville; París, Nuvis, 2017.
BESNIER, Jean-Michel: Tocqueville et la démocratie: égalité et liberté; Hatier, 1995. 
BOUKERCHE, Amine: L’Algérie de Tocqueville, chronique d’une colonisation ratée; Rennes, Éditions Apogée, 2018.
COENEN-HUTHER, Jacques: Tocqueville; Presses Universitaires de France, “Que sais-je?”, 1997.
JAUME, Lucien: Tocqueville. Les sources aristocratiques de la liberté; Fayard, 2008.
LA FOURNIÈRE, X. de–: Alexis de Tocqueville, un monarchiste indépendentant: París, Librairie gAcadémique Perrin, 1981.
LE BÉGUEC, Gilles: Tocqueville et la modernité politique; Tulle, Mille Sources, 2006.
MANENT, Pierre: Tocqueville et la nature de la démocratie; París, Fayard, 1993.
MÉLONIO, Françoise: Alexis de Tocqueville; Cultures France, Ministère des Affaires Étrangères, 2006. 
MEUWLY, Olivier: Liberté et société. Constant et Tocqueville face aux limites du libéralisme moderne; Ginebra, Droz, 2002.
ROBIEN, Gilbert de –: Alexis de Tocqueville; Flammarion, 2000.
STUART MILL, John: Essai sur Tocqueville et la société américaine; Vrin, 1994.

En español:

DÍEZ DEL CORRAL, Luis: El pensamiento político de Tocqueville; formación intelectual y ambiente histórico; Madrid, Alianza, 1989.
ETCHECOPAR, Máximo: Tocqueville: idea y práctica de la democracia; Buenos Aires, Corregidor, 1983.
MÚGICA, Luis Fernando: John Stuart Mill, lector de Tocqueville. Liberalismo y democracia; Barañain, Navarra, EUNSA, 2010. 
ROLDÁN, Darío: Lecturas de Tocqueville; Madrid, Siglo XXI de España, 2007.
ROS, Juan Manuel: Los dilemas de la democracia liberal. Sociedad y democracia en Tocqueville; Barcelona, Crítica, 2001.
ZAFRA, Victor Manuel: Alexis de Tocqueville; Madrid, Ediciones del Orto, 2000.

Deja un comentario