Montand, Yves (1921-1991)

          El actor y cantante Ivo Livi, conocido por Yves Montand, nacía en Monsummano (Toscana) el 13 de octubre de 1921, en el seno de una familia humilde campesina. Militante comunista, su padre, Giovanni Livi, ha de partir huyendo del fascismo en 1923, y, con su mujer Giuseppina Simoni, sus dos hijos mayores y el más pequeño Yvo, se instala en los alrededores de Marsella; y en 1929 consigue ya nacionalizarse, con lo que su hijo se convierte en Yves. Pero en el hogar continúan hablando italiano, lo que dificulta la buena integración escolar del niño, que parece no interesarse por los estudios.

Llegó la crisis económica a Europa, llegada de América, y el niño Yves tiene que ponerse a trabajar  a los 11 años, en los más diversos y humildes empleos, hasta conseguir un “Certificado de Aptitud Profesional”, CAP de peluquería, que le permite trabajar un tiempo con su hermana. Pero lo suyo era ya el atractivo mundo del cinematógrafo o del espectáculo y las variedades, con sus actores y cantantes en voga (los Fred Astaire, Fernandel, Trenet…), mientras los nubarrones de guerra se iban acumulando en la escena internacional.

En 1938, con 17 años, da sus primeros pasos en modestos café-concert, mientras seguía clases de canto, hasta llegar al año siguiente –ya con el nombre artístico de Montand que se ha dado-,  al Alcazar de Marsella, importante escena del music-hall de entonces.

Pero los inicios no son fáciles, y el joven Montand ha de volver a las pequeñas ocupaciones para ganarse la vida; y vuelve a Paris.

En 1941, ya París ocupado por los alemanes y Pétain en Vichy, la carrera de Yves Montand -que sigue también ahora clases de danza-,  parece despuntar en manos de su nuevo productor el ex-cantante Émile Audiffred.

Y, después de conseguir escapar al “Service du Travail Obligatoire” (STO), impuesto por los alemanes, gracias a cierta confusión con su verdadero nombre, en 1944 se instala en París,  dispuesto, esta vez, a conquistar la capital (Bobino, Moulin-Rouge).

Es en el Moulin-Rouge donde conoce a Édith Piaf en la primavera de este 1944, seis años mayor que él, y entre los dos surge un sentimiento recíproco. Ella le guía y le dirige, le hace ensayar una y otra vez, le presenta a gente importante del mundillo del espectáculo, y escribe canciones populares para este gran seductor que ya se ha revelado ser Yves Montand. Y al año siguiente, 1945, aparecen ambos compartiendo cartel en el Théâtre de l’Étoile,

Y en 1946 ambos parten de gira, pero la estrecha convivencia degrada la relación.

            En este mismo año de 1946, tiene ocasión de trabajar en el cine e interviene en “Les Portes de la nuit”, de Marcel Carné, con guión y letras de J. Prévert (“Les Enfants qui s’aiment”, “Les Feuilles mortes”), y música  de J. Kosma. Lo hace en el papel del joven resistente Diego, inicialmente previsto para Jean Gabin; pero fue sin éxito; por lo que Montand vuelve a sus galas, sus espectáculos y sus incesantes amores. Y la relación Piaf-Montand acaba desmoronándose.

          En 1947 Yves Montand conoce al pianista Bob Castella, fiel compañero que le acompañará artísticamente durante más de cuarenta años.

Y en 1948, tiene lugar su segunda incursión delante de la cámara, en la película “L’Idole” (gloria y caída de un campeón de boxeo), del húngaro Alexander Esway, donde tampoco resulta ni consistente ni convincente en el personaje que se le ha encomendado.

          En el verano de 1949, Yves Montand conoce a Simone Signoret en la estación alpina de Saint-Paul-de-Vence, casada entonces con Yves Allégret, y él no pudo resistirse a su encanto. Será el gran amor de su vida. Tras haberse divorciado ella, Yves y Simone se casaban en diciembre de 1951, y ambos llegarán a formar una pareja mítica, tanto en la pantalla como en la  sociedad de entonces. La hija de ella Catherine Allégret, crecerá  en el nuevo hogar común.

Poco formado él y procedente de ambientes populares, ella se encargará de “pulir” la educación y formación de su marido y de protegerle. Y él adquiere definitivamente la seguridad que necesitaba, arriesgándose incluso a sostener por primera vez, él solo, un espectáculo “one-man show” de 22 canciones y dos poemas en el “Théâtre de l’Étoile” que ya conoce.

          También le induce Signoret a su activismo incondicionalmente procomunista de entonces.

Será una relación aquella que iba a durar hasta la muerte, a pesar del fuerte carácter de Simone –fort-en-gueule y mal hablada-, de los vaivenes de la vida y de las múltiples infidelidades de él.

          A pesar de que va a volver al cine y también al teatro, era su talento como cantante y su presencia en escena lo que había hecho que su nombre cruzara las fronteras y atrajera al público a sus espectáculos. Para entonces ha impuesto ya en el mundo entero“Les Feuilles mortes”, esa tan conocida canción del poeta Jacques Prévert y de Joseph Kosma para la melodía.

          En 1953, rueda “Le salaire de la peur” (“El Salario del miedo”), coproducción franco-italiana de Henri-Georges Clouzot, según la novela de G. Arnaud publicada tres años antes (“Palme d’Or” en Cannes y “Ours d’Or” en Berlín, entre otros reconocimientos).

          Y en el teatro Yves Montand trabaja en “Les Sorcières de Salem” (“Las Brujas de Salem”, 1954), de Arthur Miller, compatiendo escenario con Simone Signoret. Se trataba de una alegoría del macarthismo que se desarrollaba en Norteamérica por esos años, en una época en que estaba bien visto decirse comunista entre los intelectuales. Era antes de que en Occidente se conocieran, en todo su alcance y rigor, los procesos estalinistas de Moscú de 1936/1938 y el Gran Terror en la Unión Soviética de finales de los años 30’, y los términos también de aquel reciente proceso de Praga de 1952 que Costa Gavras llevará al cine. Todo ello, a pesar de las advertencias que, unos años antes, André Gide hiciera públicas en su desencantado “Retour de l’URSS” (1936), tan criticado entonces por el lobby intelectual.

          Y en 1955, al lado de Michèle Morgan, encarna un Mefistófeles en “Marguerite de la nuit”, de Claude Autant-Lara, especie de drama, entre poético y fantástico, según la novela epónima de Mac Orlan.

Y es luego lobero o cazador de lobos, al lado de Silvana Mangano y el mejicano Pedro Armendáriz, en la película italiana de Giuseppe De Santis “Hommes et loups” (1956); pescador con dinamita en “Un dénommé Squarcio” (“Un hombre llamado Squarcio”, 1957), tambien italiana, dirigida por G. Pontecorvo, con Alida Valli y Francisco Rabal; y joven padre de familia, en 1958, en “Le Premier mai, ou le Père et l’enfant” (“El 1 de mayo, o el padre y el hijo”), película del argentino exiliado entonces Luis Saslavski.

De esta época es igualmente su intervención, al lado de Signoret, en la transposición al cine por Raymond Rouleau de las “Sorcières de Salem” ya revividas en la escena teatral cuatro años antes.

            Aquellas posiciones políticas incondicionales de Montand-Signoret no resistieron cierto viaje que la pareja hizo en 1957 a la Europa del Este, en el transcurso del cual pudieron ambos comprobar las concretas aplicaciones de su ideología a la vida cotidiana de la gente.

          Y en septiembre de 1959 es la gran aventura americana: Montand da el salto a los Estados Unidos (¡cosa difícil, entonces, dada la desconfianza hacia todo sospechoso de filocomunismo o simpatizante abierto!), para actuar en el neoyorquino “Henri Miller Theatre”, con enorme éxito.  Es luego la televisión en programas de gran audiencia, y Broadway, siempre entre prolongadas ovaciones; y, aprovechando esos éxitos, también el cine en 1960, con George Cukor, en la comedia musical  “Let’s Make Love”, (“Le Milliardaire” en Francia; “El Multimillonario”), en cuyo rodaje con Bing Crosby y Gene Kelly, coincide, sobre todo, con Marilyn Monroe, a cuya influencia debe él su presencia en el film, y con la que inicia una aventura sentimental –que no durará-, para despecho de su mujer Simone.

Yves Montand y Marilyn Monroe

Yves Montand y Marilyn Monroe

            E inicia luego diversas giras por todo el mundo como cantante y showman. Pero ya comenzaban a abrirse pasos nuevos gustos musicales entre las nuevas generaciones, con lo que Yves Montand va a concentrarse, en adelante, más en el cine, aun sin abandonar su tradicional faceta de cantante de éxito con toques de nostalgia (voz aterciopelada e intacta aún, claquettes, personal gestualidad muy suya): “L’Olympia” en 1968 e incluso en 1980,  y algunas“tournées” dentro y fuera de Francia, en América, en Japón….

 

          Luego vendrán en 1966 “La Guerre est finie”, una de las películas más emblemáticas de Alain Resnais, con guión de Jorge Semprún:

Montand encarna aquí a Diego Mora, un activo militante comunista español, afincado en París y empeñado en derrocar al régimen de Franco. Sus continuos e inútiles viajes clandestinos a España, la transformación del país a la que él asiste y el posibilismo en el que el PCE va instalándose, le sumen en un doloroso escepticismo y en el desaliento personal…

          Su relación con el cineasta Costa Gavras ha comenzado en 1965, con el thriller “Compartiment tueurs”, a la que seguirán “Z” (1969), “L’Aveu” (“La Confesión”, 1970) y “État de siège” (“estado de sitio”, 1973), películas en las que el realizador de origen griego pretendía denunciar las dictaduras tanto de derecha como de izquierda, y con cuyo compromiso Montand se sintió identificado. “L’Aveu” abordaba aquel reciente proceso de Praga de 1952 (después del golpe de Estado comunista de 1948), que Montand, en el papel principal, y Signoret protagonizan ahora.

Yves Montand frisa, por entonces, la cincuentena.

Dos años antes ha rodado también “Un soir, un train”, del belga André Delvaux, dando vida a un profesor de lingüística.

          Luego vendrán, en 1970, la producción franco-italiana “Le Cercle rouge” (“El Círculo rojo“), de Jean-Pierre Melville:

Yves Montand da vida a Jansen, un ex-alcohólico y ex-policía que conoce a Corey (Alain Delon), un ladrón recién salido de la cárcel,. y a Vogel (Gian Maria Volonte), un evadido buscado por la policía. El asalto a una joyería de la parisiense place Vendôme será su próximo golpe

…“César et Rosalie” (“Ella, yo y el otro”) de Claude Sautet (1972), al lado de Rommy Schneider, con la que Montand recibe ese año el premio Donatello al mejor actor extranjero; “Le Fils” (1973), de Pierre Granier-Deferre:

Aquí encarna a un ganster corso afincado en Nueva York, que regresa a su tierra para atender a su madre y se encuentra con su pasado…

          Y el drama rural encerrado en “Jean de Florette” y “Manon des sources” (“El Manantial de las colinas” y “La Venganza de Manon”), con Gérard Depardieu, películas de Claude Berry, según Marcel Pagnol (1986), donde Montand encarna de manera soberbia al redomado pero simpático “Papet”, tío de Ugolin.

          Todo ello, además de su aparición en diversas otras comedias (“Le Diable par la queue” -“À la cuarta pregunta”, de Philippe de Broca-, “La Folie des grandeurs” -“Delirios de grandeza”, de 1971, al lado de Louis de Funès, del realizador Gérard Oury-, o “Tout feu tout flamme”, con Isabelle Adjani, película de J-P- Rappeneau, de 1982), o películas  más experimentales, con Jean-Luc Godard, Claude Lelouche o William Klein. También en documentales.

      El encanto físico de Simone Signoret había ido marchitándose (el tabaco, el alcohol…) y degradándose poco a poco su salud, pero la pareja continuaba unida.

Simone muere en 1985, cuando él rodaba Manon, y para el actor la pérdida supuso un duro golpe emocional.

Y el ahora viudo acaba conociendo a Carole Amiel, que será su última compañera, con la que, a finales de 1988, a sus 67 años, tendrá un hijo reconocido, Valentin Livi Montand.

          Yves Montand, “gigante de la canción y del cine” –como va a llamarle el ministro de Cultura Jack Lang-, autodidacta de la vida, fallecía, él, en Senlis, el 9 de noviembre de 1991, a las pocas horas de haber sufrido un infarto de miocardio, cuando rodaba una de las últims escenas de “IP5, l’île aux Pachydermes” de J-J- Beineix.

Preparaba ya una vuelta a los escenarios para la primavera siguiente.

          Declarado antiestalinista desde finales de los años 50’, como su amigo Semprún, Yves Montand se había atenido, en adelante, a un vago humanismo en favor de la libertad y contra la opresión, manifestando sus opiniones en debates públicos de su tiempo o declarándose admirador del estado de Israel y partidario de la intervención en Irak.

Su última aparición en el cine había sido, en el papel de un director de los servicios franceses de contraespionaje, en “Netchaïev est de retour” (1991), de Jacques Deray, según la novela homónima de Jorge Semprún de unos años antes.

Y está enterrado al lado de la que había sido su esposa Simone Signoret, en el cementerio del Père Lachaise (hoy “Cimetière de l’Est”).

Tras su muerte ha de consignarse cierto lamentable lance mediático-filial, derivado de la afirmación, desde 1989, de una oscura actriz, Anne Drossart, según la cual su hija Anne Drossart sería ilegitima de Yves Montand, lo que el actor-cantante venía negando. Siguiendo procedimiento judicial, el cuerpo de Yves Montand hubo de ser exhumado en 1998 a fin de proceder al análisis de ADN, de donde resultó la inanidad de semejante pretensión.

APUNTE B IBLIOGRÁFICO

ALLÉGRET, Catherine: Les Souvenirs et les regrets aussi; Le Grand livre du mois, 1994 y Ed. de la Seine, 2000.
AMIEL, Carole: Montand, tout simplement;  París, NiL, et Le Grand livre du mois, 1997.
CROCQ, Philippe: Yves Montand, le temps n’efface rien; París, Albin Michel, 2006; también (con Jean MARESKA): Montant, qu’est-ce qu’elles avaiente à tant l’aimer? Presses de la Cîté, 2011.
DESNEUX, Richard: Yves Montand, l’artiste engagé, Lausana y París, Favre, 1989.  
HAMON, Hervé: “Tu vois, je n’ai pas oublié”; Le Grand livre du mois, 1990; también: “Montand raconte Montand” (narración recogida por – y ROTMAN, Patrick); Le Grand livre du mois; 2001

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