Sacré Coeur de París (Basílica del Sagrado Corazón)

          Sacré Coeur de París – Colocada entre los diez monumentos más visitados del mundo, la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús se encuentra situada en lo alto de la colina Montmartre de París.

En el origen de su construcción se halla cierta iniciativa, a partir del deseo formulado en diciembre de 1870 –caído ya Napoléon III-, por algunas individualidades cercanas a un catolicismo riguroso, miembros de la Sociedad de caridad y ayuda a los pobres “Societé de Saint-Vincent de Paul” -y particularmente de un gran burgués del París de entonces, Alexandre Félix Legentil, propietario de unos almacenes de ropa, Au petit Saint-Thomas-, cuyo fin habría de ser la liberación de París, la salvación de Francia por la fe y la liberación del Papa, prisionero allá en Roma.

          De Alexandre Legentil, el gran promotor del “Voto national”,  evocaba M. Cornudet: “Un hombre de bien, varias veces millonario, al que nunca se veía ni en los clubs ni en las carreras de caballos, hombre culto y de viva inteligencia (…), los humildes y los pobres ocupaban su vida, y si nadie ha hecho tanto bien, nadie lo ha hecho más discretamente” (en el P. M. BONY: “Vie et oeuvres de M. A. Legentil”)

          Tras la capitulación de Sedan el 2 de septiembre de 1870, y luego de Metz, ante los ejércitos prusianos, el Segundo Imperio había sido derrocado para dar paso en París a un gobierno provisional de la Défense Nationale.

Pero, para los católicos rigurosos aquellos acontecimientos no habían tenido por causa los azares de las armas sino la irritación divina, porque el régimen que ahora caía, entre grandes acumulaciones de riquezas en algunas manos, brillo y desarrollismo sin moral –“la fête imperiale”-, sólo había sido corrupción, ebrio libertinaje y olvido de Dios.

          Vinieron luego, el asedio de la Capital, el armisticio de enero de 1871 y los desgraciados y sangrientos sucesos de la Comuna revolucionaria, a partir de marzo siguiente.

Sacré-Coeur - Basílica del Sagrado Corazón de París

Sacré-Coeur, lado NE (foto de prensa, BNF)

Entre fuertes tensiones, tanto los republicanos como las fuerzas conservadoras pugnaban por imponer su alternativa política para el futuro institucional de Francia, conscientes, ambos bandos, de las implicaciones ideológicas que ello conllevaría. Y Thiers que, si bien viejo orleanista, venía acercándose a los republicanos, acabó siendo sustituido en la presidencia por el conde mariscal de Mac-Mahon, a la espera de una restauración monárquica que a punto estuvo, pero no acabará de darse, debido a las rígidas exigencias del heredero Borbón conde de Chambord.

Aunque poco interesado por la política en sí misma, Mac-Mahon se sentía legitimista y hombre de orden, y llamó al duque de Broglie a la presidencia del Consejo, el cual instaura entonces el Ordre moral, cuyos pilares sociales deberían ser el ejército, la Iglesia, las notabilidades sociales y “la gente honrada”.

Tal era el contexto.

          En estos indecisos primeros pasos de la III República, la Asamblea Nacional cuenta con una mayoría burguesa y conservadora, muy apoyada en el mundo rural y asociada a los sectores católicos que consideran, efectivamente, que ha llegado el momento de una triple restauración: del Papa (amenazado, a la cabeza de sus estados, por el nacionalismo italiano), de la fe católica en el país y de la monarquía (siendo considerada la República apóstata e ilegítima).

Votada por la Asamblea Nacional reunida en Versalles el 23 de julio de 1873, aquella resolución de diciembre de 1870 fue ahora adoptada, bajo el impulso de un grupo de diputados cercanos al integrismo católico de Louis Veuillot y de su periódico “L’Univers”, declarando de “utilidad pública” la construcción de una basílica dedicada al Sagrado Corazón.

          Y es que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús traspasado en la Cruz venía desde la Edad Media, a través de las visiones y la meditación de la cisterciense santa Mechtilde y de su hermana la mística santa Gertrudis de Helfta, en torno a las llagas de Cristo (segunda mitad del s. XIII), difundida a través de la red de conventos dominicos y franciscanos; para recobrar nuevo vigor en el siglo XVII, en respuesta, esta vez, al Jansenismo. El oratoniano San Juan Eudes (1601-1680) puso las bases teológicas y litúrgicas, pero el decisivo impulso fue dado por las visiones de la visitandina Santa Margarita-María Alacoque (1674/76). En 1675 Clemente XIII autorizaba una misa y unos oficios del Sagrado Corazón y, después de que la Revolución hubiera avivado aún más esa demanda -con los vandeanos luchando en el Oeste de Francia por su dios y por su rey, y llevando al Sagrado Corazón en sus estandartes-, Pío IX extenderá su fiesta al conjunto de la Iglesia en 1856.

Porque, paralelamente a un desarrollo del culto a la Virgen María, fue en el siglo XIX cuando la devoción al Sagrado Corazón vino a cobrar el máximo auge, sobre todo en Francia, después de las desgracias de 1870, la derrota frente a Prusia y la insurrección de la Comuna. Grandes peregrinaciones son organizadas entonces al convento de la Visitación de Paray-le-Monial, origen de las visiones de Santa Margarita-María. Y la idea de un “Voeu nacional” lanzada por el jesuíta P. Ardant y propagada enseguida por el mencionado Alexandre Legentil, desembocará en la citada ley de 1873 que, tras diversos estudios, decidía elevar la basílica del Sacré-Coeur en la colina de Montmartre de París; se trataba de un significativo lugar, el “monte de los mártires”, donde, según Gregorio de Tours y la tradición, el primer obispo de París San Denis habría sido decapitado, y también –relación que sus promotores rechazarán siempre- el lugar donde había comenzado la insurrección de los comuneros.

Y el templo debería estar orientado hacia la urbe, como faro y guía de sus habitantes.

Era nuevo arzobispo de París el provenzal monseñor Joseph Hippolyte Guibert, que tomará inmediatamente el proyecto bajo su alta protección.

          La difusión del culto del Sagrado Corazón y sus efectos espirituales reparadores, ligada a la idea de Redención, proporcionaban el terreno ideal para ese patriotismo contrarrevolucionario que buscaba la salvación de Francia, y que debería expiar “los pecados y los crímenes” de la Comuna.

          Entre constantes e importantes desafíos (uno de los cuales, no menor, iba a ser el terreno de cimentación), la basílica comenzó a construirse a partir de junio de 1875, obra que iba a constituirse en una de las más arduas y controvertidas de la historia de Francia.

Su estilo: neobizantino con cuatro cúpulas sobre planta de cruz griega y no latina, según la propuesta que, inspirada en Santa Sofía de Constantinopla, en San Marcos de Venecia y en la catedral Saint-Front de Périgueux donde había trabajado, presentó el arquitecto Paul Abadie (1812-1884), ganador finalmente, en julio de 1874, del disputadísimo concurso convocado nueve meses antes. Pero Abadie quiso añadirle, en hibrida solución, discutida luego por los especialistas, un coro -según los modelos del arte cristiano occidental-, rodeado por un deambulatorio.

Arquitecto Paul Abadie - Basílica del Sagrado Corazón de París

Arquitecto Paul Abadie (BNF)

Proyecto modificado luego en alguno relevantes aspectos por sus sucesores, con toques neo-renacentistas (p. ej. ventanajes en medio punto, perfil de cúpula).

Y las obras serán enteramente financiadas con fondos privados, según imaginativas fórmulas donde ricos y pobres de acendrada fe, individuos y corporaciones, pudieron participar, y de cuyos nombres guardan memoria sus muros.

          Entre no escasas dificultades sociales y políticas, la erección de la iglesia del Sacré-Coeur seguía adelante, porque el dinero venía afluyendo con relativa facilidad, gracias a la generosidad de los fieles.

Sin embargo, ya mayoritarios los republicanos en la Cámara de diputados desde 1876 (antes de serlo también en el Senado), la situación de Mac-Mahon en la Presidencia de la República era insostenible y acabó siendo sustituido en 1879 por Jules Grévy, un republicano convencido.
Se decreta entonces amnistía para los condenados de la Comuna, se declara el significativo 14 de julio fiesta nacional y “la Marseillaise” pasa a ser el himno de la nación. Todo el republicanismo se une en un mismo sentimiento anticlerical, queriendo hacerle pagar a la Iglesia Católica su compromiso con el “Orden moral”. Son estos años en que Gambetta ha lanzado aquel grito de “¡El clericalismo, ese enemigo [del pueblo]!” (1877).

          En las elecciones legislativas de agosto/septiembre de 1881 la mayoría parlamentaria bascula definitivamente a la izquierda, con un nuevo retroceso de la derecha monárquica; y los sectores más activos del anticlericalismo republicano deciden entonces enfrentarse abiertamente al proyecto. Pero los problemas jurídicos y financieros a que hubiera dado lugar la paralización de las obras resultaban tan inextricables y de tal envergadura (habría que devolver el dinero –suma ya colosal-,  a aquellos donantes que, de buena fe, habían creído coadyuvar a un designio declarado de “utilidad pública” por la misma Asamblea).

Y los anticatólicos se quedaron sin margen de acción. Vicisitudes todas ellas que no logran impedir, pues, la parcial inauguración de la basílica aquel 19 de noviembre de 1886.

¡No importaba! El odiado monumento tendría su réplica, en adelante, en aquella torre metálica del ingeniero Eiffel, ¡esta vez bien republicana! que, con ocasión de la Exposición Universal de 1889, vino a erigirse, y que no se desmontó luego según estaba previsto, para recortarse, también ella, por los siglos venideros, sobre el cielo de Paris.

Había fallecido ya Labadie en 1884 cuando (después de H. Daumet y Ch. Laîné), al hacerse cargo de la continuación de las obras en 1891, uno de sus discípulos, el arquitecto Henri-Pierre Rauline constata ciertas graves deficiencias técnicas y estéticas que él tiene que corregir, haciendo más estilizada la primitiva cúpula hemisférica prevista en romano-bizantino, para así contrarrestar la presión descendente sobre los laterales, y también más altas cúpula y linterna, a fin de facilitar su visión desde el suelo (creándose así, por el interior, un espacio, no conocido del público, entre cúpula y sobrecúpula).

Quedaba aún por construir la torre donde habría de situarse el campanario en la parte norte de la basílica.

          La ley de 1905, de separación de las Iglesias y el Estado, quiso poner fin a quince siglos de convivencia, desde aquellos tiempos del rey Clodoveo en el siglo V: ley que venía acompañada de rigurosos inventarios, secuestros y expropiaciones, y que fue causa de enfrentamientos generalizados por toda Francia; sólo otra ley, más templada, de abril de 1908, logrará aplacar parcialmente aquella honda tensión.

          Con los benedictinos adscritos a la administración del nuevo templo y privados de la libre propiedad de su iglesia, los católicos pudieron, finalmente, ver coronados los trabajos en 1910,

          El arquitecto Lucien Magne fue ahora el designado para construir el campanario; lo hará en estilo también romano-bizantino. La torre, de planta cuadrada, con 93 m hasta la cruz (ligeramente más alta que la cúpula), era el habitáculo previsto para la “Françoise-Marguerite du Sacré-Coeur de Paris”, nombre de la campana de cerca de 19 tn, en tono de contra-ut grave (do), a la que dirán “la Savoyarde” en alusión al lugar de su fundición en 1895, en Annecy, allá en los Alpes. Y fue gracias a la iniciativa del obispo de Chambéry Leuillieux que lanzó la suscripción, y a la generosidad de sus fieles, a modo de celebración de la reciente anexión de Saboya a Francia. Era la más grande nunca jamás construida hasta entonces, y sigue siendo hoy la mayor entre las actualmente activas del mundo. Llegada al pie del templo el 16 de octubre de 1895 y solemnemente bendecida en noviembre, se habilitó un campanil provisional de madera; y, allí instalada todavía, sufrirá sabotage en 1905; hasta que “la Savoyarde” acabó siendo trabajosamente elevada con los medios técnicos de entonces, hasta su lugar definitivo en la parte inferior del campanario (y no más arriba, por evitarle a la estructura el efecto de sus potentes vibraciones), en marzo de 1907; Magne había tenido previamente que reforzar los cimientos subterráneos bajo la capilla del ábside, a fin de garantizar un soporte más sólido a la torre.

Sacré-Coeur - postal de 1935 - Basílica del Sagrado Corazón de París

Sacré-Coeur, postal de 1935 (Communauté Urbaine Alençon, Gallica, BNF)

Y en octubre de ese año pudo oírse su timbre por primera vez, aun cuando el campanario sólo estará enteramente acabado en 1914. Por encima de ella han venido a alojarse en 1969, cuatro campanas más pequeñas, provenientes de la antigua iglesia de Saint-Roch.

          Tampoco su impulsor Legentil, ni su alto protector el arzobispo Guibert habrán llegado a ver el final de tan ambicioso designio.

 Así, y definitivamente, a más de 200 m sobre el nivel del mar, sobre una planta de 80 m de largo y 35 de ancho, el espléndido edificio ofrece su extraordinaria cúpula de 16 m de diámetro y 84 m de altura, y ese característico color de piedra blanca caliza (traída de las canteras de Souppes en Seine-et-Marne, 80 km al sur de la Capital), visible desde muchos puntos de la gran ciudad.

Además de las diversas capillas que presenta, son dignos de mención, igualmente, el extenso mosico de su interior, de 475 m2 (uno de los mayores del mundo), inaugurado en 1923, representando a Cristo resucitado, rodeado de Santa María Virgen y protectores de Francia como San Miguel y Santa Juana de Arco, según concepción de Olivier Merson; como lo eran igualmente las vidrieras comenzadas a colocar a partir de 1903, luego destruídas en 1944, durante la guerra mundial y sustituidas por otras de 1946; y el gran órgano, obra del notable organero Aristide Cavaillé-Coll. También la cripta de la basílica (generalmente cerrada al público visitante), con un techo de 9 m de altura, que reproduce la planta del templo suprayacente, y donde reposan los restos de sus promotores, una tumba con la efigie del arzobispo Guibert y una urna con el corazón del devoto Alexandre Legentil.

La basilica, con su advocación Cor Jesu Sacratissimum, o Sacratissimo cordi Jesu, será consagrada, finalmente, con gran solemnidad y asistencia de todo el episcopado de Francia, por el cardenal Léon Amette, arzobispo de París, el 16 de octubre de 1919, terminada ya la Primera guerra mundial, con victoria final del bando francés, que los católicos quisieron interpretar como satisfacción del Cielo por haber erigido el Sagrado Corazón de Jesús de Montmartre.

Era también la fecha aniversario de la ejecución de la reina María-Antonieta, otro 16 de octubre.

          Entretanto, después de la gran contienda, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús había decaido. La derecha salía particularmente escindida tras la guerra, con una fracción indiferente, incluso, al tema religioso, y casi nadie parecia interesado, en ese espectro ideológico, en despertar viejas querellas religiosas, porque otros serán entonces los retos y las bazas.

Pero, a la izquierda, con el arraigo paulatino del nuevo régimen, los republicanos anticlericales comienzan a percibir en el gran monumento un desafío, en piedra permanente, a su poder político, además de una afrenta a sus ideas, y el edificio empieza a ser, otra vez, la diana de acerbos ataques: el  activo anticlerical Clemenceau, al que amigos y enemigos apodaban “el tigre”, quiso expropiar y cambiar su destino y adscripción para hacer de él una gran Casa del pueblo con un enorme teatro; y el no menos activo Émile Zola ya habia introducido en su “Paris” (“Les Trois Villes”) de 1898 un personaje que, más expeditivo, quería, simplemente, destruir el monumento.

          Hoy, aquellas tensiones parecen ya lejanas, y el Sacré-Coeur, convertido a la vez en iglesia de peregrinación y emblemático monumento del turismo internacional (con visitas que superan los diez millones de visitantes por año), comparte con la torre Eiffel y otro monumento religioso, Notre-Dame de París, el honor de simbolizar a la Capital de Francia.

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BENOIST, Padre Jacques –: Foi et culture, le Sacré-Coeur de Montmartre; 1986; también: Le Sacré-Coeur de Montmartre de 1870 à nos jours; Les Éditions ouvrières, 1992; y : Le Sacré-Coeur de Montmartre, un voeu national; Délégation à l’action artistique de la Ville de París, 1995,  . 
GURNAUD, Michel: La basilique de Montmartre, racontée; Cabestany, Éd. Saint-Jude, 2018.
LALIGAN, Abbé Pierre –:Montmartre, la basilique du Voeu national au Sacré-Coeur (1875-1919); Arthaud, 1933.
TROUILLEUX, Rodolphe: La basilique du Sacré-Coeur; París, Éd. Biotop, 2001

Por favor, síguenos y comparte:

Deja un comentario