Villon, François (1431-después de 1463)

          Villon, François (1431-después de 1463) – François de Montcorbier, o des Loges, nacía probablemente en París, de padre originario, se cree, de Montcorbier (Bourbonnais, centro de Francia), y fue confiado por su madre (nativa -se supone también- de la región de Anjou), pobre y viuda ya, a un pariente, maese Guillaume de Villon, que era bachiller en derecho canónico, capellán de la iglesia colegiata Saint-Benoît-le-Bétourné de París y profesor de derecho. Su “más que padre” -como él le llamará-, le envíó a que siguiera la enseñanza de la faculté des arts, donde cursaría con éxito los estudios medios y su licenciatura.

          Bachelier en marzo de 1449 y Maître-ès-arts en 1452, e inscrito probablemente ahora en derecho canónico (Faculté Décret), el joven François comienza a “fuir l’école”, a disiparse y a frecuenta las tabernas y los sitios de mala nota, hasta el punto de que –con 24 años ahora-, tiene que alejarse de París, a consecuencia de una pendencia en la noche de la Fête-Dieu (día del Corpus, 5 de junio de 1455), en la rue Saint-Jacques (detrás de la Sorbona), en el transcurso de la cual resultó muerto un clérigo, Philippe Sermoise, a quien François le reprochaba sus malas artes para quitarle a una amiga.

Y todo ello, a pesar de las diversas ocasiones en que el bueno de maese Guillaume le había sacado ya de serios aprietos con la autoridad municipal.

Seis meses después (enero de 1456) -ya conocido como poeta, a través de diversas baladas amorosas, morales o encomiásticas, en la línea de Alain Chartier o Eustache Deschamps-, Villon acaba recibiendo, a modo de perdón unas “lettres de rémission”, pero sigue frecuentando relaciones equívocas y al lumpen de aquella turbia sociedad que se movía entre el hampa caracterizado y los turbulentos medios estudiantiles del Paris de entonces. Y en 1456, participa en un robo con violencia y allanamiento en el conocido Collège de Navarre.

 

          La bufonada satírica conocida por “Les Lais ou Petit Testament” fue compuesta por Villon antes de partir para Angers, bajo pretexto de querer olvidar un amor desgraciado; pero, de hecho, era que el aire de la Capital se había vuelto irrespirable para él y, sobre todo, peligroso.  Les Lais es una obra de 40 estrofas octavillas en octosílabos, a lo largo de las cuales, el poeta va distribuyendo entre todos aquellos que ha conocido, diferentes “legados”, ilusorios o humorísticos:

                   Item, je laisse à mon barbier             Item, lego a mi barbero

                   Les rongneures de mes cheveulx…  Los recortes de mis cabellos

                   Au savetier, mes souliers vieulx.        Al zapatero, mis zapatos viejos

                  Et au freppier, mes habitz tieulx          Y al ropavejero mis andrajos.

(ortografía medieval)

 

          Pero la exuberancia jovial y la facundia realista de la obra no pueden ocultar, en ocasiones, la sincera emoción, alianza que vendrá a constituir el sello propio del poeta Villon.

Después de aquel golpe en el Collège de Navarre, Villon arrastra su miseria por el valle del Loira de 1456 a 1461, sin renunciar a sus malas frecuentaciones; y es difícil seguirle el rastro. En 1457 se le sabe en Blois, con varias órdenes contra su persona de destierro y tal vez de prisión.

En 1461, es encarcelado por robo en las mazmorras del château de Meung-sur-Loire (no lejos de Orleáns), por orden del obispo Thibaud d’Auxigny. ¿Le reservarán a él la misma suerte que a otro “enfant perdu”, viejo amigo de fatigas y pillerías, Colin de Cayeux, que acaba de “perdre la peau”, de perder el pellejo? François implora entonces la protección del poeta Charles de Orleáns (1394-1465), y de los señores que ha conocido en su corte: “Le laisserez là, le pauvre Villon?”(“¿Dejaréis tirado al pobre Villon?”). No le abandonaron aquellos letrados aristócratas, y François fue amnistiado, con ocasión de la visita a Meung del nuevo rey Luis XI, que acababa de ceñir la corona.

Villon parece haber madurado. Vuelve a París hacia finales de 1462 y reflexiona acerca de su destino, dando la última mano a ese “Grand Testament” que viene componiendo y que contará 173 octavillas de octosílabos también, con otras piezas líricas, rondeles y baladas (algunas de cuyas piezas son anteriores y encuentran ahora lugar aquí, engarzadas a lo largo del poema). También esta composición contiene sarcasmos, invectivas y algunos rencores, pero el poeta se vuelve ahora grave, en un tono general de confesión y de pesar; y domina lo patético en esta gran obra donde cohabitan risas y lágrimas.

 

          Después de haber criticado al obispo Thibauld, y de haberle deseado larga vida a su protector el rey, Villon declara que ha decidido dejar testamento. Evoca su vida pasada y sus pecados, y piensa que “nécessité malheureuse”, le impidió convertirse en “vrai homme”. Pero pronto vuelve sobre sí mismo y sobre la locura de su juventud, tan raudamente pasada: “Eh, Dieu, si j’eüsse étudié au temps de ma jeunesse folle!” (“¡Ah, Dios mío, si hubiera estudiado en el tiempo de mi alocada juventud!”).

Contra la adversidad, Villon se arma de filosofía y de resignación: “Mais où sont les neiges d’antan” (“Ballade des dames du temps jadis”), “Mais où est le preux Charlemagne” (“Ballade des seigneurs du temps jadis”) -“¿Dónde están las nieves de antaño?, ¿Dónde el paladín Carlomagno?”- ¡Cosas y figuras que el viento arrastra! Y él también ha de morir, pero la figura de la Muerte, la horrible niveladora de bellezas, riquezas y grandezas, le atrae y le espanta al mismo tiempo. Vuelto a su juventud perdida, hace hablar a aquella que otrora llamaban ”la Belle Heaulmière”: la cual, decrépita hoy, añora su pasada hermosura.

Villon, François - Les Ballades (portada de edición, BNF)

Les Ballades (portada de edición, BNF)

Y Villon comienza su testamento: legados aún irónicos a veces, aunque menos bufones que los que presentaba en su primera obra testamentaria. Piensa con emoción en aquel Guillaume de Villon que le sacó adelante, y en su “pauvre mère”, a quien deja ”una balada para rezar a Nuestra Señora”:

Dame des cieux, régente terrienne,
Emperière des infernaux palus,
Recevez-moi, votre humble chrétienne,
Que comprise sois entre vos élus,
Ce nonobstant qu’onques rien ne valus.
Les biens de vous, ma dame et ma maîtresse,
Sont trop plus grands que ne suis pécheresse,
Sans lesquels biens âme ne peut mérir
N’avoir les cieux; je n’en suis jangleresse;
En cette foi je veux vivre et mourir(…)
Dama de los Cielos, regente de la Tierra,
Emperatriz de los infernales pantanos,
Recibid a esta vuestra humilde cristiana,
Que sea acogida entre vuestras elegidas,
A pesar de que nunca valí nada.
Vuestros bienes, mi dueña y señora
Son mucho mayores, siendo yo muy pecadora
Sin los cuales no hay alma que pueda merecer
Ni llegar al Cielo; no soy mentirosa ni habladora;
Y en esta fe quiero vivir y morir
(…)

Y este verso se repite al final de cada estrofa

 

          Y la chanza deja paso a la sincera efusión religiosa: los altos regidores aparecen en el Testamento con los ladrones. He aquí una balada-oración “por el alma del bueno de maese Jehan Cotart, fallecido”, inspirada en el amor de los placeres báquicos; otra balada, cuyo estribillo enuncia un principio de sabiduría epicúrea: “Il n’est trésor que de vivre à son aise” (“No hay mayor tesoro que vivir a su guisa”). Y continúa legando ahora al hospital Quinze-Vingts unas gafas, a condición de que las utilicen para ir a reconocer en el “charnier des Innocents” (famoso osario medieval de París), a la gente honrada de la que no lo fue. Y ese humor macabro le lleva de nuevo a meditar sobre la muerte, idea a la que vuelve una vez más en las últimas estrofas, donde indica sus postreros deseos para su sepultura, redacta su epitafio y grita “à toutes gens merci”!

          ¿Peligrosas relaciones?, ¿Fatal pendiente de los instintos?, ¿La miseria que no cesa? Villon es de nuevo encarcelado por robo en 1462, y otra vez unos meses después. Tras haberle sometido a la tortura por agua (question de l’eau), se le condena a morir ahorcado. Y la espera de ese final horrible le inspira la patética “Ballade des Pendus” –que será publicada con la primera edición de 1489-,  quizá su obra maestra, escrita de profundis, vibrante de gran poesía y en decasílabos que la hacen más solemne de lo que hubiera sido escrita en octosílabos. Se ha sugerido que esta balada había podido ser compuesta con anterioridad a su condena, pero no existen pruebas, ni en un sentido ni en otro.

Villon supone que los cuerpos de él y otros infelices compañeros –ya resecos y ennegrecidos-,  permanecerán suspendidos de la soga en la colina de Montfaucon; y que ellos les hablarán a los que pasan:

Frères humains qui après nous vivez,
N’ayez les cuers contre nous endurciz,Car, se pitié de nous pouvres avez,
Dieu en aura plus tost de vous merci.
Vous nous voyez cy attachez cinq, six
Quant de la chair, que trop avons nourrie,Elle est pieça dévorée et pourrie,
Et nous, les os, devenons cendre et pouldre.
De nostre mal personne ne s’en rie,
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!
(…)
La pluie nous a debuez et lavez
Et le soleil dessechiez et noirciz
Pies, corbeaulx nous ont les yeux cavez
Et arrachié la barbe et les sourcis.
(…)
Plus becquetez d’oiseaulx que dez a couldre;Ne soyez donc de nostre confrarie,
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!
Prince Jhesus, qui sur tous a maistrie,
Garde qu’enfer n’ait de nous seigneurieA luy n’ayons que faire ne que souldre.
Hommes icy n’a point de mocquerie,
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!
Hermanos humanos que vivís después de nosotros
No tengáis contra nosotros los corazones endurecidos
Pues si sentís compasión de nosotros pobres,
Dios tendrá, por ello, antes misericordia de vosotros
Nos veis aquí atados, cinco, seis
Y en cuanto a la carne, que hemos alimentado demasiado
Tiempo hace que está devorada y podrida
Y nuestros huesos se vuelven ceniza y polvo
Nadie se ría de nuestro mal,
¡Sino rogad a Dios que quiera absolvernos a todos!
La lluvia nos ha lavado y limpiado
Y el sol resecado y ennegrecido
Urracas y cuervos nos han horadado los ojos
Y arrancado la barba y las cejas
(…)Más picoteados por los pájaros que dedales de coser
No seáis, pues, de nuestra confradía,
¡Sino rogad a Dios que quiera absolvernos a todos!
Príncipe Jesús, que sobre todos tienes dominio,
Cuida que el infierno no nos someta a su obediencia
Ni que tengamos nada con él, ni que pagarle.
Hombres, aquí no hay broma que valga,
¡Sino rogad a Dios que quiera absolvernos a todos!

 

          Su sentencia es anulada por el Parlamento, pero ha de alejarse de París durante diez años, y Villon, con una balada de agradecimiento (“Louange et requête à la Cour de Parlement”) desaparece ya documentalmente para siempre (1463). ¿Acabó, finalmente, en la horca? Nada impide preferir la hipótesis trasmitida por Rabelais en el siglo siguiente, que, siguiendo una tradición local, pretende que el poeta se retiró a la abadía de Saint-Maixent (Poitou), piadoso emprendedor ahora de los Misterios de la Pasión.

En cuanto a su aspecto fisico, él aludirá en diversas ocasiones a su tez renegrida, curtido, quizá, por los vientos y la mala vida: hacia los veinticinco años, “noir et sec comme écouvillon” (negro y seco como escobilla de deshollinador), y hacia los treinta, “plus noir que mûre” (más negro que una mora de zarza) y también “plus maigre que chimère”(más flaco que una quimera).

          Si Villon no creó la poesía personal, rebasa a quienes le precedieron –incluso a Rutebeuf-, por el poder patético y la sinceridad; porque el poeta se deja únicamente llevar por sus experiencias y por la reacción de su sensibilidad. Villon carece de voluntad para resistir a las malas pasiones, ¡porque débil es la carne y las tentaciones fuertes!, y siente pesar por sus faltas en las que siempre recae, y porque es –él lo reconoce-, de los que “n’ont pas bon sens rassis”, de los que no han sentado la cabeza.

A veces, su ardor imaginativo se hace cáustico, y lanza su zarpa contra viejos compañeros de aventura, y sobre “la Belle Heaulmière” y la gente de justicia o de finanzas, o sobre sí mismo, el lamentable Francoís.

A Villon le gusta reir y gozar de la vida, y canta el placer bajo todas sus formas (“ballade de la grosse Margot”), cultiva chanzas y chacotas y la fantasía de su imaginación le inspira mil rasgos buslescos. Pero, las risas del incorregible escolar no pueden ocultar sus lágrimas, porque, incluso cuando bromea, la amargura no está lejos. De hecho, la tristeza domina en esta poesía que canta nostalgias y pesares, que evoca su juventud y sus frágiles amores, y muestra su ternura también a quienes le quisieron.

          Pero es la angustia de la muerte la que inspira a François Villon sus más vigorosas notas; meditando unas veces sobre ese común vacío, final de tanta agitación humana, y describiendo otras, con realismo, su horror físico, la agonía dolorosa y la danza macabra de los ahorcados.

De personalidad débil e inestable, la desesperanza de Villon no se hace nunca blasfema: invoca a menudo a “Notre-Dame” y a “le doux Jésus-Christ”, para implorar su auxilio o poner a esas figuras celestiales como testigos de sus miserias.

Original y moderno, Villon sigue siendo medieval, porque esos son los contrastes del siglo XV, como ha apuntado P. Le Gentil: temores, fervor y alegría de vivir.  Pero, sin serlo él mismo, se halla también en la frontera misma de esos primeros humanistas que empiezan a sonreir con indulgencia sobre ciertos valores que sólo respetan ya por simple tradición.

          Él comparte merecidamente con Charles d’Orleáns la cumbre del lirismo francés del siglo XV; pero François Villon apenas fue conocido por sus contemporáneos, y sólo consiguió un justo regreso en el siglo siguiente. Clément Marot publicará una famosa edición de sus poesías.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

VILLON, François: Oeuvres complètes; diversas ediciones, entre las más recientes: París, J. C. Lattès, 1987; Le Grand livre du mois, 1992; París, Arléa, 2005 y 2010 (en francés moderno, presentada por Claude PINGANAUD); Gallimard, 2014 (establecida por Jacqueline CERQUIGLINI-TOULET)
BECKER-HO, Alice: La part maudite dans l’oeuvre de François Villon; París, L’Échappée, 2018.
CARCO , Francis: Le roman de François Villon; Plon, 1926. 
CHAMPION, Pierre: François Villon, sa vie et son oeuvre; Honoré Champion, 1933; luego François Villon; París, Presses Pocket, 1984.
FAVIER, Jean: François Villon; París, Marabout, 1982 y otras.
LE GENTIL, Pierre: Villon; París, 1967.
MESSIAEN, Pierre: Les oeuvres de François Villon, comentadas por –; París, Desclée de Brouwer, 1946.
PETIT-MORPHY, Odette: François Villon et la scolastique; Lille, Atelier, 1977.
SCHWOB, Marcel: François Villon et son temps; París, 1912.
SICILIANO, I.: François Villon et les thèmes poétiques du Moyen-Âge; París, 1934; también: Mésaventures posthumes de Maître François Villon; París, 1973.

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