Cocteau, Jean (1889-1963)

          El escritor Jean Maurice Eugène Clément Cocteau, una de las figuras que marcarán el siglo XX y la vida artística de su época, venía al mundo en Maisons-Laffitte el 5 de julio de 1889, en el seno de un familia acomodada, y era el tercer hijo del abogado Georges Cocteau y de Eugénie Lecomte.

          Pronto perderá a su padre, que decidió suicidarse en su habitación, un dia de abril de 1898, cuando el niño apenas tenía nueve años, de un tiro en la cabeza; a raíz de lo cual, sus hermanos Marthe y Paul (21 y 17 años entonces), fueron a vivir con sus abuelos; y Jean, ese niño complejo que, con los años, parecía no querer crecer, se quedará en la seguridad del regazo y los mimos de su madre y del cuidado cotidiano de una gouvernante o aya alemana.

En su tierna infancia había descubierto la música en los conciertos domésticos que ofrecía su abuelo y, ya adolescente, descubre el prestigioso y deslumbrante mundo del espectáculo y del circo, mientra intentaba seguir su formación secundaria en el lycée Condorcet de París de donde acabaron expulsándole al poco tiempo por indisciplina.

          Era 1908. Dotado de múltiples aptitudes, con 19 años y convertido ya en un dandi acicalado, Jean conoce al célebre actor Édouard de Max (cuya homosexualidad era conocida en el tout París), que le incita a la escritura Y empieza a conocer y a cultivar amistades y personalidades diversas en diferentes momentos: Catulle Mendès, Marcel Proust, los Rostand padre e hijo, Roland Garros, Picasso, Stravinski, y la millonaria y mecenas –con su marido- vizcondesa de Noailles…, y a participar en variadas experiencias, como la suscitada por el encuentro en 1910 con el crítico de arte y director artístico Sergei de Diaghilev (1872-1929), que ya había presentado en Paris “Boris Godounov”, dos años antes y les Ballets russes en 1909. Jean, étonne-moi!, ¡sorpréndeme! –exclamaba el ruso en su presencia-.

ean Cocteau. Foto de prensa. Agence Meurisse (BNF)

ean Cocteau. Foto de prensa. Agence Meurisse (BNF)

En les Ballets russes en 1912, con el Groupe des Six (aquella reunión de seis jóvenes compositores, los Darius Milhaud, Francis Poulenc…, de la que él fue portavoz), y tantas otras producciones, Cocteau siempre se encontrará ligado a las modas de su tiempo, en lo que tenían de efimero, como en sus aspectos más profundos, cercano entonces al cubismo y dadaísmo.

            Llegó la guerra y, aun exento por razones de salud, quiso servir un tiempo como camillero.

          Cocteau fue un auténtico touche-à-tout, un genial metomentodo: novelista, crítico, hombre de teatro y cineasta, dibujante y pintor también; pero él se definía como poeta esencialmente, poeta de la paradoja: “Que lo entienda quien pueda, yo soy una mentira que dice siempre la verdad”.

Ilustrando ese retruécano,  las primeras novelas de Cocteau se presentan como fábulas trágicas y simbólicas: “Le Topomak”, 1913-1914, que apenas merece calificarse de “novela”; “Thomas l’imposteur”, 1923, narración bien trabada cuyo estilo recuerda a su íntimo amigo el malogrado R. Radiguet, y que evoca el tema de la guerra –la Primera-, en un tono liviano, no fácil de aceptar en ocasiones, en estos años locos que comienzan, “les années folles”, en los que todos quieren aturdirse para olvidar tanto sufrimiento, tanta tragedia; “Le Grand écart”, 1923, especie de “Educación sentimental”, reinterpretada por un surrealista.

Atrapado en esa lucha entre lo real y el misterio, sus personajes resultan soñadores succionados por fuerzas temibles, “como si el tiempo, el crecimiento y el olvido no prevaleciesen contra una orden del destino”; los agentes de ese destino, el “mal alumno” Dargelos (“Les Enfants terribles”, 1929), o el ángel Heurtebise son mitos que vuelven una y otra vez en la obra dramática y cinematográfica de Jean Cocteau.

En “Les Enfants terribles”, de una alta perfección formal (aunque escrita en dos semanas y medias, en la misma época que “Opium”, citado más abajo), Cocteau demuestra madera de gran novelista en esta extraña obra donde se encierran el amor y la muerte. Es el díptico trágico de “Les Parents…” que dará para el teatro nueve años después.

                Dos hermanos adolescentes, Paul y Élisabeth (sin padre y con su madre enferma, a quien Élisabeth cuida hasta que fallece) se entregan a todos los juegos de su mórbido inconsciente en el reducido espacio de la habitación  que comparten. Después de la muerte del joven y rico americano con el que Élisabeth acababa de casarse, ésta, para conservar a Paul que parece distanciarse de aquel microcosmo privado y compartido hasta entonces, arregla un matrimonio forzado entre sus amigos Gérard y Agathe a quien su hermano ama; roto el corazón, Paul decide suicidarse con una bola de opio que le ha hecho llegar su amigo e ídolo de su época escolar, Dargelos, cruel agente del destino. La complicidad entre los hermanos parece renovarse en la agonía de Paul, porque Élisabeth se da la muerte en el momento en que Paul expira, en presencia de Agathe que le ha confesado también su amor.

          El tema de la infancia y de la adolescencia no eran nuevos, y había sido tratado magníficamente poco tiempo antes por Gide en “Les Faux monnayeurs”, pero en éste los adultos desempeñaban aún un papel importante; “los niños terribles” –de hecho, adolescentes caprichosos-, viven en su mundo, un universo imaginativo, donde sólo caben el placer y la evasión. Es la epopeya de la infancia envuelta en una atmósfera donde lo maravilloso y la fantasía imperan. Con la colaboración del autor y su voz en off, ”Les Enfants…” será llevado al cine por Jean-Pierre Melville en 1950.

          Jean Cocteau pertenece a ese período literario modernista de los años ’20 y siguientes, bañado todo en un ambiente art déco, en que los narradores se hacían poetas y los poetas prosistas (los B. Cendrars, Max Jacob,  G. Apollinaire, Paul Morand…).

Jean-Cocteau-y-el-músico-Georges-Auric-en-1924-(BNF)

Jean-Cocteau-y-el-músico-Georges-Auric-en-1924-(BNF)

Aquel para quien todo trabajo era poesia, capaz de hablar naturalmente el lenguaje de lo fantástico (“Le Boeuf sur le toit” –“El buey sobre el tejado” 1920; o esa bufonada desconcertante que era “Les Mariés de la tour Eiffel” –“Los Novios de…”, 1921, con música escénica del grupo de los Seis (escrito durante su breve paso por el dadaïsmo), o el lenguaje de la pasión (“La Voix humaine”, 1930), intentó también renovar el teatro de bulevar (“Les Parents terribles”, 1938) y el drama romántico (“L’Aigle à deux têtes” –“El Águila de dos cabezas”, 1946); y quiso volver a las fábulas de la Antigüedad, si bien haciendo universal el drama por las vías de lo insólito y el anacronismo: “Antigone”, 1922, con música de Arthur Honegger en 1927; “Orphée”, 1926, o “La Machine infernale” de 1934.

          Utilizando la misma mitología íntima en el cine, Cocteau había explotado el estilo surrealista en le “Le Sang d’un poète” (1930), y aborda el tema del amor imposible en “L’Éternel retour” (1943), “La Belle et la Bête” (1946), “Orphée” (1951) y “Le Testament d’Orphée” (1959).

Los libros de versos de Cocteau intentan “levantar acta” de ese flechazo que es la inspiración (“L’Ange Heurtebise”, 1925), o evocan esa “velocidad interior” que es la poesía, desde “De Plain Chant” -“Canto llano”- fuegos artificiales de juventud (1923)-, a “Léone”, 1945).

Escritor preciso (“la Poésie c’est l’exactitude”), pero audaz hasta la acrobacia (“mis calambours fueron los del oráculo griego” –decía-), Cocteau llegó hasta “la divina jerigonza” de sus maestros Góngora, Mallarmé o Rimbaud en esa interrogación de madurez que es su testamento poético, “Le Requiem” (redactado a partir de 1959 y publicado en mayo de 1962).

          Fue asimismo autor de numerosos ensayos críticos y de obras de inspiración autobiográfica: “Le Livre blanc”, 1928 -que arroja luz sobre su homosexualidad-; “Opium”, 1930, escrito en el período de una de sus curas de desintoxicación (¡realidad y metáfora de su vida!, cuando doblan ya campanas de difuntos por los “felices años veinte” y tocan años de crisis y tensiones socio-políticas; “La Difficulté d’être”, 1947; “Journal d’un inconnu” –“Diario de un desconocido”-,1953).

Practicó igualmente la pintura (capilla Saint-Pierre, en Villefranche-sur-mer. 1957) y el dibujo, dejando ilustraciones en numerosas obras.

            Hombre de todas las vanguardia, pero discreto siempre en cuanto a su pensamiento y adscripción política,  Jean Cocteau fue acusado en los círculos de izquierda y de la resistencia de haber mantenido no poca ambigüedad en los años de la Ocupación.

Había ingresado en la Academia Francesa  en marzo de 1955, antes de morir en Milly-la-Forêt el 11 de octubre de 1963, de una crisis cardíaca, a la edad de 74 años. Y está enterrado en esa localidad.

Unas horas antes, había fallecido también su buena amiga Édith Piaf.

En su casa de Milly-la-Forêt existe, desde 2010, un museo Jean Cocteau. Y otro importante, municipal, en la ciudad de Menton (Costa Azul), constituido sobre el importante legado de un coleccionista.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

ARNAUD, Brigitte: Le génie de Cocteau; París, Alias etc., 2003.
FILIPOWSKA, Irena: Éléments tragiques dans le théâtre de Jean Cocteau; 1976.
GILSON, René: Jean Cocteau, cinéaste; Nouv. Éd. Lherminier, 1988 y L’Avant-scène théâtre, 1998.
LATOUCHE, Hugues de La –: Sur les pas de Jean Cocteau:itinéraire d’un poète, de Toulon à Menton; ROM, 1998. 
MARAIS, Jean: L’inconcevable Jean Cocteau; Editions du Rocher, 1998.
MARNY, Dominique: Jean Cocteau, ou le roman d’un funambule; Éditions du Rocher, 2013.
MAURIAC, Claude: Jean Cocteau ou la verité du mensonge; Éditions Odette Leutier, 1945.
MEYER-STABLEY, Bertrand: Cocteau-Marais, les amants terribles; Paris. Pygmalion, 2009.
TOUZOT, Jean: Jean Cocteau, qui êtes-vous?; París, La Manufacture, 1990.
VALETTE, Bernard: “Les Enfants terribles”, Jean Cocteau: des repères pour situer l’auteur; Nathan, 1997.
WEISWEILLER, Carole: Je l’appelais monsieur Cocteau; Monaco/París, Éditions du Rocher, 1996 y Michel de Maule, 2012.

En español

PEDRAZA, Pilar: Jean Cocteau, el gran ilusionista; Santander, Asociación Shangrila Textos Aparte,2016.
POYAS, Thérèse: Jean Cocteau, o el misterio poético; Madrid, Editora Nacional (col. “Ateneo”), 1965.
SANCHO RODRIGUEZ, Luis: Un tinta de luz: la poesía cinematográfica de Jean Cocteau; Universidad del País Vasco, 2008.

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