Positivismo

          En el siglo XVIII el término ”positivo” designaba aquello fundado en la observación de los hechos reales; pero se entiende por “positivismo” la doctrina elaborada, en sus grandes rasgos, por el filósofo francés Auguste Comte (1798-1857), a principios del siglo XIX, con el que, al menos, alcanza su madurez, en tanto que sistema; si bien han de distinguirse, estrictamente, “positivismo” y “comtismo”, más impregnado éste de cierta mística religiosa en la fase postrera de su elaboración.

          Es a partir de la influencia recibida de Saint-Simon (1760-1825) -de quien fue secretario y luego se separó en malos términos-, cuando Comte desarrolla una verdadera “filosofía positiva”, que expone principalmente en su “Cours de philosophie positive” (publicado entre 1830 y 1842). Atendiendo a sus explicaciones, se podrían distinguir tres estadios en la evolución de la humanidad (teoría, de hecho, más construcción teórica que comprobación histórica):

Primero, el estado mitológico-teológico (caracterizado por la búsqueda de las causas primeras y finales), en cuya fase más primitiva y fetichista el ser humano atribuye poderes a las cosas, y luego a dioses especializados en parcelas de la existencia (politeísmo), para terminar depositando en un dios único la explicación de todo cuanto acontece y existe (monoteísmo antropomórfico)

Posteriormente, el estado metafísico (transitorio y destructor del primero, que explica los fenómenos por la acción de fuerzas o principios abstractos), en el que aún hay ficciones, si bien no tan rudimentarias como en la etapa anterior.

Finalmente, el estado positivo (o régimen definitivo de la razón), momento en el que el hombre ve ya cuál es la misión y fin del saber humano, esto es, lo positivamente dado por la experiencia sensible. Y, a partir de ahí, caminará por los senderos de la ciencia, imbuida ahora de una doble misión: 1) descubrir lo constante, a través de los fenómenos que se nos imponen en su inmediatez, y 2) fijar en fórmulas matemáticas las leyes subyacentes.

Pero el positivismo aceptará en ocasiones como “dado” elementos “no dados”, ese será su vicio original y formal, e introduciendo toda una tesis metafísica de fondo, al presuponer que el ser se agota en el fenómeno.

          Es cierto que el progreso de las ciencias positivas (las matemáticas, la astronomía, la física/química, la biología) han venido contribuyendo ya a la evolución de la humanidad, pero será únicamente la filosofía positiva la que establezca el verdadero conocimiento y funde la Sociología, ciencia colofón de las demás.

Y es que la Sociología percibe los fenómenos sociales supeditados a auténticas leyes, las cuales permitirán una razonable previsión. Distinguiendo Comte una estática social (“statique sociale”) y una dinámica social (“dynamique sociale”), dicha disciplina debería permitir desembocar también en una política positiva capaz de asegurar el orden y el progreso, bienes de los que ella asegura la teoría.

          Es en 1848 cuando se opera realmente la transformación de la “filosofía positiva” en “positivismo” y cuando se organiza su sistemática promoción, momento en el que Comte crea la “Société positiviste” y Émile Littré (1801-1881) difunde eficientemente esas ideas en una serie de artículos que fueron apareciendo en el periódico “Le National” (de tendencia republicano-burguesa), y serán luego reagrupados en 1852 bajo el título “Conservation, révolution et positivisme” (Libraire philosophique de Ladrange).

Comte, discours sur l’ensemble du positivisme

Comte, discours sur l’ensemble du positivisme

          Pero los representantes de la doctrina no tardan en mostrar sus divergencias. Littré (“Dictionnaire de la langue française”, 1863), se distancia de Comte cuando éste acepta el golpe de Estado de Luis-Napoleón del 2 de diciembre de 1851.

Y el nuevo pensamiento va a convertirse así, parcialmente, en la ideología del Segundo Imperio, porque el positivismo político triunfa en Europa con la revolución industrial, en una general invocación a la Ciencia, desde los liberales con Spencer, hasta el socialismo “científico” de Marx, amalgamando en todo ello darwinismo difuso y biología, hasta impregnar, incluso, la literatura (Naturalismo de Zola), en una vision fatalista de la Historia y de las sociedades.

          Y, sobre todo, se aleja Littré de Auguste Comte cuando, inaugurando la fase “religiosa” de su pensamiento, el maestro montpellierino prolonga su “Système de politique positive” (1851-1854) en religión positiva, después de haber conocido a Clotilde de Vaux.

La “religión de la Humanidad” que Comte esboza en su Système…(algunos de cuyos aspectos pueden parecer hoy pueriles o ridículos),  se apoyaba en tres grandes princìpios y en esta divisa: “l’amour pour principe, l’ordre pour base, le progrès pour but”.

Porque, resulta paradógico constatar que el “positivista” Comte, seguirá necesitando a la religión a la que quería hacer “positiva”, con sus sacramentos, sus días festivos (sustituyendo a los santos por grandes figuras o bienhechores), su ceremonial y, por encima de ese andamiaje de naturaleza estética y formal, el Grand Être, la Humanidad -abstracción que recuerda a la “Diosa Razón” de Robespierre, aquel otro gran enemigo del Cristianismo, con semejante efímero recorrido-.

Del proyecto religioso-positivista comtiano persiste aún una capilla, el “Temple de l’humanité”, en el 5 de la rue Payenne de París (Marais), donde vivió Clotilde, protegido como Monumento histórico y abierto hoy día en muy raras ocasiones.

          Poco antes de morir en 1857, Auguste Comte nombraba por sucesor suyo a Pierre Laffite (1823-1903), el más comtiano de los positivistas y profesor que era de “Histoire de la Science” en el Collège de France, el cual se convertía así en el “director del positivismo” y creaba la “Revue Occidentale” en 1878, tras romper con la “London Positivist Society” de Richard Congreve. Y es que, este Congreve (1818-1899), representante allí, precisamente, de la tendencia “religiosa” comtiana del positivismo inglés, se negaba ahora a aceptar la autoridad de Lafitte; lo que provocará, a su vez, otra excisión en el positivismo de allende el Canal.

Ya Émile Littré había fundado, por su lado, para entonces, la “Revue de philosophie positive” (1867).

          Otro personaje representativo de esta época fue Jean-Marie Guyau (1854-1888), al que llamaron el “Nietzche francés”, si bien su positivismo se aplica, sobre todo, al terreno ético; vitalista él también, su gran designio quiso ser terminar con todos los atavismos metafísicos, a fin de partir de lo estrictamente ”dado”.

          Es en Francia donde el positivismo (que no exactamente el comtismo) adquiere más evidente presencia y deja su inmediata impronta en la medicina, con el fisiólogo Claude Bernard (1813-1878) –fundador, se dice, de la medicina experimental-, en la política y en el derecho -con un positivismo jurídico normativista, que excluía el “derecho natural” (Hans Kelsen)-, pero igualmente en la investigación historia y en la crítica literaria, que tienden a convertirse en ciencias, continuando hasta comienzos del siglo XX y siguiendo la rodada dejada por figuras como los citados Littré y Lafitte, pero también Taine (“Essais de critique et d’histoire”, 1858/94¸”Les origines de la France contemporaine”, 1875/1894), Renan  (“L’Avenir de la Science”, 1848; “Histoire des origines du Christianisme”, 1863/89), o Fustel de Coulanges -que enuncia los principios del método científico en historia (“La Cîté antique”, 1864)-.

Y, a través de la obra de Auguste Comte, un positivismo reconciliado ya con el sufragio universal ejerce su influencia sobre la política oportunista de la Tercera República francesa, si bien las leyes sobre la enseñanza de Jules Ferry son recibidas con reticencia por los positivistas ortodoxos.

          Aun con intentos de superación -reformulando más afinadamente el neopositivismo (Círculo de Viena) sus tesis, hasta llegar, incluso, a abandonar parte de su pensamiento central-, pueden considerarse concomitantes el utilitarismo y pragmatismo ingleses y el materialismo alemán.

En España, la doctrina positivista, aunque mitigadamente y sin mayor arraigo, quiso entrar hacia 1870, particularmente en los ámbitos de las ciencias biológicas; cabría citar, entre otros, a Antonio Zozaya (1859-1943), con su traducción del “Catecismo positivista”, a Luis Simarro y a un amigo personal de Littré, Pompeyo Gener (1849-1919), empeñado en encontrarles a los catalanes un componente étnico, en una combinación de racismo y positivismo.

En Iberoamérica, destacan por su aporte al positivismo países como Méjico con Gabino Barreda (1818-1880, que estuvo en París en 1848), Argentina, con figuras como Carlos Octavio Bunge (1875-1918), o Brasil –donde Miguel de Lemos (1854-1917, venido tambien a París), es quizá la figura más representativa-, desarrollándose en ese país un positivismo más religioso, cuya divisa es: ”Orden y Progreso” (según los principios del “Système de politique positive”).

          Y en abril de 1906 –después de haber inaugurado el año anterior el mencionado “Temple de l’humanité” de la rue Payenne, en medio de luchas intestinas del movimiento positivista general-, fue reorganizada aquella primitiva  “Sociedad positivista internacional” de 1857 (hoy disuelta ya).

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BLANCHET, Jacques: Utilitarisme et positivisme: une analyse citique; L’Harmattan, 2012.  
GRUBER, R.P.: Auguste Comte, fondateur du positivisme. Sa vie, sa doctrine (trad. del alemán); Prís, Letheilleux.
DAL CORNO, Leonel: L’utopie positiviste, chez les positivistes brésiliens: la fondation de l’Église positiviste du Brésil (1874-1884); L’Harmattan, 2015. También: Le positivisme social en France: origine et évolution du positivisme ouvrier (1840-1906); L’Harmattan, 2015.
KHAN, Pierre: Le positivisme; París, Quinquette, 1996.
KRÉMER-MARIETTI, Angèle: Le positivisme; Presses Universitaires de France, 1982 y posteriores; reeditado luego bajo el título: Le positivisme d’Auguste Comte; L’Harmattan, 2006.
OUELBANI, Mélika: Qu’est-ce que le positivisme? París, J. Vrin, 2010.
PETIT, Annie: Le système d’Auguste Comte. De la science à la religion par la philosophie; París, Vrin, 2016.
TAINE, Hippolyte.Adolphe: Le positivisme anglais: étude sur Stuart Mill [reproducción facsimilar]; Thoemmes, 1990.

En español:

JIMÉNEZ GARCÍA, Antonio: La implantación del krausopositivismo en España; 1986.
MOYA, Eugenio: La disputa del positivismo en la filosofia contemporánea. Una investigación sobre la política de la verdad; Univ. de Murcia, 1998.
NUÑEZ, Diego: La mentalidad positiva en España, desarrollo y crisis; Madrid, Tucar, 1975 y Univ. Aut. de Madrid, 1987.  
NUÑO, Alicia: Ideas sociales del positivismo en Venezuela; Univ. Central de Venezuela, 1969.
PACHO GARCÍA, Julián: Positivismo y darwinismo; Akal, 2005.
SERNA BERMÚDEZ, Pedro: Positivismo conceptual y fundamentación de los derechos humanos; Ed. Universidad de Navarra, 1990.
VEGA, Marta de la –: Evolucionismo, versus positivismo: estudio teórico sobre el positivismo y su significacion en América Latina; Caracas, Monte Ávila, Ed. latinoamericana, 1998.

Por favor, síguenos y comparte:

Deja un comentario